Nuevo periodo de sesiones, misma degradación gutural. ¡Yo pregunto; usted contesta! (Aplausos). Y que la señora presidenta proteja el control democrático al Gobierno. Y si prefiere actuar como ministra de Sánchez, entonces dimita como presidenta del Congreso.
Señor Bolaños, usted no contesta, y eso es una confesión. Usted difama al Tribunal Supremo para intentar salvar al fiscal general con la hipotética ayuda del Tribunal Constitucional, pero ¿sabe qué? Lo tiene difícil. García Ortiz tiene un porvenir penal sombrío, y es que ha hecho exactamente lo mismo que imputa al Supremo. Primero: el hombre que acusa al Supremo de invadir sus derechos fundamentales invadió el derecho fundamental de un particular. Así lo prueban el Reglamento europeo de protección de datos, la instrucción 1/2022 de la Fiscalía de Madrid y la guía básica del Ministerio Fiscal. Ortiz jamás debió manejar datos del novio de Ayuso en su cuenta personal de Gmail porque es ilegal. Segundo: el hombre que acusa al Supremo de no buscar la verdad borró la evidencia digital que habría permitido al Supremo descubrir la verdad. Y esto el mismo día que fue encausado. Destruyó pruebas como un delincuente. ¡Qué digo! Como un delincuente confeso. La expresión le suena, ¿no, señor Bolaños? A ver si ahora la usa contra quien lo merece. Eso sí es mucho pedir.
Ultras, repite; Orbán, señala, mientras asalta instituciones y hostiga a los jueces. Orbán son ustedes. La única diferencia es que Orbán defiende la soberanía nacional y Sánchez la trocea. Es un demócrata fallido y una amenaza para España, y por eso me dirijo ahora a los guardianes de la ley, a los jueces: sepan que vamos a impedir la criminalización de la justicia, maniobra típicamente populista y antesala de la tiranía. Son ustedes el primer dique democrático, el verdadero escudo del pueblo frente al poder. A los fiscales: comprendemos su bochorno y haremos por remediarlo. García Ortiz es una anomalía, un comisario político disfrazado de fiscal, un fiscal con antifaz, pero tiene los días contados. Y, finalmente, a los magistrados del Constitucional un amable recordatorio y un consejo: el Gobierno busca cómplices de la degradación, no se presten. No son ustedes un tribunal de casación y mucho menos un salvoconducto para la impunidad de nadie, ni siquiera de sí… (Aplausos.—Un señor diputado: ¡Muy bien!).