Elvira Velasco Morillo
Muchas gracias, presidenta. Muy buenas tardes, señorías. Antes de entrar en la defensa de la toma en consideración de esta iniciativa que presentamos por parte del Grupo Parlamentario Popular, quisiera empezar agradeciendo a los profesionales sanitarios que van a seguir el debate, bien desde la tribuna, bien desde una sala del Congreso, a los representantes de la Organización Médica Colegial, del Consejo General de Enfermería, del sindicato SATSE, a los representantes del Consejo de farmacéuticos, psicólogos, podólogos y fisioterapeutas su presencia; y a aquellos que no han podido venir y que respaldan la iniciativa, su apoyo. (Aplausos). Señorías, los profesionales en el ámbito sanitario somos el principal activo del Sistema Nacional de Salud. A pesar de ello, somos un colectivo que se ve afectado por agresiones de diferente índole en el ejercicio de su actividad profesional, situaciones violentas que nos ponen en riesgo y pueden provocar efectos nocivos tanto en la seguridad y en la salud de las personas afectadas como en el sistema sanitario en su conjunto. Las agresiones a los profesionales sanitarios son un desafío de gran alcance que se evidencia no solo en los países de nuestro entorno, sino también en países iberoamericanos, donde la violencia física es una constante preocupación y cuentan con normativa específica. En el entorno sanitario, a pesar del reconocimiento a los profesionales en la pandemia sufrida por la COVID-19 con los aplausos a las ocho de la tarde durante el estado de alarma, que seguro recordamos todos, la vuelta a la normalidad ha supuesto un incremento considerable de las agresiones físicas y verbales una vez restablecida la consulta, no tratándose de un hecho aislado que acontezca alguna vez en un centro hospitalario, sino que se repite con demasiada frecuencia en urgencias y en los centros de salud. Podríamos decir que en estos apenas cinco años tras la pandemia, los sanitarios han pasado del aplauso al insulto, de la gratitud a la agresión, profesionales que se han convertido en un objetivo de ataque en hospitales y centros de salud. Tanto la propia Organización Internacional del Trabajo como la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo reconocen que los profesionales sanitarios están especialmente expuestos a sufrir agresiones y situaciones de violencia. El sector sanitario en particular ha sido testigo de un aumento preocupante de estas agresiones en los últimos años, con un patrón común que incluye principalmente agresiones verbales y psicológicas, aunque también se registran casos de violencia física. Los principales agresores suele ser los pacientes, mayoritariamente hombres, y se dirigen principalmente a médicos y a personal de enfermería, mayoritariamente mujeres, pero también a psicólogos, fisioterapeutas, farmacéuticos, podólogos… en fin, a todos los sanitarios.
En los últimos años, se han ido desarrollando diferentes medidas, como la modificación del artículo 550 del Código Penal en el año 2015, con la consideración de autoridad pública a la figura del médico y profesional sanitario que ejerce en el servicio público; y la aparición de la instrucción 3/2017 del Ministerio de Interior, que da origen a la figura del interlocutor policial nacional contra las agresiones, en colaboración con el Ministerio de Sanidad. La ejecución de esta instrucción está siendo llevada a cabo por los interlocutores nacionales Policía Nacional y Guardia Civil, a través de una red de interlocutores provinciales y autonómicos creada entre ambos cuerpos. Esta red ha realizado numerosas actividades formativas para la prevención y autoprotección ante las agresiones a los profesionales en el ámbito sanitario. Así, el total de detenidos durante 2023 por las distintas incidencias ocurridas en el sector sanitario ascendió a 115 personas, nada más y nada menos. Asimismo, cabe destacar que, en el año 2020, el Ministerio del Interior puso en marcha la app Alertcops, orientada a la protección específica de los miembros del colectivo sanitario. En el Ministerio de Sanidad, en el Pleno de la Comisión Nacional de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud, en junio de 2017, se acordó la creación de un grupo de trabajo que elaborara las bases de un sistema de información de agresiones a los profesionales del Sistema Nacional de Salud. En mayo de 2018, se constituyó el grupo de trabajo para el análisis y estudio de las agresiones a los profesionales del Sistema Nacional de Salud ante la inexistencia de un sistema de información previa que recopilara de forma homogénea los datos de las agresiones notificadas en los distintos servicios sanitarios.
Aún hay mucho por hacer. Sigue sin existir conciencia por parte de los profesionales sanitarios de que cualquier tipo de agresión física, insulto y amenaza es una lacra de repercusión social que afecta a la propia actividad sanitaria, a la relación de confianza entre el sanitario y el paciente, a la salud del propio personal agredido y a la atención sanitaria que reciben los usuarios, pacientes y sus familiares. Si analizamos los últimos datos publicados, vemos que, en el año 2023, en atención primaria y extrahospitalaria se notificaron 40,80 agresiones por cada mil profesionales, mientras que en atención hospitalaria se notificaron 17,37; un total de 14 657 notificaciones, correspondiendo un 57 % a atención primaria y un 43 % a atención hospitalaria, datos que lamentablemente, con respecto al informe de 2022, se han incrementado. El personal médico y el personal de enfermería son los que reportan un mayor porcentaje de agresiones en comparación con el resto de categorías de profesionales existentes en las instituciones sanitarias, que aparecen recogidas bajo el epígrafe de «otras»; con lo cual, realmente no sabemos a quiénes afecta dentro de esas «otras profesiones sanitarias», siendo las mujeres de entre 35 y 55 años el perfil de profesional agredido. Un 37 % de las agresiones ocurren en consulta y, en segundo lugar, en el área de hospitalización, seguido de cerca por los puntos de admisión e información de hospitalización, porque hay otro personal que trabaja en el centro sanitario que también recibe agresiones. La mayoría de las notificaciones son por insultos y amenazas. La causa alegada más frecuente de agresión está relacionada con la atención percibida por el usuario, seguido de las relacionadas con las demandas del usuario. Respecto al perfil de la persona agresora, es un usuario paciente en un 72 % de los casos, mientras que el perfil de la familia acompañante representa el 28 %.
Señorías, la realidad de los datos sobre las agresiones a los profesionales del Sistema Nacional de Salud nos indica que se incrementan año tras año y supone un problema de gran relevancia, que no solo afecta a la integridad física y al bienestar de la persona que desempeña su actividad profesional en el ámbito sanitario, sino que también provoca una disminución de la calidad y la cohesión del sistema sanitario en España, y eso que muchas de las agresiones que sufren los profesionales siguen sin ser comunicadas y denunciadas, por lo que los datos que se ofrecen en este informe solo muestran una parte de la realidad. En nuestro país, la violencia de la que es víctima el personal sanitario no pasa desapercibida y centra cada día más la atención de los poderes públicos, de las organizaciones profesionales y de los medios de comunicación, como hemos visto recientemente (muestra un artículo de prensa) en medios de comunicación con titulares como: Agredir hoy a un sanitario es igual que agredir a un policía. Los distintos servicios de salud de las comunidades autónomas, así como las organizaciones colegiales profesionales, también han elaborado protocolos frente a las agresiones al personal sanitario que abarcan los aspectos preventivos y ayudan a clarificar cómo debe reaccionar el personal ante situaciones de violencia para poder evitarlas. O han creado sus propios observatorios de agresiones, como los anunciados recientemente por los farmacéuticos, fisioterapeutas y veterinarios.
Pero no solo las comunidades autónomas y las organizaciones profesionales están trabajando en ello, también esta Cámara, el Congreso de los Diputados, aprobó, en marzo de 2024, una proposición no de ley, presentada por mi grupo parlamentario, en la que se instaba al Gobierno a poner en marcha un plan contra las agresiones a sanitarios, medida que en el Partido Popular contemplábamos en nuestro programa electoral. ¿Saben cuál ha sido el resultado, casi un año después, por parte del Gobierno? Nada de nada; cuestión a la que nos tiene acostumbradas el Ministerio de Sanidad. Podríamos decir que esta PNL forma parte de las muchas aprobadas en la Comisión de Sanidad sobre las que el Gobierno aún no se ha dignado a hacer nada.
Esta es la realidad, señorías, porque tenemos una ministra más preocupada en imponer su ideario político en su proceder al frente del ministerio que en resolver los verdaderos problemas por los que pasa el sistema sanitario; con un déficit de profesionales al que no da solución, a pesar de que se lo dicen incluso los informes de necesidades de médicos especialistas que elabora el propio Ministerio de Sanidad; con un alarmante déficit de médicos especialistas en el ámbito de Ceuta y Melilla, que es, además, de su exclusiva competencia, provocando saturación y retrasos en la asistencia sanitaria, con graves consecuencias en la seguridad de los profesionales y para los pacientes. ¡Qué triste noticia la que leíamos el viernes del niño que murió, lamentablemente, por no recibir asistencia por parte de un profesional adecuado! ¡Qué triste noticia!
Es un ministerio que está generando, además, un gran descontento entre los sanitarios. Ejemplo de ello son todas las movilizaciones de los médicos por el estatuto marco. Son especialistas en montar líos, señorías, y no resuelven ninguno. Es una ministra que se queda sola pidiendo la eliminación de Muface, aun sabiendo que el sistema sanitario no podría asumir el millón y medio de asegurados. (Aplausos.―La señora Montesinos de Miguel: ¡Muy bien!).
Señorías, mi grupo parlamentario trae esta proposición de ley en línea con lo que nos piden los sanitarios ―no es una proposición de ley del Grupo Parlamentario Popular―, para que en el asunto de la violencia en el ámbito laboral cuenten con una normativa específica; por supuesto, abierta a mejorarla, teniendo muy en cuenta el trabajo de las comunidades autónomas y de las organizaciones profesionales, y dar así solución a un problema estructural del sistema de salud como es el de las agresiones a los sanitarios.
Por ello, les pido el voto a favor, porque el incremento en el número de agresiones que se produce año tras año requiere que estemos todos los grupos alineados para lograr una norma que aborde la llamada pandemia de los sanitarios, y para que después de siete años de un Gobierno de Sánchez que les ha abandonado, en el que ha habido seis ministros al frente del ministerio, podamos decirles desde esta Cámara que vamos a hacer algo por ellos. Lo hicimos con los pacientes de ELA; hagámoslo hoy por los sanitarios.
Muchas gracias. (Varias señoras y señores diputados: ¡Muy bien!―Aplausos).