Ricardo Chamorro Delmo
Gracias, señora presidenta. Buenas tardes ―ya noches―, señorías. La intervención de la nueva ministra de Transición Energética la pasada semana nos dejó boquiabiertos a muchos que tenemos sensibilidad social hacia los españoles. Su lenguaje progre verde, con ciertos aires elitistas, términos ingleses y esnobs, nos demuestra que es fiel aprendiz de su antecesora, Teresa Ribera, que hoy, gracias al Partido Popular Europeo, se codea en Bruselas con los grandes lobbies y poderes económicos al margen del sufrimiento del pueblo europeo y español (aplausos), que padece sus políticas ecofanáticas que solo benefician a la élite y al gran capital en detrimento de las naciones y de los intereses del pueblo. Su gran marco es la agenda verde y el cambio climático ―nos lo dejó muy claro en su intervención―, una agenda que destroza a nuestros sectores productivos ―ya sea la industria o el sector agrario―, que deslocaliza nuestra producción, que fulmina nuestra soberanía energética y que no contribuye a un sistema energético estable y barato. Lo hemos podido ver, además, en las recientes noticias. Hace unos días hemos sufrido cortes en el suministro de energía para parte de la industria como consecuencia de la incapacidad del sistema para satisfacer toda la demanda ante el descenso de las temperaturas y la parada de la central nuclear de Ascó. Y hace poco más de un mes también sufrimos un auténtico drama ecológico y humano. La ejecución de ciertas infraestructuras, que estaban planificadas, hubiera minimizado el impacto del temporal y los más de dos centenares de fallecidos no hubieran sido tales (aplausos), algo ratificado por ingenieros y expertos. Lo dijo muy bien nuestro portavoz en la interpelación a la ministra refiriéndose a la presa de Cheste, al encauzamiento del barranco del Poyo o a la limpieza de las riberas de los cauces. Lo que ha pasado en Valencia es responsabilidad, en gran parte, del Ministerio de Transición Ecológica y de las políticas ecofanáticas 2030. Lo dijimos, lo repetimos y lo diremos todas las veces que sea necesario, aunque duela. (Aplausos).
La historia de la civilización, desde el inicio de los tiempos, se ha basado en la gestión del recurso hídrico ante los cambios climáticos, la escasez y la sequía utilizando infraestructuras, como en el caso de la civilización surgida alrededor de los ríos Tigris y Éufrates, donde las canalizaciones y presas fueron necesaria para el desarrollo de la civilización, o alrededor del Nilo, en Egipto. También las grandes construcciones romanas ―el acueducto de Segovia―, los sistemas de riego árabes o el aprovechamiento de las aguas subterráneas a través de pozos por los íberos, por ejemplo, en la meseta castellana. De hecho, las infraestructuras hídricas siguen siendo motor de desarrollo en Marruecos y en Egipto, dos países, además, donde nosotros, a través de fondos europeos, estamos financiando el Plan Toshka y el Plan Marruecos Verde, mientras que en Europa no lo hacemos. Israel y China, por ejemplo, también utilizan esas infraestructuras para su desarrollo industrial y su cohesión territorial desde el punto de vista nacional, por poner solo algunos ejemplos. Pero resulta que en Europa y en Occidente una serie de iluminados y ecopsicópatas dicen que, ante la falta del recurso hídrico y su escasez, tenemos que destruir las presas y azudes que contienen ese recurso porque hay que dejar los ríos correr libres. (Aplausos). Lo llaman regeneración de ecosistemas fluviales, restauración de la naturaleza. Es decir, destruir la civilización y las infraestructuras que protegían a nuestros pueblos ante la escasez de agua y los desastres naturales o que contribuían al regadío para producir alimentos. Una auténtica regresión a la barbarie y a la ruina de una civilización occidental que parece que se quiere suicidar. (Aplausos).
También se ataca a la ganadería, a la agricultura, a la gente que vive en nuestro mundo rural, a nuestra industria. Y mientras, esos mismos ecopsicópatas de los que hablábamos antes compadrean con China o con la India en los foros económicos mundiales ignorando para esos países en desarrollo, emergentes o como les quieran llamar las emisiones de CO2 o sus políticas medioambientales. Para estos señores parece ser que en China no contaminan. Paralelamente, Europa sucumbe y el pueblo europeo cada vez vive peor. (Aplausos).
El futuro de España requiere una visión política que priorice los intereses nacionales frente a las imposiciones externas que minan nuestro progreso económico y social. En el ámbito hídrico es fundamental promover una gestión eficiente y solidaria del agua que garantice el suministro para el consumo humano, la agricultura y la industria y que despliegue infraestructuras ordenadas a la prevención de los efectos de catástrofes climáticas como las inundaciones ―por ejemplo, las que hemos vivido tristemente hace un mes― y las sequías. El Gobierno debe adaptar también un modelo energético diversificado que apueste firmemente por la energía nuclear. Un mix energético apostando, evidentemente, por la energía nuclear para la consecución de esa soberanía energética de la cual también hablaba la ministra el otro día, pero que no sabemos cómo la va a llevar a cabo. Solo así se podrá garantizar la seguridad del suministro, la competitividad de la industria, la independencia frente a países terceros y una energía asequible para todos los españoles.
Esta moción consecuencia de interpelación plantea elaborar un plan nacional del agua que garantice la gestión eficiente, solidaria y sostenible de los recursos hídricos en todo el territorio nacional, paralizar la demolición de infraestructuras hídricas existentes, poner fin a todas las medidas climáticas que afecten de manera desproporcionada a los agricultores y ganaderos españoles y derogar todas las políticas climáticas o ecofanáticas que asfixian a la industria española priorizando el desarrollo de un marco normativo que favorezca la competitividad. En concreto, revertir las políticas derivadas del Pacto Verde Europeo debido a su impacto negativo en los intereses estratégicos, económicos y sociales de los españoles, y que han sido confeccionadas por el Partido Popular y por el Partido Socialista allá en Bruselas, y lanzar un plan de reserva también de emplazamientos nucleares para la construcción de nuevas centrales nucleares, porque las centrales nucleares en Europa no son contaminantes. Aquí sí. (Aplausos). A ver qué le dice la señorita Ribera allí a sus socios de Gobierno.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).