Ester Muñoz de la Iglesia
Gracias, señor vicepresidente. Señorías, quiero comenzar saludando y agradeciendo la presencia a todos los pacientes, familias y asociaciones que habéis tenido que volver a venir a este Congreso, que os habéis vuelto a desplazar desde vuestros domicilios para estar hoy aquí. Soy plenamente consciente del esfuerzo que supone para vosotros venir. (Aplausos). No es la primera vez que estáis aquí, y es muy triste que tengáis que volver porque no se ha cumplido lo que se prometió. No se cumplió el compromiso que hubo con vosotros de que esta ley ELA estuviera financiada. Hace unos días leía en Twitter a Jordi Sabaté pedir perdón públicamente por haber dado falsas esperanzas a muchos pacientes que estaban enfermos de ELA. Pedía disculpas por confiar en los políticos, pedía perdón porque no se había cumplido lo que prometimos. Y no, Jordi, no; tú no tienes que pedir disculpas, son otros los que tienen que pedir perdón. (Aplausos). El ambiente que se respiró en este Congreso el día en que finalmente aprobábamos por unanimidad la ley ELA invitaba a la esperanza. Todos los diputados querían hacerse fotos con vosotros. Los ministros ―cogieron una sala aparte en este Congreso― y la presidenta del Congreso se hicieron fotos con vosotros. ¡Pero si os llamaron desde la Moncloa! El presidente Sánchez se hizo fotos con vosotros. Todos vimos la foto de Jordi con Sánchez sonriendo. ¡Claro, porque lo habían conseguido!, o eso les dijeron, que lo habían conseguido. Mirad, la ley ELA fue mucho más que una mera votación. Lo que conseguisteis pacientes, familias y asociaciones con vuestra lucha en los últimos años supera la aprobación de una mera ley. Vuestro coraje y determinación por una vida digna para vosotros, por todos los que pasaron y por todos los que están por llegar se estudiará en los libros de Historia y de Ciencias Políticas, seguramente; porque desde vuestras sillas, desde vuestras camas, desde vuestras pantallas de ordenador, fuisteis capaces de conseguir lo que otros no habíamos logrado: derribasteis el muro de la intransigencia y el sectarismo político. Este ya es vuestro legado. El acuerdo fue posible y os lo debemos a vosotros. Pero esta lucha no acababa ahí, lo dijimos y lo advertimos. La ley era importante, pero más importante era la financiación, porque sin financiación no hay ley. Es perfectamente comprensible que creyerais que no podían volver a fallaros, pero aquí estamos. Insisto, Jordi, no, tú no tienes que pedir perdón. El presidente Feijóo se comprometió con vosotros a ser vigilante y exigente. La ley saldría en el BOE, pero el Gobierno era el único que tenía la capacidad de dotarla económicamente y, cuarenta y siete días después de que esté publicada en el BOE, aquí estamos: con ley, pero sin financiación. ¡Cuánta rapidez ―incluso codazos― para la foto, pero cuánta desidia para traer financiación! (Aplausos). Así no, señorías, así no. No hay derecho a crear expectativas y luego pisotear la esperanza de tantos miles de personas que llevan años sufriendo. Esto es todavía, si cabe, más dramático. Yo estoy muy orgullosa de pertenecer a un grupo que está prácticamente al completo cuando pedimos financiación para la ley ELA. ¿Dónde está el PSOE? Probablemente muerto de la vergüenza. (Rumores.—Un señor diputado: ¡Muy bien!). Probablemente. (Aplausos). Miren, no hacen falta los presupuestos generales del Estado para dotar económicamente la ley ELA. Los artículos 50 y siguientes de la Ley General Tributaria permiten que se puedan hacer dotaciones extraordinarias con fondos de contingencia o con créditos extraordinarios. De un presupuesto de más de 400 000 millones de euros, solo hace falta rascar 200 millones de euros. Es verdad que estamos acostumbrados a un Gobierno que vive del marketing, de la propaganda, de los anuncios flash, pero con esto no, señorías del PSOE, con esto no se juega. Con la vida de miles de españoles no se juega, señores socialistas. Reconozco que se me hace insoportable pensar que pudieron ver en la aprobación por unanimidad de la ley ELA una oportunidad para tapar la debilidad parlamentaria y sus casos de corrupción. Quiero pensar que no ha sido así. Es incomprensible que tengamos que salir hoy aquí de nuevo a exigir financiación que prometieron dar. Ya advierto que traeremos esta PNL las veces que haga falta hasta que cumplan con lo que han prometido, porque el Partido Popular tiene un compromiso con todos los pacientes, con las familias y las asociaciones y para mí es ya algo personal. Les voy a explicar por qué. Ser ponente de esta ley a mí me ha cambiado la vida. Quiero explicarme. Conocer a gente como Ester, como José, como Jordi, como Noemí, como Carlos ―que está hoy aquí, Carlos de Pablo― me cambió todo. Cuántas lecciones aprendidas durante estos meses acompañándolos en la lucha, aprendiendo el verdadero significado de lo que es resiliencia, de enfrentarte a lo que la vida te pone enfrente. Por fin conozco qué significa. Hace unos meses, Carlos de Pablo, que está aquí, me invitó a su casa con su familia y pasé unas horas con ellos. Estuvimos hablando de cómo impactó el diagnóstico en su familia, de cómo lo afrontaron, de cuáles fueron las medidas que tomaron, de los miedos y cómo se enfrentaron para dar la batalla. Lo hicimos hablando a pecho descubierto, como se hace este tipo de cosas: con la verdad por delante. Hablamos también de las cosas positivas, porque él tiene cosas positivas.
Carlos de Pablo, como muchos otros pacientes, tiene una familia, tiene una casa en la que pueden tener todos sus aparatos para poder vivir. Pero yo hoy quiero acordarme de todos los que no los tienen, ¡de todos aquellos pacientes de ELA que, además de darles el peor diagnóstico de su vida, viven solos, con padres mayores, en apartamentos que no tienen ascensor! (Aplausos). ¡Yo quiero acordarme de todos aquellos pacientes de ELA que no pueden estar hoy aquí y que también nos necesitan! Que también nos necesitan.
Señorías, insisto, cuando ayer preparaba esta intervención me parecía mentira tener que volver a salir aquí a pedir dinero para la ley ELA. Es que no hemos aprendido nada. Ya no sé qué hacer, no sé qué decir y no sé cómo explicar al Gobierno que hay gente que está eligiendo la eutanasia ¡porque no tiene dinero para vivir! ¡Es que ya no sé cómo decirlo y no sé cómo explicarlo para que el Gobierno lo entienda! ¿De verdad no hemos aprendido nada? Señorías —veo que en el Grupo Socialista escuchan poco, están todos con el móvil—, no sé si esta será la última vez que yo salga aquí para defender la vida digna de tantos pacientes de ELA, lo que sí les aseguro es que hasta que no pongan el dinero no vamos a dejar de salir. (Aplausos).
Termino con un último mensaje de agradecimiento y cariño para todos los pacientes y sus familias. Me habéis cambiado la vida. Jamás voy a volver a dudar en decir un te quiero, en dar un abrazo a mis seres queridos, a mi familia o a mis amigos, porque no sé cuándo va a ser la última vez que pueda hacerlo. Me habéis enseñado las prioridades de la vida, a reconocerlas y agradecerlas. No os vamos a abandonar y, desde luego, no vamos a permitir que os vuelvan a fallar.
Muchas gracias. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).