Gala Pin Ferrando
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Gràcies, presidenta, señorías. Bé, gràcies, presidenta. Senyories. Jo els confesso que hui estic bastant nerviosa pel tema que és, així que també li demane a les companyes vivendistes activistes amb les que hem compartit molts anys de lluita que em perdonin las torpezas.
Les confieso que hoy estoy bastante nerviosa por el tema que se trata. Así que también pediré a las compañeras activistas, con quienes llevo años de lucha, que me perdonen las torpezas.
Los hogares con ingresos por alquiler en España son solo un 6 % y tienen una renta media de 46 700 euros al año frente a los 22 000 euros al año de la de los inquilinos. Los grandes propietarios privados de vivienda en alquiler acumulan más de 100 000 viviendas. Blackstone, que es el gran casero de España, acumula más de 44 000 viviendas. Pero es que, además, cuando miramos los nombres de las empresas que constan como grandes caseros, coinciden con los carteles que hemos visto en nuestros barrios y en las redes sociales alertando de desahucios: Blackstone, CaixaBank, Cerberus o Lazora.
Cuando hablamos de derechos, tenemos que hablar también de privilegios, de cómo hacer que unos pocos dejen de tener privilegios a costa de los derechos de muchos. (Aplausos). Pero es que en el caso de la vivienda quiere decir hablar también de valentía y de voluntad política, y esto es lo que tiene esta proposición de ley que traemos hoy aquí junto con los compañeros de Esquerra Republicana, Bildu, Podemos y BNG: tiene la valentía, la tenacidad y la voluntad política de los movimientos sociales de este país. Esta proposición está redactada por las asambleas de los sindicatos de inquilinas de todo el Estado. Y es que en España el derecho a la vivienda ha avanzado cuando se han escuchado las propuestas de la sociedad civil, que siempre ha primado el interés general por encima del interés particular. Aquellos que trabajan codo con codo con las personas afectadas y desde el conocimiento en carnes de las implicaciones que tiene un mercado intervenido a favor del rentismo y de la especulación han hecho propuestas para que en la Administración podamos estar a la altura.
Creo que muchas esperan hoy que algunos de los partidos proponentes les echemos en cara a los partidos del bipartidismo las políticas habitacionales de las últimas décadas —que no han existido o han existido en beneficio de esta intervención del mercado a favor de la especulación—, pero creo sinceramente que la ciudadanía está harta y está desesperada y que siente mucha impotencia y que el Estado la ha abandonado. Por tanto, lo que tenemos que hacer aquí es compartir las complejidades, ser honestos y trabajar para encontrar soluciones. (Aplausos). Básicamente, porque considero que a algunas de las que hemos estado muy implicadas en la lucha por el derecho de vivienda durante muchos años se nos queda corto cómo nombrar la situación actual. No encontramos las palabras porque la vivienda es un eje transversal en nuestras vidas: es nuestro refugio; es donde nos proyectamos; es el lugar básico de los cuidados, de las familias heteronormativas y de las familias diversas. No podemos decir que nos preocupa la salud mental o la lucha contra la violencia machista si no nos preocupamos por la vivienda porque yo tengo que poder irme de mi casa antes de huir de mi maltratador. No podemos decir que apostamos por la clase trabajadora, por una vejez digna y por la juventud sin hacer políticas valientes en el ámbito de la vivienda.
Como decía, en este país el mercado está intervenido desde hace décadas, pero a favor de la especulación y del rentismo. Las personas físicas que cobran rentas tienen grandes privilegios fiscales, ya que las bonificaciones fiscales en el IRPF aumentan cuando la vivienda ha sido rehabilitada o cuando se alquila por primera vez, y llegan hasta el 90 %. Aparte está el tema del IVA y el de las socimis, que están en manos de fondos de inversión, que no pagan el impuesto de sociedades y tributan un insultante 1 %. Además, las empresas dedicadas al alquiler con ocho o más inmuebles también tienen grandes beneficios en el IVA y en el impuesto de sociedades, y en varias comunidades, como Madrid y Andalucía, quienes se dedican a comprar pisos para la reventa también pagan menos. Es decir, que gracias a esta intervención en el mercado, de regalarles y perdonarles impuestos, cualquier fondo buitre o especulador paga menos por una vivienda que quien la necesita, y esto se tiene que acabar.
La cuestión es que esto atraviesa nuestras vidas y configura nuestras ciudades. Yo iba a buscar en los medios de comunicación testimonios de personas que tienen dificultades para pagar la vivienda o que han sido desahuciadas, pero luego he pensado que es mejor hablar desde mi propia experiencia. Recuerdo perfectamente a mi vecino Juan, de casi 70 años, que ingresaba una pensión mínima y que estuvo dos meses viviendo y durmiendo en el suelo, en plena ola de frío en Barcelona, porque el ayuntamiento se había llevado sus muebles a la espera de encontrarle una vivienda donde realojarse, que no encontró hasta muchos meses después de su desahucio. Además, Juan se había gastado 200 euros —que para él eran una fortuna— en pintar la vivienda para asegurarse de que le devolvían la fianza. Pienso también en Blanca, una vecina de casi 80 años del Barrio Gótico de Barcelona, que durante más de cincuenta años había estado viviendo en un piso del que fue desahuciada porque la propiedad encontró un resquicio legal por el cual, por el impago de 80 euros por parte de Blanca, consiguió desahuciarla. También me acuerdo de Rita embarazada y Siphlu sufriendo acoso inmobiliario en su casa mientras una empresa carroñera les cortaba la luz, hacía obras en la escalera y los amenazaba. Igualmente pienso en jóvenes creadores como Vignesh Melwani, que ha tenido que estar durante meses acogido en casas de amigos porque no encontraba una habitación en Barcelona.
¿Qué implica saber que no podrás pagar una vivienda? Creo que esto es lo que nos tiene que interpelar si queremos que la política tenga que ver con la vida. Implica ansiedad, implica depresión e irritabilidad. De hecho, en la ciudad de Barcelona el número de divorcios está bajando, y no es porque haya un repunte de amor romántico, sino porque hay dificultad de encontrar una vivienda. Implica también tener trabajos precarios y saber que no vas a ver a tus hijos durante muchas horas porque tienes que aceptar esos trabajos precarios. Muchas veces implica dejar de comer ―porque dejas de comer antes de dejar de pagar la vivienda―, insomnio, rabia, impotencia y la certeza de que el Estado te ha abandonado. Pero supone también que hay empresas carroñeras, como Desokupa, que se alimentan de los miedos de la gente y de los bulos de la okupación. Así que, en realidad, garantizar el derecho a la vivienda es una forma también de luchar contra estas empresas filonazis y carroñeras. (Aplausos).
Como decía, para garantizar derechos, hay que confrontar privilegios, y para eso nos podemos mirar en el espejo de activistas de la PAH, de los sindicatos de inquilinas o de Raval Rebel; de los miles de colectivos en todo el territorio español que han puesto sus cuerpos y que han recibido multas. Desde aquí hay que hacerlo sin miedo a los grandes poderes mediáticos, que podrán hacer campañas contra nosotros, sin miedo a recibir querellas y con la convicción de que aquí se juega la legitimidad de las instituciones democráticas.
Lo que hoy presentamos aquí es importante, pero creo que también es importante que seamos claros y que expliquemos a la ciudadanía que hoy se aprueba la aceptación a trámite de esta proposición de ley. Se aprueba que el Congreso pueda debatir en torno a esta propuesta, que discuta acerca de la regulación del alquiler de temporada y del alquiler de habitaciones. Es importante porque camina en la dirección de dar respuesta a la emergencia habitacional sin ser una solución mágica. La mitad de los inquilinos queda en situación de pobreza severa relativa tras el pago de la vivienda. Seguro que muchas de ustedes lo han visto también, pero yo he visto a gente dejar de ir a una entrevista de trabajo porque no podía pagar el bono de transporte que le suponía ir y volver sin la certeza de que le iban a dar ese trabajo; a gente caminando durante horas hasta su puesto de trabajo porque después de pagar el alquiler se había quedado sin dinero para pagar el transporte, o a niños sin extraescolares. Se trata de situaciones que en realidad son límite y que no ayudan a dignificar la vida. Además, dos tercios de los inquilinos están destinando más ingresos de los recomendados: en el caso de Madrid hablamos de que dos tercios de los inquilinos dedican el 68,7 % de sus ingresos al pago del alquiler; y en el de Barcelona, el 61,4 %. De hecho, uno de cada tres hogares destina más del 50 %. (Rumores). Bueno, si no les gustan los datos, no pasa nada, los pueden comprobar en las webs oficiales. No solo hablamos de Madrid o Barcelona; en algunos barrios de la ciudad de A Coruña, el alquiler ha subido un 20 % en los últimos años. Además, no se trata de una cuestión de oferta, ya que Mallorca, habiendo perdido población, también ha sufrido un incremento del precio de la vivienda.
Decía que es importante porque es un trabajo impulsado por la sociedad civil que hemos recogido redactando proposiciones de ley, pero también lo impulsa a través de manifestaciones, diferentes acciones o una huelga de alquileres que en Cataluña ha empezado a caminar. En Barcelona, los vecinos de la Casa Orsola llevan meses organizándose contra las medidas abusivas de Lioness Inversiones. Las vecinas ponen su inteligencia colectiva, el cuerpo y la vida para garantizar un derecho que debería ser un pilar de la democracia.
Pero ¿qué pide esta proposición de ley? Medidas para revertir las brechas que tiene la ley de vivienda. En este sentido, nos alegramos de que el Partido Socialista haya cambiado de opinión. Podríamos haber regulado los alquileres de temporada hace cinco años, pero es perfecto que podamos empezar a hacerlo ahora, aunque vamos un poco tarde. Se trata de regular los alquileres de temporada, que en Cataluña han aumentado un 38 %; porque, mientras que la LAU obliga al arrendador a realizar contratos de cinco o siete años, durante los cuales el precio del alquiler no puede aumentar más allá de la inflación, con el uso fraudulento de los contratos de temporada y habitaciones, se posibilita la expulsión del inquilino y la subida del precio del alquiler, año a año o, en el caso de las zonas tensionadas, lo que se posibilita es que estas viviendas salgan de la regulación para estar captivas por el mercado de alquiler. Es decir, se trata de recuperar la certidumbre en la vivienda, porque ahora mismo la desprotección es la norma para el que alquila un piso en España.
En SUMAR instaremos al Grupo Socialista y al Grupo Popular a acelerar la tramitación de esta norma. Y es que la calle nos está diciendo ‘o vivienda o Gobierno’, pero también nos está diciendo ‘o vivienda o legitimidad y credibilidad en las instituciones democráticas’ y creo que eso, menos a los señores de VOX, nos interpela a todos, también al Partido Popular. Y hay que hacerlo sin acompasar nada, sin escuchar a los lobbies, que llevan décadas dictando cuáles tienen que ser las políticas de vivienda. Hay que hacerlo escuchando a los inquilinos y a las inquilinas.
Sin embargo, no nos podemos quedar ahí. Es necesario limitar la compra especulativa, que si compras una casa por ley hayas de vivir en ella, hacer que el alquiler sea indefinido, ampliar la moratoria de desahucios, es necesario que la fiscalidad castigue a quienes especulan con nuestras vidas y hay que aplicar las leyes que ya tenemos. Aquí, también, hago una interpelación al Partido Popular para que declare las zonas tensionadas en aquellas comunidades autónomas donde gobierna: Madrid, Andalucía, Canarias, país valencià… (Aplausos).
Y, para acabar, quería agradecer a los grupos que votarán a favor de esta admisión a trámite y alegrarme de haber presentado esto conjuntamente con los diferentes grupos de izquierdas, que creo que también es una señal. Quiero agradecer, de nuevo, el esfuerzo, la inteligencia, la persistencia y el poner el cuerpo de los sindicatos de inquilinas y también de gente como la Vane, como Vanesa Valiño que, durante décadas, desde una radiante invisibilidad, ha trabajado al servicio de movimientos sociales e instituciones para iluminarnos en el camino por el derecho a la vivienda.
Gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).