Idoia (GV (EAJ-PNV)) Sagastizabal Unzetabarrenetxea
Gracias, presidenta. Egun on. Buenos días, vicepresidenta. Bienvenida.
Cuando hablamos de la transición energética y de la descarbonización de la economía, a todos y todas lo primero que nos viene a la mente son las distintas tecnologías: turbinas eólicas, paneles solares, bombas de calor, hidrógeno verde, pero también vehículos eléctricos, estaciones de recarga y centros de datos. Sin embargo, nos olvidamos de algo que no se ve: las infraestructuras que son imprescindibles para llevar toda esa energía verde desde el lugar donde se genera hasta los puntos donde se consume, las redes energéticas en general y las redes eléctricas en particular. Si además algo han puesto de manifiesto los acontecimientos de los últimos cinco años y la competencia tecnoindustrial entre regiones económicas en el mundo ha sido la relevancia de las redes energéticas para hacer frente a los retos de competitividad y sostenibilidad a los que nos enfrentamos. Sin redes no hay transición energética ni tampoco habrá transición digital. La transición hacia las cero emisiones netas nos lleva a una realidad ineludible. Por un lado, a la modificación de los hábitos de consumo ―movilidad, climatización de los edificios, etcétera― y, por otro, a la descarbonización y transformación de la industria existente, así como a desarrollar una nueva industria. En este proceso la electrificación es un elemento clave tanto para su uso o consumo directo en forma de electricidad como para su utilización como materia prima o input para generación de nuevos vectores energéticos como el hidrógeno, el amoniaco, el metanol, los biocombustibles o los combustibles sintéticos.
El alto consumo esperado por actividades emergentes ―centros de datos necesarios para el albergue y digitalización de procesos, una mayor electrificación, en definitiva―, acompañado de una expansión de las tecnologías limpias y del almacenamiento eléctrico traerá un crecimiento en la demanda eléctrica, lo que plantea un desafío importante para las redes de distribución y transporte de electricidad, porque estas tienen que ser capaces de transportar los volúmenes de energía eléctrica necesarios para responder a las nuevas necesidades de la demanda eléctrica. Sin embargo, hoy la red no se está expandiendo al mismo ritmo ni tiene la capacidad para asumir esta mayor demanda de energía, por lo que es necesario reforzarlas. No obstante, vicepresidenta, quizá el Estado ha puesto el foco más en la necesidad de desarrollo y crecimiento de la generación renovable eléctrica y las obligaciones de descarbonización de la industria, y parece que hemos descuidado un elemento importante e imprescindible que une ambos, yo diría que viabiliza ambos aspectos: las redes eléctricas. Porque sin redes eléctricas no hay integración de renovables; sin redes eléctricas las industrias no se pueden descarbonizar ni podemos captar una nueva industria. El suministro de la electricidad a nuestra industria, empresas y hogares no lo aseguran las plantas de producción o generación, sino las infraestructuras, las redes de transporte y distribución.
Y vamos tarde, lo dicen los expertos, pero podemos encauzar el asunto con una apuesta decidida por el refuerzo de las redes para aumentar el desarrollo de la industria, algo que no solo decimos nosotros, sino también en Europa; ahí están los informes de Enrico Letta y Mario Draghi, en los que se señala respectivamente la importancia de las inversiones en redes para avanzar en la electrificación de la economía, evitar cuellos de botella, así como la necesidad de movilizar inversiones masivas en las redes de infraestructuras energéticas europeas. En este contexto, vicepresidenta, lo cierto es que la industria en general, y la vasca en particular, se están encontrando con que las redes eléctricas son un cuello de botella para sus necesidades de crecimiento y de descarbonización. Como ejemplo, podemos decir que recientemente se han denegado una cantidad muy relevante de accesos a la red eléctrica asociados precisamente a esos procesos de reindustrialización y descarbonización. Además, también se han denegado para nuevas necesidades asociadas a la integración de proyectos de energía renovable. Más concretamente, en Euskadi, la mitad de las solicitudes presentadas por la industria vasca se han rechazado, en gran parte por la falta de capacidad de la red de transporte, que, a su vez, está estrangulando la red de distribución. Y por si esto fuera poco, parece que, además, en los concursos previstos para demanda no hay subestaciones en Euskadi. El sector lleva tiempo alertando de estos problemas y es previsible que esta situación empeore en un futuro según aumente la electrificación de la economía y se presenten nuevas peticiones. Además, esta no es una cuestión que afecte solo a un territorio o a un grupo de sectores, sino que es un problema generalizado, y no podemos dejar en la estacada a quien quiere descarbonizar y acceder a las renovables.
Y todo esto está pasando porque tenemos una regulación y una planificación del pasado y para el pasado, y hay que cambiar la mentalidad del regulador. Fíjense, las inversiones en redes están limitadas en términos de PIB, una limitación de la época de Rajoy, donde la prioridad se situaba en el control económico y financiero del sistema eléctrico, el déficit de tarifa que pagamos todos, y que se sigue manteniendo cuando el contexto y las necesidades son totalmente diferentes y no sirve precisamente para cubrir esa nueva potencia. En julio sacaron a audiencia pública esta revisión, pero seguimos sin noticias.
En cuanto a la sostenibilidad económica y financiera del sistema eléctrico, la ley indica que el límite máximo de desajuste temporal entre ingresos y costes del sistema eléctrico no puede superar el 5 % de los ingresos estimados del sistema para el ejercicio. Quizá, en un contexto de necesidad de inversiones importantes se debería cambiar este concepto.
La retribución a las empresas titulares de las redes de transporte y distribución de energía eléctrica para el desarrollo de las inversiones es otro factor fundamental. En este sentido, se debería proceder, por un lado, a eliminar la obligación de fijar por ley un límite máximo de retribución financiera dejándolo en manos de la CNMC o futura CNE y, por otro lado, a revisar los costes unitarios de inversión de las redes, que se publicaron en 2015 y que llevan sin actualizarse desde entonces.
Además, tenemos un sistema de planificación de la red de transporte muy rígido, para periodos de cinco años, y desconocemos los criterios de por qué se atienden unas demandas y por qué otras se posponen a la siguiente planificación. Y es que lo que no se incluye aquí, no se ejecuta, y si no hay inversión en transporte, no pueda haberla en distribución. Un claro ejemplo de esto es la denegación de accesos a la red eléctrica a industrias que necesitan incrementar su potencia, porque van a aumentar su producción, porque van a descarbonizar su producción o parte de ella, o incluso, como he dicho antes, para la integración de proyectos renovables. Si estos incrementos o estas operaciones no están recogidas en la planificación vigente tienes que esperar a la siguiente planificación. Y no ha sido suficiente ni con la revisión extraordinaria que se realizó hace unos meses, puesto que ha dejado fuera muchas industrias; 6000 kilovatios de la industria se han dejado fuera, y uno de cada tres proyectos industriales se ven rechazados.
Por si esto fuera poco, nos hemos dado cuenta de que hay otra circunstancia que resulta anómala o quizá incongruente para el acceso y conexión de la demanda industrial y la distribución de consumos a la red de transporte de Red Eléctrica, y es el hecho de que Red Eléctrica no permite que se puedan conectar más de un consumidor a una posición de consumo en transporte, pues tendría, de acuerdo con la Ley del Sector Eléctrico, que ceder dicha posición al distribuidor, y no lo hace con el argumento de que la planificación señala que las posiciones de consumo son de consumo, las de distribución son de distribución y las de generación, de generación, algo que no prevé la ley. Por poner un ejemplo, supongamos que en una subestación de Red Eléctrica existe una posición de consumo con capacidad de 100 megavatios, y un consumidor solicita 20. Entenderíamos que habría capacidad libre de 80. Pero es que no es así. Red Eléctrica cierra la posición y no admite más consumidores; evita ceder esa posición al distribuidor, según marca la Ley del Sector Eléctrico. Y esto es un secuestro de capacidad que impide poner a disposición de la industria la capacidad real que existe en la red de transporte. ¿Para qué sirve una ventaja competitiva como la energía solar, la eólica o la hidráulica a la hora de producir energía barata y limpia si luego no favorecemos con ella la ampliación de las industrias existentes o la implantación de nuevas industrias? ¿De qué sirve atraer inversión extranjera si las redes no están preparadas para que estas nuevas industrias se conecten a la red? ¿De qué sirve contar con los mayores recursos naturales para convertirse en un polo industrial europeo si falta esta infraestructura?
Estamos preocupados, porque hablamos de industrias con nombres y apellidos. En nuestro caso concreto, hablamos de industrias de Guipúzcoa, de Bizkaia y de industrias en Araba, pero también en el Estado. La industria es fuente de empleo de calidad, riqueza y bienestar, algo que ha quedado claro tras los acontecimientos vividos en los últimos tiempos. En Euskadi lo sabemos muy bien y trabajamos para seguir siendo industriales en 2050. Eso sí, en un entorno de neutralidad. Pero para ello resulta imprescindible el refuerzo de las redes eléctricas, en lo que su ministerio tiene mucho que decir y decidir. Por eso, hoy realizamos esta interpelación, porque es necesario dar con posibles soluciones. En este sentido, por ser constructivos, proponemos algo que puede aliviar a la industria, por lo menos en el corto plazo, y que ustedes incorporaron en el Decreto 15/2018, que estuvo vigente hasta 2020, y que no es otra cosa ―con alguna mejora, eso sí― que la de considerar determinadas posiciones en las subestaciones, como instalaciones planificadas para que los titulares de transporte y sus gestoras puedan otorgar permisos de acceso y conexión para conectar distribución o consumo, incluyendo la posibilidad de que esos costes de inversión, eso sí, sean sufragados transitoriamente por las empresas o los que quieran conectarse a la red, pero que, a su vez, sean incluidos y reconocidos en la siguiente planificación eléctrica. Y hacerlo, además, para permitir que se puedan conectar más de un consumidor a las posiciones de transporte cuando haya capacidad, no como está ocurriendo ahora. Se podrían aflorar unos cuantos miles de megavatios en Euskadi; a lo mejor, hasta unos 4500. Nosotros planteamos esta medida solo para demanda, para consumo, no para generación, una medida que debiera ser la antesala a otra regulación más flexible acerca de la planificación de redes. Es necesaria una planificación en línea con el plan decenal de la red a nivel europeo, que permita adaptaciones; un plan que incluso pueda ser vinculante solamente en los primeros años, en línea con otras planificaciones energéticas, como la de Francia, por ejemplo, o incluso que adicionalmente se plantee una revisión intermedia de la planificación, por ejemplo, no sé, a los dos años de la publicación, lo que generaría esa flexibilidad que no está incluida ahora en la planificación actual. Además, en un contexto para poder hacer frente a las inversiones necesarias para la transición energética.
Creemos que evitar que las redes continúen siendo una barrera para el desarrollo requerirá modernizar muchas facetas, tanto de la operación como de la regulación y la planificación del sistema eléctrico. No hacerlo supone retrasar o incumplir los objetivos ambientales del PNIEC; un riesgo cierto de cierre de empresas y deslocalización, con el consiguiente impacto que eso tiene en el empleo y en el PIB; retrasar los procesos de descarbonización de la industria; limitar la expansión y el crecimiento de la industria, y que nuevas empresas desistan de la intención de instalarse aquí. Y es que está ocurriendo, empezamos a tener casos de industrias que eligen otros países para ampliar sus capacidades de producción por no disponer de estos accesos. Por eso, hoy traemos esta interpelación, que lo único que pretende es abordar el problema, darlo a conocer y enterarnos de los planes que su ministerio tiene para abordarlo, y a su vez, de forma modesta, plantearle, como hemos hecho, alguna alternativa al respecto.
Nada más y muchas gracias.