Susana Ros Martínez
Gràcies, señora presidenta. Señorías, hoy reivindicamos la lucha por la igualdad y la libertad de veintisiete mujeres, veintisiete parlamentarias: las constituyentes. Subo a esta tribuna con una responsabilidad e ilusión especial porque ellas nos abrieron a muchas de nosotras el camino hacia un futuro mejor. Señorías, nuestra gratitud a ellas debe ser inmensa, porque nos permitieron empezar a ser ciudadanas de primera y poder disfrutar de los derechos y libertades que ellas consiguieron con tanta valentía. Siempre lo decimos: lo que no se nombra se olvida y lo que no se dice se borra del mundo. El pasado 6 de diciembre celebrábamos el 46.º aniversario de la aprobación de nuestra Constitución. Ahora, en 2024, la España moderna y europea que conocemos nada tiene que ver con aquella España en blanco y negro de hace casi medio siglo. Y de esto, señorías, créanme que las mujeres sabemos mucho. Como bien saben sus señorías, en este Congreso existe una sala emblemática llamada la sala Constitucional, presidida por siete retratos de los llamados padres de la Constitución. ¿Y ellas? ¿Es que no hay madres de la Constitución? (Aplausos). Pues claro que sí, porque un parto político tan complejo como este no hubiera sido posible sin la participación de las constituyentes ―veintiuna diputadas y seis senadoras― que defendieron la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Por eso, desde el pasado jueves 5 de diciembre, nuestra democracia es más justa, puesto que por fin sus nombres figuran ya en la sala Constitucional. Doy las gracias tanto a la presidenta del Congreso, señora Francina Armengol Socias, como también a toda la Mesa del Congreso por hacerlo posible, pero aún podemos hacer más. Por eso, el Grupo Parlamentario Socialista presenta hoy esta iniciativa que también garantiza que sus nombres, en vez de borrarse de nuestra historia, se difundan y reconozcan en homenaje a su encomiable y tenaz trabajo, porque estas parlamentarias, las constituyentes, fueron pioneras en integrarse en las instituciones, organizaciones políticas y espacios de debate públicos de los que habían sido excluidas durante los más de cuarenta años de dictadura franquista. Recordemos que veníamos de una sociedad marcada por el nacionalcatolicismo, que imponía el modelo de mujer relegada al hogar, dedicada al cuidado familiar y sometida al hombre. La Constitución de 1978 rompió con este modelo y abrió las puertas a las reformas legales y a los avances sociales en los que las diputadas y senadoras constituyentes tuvieron un papel absolutamente determinante. Fueron mujeres pioneras, que desafiando las lógicas de su tiempo se atrevieron a presentarse en unas elecciones democráticas para contribuir en la Transición a convertir a España en una democracia más igualitaria; mujeres de principios y valores de diferentes partidos políticos, con distintas ideologías y credos, que apenas representaban el 6 % del Congreso y del Senado; mujeres tenaces que, como bien insisten ellas en el documental de la cineasta Oliva Acosta ―invito a sus señorías a verlo si no lo han hecho―, sacrificaron parte de su proyecto de vida personal para que ahora nosotras respiremos un poquito más de igualdad y disfrutemos de más oportunidades en esta noble labor que es la política y también en otros ámbitos de la vida; mujeres valientes, que ocuparon cargos de responsabilidad en los debates parlamentarios y en las comisiones de trabajo, siempre con el diálogo y la búsqueda de consenso como bandera; mujeres que, en resumen, supieron unirse para redactar el artículo 14 de la Constitución, en el que se establece la igualdad entre mujeres y hombres.
Con todo ello, ¿cómo es posible que su trabajo todavía se desconozca en gran medida por la ciudadanía? Señorías, sirva como uno de tantos ejemplos el compromiso contraído por estas diputadas y senadoras constituyentes que no votaron a favor de la prevalencia del hombre sobre la mujer en la sucesión de la Corona, que rompieron la disciplina de voto de sus partidos y se posicionaron con firmeza contra lo que consideraban inadmisible e incoherente. Su compromiso fue un ejemplo de cómo se puede poner al servicio de la ciudadanía la capacidad de tomar parte en lo legislativo priorizando siempre los intereses colectivos sobre los intereses partidistas o individuales. Es por ello que dar visibilidad a estas parlamentarias es un deber; como diría mi queridísima Carmen Alborch si estuviese aquí, es un deber y es de justicia, señorías. (Aplausos). Es de justicia porque las constituyentes ―ellas, las veintisiete parlamentarias― despertaron la conciencia política de la mujer en España y sentaron las bases para avanzar hacia una democracia igualitaria.
Señorías, la aprobación por unanimidad de esta iniciativa sería el reconocimiento merecido y justo a los valores que ellas defendieron y practicaron con ahínco, consenso, diálogo, entendimiento, lealtad y unidad en la lucha por la igualdad, porque a más igualdad, mejor democracia y porque la Constitución también tiene nombre de mujer. Ya lo decía la diputada constituyente Asunción Cruañes: No fuimos testigos de la historia; fuimos protagonistas. (Aplausos). Y, como protagonistas, merecen ser recordadas.
Va por ellas, por las constituyentes. Nombrémoslas a todas ellas: Juana Arce, Soledad Becerril, Gloria Begué, Pilar Brabo, Carlota Bustelo, Dolors Calvet Puig, Virtudes Castro, Asunción Cruañes, María Victoria Fernández‑España, Carmen García Bloise, Dolores Ibárruri, María Izquierdo Rojo, Rosina Lajo Pérez, Belén Landáburu, Marta Mata, Amalia Miranzo, Mercedes Moll de Miguel, Dolores Blanca Morenas, Elena María Moreno, María Dolores Pelayo, Palmira Pla Pechoavierto, María Teresa Revilla, María Rubiés Garrofé, Ana María Ruiz Tagle, Inmaculada Sabater Llorens, Esther Tellado y Nona Inés Vilariño.
Señorías, va por ellas. Muchas gracias. (Aplausos).