Señor Bolaños, su histérica evasiva lo rebate. Usted ya no hace pie. Su fiscal general va camino de ser condenado, y eso que de momento solo conocemos los wasaps de su cómplice, la ‘cianuro’. Imagine cuando analicen los móviles del propio García Ortiz, a ver si aparece también usted implicado en un delito. ¿Qué ahora entonces?, ¿acudir al notario, soltar algún bulo, contar otro chiste? Es lo que hizo tras la confesión de Aldama, los llamó gente de la TIA. ¡Qué tío! (Risas). ¡Y qué torpe! Pues cuarenta y ocho horas después supimos que Aldama fue confidente de la Policía, llevaba de cacería a los jefes del FBI y de la CIA ―con ce― y fue condecorado por Interior con una laudatio que ni al Cid Campeador. Y eso sin contar sus gestas más notables: anfitrión de una fiesta a la que acudió medio Gobierno, incluido usted; en un rooftop ruso con Begoña para hablar de sus ‘wakanegocios’; a pie de pista para recibir a la criminal Delcy en Madrid; adjudicatario, a dedo, de un megacontrato de mascarillas; operador secreto del rescate de Air Europa; y emisario oficial del Gobierno en Venezuela. Si Aldama es Filemón, señor Bolaños, usted ―sí― es Mortadelo. (Risas).
Hace apenas veinte días usted proclamó: Quien colabora con la justicia tiene el apoyo del Gobierno. ¿Va a indultar a Aldama? Ah, no, para ser indultado hay que investir a Sánchez o denunciar al PP.
Señor Bolaños, sus contradicciones y mentiras los delatan. El señor Sánchez mintió, sí. Aldama no era un mero grupi cazafotos, pues medró con el presidente y su partido, y con su mujer y sus ministros. Se lo advertí sobre el fiscal general y se lo repito hoy: todo se sabrá. Entre tanto, medítelo, porque es impresionante. El ministro de Justicia se ha convertido en la némesis de la justicia, y un presunto delincuente tiene más credibilidad que el presidente. (Rumores). Claro, que en realidad se trata de un presidente presunto. (Aplausos).