Le recuerdo que usted está obligado a decir la verdad aquí también. Voy a refrescarle la memoria. Le voy a leer un mensaje: Escribo porque K —Koldo— me ha dicho que os contacte para que podamos organizar el tema de las PCR. ¿Lo recuerda ahora? Porque es el mensaje que le envió Ignacio Díaz Tapia, a quien usted negó conocer.
Usted dijo que no encontraríamos nada, que miráramos en su teléfono, y la UCO encontró mensajes de Koldo y de Ignacio Díaz Tapia. Si jamás ordenó nada, ¿por qué Koldo le mandó un audio para confirmarle que había recibido los 5 millones de euros? ¿Por qué Aldama dice que le debe usted una gordísima?
Mire, señor Torres, permitió que usaran el dinero de los canarios, de nuestra gente, en una trama que traficaba con el dolor y con la muerte de miles de personas durante la pandemia. Pagó a una empresa de vehículos 4 millones de euros por unas mascarillas falsas. ¿Le parece eso normal, señor Torres? Hay que tener estómago para permitir eso y luego salir poniendo cara de pena como si usted fuera un mártir. ¡Vaya jeta, señor Torres!
Le recuerdo sus palabras de 2019 en su toma de posesión como presidente del Gobierno de Canarias. Dijo que trabajaría por una Canarias mejor. ¿Mejor para quién, señor Torres?, ¿para usted?, ¿para Aldama?, ¿para Koldo?, ¿para Sánchez?, ¿o para el Tito Berni? Usted ha preferido siempre ser un buen secretario general del PSOE, rehén de Sánchez, más que un buen presidente para los canarios. Sus cuatro años de mandato serán recordados por el Tito Berni, ‘el mediador’, Koldo, Aldama, las mascarillas falsas y la corrupción. Ese es el legado que nos ha dejado: una Canarias pobre y salpicada por sus escándalos. Míreme a los ojos y dígame: ¿Ha merecido la pena traicionar a nuestra gente por todas esas cosas? ¿De verdad? ¿Y por 50 000 euros?
Señor Torres, deje de tomarnos por tontos y dimita. Dimita antes de que lo obliguen, como le pasó al señor Ábalos. Y, antes de irse, hágale un último favor a Canarias y cuente aquí si metió o no metió la mano en la lata del gofio.
Muchas gracias. (Aplausos.—Una señora diputada: ¡Muy bien!).