Macarena Lorente Anaya
Gracias, señora presidenta. Señorías, quién nos iba a decir que después de más de cuarenta años de democracia lo revolucionario iba a ser hablar de independencia del Poder Judicial, calidad democrática, regeneración de las instituciones, libertad e igualdad de los españoles o respeto a la libertad de expresión y de prensa. (Aplausos). Y, sobre todo, quién nos iba a decir que lo revolucionario iba a ser aceptar que la justicia es igual para todos, algo que no gusta mucho a la mayoría fija discontinua que existe en esta Cámara. Asistimos de forma sistemática a ataques, con menciones directas y acusaciones falsas, a jueces y magistrados no solo por parte de los socios de investidura del Gobierno, sino por parte del propio Gobierno. Prevaricadores, fachas con toga, indecentes, tejeros sin bigote o corruptos son algunos de los insultos que se han vertido; ataques que no solamente se realizan desde las redes sociales y medios de comunicación, sino también desde la tribuna del Congreso de los Diputados que hoy tengo el honor de ocupar. Intolerable y vergonzoso, como intolerable y vergonzoso es el silencio cómplice de la tercera autoridad del Estado. Señorías, no estaría de más que el Poder Legislativo, y más en esta Cámara, respetara la ley. (Aplausos). Inadmisible que se consienta a quienes empezaron atacando con nombre y apellidos, a los grupos que sostienen a un Gobierno que no gobierna, que solo permanece en el poder a cambio de pagar un precio cada vez más humillante. Inaceptable que este modus operandi contagiara a los ministros del Gobierno, en especial cuando defienden al más puro estilo hooligan lo que cada día parece más indefendible, el círculo más cercano del presidente y a un ministro de Justicia que en un principio decía rechazar este tipo de conductas y hasta aplaudió con entusiasmo a Isabel Perelló cuando afirmaba que «ningún poder del Estado puede dar indicaciones ni instrucciones a los jueces» pero que ahora tiene que insultarlos porque tiene que contentar a los delincuentes perseguidos por las autoridades cuyos votos son necesarios en el Congreso. Y a ello se suma la estrategia del Gobierno para intervenir en la Judicatura con la incorporación de jueces no profesionales, eludiendo las normas de acceso a la carrera judicial. Y sangrante, sangrante que el propio Pedro Sánchez se haya convertido en el primer presidente del Gobierno en democracia que se querella contra un juez por investigar los presuntos delitos cometidos por su mujer. (Aplausos). Señorías, ¿qué mensaje creen ustedes que se está mandando? Y no ha sido el capricho de un juez: apropiación indebida, intrusismo profesional, corrupción en los negocios y tráfico de influencias. Además, embarca en esta bochornosa aventura a la Abogacía del Estado —que pagamos todos los españoles—, lo que no es de extrañar, viendo cómo el Gobierno ha asaltado una larguísima lista de instituciones. Hoy me paro en un ejemplo de politización extrema, el del fiscal general del Estado, cuya dimisión exigimos aquí y ahora. (Aplausos). Qué falta de escrúpulos y bajeza moral demuestran cuando quieren poner en jaque uno de los principios fundamentales de nuestra democracia únicamente por seguir sentados en la bancada azul, sillones azules para un Gobierno secuestrado; secuestrado por las exigencias de sus socios de investidura, pero secuestrado también por lo que pueden declarar delincuentes presuntos, confesos o condenados. Sin embargo, tenemos que escuchar declaraciones como la del señor Santos Cerdán de hace unos días refiriéndose a Aldama: «Un presunto delincuente no puede marcar la agenda política». ¿De verdad, señorías? Si la ministra Yolanda Díaz viajó a Bruselas, muerta de risa —para más escarnio—, para reunirse con Puigdemont; si el propio señor Santos Cerdán viajó a Suiza para reunirse con el mismo prófugo; si tienen como socio a Bildu, que todos sabemos a quiénes llevan en sus listas, ¿de verdad que un presunto delincuente no puede marcar la agenda política? (Aplausos). ¡Si no han hecho otra cosa que desde que han llegado!
Señorías, la existencia de un Poder Judicial democrático garantiza que ningún político nunca estará por encima de la ley, y no estaría de más que el Gobierno empezara a respetar más a los jueces y menos a los prófugos y a los delincuentes. (Aplausos). Hoy venimos a pedir respeto para el Poder Judicial: hay que poner freno de inmediato ante el peligro de que nuestro país llegue a convertirse en la república bolivariana que tanto admiran sus socios, y muchos de ustedes también, ¿para qué negarlo? Y decir indignación se queda corto para describir lo que sienten millones de españoles ante esta cacería de brujas promovida y alentada por el Gobierno, en la que nosotros no nos queremos quedar impasibles como meros espectadores. Por eso hoy también queremos mostrar el más profundo respeto, admiración y apoyo a todos nuestros jueces y magistrados. (Aplausos).
Señorías del Gobierno, nunca es demasiado tarde; hoy tienen ustedes la oportunidad de recuperar parte, solo parte, de la dignidad política que perdieron entre indultos, malversación, sedición, amnistía, cupos, invasión de instituciones y la corrupción que les ahoga y sobrevuela cada vez sobre un mayor número de ministerios y miembros de las más altas esferas de su partido, sobre el reconocidísimo a nivel internacional director de orquesta o sobre el mismísimo ‘dormitorio’ de la Moncloa. Para recuperar esa dignidad política que merecen y ansían los españoles, solo deben hacer una cosa: no estar supeditados a la supervivencia de una única persona, Pedro Sánchez. Dejen de presionar y atacar a los jueces; no quieran concentrar todo el poder en una sola persona. Sin jueces independientes no hay Estado de derecho; sin Estado de derecho no hay democracia, y sin democracia no hay libertad.
Muchas gracias. (Aplausos).