Señor Bolaños, claro que sí, han cruzado todas las líneas rojas, y pronto la de la ultraderecha. (Aplausos). Su Gobierno y todo el Partido Socialista están acorralados por la corrupción, señor Bolaños, por la de los lingotes de oro, la del petróleo venezolano, la de las bolsas de dinero a Ferraz, la de los rescates millonarios, la de las mordidas, la de la trama de hidrocarburos y la de las subvenciones fraudulentas. ¿Le suena, señor Bolaños? La que tiene al nexo en la cárcel, al señor Aldama, el del asiento VIP en los mítines del Partido Socialista y en la mesa de negociación de la mujer del presidente, el que recibía chivatazos desde el Ministerio del Interior y el que ahora les amenaza con tirar de la manta y resolver todo esto en un segundo. ¿Le suena, señor ministro? Estoy convencida de que el señor Aldama mañana, en su declaración voluntaria, les refrescará la memoria a todos ustedes; estoy convencida, señor Bolaños.
Pero, por analogía, si por el señor Koldo cayó el señor Ábalos, el «número 2», ahora, con la imputación de este último, ¿es el momento de que caiga el «número 1», el señor Sánchez? (Aplausos).
Lo cierto es que no ha habido institución que se haya librado del hachazo de su Gobierno: recursos del Estado pagados por todos para defender los intereses personales y empresariales del «número 1» y de la «presidenta», como diría el señor Patxi López, directora de una cátedra de la que no podría haber sido ni alumna. ¡Es una absoluta vergüenza, señor Bolaños! Y todo ello aderezado con el imputado fiscal general del Estado pretendiendo ganar el relato del Gobierno. Definitivamente, es una vergüenza para todos los españoles, también para la carrera fiscal. No se esfuercen en señalar a los jueces: el Estado no ha fallado, señor Bolaños, los únicos que han fallado son los que jamás han estado a la altura de este país, y esos son ustedes.
Gracias. (Varios señores diputados: ¡Muy bien!—Aplausos).