Patricia Rodríguez Calleja
Gracias, presidenta. Buenos días, señor Bolaños. Antes de comenzar mi interpelación ―si me escucha usted― me gustaría trasladarle el malestar generalizado por la frivolidad, la falta de respeto y la falta de sensibilidad que ha mostrado este Gobierno y, en concreto, usted, con la catástrofe ocurrida en la Comunidad Valenciana. (Aplausos). Aún estamos esperando que alguien nos responda a las preguntas que se hacen todos los españoles. Y ante la falta de asistencia al Congreso por parte del presidente y la duda razonable de que la señora Ribera vaya a contestar, porque ni estuvo ni está ni estará, le doy la oportunidad en esta interpelación de dar respuesta. Dígame, ¿tan urgente era votar para controlar el Consejo de Administración de Radiotelevisión Española para no suspender el Pleno, tal y como le pidió mi grupo el día 30 de octubre? ¿Tan necesario era aprobar su ley pactada solo con sus socios en materia de eficiencia de servicio público de Justicia, para convocar ponencia y comisión el día 4 de noviembre sin previo aviso, cuando aún estaban achicando agua en la zona de la riada? ¿Me puede decir usted cómo interpreta el ministro de Justicia las palabras del señor Sánchez «si necesitan recursos, que los pidan»? Dígame, señor Bolaños, ¿qué tiene que pasar para que ustedes asuman su responsabilidad y pidan perdón por sus errores? ¿Qué tiene que pasar en este país, señor Bolaños? (Aplausos). Mire, que usted sea interpelado aquí con tanta frecuencia no es casualidad; es simplemente porque nos encontramos en un momento en el que la independencia de nuestro Poder Judicial y el respeto debido a jueces y magistrados está siendo socavado, no por los españoles, sino por el propio Gobierno a través de ataques sistemáticos y sin ningún tipo de rigor. Esta situación insólita le obliga a responder como máximo responsable de la justicia de este país. En cualquier Estado de derecho, los ataques al Poder Judicial o a un juez, en particular, contaría con la denuncia o el rechazo frontal de al menos el titular de la cartera de Justicia, pero, por desgracia, en España, esto no ocurre. Los españoles saben que desde que Sánchez gobierna insultar a los jueces se ha convertido en una práctica habitual que ustedes pretenden normalizar, pero le aviso: nosotros no lo vamos a consentir y lo vamos a denunciar siempre.
Hagamos un breve resumen de lo que han sido estos seis años de Gobierno de Pedro Sánchez. Hagamos memoria. Fíjese, cuando los jueces aplicaron correctamente la chapuza legislativa que supuso el Código Penal de la ley del solo sí es sí, ya sabe, cuando ustedes rebajaron condenas a violadores y pederastas, ¿recuerda de quién era la culpa, según sus socios de Podemos? Se lo digo yo: de los jueces. Les insultaron, les llamaron machistas con toga. Fíjese qué cosas tiene la vida que ahora resulta que los machistas estaban detrás de las pancartas progresistas. ¡Qué cosas tiene la vida! (Aplausos). Fíjese, esta ley ha sido tan sumamente lesiva para las mujeres que hasta los presuntos agresores que son denunciados hoy pueden verse beneficiados. Véase el caso del exportavoz de uno de los grupos del Gobierno, el caso Errejón. Con relación a esto, señor ministro, dígame, con lo listo e intuitivo que es usted, ¿era de los que lo sabía y lo tapó? ¿O me va a decir que, del Gobierno, solo lo conocía la vicepresidenta Yolanda Díaz y la ministra de Sanidad y ellas sí lo taparon? (Aplausos). Dígame, ¿está usted de acuerdo con la defensa de Errejón, que asegura que se trata de una denuncia falsa, o va a hacer suya la máxima aquella de «hermana, yo sí te creo». Contésteme, señor Bolaños. Imagino que no pedirán ustedes responsabilidades a SUMAR, no sea que en SUMAR les pidan a ustedes responsabilidades por la corrupción; así que mejor aquí todos calladitos, que lo importante es mantenerse en el sillón. Eso es lo importante. (Aplausos).
Hablemos de cuando sacaron adelante su ley de amnistía, su obra maestra, esa que redactó a medias con el hoy acusado por blanqueo de capitales, el señor Boye, ¿lo recuerda?; una ley que aprobaron a cambio de siete votos para hacer presidente al señor Sánchez. Dígame, con lo buen legislador y jurista que es usted, ¿se imaginaba que, tal y como quedaba redactada, el Tribunal Supremo tomaría la decisión de no aplicarla a todos los condenados por el procés? ¿Quiso usted engañar a los independentistas o es que usted erró en su propósito? El problema es que las críticas fueron demoledoras hacia el Alto Tribunal. ¿Las recuerda? Seguro que sí, porque no fueron solo los grupos independentistas, ya sabe, aquello de lawfare, aquí, en sede parlamentaria, sino que las críticas vinieron del propio Gobierno. Veamos qué dijeron sus compañeros, los Óscar; Puente, el ministro mejor hablado del Gobierno dijo: «El Alto Tribunal se extralimita en la aplicación de la amnistía». ¿Comparte usted estas declaraciones, señor ministro? El otro Óscar, López: «La ley de amnistía se abrirá paso porque la política ya decidió». ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación? ¿Qué quiere decir exactamente, que, cuando unos pocos políticos deciden, las sentencias judiciales no son necesarias? ¿Le parece a usted esto razonable? Pero, claro, es que, en este caso, hasta usted mismo manifestó su contrariedad; lo llamó con mucha sutileza, ¿cómo era, discrepancia jurídica? Y añadió que este criterio lo compartían todas las partes personadas, excepto VOX. ¿Lo recuerda? Señor Bolaños, todas las partes personadas eran ustedes y sus socios a los que pretendían amnistiar. Tampoco tenía mucho mérito compartir criterio, ¿no le parece? (Aplausos). No obstante, ¿qué quiso decir con esto, señor Bolaños? ¿Con qué autoridad puede pedir usted respeto a los jueces, si es precisamente usted el que critica sus decisiones? Incluso, con gran osadía, lo vincula a fuerzas políticas contrarias a la suya. Comprendo su frustración con la nefasta ley de amnistía. Creía usted que era perfecta hasta que nuestro Estado de derecho la desmontó y le demostró que la justicia está por encima de todos nosotros; y de ustedes, por supuesto, también. (Aplausos).
Pero, no acaba aquí, señor Bolaños, no acaba aquí. Veamos qué hacen ustedes, desde el Gobierno, cuando se destapa que la mujer del presidente dirige una cátedra en la universidad pública sin titulación; se apropia indebidamente del software de la universidad; escribe cartas de recomendación sobre empresas que concurren a concursos públicos que se adjudican en el Consejo de Ministros; mantiene reuniones con empresarios ya detenidos por, presuntamente, pertenecer a banda criminal y, lo último, se descubre que trabajadores de Moncloa también le hacían gestiones para financiar su cátedra. Pues aquí ¿qué sucede? Que se destapa la caja de los truenos contra el juez, que, cumpliendo con su obligación, instruye la causa; ayer mismo, desde Brasil. Veamos cómo colabora su Gobierno con la justicia en este caso. El presidente, el «número 1», colabora querellándose contra el juez hasta en dos ocasiones; por cierto, las dos desestimadas. La investigada, la mujer del «1», también se querella; por supuesto, desestimada también por el TSJ de Madrid. ¡Hay que ver qué éxito tuvo el matrimonio con las querellas! ¿Les asesoró usted, señor Bolaños, o simplemente utilizaron la Abogacía del Estado, con su consentimiento, para defenderse? (Aplausos).
Recuperemos lo que dijeron los Óscar, ya sabe, primero Puente, en sede parlamentaria: «El Partido Popular ha subcontratado a los jueces para hacer oposición». El señor López va incluso más allá: «Feijóo y Abascal están detrás del caso Peinado». Y, usted, ante esto, ¿no tiene nada qué decir? ¿Le parece buen ejemplo de cómo defender la independencia judicial? Señor Bolaños, estos ataques a un juez que hace su trabajo son intolerables y usted debería denunciarlo desde esta tribuna. (Aplausos).
Hablemos también de la imputación del fiscal general del Estado, aunque, según usted, hoy no está de moda. Resulta que, a su juicio, el bueno es el que, haciendo abuso de su posición, incurre en un delito como es el de revelación de secretos, pero para el Gobierno, y especialmente para usted, no debe dimitir. Contésteme: ¿le parece compatible ser jurista de reconocido prestigio y estar imputado por el Supremo como posible autor de un delito? ¿Me puede explicar cómo puede García Ortiz perseguir el delito si es un presunto delincuente? Por defender a un solo fiscal investigado se pone usted en contra de toda la carrera fiscal. Por cierto, ¿qué le parece que la Asociación Independiente de Fiscales se haya personado en la causa? ¿O qué opinión le merece la actuación de la fiscal superior de Madrid, que se opuso a cumplir esas órdenes presuntamente delictivas? ¿Pertenecen todos a la «fachosfera», señor Bolaños? Y en esta defensa férrea que hacen ustedes al investigado fiscal general, ¿están ustedes insinuando que el Supremo podría prevaricar? ¿Y nos puede usted explicar en qué sentido está en riesgo la seguridad del Estado tras el registro del despacho fiscal por parte de la Guardia Civil? Tome nota, señor Bolaños, y conteste, porque esto es importante: ¿quién está en riesgo, el Estado o resulta que los que están en riesgo son ustedes? (El señor De Olano Vela: ¡Muy bien!―Aplausos).
Usted sabe que el fiscal se ha extralimitado por cumplir las órdenes del «número uno», y que usted lo justifique solo lo convierte en cómplice de la tropelía. ¿Esta es su manera de proteger la justicia? ¿No se da cuenta de que su función debe ser garantizar que los tribunales actúen con independencia? ¿No se han enterado todavía ustedes de que no están por encima de la ley por mucho que lo intenten?
Señor ministro, ya todo el mundo sabe perfectamente que estos ataques a la justicia no son casos aislados, no, no son fortuitos; estos ataques a la justicia están sin duda interrelacionados y orquestados para intentar tapar los escándalos que acorralan al presidente del Gobierno, los escándalos de corrupción de su mujer, de su hermano, del que fue su mano derecha y compañero suyo, el señor Ábalos, del conseguidor, el señor Koldo, del nexo corruptor, Aldama, de ministros aforados del Interior, Transportes, Transformación Digital, de Exteriores, de Hacienda y hasta once investigados por mordidas que llegan hasta la propia presidenta del Congreso de los Diputados, la señora Armengol; una trama que va desde el más ruin aprovechamiento de la emergencia sanitaria para sacar tajada, pasando por el tráfico de influencias y mordidas en la trama de hidrocarburos, hasta los lingotes de Delcy. ¿Y usted va a subir aquí a decir que no hay nada de nada, señor Bolaños, de verdad?
Señor Bolaños, los ciudadanos tienen derecho a conocer la verdad, tienen que tener la garantía de que los políticos corruptos son juzgados con el mismo rigor que cualquier ciudadano y a comprobar que no se están utilizando los poderes del Estado para proteger a aquellos que precisamente hoy ostentan el poder. Debería ser obligación de su cartera preservar la independencia judicial, no politizarla; debería protegerla, no desprestigiarla; debería usted respetarla y no presionarla. Pero yo le digo que, por mucho que lo intenten, no lo van a conseguir: el Estado de derecho resistirá y ustedes, señor Bolaños, pronto pasarán, no lo dude. Espero sus respuestas.
Muchas gracias. (Aplausos).