Andrea Fernández Benéitez
Gracias, presidente. Buenas tardes, señorías. Miren, tenemos el inmenso privilegio de vivir en uno de los países con mayores cotas de igualdad del mundo. Según el último índice de igualdad publicado por la Unión Europea en 2023, avanzamos a muy buen ritmo, recortando brechas que tienen que ver con el empleo, con el conocimiento o con el reparto de poder. España cuenta con una sociedad claramente comprometida con la igualdad y también con instituciones que en su mayoría trabajan para seguir corrigiendo la injusticia que representa aún hoy en día el machismo.
Si me permiten, una prueba de ello es el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que, como todos ustedes saben, se trata de una herramienta, y junto con la sociedad civil, los poderes económicos, el Consejo General del Poder Judicial, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y otras entidades, como las administraciones, trabajamos para generar una hoja de ruta común que nos permita atajar la violencia machista. Hablamos, como todos entenderán, de un triunfo de la razón del que tendríamos que estar muy orgullosos y orgullosas. (Aplausos). Creo, señorías, que hablando de igualdad, este debe ser el ejemplo a seguir.
Señorías, me preocupa especialmente que esta causa se haya convertido en uno de los arietes polarizadores de la política actual. Por ello, quiero insistir en una idea que ya he planteado: los demócratas tenemos la obligación de defender el progreso de la igualdad, porque es una condición de posibilidad de la democracia. Me atrevería a decir que es uno de esos fuegos sagrados que conservamos y que nos alejan del frío que comienza a hacer en el resto del mundo. Y es quizás sea la potente capacidad democratizadora que tiene la igualdad el motivo por el que la extrema derecha global tradicionalmente ha estado contra la libertad y la autonomía de las mujeres. A escala internacional, de hecho, surgen cada vez más ideas y acciones políticas coordinadas que están dedicadas a reducir y a cercenar la igualdad como valor. Estas maniobras van recalando en los países y, desde luego, España no es una excepción.
Sin ir más lejos, quiero resaltar un lamentable ejemplo, que es aquel intento de imponer el llamado latido fetal en Castilla y León, que proponía que las mujeres, antes de interrumpir su embarazo, tuvieran que escuchar el latido del feto. Esta fue una de las grandes apuestas de la extrema derecha y una de las lamentables herencias de su paso por las instituciones. Maniobra detenida, por cierto, gracias al tesón y al trabajo del PSOE de Castilla y León. (Aplausos). Me atrevo a decir que no fue casualidad que esta medida se implantara semanas después de que esta Cámara aprobara la prohibición de acosar a las mujeres en las puertas de las clínicas. No fue casualidad porque lo que buscaban era, precisamente, institucionalizar esas coacciones que estábamos prohibiendo por ley gracias al empuje feminista de esta Cámara. Y les diré más, resulta profundamente descorazonador que sea el Partido Popular quien convierta el Senado en un lugar de encuentro para debatir sobre este derecho. Es la dirección de la Cámara del Senado quien decide el calendario de ocupación de los espacios y, por tanto, es la Presidencia del Senado la que permite que se abra en el Senado, insisto, en una Cámara de las Cortes Generales, un debate para prohibir el derecho al aborto. La Red Política por los Valores, que es la entidad organizadora de este evento, es una de las grandes muñidoras de estos postulados absolutamente iliberales. Se trata de una organización dedicada a la producción ideológica contra la igualdad de derechos, contra la libertad y contra la autonomía de las mujeres. Es más, José Antonio Kast, el director de esta fundación, afirma que las mujeres deben ser perseguidas por el delito de asesinato cuando interrumpen su embarazo, y además es uno de los grandes defensores del legado de Pinochet; no sé qué les parece esto a ustedes.
Señorías del Grupo Popular, todos los ojos les miran a ustedes, no solo aquí en España, sino también en Europa. Las democracias necesitan conservadores, demócratas cristianos o liberales que sean capaces de hacer propuestas útiles. Ustedes no pueden ser esto que les acabo de describir, no pueden ser esto. Tenemos la responsabilidad ineludible de ser capaces de generar conversaciones comunes sobre lo que supone la igualdad, porque nos jugamos muchísimas vidas en ello, señorías.
El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo es sobre todo un derecho a la salud. Eliminar o limitar la posibilidad de que las mujeres puedan interrumpir sus embarazos en condiciones de garantías médicas no evita los abortos, solo pone en juego su salud, exponiéndolas a la muerte y al sufrimiento. Estas leyes, señorías, no atacan la vida, sino que impiden la clandestinidad, la insalubridad y el sufrimiento, como les decía. Así lo reconoce la comunidad internacional cuando ha estudiado todos aquellos países en los que el aborto está prohibido. No necesitamos reflexiones sobre si el aborto debe perseguirse, prohibirse o no, señorías, necesitamos cumplir la Ley de Salud Sexual y Reproductiva (aplausos), es decir, necesitamos educación sexual, lo que implica abordar también cuestiones muy espinosas, como la pornografía, y necesitamos anticoncepción y planificación familiar. Y para eso, necesitamos a todas las fuerzas políticas dispuestas a sostener un debate honesto y sin los excesos propios de los que les he hablado anteriormente.
Señorías, como ya les he señalado antes, la inseguridad en el acceso a la interrupción del embarazo no se circunscribe a la extrema derecha. Son muchas las comunidades autónomas en las que acceder a este derecho es difícil. Y aquí Castilla y León vuelve a destacar. La no actualización del registro de objetores hace que esta prestación deba ofrecerse en clínicas privadas y, además, se hace a través de ofertas públicas muy por debajo del coste que requiere esta prestación. Esto se traduce en viajes inasumibles por parte de las pacientes, en tener que correr por su propia cuenta con gastos que no les corresponden y, además, también supone la imposibilidad de acceder al método que desean emplear para interrumpir su embarazo. Por cierto, esto también es un derecho gracias a una enmienda que planteó el Grupo Socialista en la última renovación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva.
Por ello, señorías, a través de esta iniciativa queremos que el Congreso se comprometa a exigir a todas las comunidades autónomas que cumplan la Ley de Salud Sexual y Reproductiva (aplausos), que garanticen este derecho como lo que es: una prestación sanitaria que está en la cartera de servicios de nuestra sanidad pública, ni más ni menos. Esto no puede demorarse más, señorías. Trasladamos esta exigencia bajo la convicción de que ahondar en derechos y garantías es la mejor forma de plantar cara a quienes quieren recortar derechos.