José María Figaredo Álvarez-Sala
Muchísimas gracias. Señor ministro, de un tiempo a esta parte parece que es usted el ministro estrella del Gobierno. Ha dejado usted de insultar a chavales en las redes sociales y parece que ha funcionado. Los periodistas ahora le pasan la mano por el lomo, le hacen masajes en entrevistas tremendamente cómodas y alaban su gestión. Probablemente sea porque ―como digo― de un tiempo a esta parte es el menos desastroso de todos los ministros de este Gobierno. Lo cierto es que da la sensación de que los periodistas tienen la memoria muy corta, porque, sin ir más lejos, usted, el 4 de noviembre, hizo unas declaraciones por las cuales debería ser criticado, señalado y probablemente debería dimitir como culpable de generar una terrible confusión a los españoles. Se atrevió usted a decir que existía una cifra de desaparecidos por la gota fría en Valencia, que la estaban ustedes manejando en reuniones, pero que no iban a facilitarla porque generaría más alarma que la información que realmente aportaba y porque era una cifra bastante baja. (El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia). La frivolidad de todo este Gobierno, pero la suya especialmente, señor ministro, es auténticamente pasmosa. Esto, que es ya de por sí vergonzoso, se produce en un contexto en el que su parcela de responsabilidad está completamente abandonada. Desde que usted está en el cargo, señor ministro, los trenes llegan más tarde que nunca. Tanto es así que ha tenido usted que eliminar el compromiso de puntualidad de Renfe para evitar hacer frente a las responsabilidades económicas que estaban produciéndose. Los datos del año 2024 son aun peores que los del 2023, pero aún no tenemos las cifras oficiales. Sí tenemos las del 2023. Los retrasos en los trenes de Madrid, por ejemplo, se han multiplicado por tres, un 300 % más de retrasos. En Barcelona, un 135 % más de retrasos. Esto es en las cercanías, pero en la media y larga distancia, en el año 2023, un 25 % de los trenes operados por Renfe llegaron tarde; un 25 %, uno de cada cuatro trenes de Renfe llega tarde. Es un auténtico desastre. Pero este desastre, que es grave, se ve superado por otro desastre todavía peor: de repente, señor Puente, los trenes en España, con cierta frecuencia, descarrilan. Los viajeros ya no solo tienen que sentir la preocupación de si van a llegar o no a su destino a tiempo, sino simplemente de si llegarán. (Un señor diputado pronuncia palabras que no se perciben). Qué falsedad, dice alguien por ahí arriba. Hace tres semanas descarriló un tren en Madrid, hace dos semanas descarriló un tren de mercancías en Guadalajara y hace también dos semanas descarriló un tren en Málaga. ¿Qué hacemos con esto, señor Puente? ¿Hay alguna responsabilidad? ¿Hay algo que hacer? Todo esto estaría bien si de repente los españoles no pagasen absolutamente nada por Renfe, que es lo que usted pretende hacernos creer. Desde que su Gobierno está en el poder lo que han hecho ha sido dedicarse a regalar bonos de transporte como si, efectivamente, el transporte público no costase nada, pero lo cierto es que no, porque Renfe nos cuesta a los españoles, en subvenciones directas, 1500 millones de euros al año en los últimos presupuestos; esto es además de los precios públicos que perciben por la explotación de aquellas líneas que se consideran necesarias. Para que quienes nos escuchan en sus casas lo entiendan, cuando Renfe explota una línea que se considera fundamental, cobra un precio a los viajeros, pero, además, cobra un precio público. Eso no son subvenciones. Renfe recibe una gran cantidad en precios públicos, pero, además, recibe 1500 millones de euros al año en subvenciones directas, por si fuese poco. En esta situación, las grandes infraestructuras ferroviarias de España están absolutamente abandonadas; ni están ni se les espera. Llevan ustedes en el Gobierno desde el año 2018 y las cosas están totalmente paradas. El corredor del Mediterráneo ―esa línea ferroviaria que pretendía conectar el puerto de Algeciras con Europa por toda la costa mediterránea y, por lo tanto, servir como conexión para las mercancías que llegaban por barco hasta España con el resto de Europa― sigue paralizado. Lleva veinticinco años de retraso y nadie dice nada; el ministro estrella, tampoco. El corredor atlántico, una infraestructura que lleva planeada desde hace décadas y que pretendía conectar todas las regiones de la cornisa norte de España y sus puertos con Portugal y Francia, también está absolutamente abandonada. Incluso las infraestructuras que recientemente se han inaugurado se están demostrando como absolutamente insatisfactorias. Sin ir más lejos el tren, supuestamente rápido, a Asturias, mi región: prometían ustedes que llegaría un tren de alta velocidad a Oviedo; no llega a Oviedo, se queda a la mitad; por supuesto, no llega a Gijón, y unos retrasos tremendos. Recuerden el tren a Badajoz, la eterna promesa.
Entiendo que esos diputados de Badajoz harán una crítica tremenda al Gobierno por estos retrasos. Como les digo, todo esto se ve agravado por el terrible coste que Renfe supone para las arcas públicas; uno de los principales gastos públicos en empresas de titularidad pública.
Otras infraestructuras que están relacionadas con su ministerio ―no estrictamente las ferroviarias― también se encuentran en situación de absoluto abandono. La conexión por autopista entre Jaén, Úbeda, Linares y Albacete. ¿Qué ocurre con esto, señor ministro? ¿Qué ocurre con esto? ¿Sabemos algo? ¿Van ustedes a hacer algo o tuitear es suficiente para llevar las soluciones a las casas de los españoles? El vial de Jove, en Gijón, es una de esas promesas eternas de los ministerios de Transportes, de Fomento, que están totalmente abandonadas. Nadie sabe nada de ello, no paran de cambiar los proyectos y la solución real ―en este caso, para los gijoneses y asturianos― parece que nunca llegará. La estación intermodal, también en Gijón; la Ronda Norte en Oviedo; la conexión por autopista de Valencia, la A‑7. Dice usted que llegará la solución, pero que no sabe cuándo, que van ustedes adoptar un baipás, a ponernos una carretera provisional, pero que no saben cuándo llegará la solución. En esto tienen una cierta excusa, porque es cierto que ha sucedido por un desastre natural, aunque bien podía haberse evitado si su Gobierno hubiese invertido en las infraestructuras hídricas que realmente podían paralizar esta riada. Ya hemos visto y escuchado que había un proyecto concreto para canalizar la riada de este barranco que el Gobierno de Zapatero paralizó y que en ningún caso su Gobierno pretendió recuperar. En Asturias, la AP‑66 cortada por un argayo, un desprendimiento de tierras, que se produce ―no nos engañemos― por la falta de mantenimiento de las infraestructuras de España, y no del vial en sí, sino de todas las infraestructuras que coadyuvan y que sirven para que esta red de autopistas se mantenga, que van desde los túneles hasta todas las laderas adyacentes a las carreteras.
Su ministerio es un desastre, señor Puente. Parte de este desastre no le es imputable a usted. Ya sabemos que el señor Ábalos, en ese mejunje de corrupción que había organizado desde el Ministerio de Transportes, ha hecho muchísimo daño, pero usted, en febrero de este año, prometió que organizaría una auditoría para depurar responsabilidades y para examinar los casos de corrupción que se estaban produciendo en su ministerio. Esto lo dijo usted en declaración pública en el Senado. Tome nota. No sé qué me va a decir de esto. Es el día de hoy y usted no ha dicho absolutamente nada. Parece que la corrupción que había en el ministerio se ha esfumado. ¿Cómo puede ser que el señor Koldo hiciera y deshiciera? ¿No tenía ningún cómplice en el ministerio? ¿No tienen ustedes ninguna investigación que llevar a cabo? ¿Cómo puede ser que la novia, por llamarlo así, del señor Ábalos estuviese contratada por una empresa pública que dependía del Ministerio y que aquí nadie diga nada? ¿Cómo puede ser que el hermano de Koldo estuviese también contratado por una empresa dependiente de su ministerio, que continúe cobrando de esa empresa y que aquí nadie diga nada? ¿Cómo es posible, ministro estrella, que todo esto esté sucediendo bajo sus ojos y que aquí nadie diga nada, que simplemente le den palmadas en la espalda? Pues nosotros, señor ministro, le exigimos responsabilidades. Le exigimos que nos diga la verdad. Le exigimos que efectúe investigaciones. Le exigimos que de una vez por todas deje Twitter y que, por favor, preste atención a las infraestructuras de los españoles, que es por lo que realmente cobra usted.
Muchísimas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).