Jaime Miguel De los Santos González
Gracias, presidenta. Antes que nada, me gustaría trasladar mi pésame a todos los familiares de los fallecidos por la riada y agradecer, una vez más, a todos los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado por poner sus vidas para salvar las de los demás. Señora Redondo, de verdad, ¿era este su momento? ¿Su momento exactamente de qué? ¿De huir, como hizo el presidente del Gobierno ante el dolor y la indignación ciudadana? Sí, indignación ciudadana de unas víctimas, no de grupos de ultraderecha. Inmediatamente el presidente del Gobierno hacía una comparecencia para comunicarnos a todos los españoles que él estaba bien, cuando esas víctimas no lo estaban y siguen sin estarlo. Señora ministra, ¿es su momento de volver a dejar abandonadas a las mujeres? Porque en el primer decreto no aparecía ni una ayuda para las más vulnerables. ¿Es su momento, para seguir levantando muros cada vez más altos, cada vez más abruptos, como el que anunció en su debate de investidura el presidente del Gobierno, para seguir crispando a una sociedad que lo que nos pide es empatía, altura de miras y que seamos capaces de ofrecerles respuestas inmediatas? Como sé que usted no me va a contestar y probablemente me falte ―no pasa nada―, yo le voy a dar la respuesta. Era el momento de que el Gobierno central asumiera sus responsabilidades ante una catástrofe que a todos nos atraviesa. El momento de reconocer que sus infraestructuras hídricas no han estado a la altura; yo diría que han sido incluso nefastas. Pero, además de la publicación de ese tuit inaceptable, señora ministra, de esa foto que subieron en su ministerio, hay otro tema que me preocupa y es el de: el negacionismo mata. ¿A qué se refería exactamente, señora ministra? ¿A negar la violencia machista o a negar la peligrosa ultraortodoxia medioambiental a la que ustedes nos obligan? No dudo que negar el cambio climático mata, pero también mata no invertir en infraestructuras hídricas y también mata no limpiar los ríos. Por eso, señora ministra, acabo y le pregunto: ¿Las notas eran suyas o las había copiado en el Consejo de Ministros? Si fue así, quien tendría que asumir responsabilidades es el autor de tamaña inmoralidad. Muchas gracias. (Aplausos).