Víctor Camino Miñana
Gracias, presidenta. Esta tarde traemos a debate una proposición no de ley para reforzar la protección de jóvenes en redes sociales y evitar así problemas de salud mental. Y hablando de salud mental, permitid que me detenga en una prioridad clave que afecta al bienestar de nuestra generación: la vivienda. Quiero trasladar desde esta tribuna el apoyo y la solidaridad a miles de jóvenes que están saliendo a las calles a pelear el derecho a una vivienda digna, movilizaciones que exigen a las administraciones que actúen y que también pidan al Partido Popular que utilice las herramientas que el Gobierno de España le proporciona para bajar los alquileres, porque, señorías, volviendo a las redes sociales, asegurar el bienestar mental de un joven que busca constantemente piso mientras el algoritmo le muestra zulos de veinte metros a razón de mil euros no es idealista, es surrealista. No hay salud sin salud mental. Igual que acceder a una vivienda con estos precios impacta en la salud mental de los y las jóvenes, el mal uso de las redes sociales o su acceso temprano está generando un efecto similar, y hay datos que lo acreditan: consultamos el móvil más de cien veces al día y pasamos más de siete horas pegados a las pantallas. Es innegable que este tipo de espacios han modificado la forma en la que la juventud se relaciona. Esa convivencia digital se traduce en un arsenal valiosísimo de datos sobre nuestro comportamiento, una cantidad inabarcable que es utilizada como mercancía de venta para hacer publicidad personalizada y también se instaura en nuestras pantallas de móviles a modo de scroll o deslizamiento infinito basado en cuestiones o principios de conducta y recompensa. Señorías, no olvidemos que es un negocio: cuantas más horas estamos conectados a las redes sociales, más ingresos generan las propias plataformas digitales. Por eso es fundamental realizar un análisis sosegado sobre la correlación entre la cantidad de tiempo invertido en los dispositivos y el impacto en cómo se ve la sociedad a sí misma; y me explico, señorías. Los dispositivos electrónicos suelen extraer datos para predecir patrones y mecanizar comportamientos que generan adicción con un fin económico. Por otra parte, es intolerable la impunidad respecto al ciberbullying, del que no pueden escapar miles de chavales ni siquiera cuando acaban el instituto, o la tormenta de insultos machistas y de odio, como los que sufrió una compañera socialista, una joven concejala, Alexandra, simplemente por ser mujer y hacer política. Y por supuesto que hay que combatir la lacra de la desinformación, porque algunos multimillonarios, aparte de tirar cohetes al espacio, tiran basura digital y racista. Ante estos retos tenemos dos opciones: o gobernar o no gobernar la digitalización, esto es, intervenir y dotarnos de herramientas para proteger nuestro bienestar emocional digital a través de la regulación. Y se preguntarán cómo podemos hacerlo. Por una parte, ampliando el derecho digital a no ser molestado y, por otra, vigilando también que estas aplicaciones desarrollen productos y servicios digitales éticos por defecto. Como he dicho en las negociaciones con muchos de ustedes, señorías, somos conscientes de que estas acciones están dentro del Reglamento europeo de Servicios Digitales, el DSA. Ahora bien, nos parece fundamental que se haga un seguimiento y que España continúe su liderazgo europeo defendiendo en la Unión la regulación de las características de diseño adictivas. En esta parte, los y las socialistas queremos que finalicen las técnicas de manipulación que influyen en el inconsciente del usuario llevándole a tomar decisiones que pueden ser perjudiciales para su salud, que le generan estrés, depresión o desórdenes mentales y alimenticios. Señorías, a la legislación actual aún le queda mucho camino por recorrer. Por eso pedimos un paso adelante en la normativa para que las empresas tecnológicas desarrollen diseños sin conductas oscuras o engañosas. Como dice la periodista Marta Peirano en El enemigo conoce el sistema, un libro que les recomiendo: Estamos enganchados y sumergidos en un sistema del que dependemos para todo, pero no sabemos bien cómo funciona nada. Eso sí, hay quien sabe perfectamente cómo funciona y cómo trabaja no para beneficio de los propios ciudadanos, sino para su propio beneficio. Para ello, esta propuesta trae al Congreso una realidad que preocupa en especial a las personas jóvenes y una realidad de la que el Gobierno se está haciendo responsable durante toda esta legislatura.
Señorías, esto va de intentar conseguir entornos digitales más seguros y saludables, y la meta es complementar, reforzar y también ampliar a más edades el anteproyecto de ley de protección de menores. En este contexto, esperamos las conclusiones del comité de personas expertas generado por el Ministerio de Juventud e Infancia, que regulará el acceso y registro a las redes sociales. Esta coalición progresista quiere dar soluciones presentes a retos futuros.
Por ello, y aquí me quiero dirigir a toda la bancada, a todos los grupos políticos, necesitamos alcanzar un consenso que ponga el acento en la formación de familiares y jóvenes y en el uso de buenas prácticas; lo hacemos junto con el Consejo General de la Psicología de España ―al que queremos agradecer de corazón su ayuda para elaborar esta iniciativa― y con diversa gente joven, implicada y asociada, como la fundación Talento para el Futuro, porque las redes sociales deben seguir siendo una oportunidad y no una amenaza, porque las redes sociales, compañeras, deben seguir siendo un faro y no un pozo.
Finalizo diciendo que democratizar las redes sociales es un paso que salvará millones de proyectos de vida. Fijaos, nos dicen ―y aquí me quiero referir a la gente más joven de este hemiciclo― que los jóvenes pasamos y desconfiamos de la democracia, pero en esta propuesta creo que estamos bien representados y representadas el 8 % de diputados y diputadas menores de 30 años en el Congreso, y esta tarde planteamos soluciones, cada uno desde su perspectiva y desde su óptica, para demostrar que no somos una generación de cristal, que somos una generación espejo, porque realmente muchos de los jóvenes que votaron para que los representásemos, ahora necesitan ver propuestas de nuestra parte. Es un buen momento para devolver la confianza a una generación que necesita verse reflejada en esta Cámara, porque necesitamos que las personas jóvenes vuelvan a creer en la democracia.
En definitiva, es política hecha por jóvenes y para jóvenes, porque el futuro no es algo que aparece de repente, el futuro es algo que se construye día a día, propuesta a propuesta y joven a joven.
Muchas gracias. (Aplausos).