Fèlix Alonso Cantorné
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Gracias, presidenta. La mayoría de los diputados del Congreso, 183, cuentan con un préstamo hipotecario en un banco o en una entidad financiera. Esta proposición de ley no es ajena ni a sus señorías ni a más de la mitad de las familias españolas. Y les daré un dato: el 72 % de los españoles no entiende el contrato de su hipoteca. La proposición de ley que presentamos hoy pretende que ninguna familia que haya firmado una hipoteca con cláusulas abusivas sea desahuciada por no poder pagar su préstamo con el banco. (Aplausos). Si la familia paga los intereses y amortiza un mínimo de un euro al mes, podrá seguir en su vivienda hasta el último recibo de su hipoteca. En ese momento tendrá tres opciones: vender la casa, devolverla al banco ―con tanteo y retracto, lógicamente, por parte de la Administración para ampliar el parque público― o pagar el total del préstamo restante. Es un win-win, todos ganan: la familia no pierde su casa y el banco ingresa más intereses. Casi la totalidad de las hipotecas variables firmadas antes de 2011 contienen errores. En 2003 ya fueron alertados por el Banco de España. En sucesivas consultas al regulador se ha confirmado que esos contratos deben ser renegociados de forma consensuada por la familia y la entidad, nunca unilateralmente, que es lo que hace la banca. Antes de la regulación de 2011 vivíamos una etapa en la que corría mucho el dinero. Las entidades firmaban hipotecas alegremente, saltándose hasta sus propias normas de conducta financiera. Época de corta y pega, se firmaban ante notario contratos sin fórmulas para calcular la cuota que pagaría la familia. En otros casos existe la fórmula, pero contienen errores matemáticos que la hacen inverosímil. ¿Cuándo surgía el problema? Al cambiar el tipo de interés. Con la revisión de los seis meses o al año, el consumidor se quedaba sin norma y el banco unilateralmente le imponía la cuota. El informe encargado por la Dirección General de Consumo de las Islas Baleares detectó treinta y seis tipos de errores. El cliente firmaba a ciegas, sin la suficiente información, con errores graves, con falta de transparencia, publicidad engañosa y abusividad. Pero, como con tantas las cláusulas abusivas, Europa terminará dando la razón a los clientes. Y, si sus señorías no lo arreglan, lo hará el Tribunal de Justicia Europeo, colapsando los juzgados, y en ese tiempo centenares de familias perderán su casa de forma injusta. Es un cóctel que se destapó al encargar el informe del equipo matemático del balear Guillem Bou. Esta es una ley para los escépticos que creen que la política no resuelve nada. Al inicio de mi etapa como director general de Consumo de las Illas Baleares del Govern de la presidenta, mi presidenta, Francina Armengol, Stop Desahucios de Palma nos solicitó una reunión. A bocajarro nos dijeron que las administraciones y los grupos políticos no sirven para nada. Exponían el malestar y la desesperación de centenares de familias que se sienten abandonadas por los tres poderes del Estado y también por los medios de comunicación. Según ellos, defendemos a la banca y no a los consumidores. Stop Desahucios nos citaba informes del Síndic de Greuges, comparecencias en el Parlament de Catalunya de matemáticos y financieros que habían demostrado abusos frente a los clientes de las entidades bancarias y que los tribunales y audiencias provinciales dictaban sentencias contradictorias. Pocos jueces son expertos en problemas financieros, y las familias, que no se pueden permitir un perito matemático, se encuentran en una situación de indefensión jurídica. Por el contrario, las entidades tienen magníficos equipos de abogados y de gran pericia ante un tribunal. Las denuncias registradas en las administraciones de consumo se despachaban con un «no somos competentes», y Baleares no era una excepción. Ese grito de socorro de los afectados hizo que la dirección general se pusiera en acción. Al observar detenidamente esas denuncias, el equipo jurídico de la Consejería de Salud del Govern balear, encabezado por Jesús Cuartero, Sebastià Vanrell y Ana Maturana, a quienes reitero mi agradecimiento, igual que a Patricia Gómez y a todo el personal de Consumo de la Dirección General, detectó la falta de transparencia, publicidad engañosa y posteriormente abusividad. No todo era sancionable, pero algunos de los errores sí, y las entidades a las que se abrió expediente pagaron. Y paralelamente se encargó un estudio al prestigioso matemático Guillem Bou, que había participado en el informe del Síndic de Greuges de Catalunya. Era uno de los expertos que detectaron el abuso de las llamadas hipotecas IRPH: cobraban dos veces las comisiones, y ese error inicial se arrastraba a lo largo de la vida del contrato. A su vez, los bancos hacían caso omiso a una circular de 1994 del Banco de España que avisaba del exceso que se cometía. El resultado era que ese tipo de hipotecas IRPH, por mucho que bajara el euríbor, nunca bajaban y seguían muy por encima del resto de las hipotecas variables. Los informes encargados buscaban la demostración matemática del posible abuso. Se evitó la interpretación jurídica, ya que eso corresponde a los tribunales. Se confirmó la doble imposición de las llamadas hipotecas IRPH y también se detectaron treinta y seis errores en las hipotecas de tipo variable. Se demostraba que las hipotecas firmadas antes de 2011 no cumplen con la normativa europea de información al consumidor. Ello se tradujo en contratos irregulares, incluso con graves fallos financieros, con los que muchas familias se embarcaron en deudas aparentemente asequibles pero que a la larga no iban a poder pagar.
En vez de saturar los juzgados o hacer reclamaciones al Banco de España, que es lo que está pasando actualmente, nuestra propuesta plantea la revisión por parte de la Administración de esas hipotecas, poner en marcha una solución financiera que, como hemos dicho, no supone un perjuicio para la banca, sino una renegociación de la deuda. Esta proposición de ley pretende poner fin a una larga situación injusta de los contratos hipotecarios firmados antes de 2011. En aquel año se dictó una orden ministerial muy moderna, protectora de los consumidores, ajustada al derecho europeo y elaborada con mucho detalle. El problema es que los firmantes de antes del 2011 no gozaron de la protección de la orden ministerial, firmaron sus contratos mediante una normativa insuficiente para la protección del cliente bancario en préstamos variables, cuota creciente, IRPH, cuota francesa, etcétera. La presente proposición de ley no solo arregla el problema de cientos de miles de afectados, sino que ofrece una solución justa, en la que unos no pierden la vivienda, y otros, la banca, no pierden dinero; es más, según en qué situaciones, como he dicho antes, llega a ingresar más intereses por sus préstamos.
Por otra parte, la proposición de ley fomenta la libre competencia en tanto que defiende a la banca justa, a aquella que fue seria en su concesión de crédito y no lanzó a los consumidores españoles a peligrosas aventuras financieras. Eran entidades que se negaron a comercializar las llamadas hipotecas crecientes en tiempos de tipos bajos, que los expertos consideran un suicidio financiero. Y esta proposición de ley también emana de la perseverancia de los afectados, que durante años han sufrido la incomprensión y el silencio. Ahora estamos obligados a escucharlos, a defenderlos y a resolver el problema legislando soluciones para resolver sus injusticias. (Aplausos). En el hemiciclo nos acompañan José Luis, Sandra, Sole, Cecilia, Marta, en representación de centenares de familias. Para todas ellas, que siguen sufriendo, les pido un aplauso. (Aplausos). Son familias que esperan de nosotros, de sus señorías, la posibilidad de tramitar esta proposición, naturalmente abierta a las mejoras que los grupos consideren dentro del debate parlamentario.
Casi todas estas personas habían desistido de confiar en nosotros y en la política. Son una parte de esos miles de ciudadanos que, según las encuestas, nos ven más como problema que como solución. Es el momento de demostrar lo que nosotros decididamente defendemos, que la política es la solución, y no es el problema. Sería injusto decir que durante estos largos años han estado solos. Tuvieron el apoyo y la comprensión de asociaciones de todo el territorio peninsular e insular, de entidades defensoras de los consumidores e hipotecados, del Síndic de Greuges de Catalunya, del Diputado del Común de las Islas Canarias y del Defensor del Pueblo, quien recientemente, ministro, ha pedido al Ministerio de Derechos Sociales y Consumo que actúe, bajo sus competencias, para esclarecer los posibles excesos. Todos ellos han manifestado su preocupación y su solidaridad. Los sindicatos, la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV) y, de una forma u otra, abogados, periodistas y diputadas de este hemiciclo también apoyan su causa, que es la de todos nosotros.
En la comparecencia que Guillem Bou realizó en la Comisión de Derechos Sociales y Consumo de este Congreso, los grupos presentes se mostraron partidarios de buscar fórmulas legislativas necesarias para resolver el problema, y son grupos que representan a la mayoría de este Congreso. De forma unánime, manifestaron su empatía, porque conocen a algún allegado, familiar o amigo que está atrapado en una hipoteca mal escriturada, que le hace la vida imposible. La sociedad, cada día con más fuerza, nos reclama soluciones urgentes ante la emergencia nacional que representa el derecho a poder acceder a una vivienda. Las calles de las ciudades se llenan de manifestantes que nos piden actuar. Somos conscientes de que es un tema muy complejo y con muchas derivadas, pero lo que no nos permitirán es que no actuemos. La gente quiere soluciones y nosotros hoy presentamos una, gracias al trabajo de los juristas del grupo SUMAR David Espínola y Juan Moreno, a la imprescindible ayuda del diputado Carlos Martín y a los consejos de Roser Comellas. Es una proposición de ley que pretendemos que no sea nuestra, sino de todos los grupos de esta Cámara. Somos ambiciosos, y la proposición de ley pretende que la banca pase una especie de ITV de las hipotecas para enmendar los errores contractuales. Las entidades bancarias deberían comunicar a los consumidores los defectos de su hipoteca y darles una solución; un sistema, por cierto, nada novedoso, utilizado por las marcas de automóviles, que, cuando detectan un fallo de fabricación, lo arreglan. Recordemos lo que cantaba Silvia Pérez Cruz, poniéndonos a muchos la piel de gallina: «Es indecente y es indecente, gente sin casa y casa sin gente». Piénsenlo antes de votar, señorías, y acaben con esta injusta situación.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).