José María Figaredo Álvarez-Sala
Muchas gracias, señor presidente. Tratamos hoy una enmienda de VOX en la que básicamente pedimos que se derogue una ley del año 2005, la ley de derechos de emisión de CO2. Mucha gente, sobre todo quienes nos escuchen en sus casas, es posible que no tengan prácticamente ni idea de qué es esto; quienes lo hayan escuchado alguna vez, seguro que no saben cómo funciona; y, desde luego, no hay nadie, probablemente tampoco en esta Cámara, que entienda en profundidad cuáles son las implicaciones reales de esta ley, las implicaciones terriblemente nocivas. Solo quien haya sido capaz de analizar la cuestión liberándose de los dogmas, sobre todo los de la Agenda 2030… Escucho risas en las bancadas del Grupo Popular y del Grupo Socialista y entiendo que la cuestión les haga gracia, pero yo creo que más gracias les va a hacer a los españoles cuando entiendan la traición que ustedes están cometiendo.
Esta ley no es más que un impuesto encubierto ―sí, un impuesto―, porque, básicamente, la Administración pública ha decidido que para emitir cada tonelada de CO2 a la atmósfera ―esto es, cada vez que ustedes quemen gas en su caldera, cada vez que una industria levante la persiana, cada vez que nuestro sector industrial empiece a funcionar― hay que pagar un impuesto especial al respecto y este impuesto especial se llama derecho de emisión de CO2, es decir, tú para quemar algo tienes que pagar. ¿A quién? En principio, a la Administración pública, en una subasta pública en la que saca esos derechos a concurso, y a esas subastas pueden acudir quienes quieran. Tanto es así que, hoy en día, muchísimos fondos de inversión y prácticamente todos los bancos acuden. Se ha habilitado un mercado secundario de derechos de emisión de CO2 y casi todos los bancos y los grandes fondos de inversión, en cuanto salen a subasta, compran un gran paquete y según se va incrementando el precio a lo largo del año, porque ya las industrias van emitiendo lo que les corresponde, empiezan a venderlo, por supuesto, a mayor precio. De tal forma que vemos que en este sistema los principales beneficiarios son dos: el primero, la Administración pública con un impuesto encubierto; y el segundo, los grandes traders, los bancos o las agencias financieras que obtienen beneficios especulando con estos derechos de emisión de CO2.
Cuando nacen estos derechos en el año 2005 en España ―antes de esto con una directiva de la Unión Europea―, empiezan como las auténticas drogas. La primera parte de los derechos de emisión se regalan, de tal forma que los principales consumidores, es decir, la principal industria de los países afectados, no protestan contra ellos. ¿Por qué? Porque en principio esto parecía gratuito; es más, esos derechos de emisión de CO2 que recibían de forma gratuita luego podían venderlos en el mercado secundario. Lo que se ha conseguido con esto es que gran parte de nuestra industria sea ya adicta, esté enganchada a esos derechos de emisión de CO2, y ahora, como digo, entran en juego las subastas, siendo los beneficiarios el Estado, con un impuesto encubierto, y los bancos, que ya tienen todos ellos sus mesas de trading de derechos de emisión de CO2.
¿Cuánto nos cuesta esto en concreto a los españoles? Según el último informe de la Administración pública, en el año 2023 nada más y nada menos que 2000 millones de euros. Un importe nada desdeñable que lo que ha hecho es directamente engordar las arcas públicas y encarecer de forma indirecta todos los servicios sobre los cuales se ha ido repercutiendo, de tal manera que todo producto industrial que sale de España es hoy más caro por culpa de estos derechos de emisión de CO2. (Aplausos). Todos los viajes, todos los billetes de avión ―porque ahora esto repercute también en los viajes en avión― serán más caros; cada vez que compremos un coche, será más caro; cada vez que participemos en cualquier cuestión que la Administración decida que ha emitido CO2, será más caro. Por lo tanto, ¿quiénes son los principales perjudicados? Los españoles. Los españoles, que con su esfuerzo irán cada día ¿a qué? A financiar la Administración pública.
¿Y para qué ha servido todo esto? Lo cierto es que España es uno de los países que menos emisiones de CO2 per cápita tiene del mundo, y desde luego de los países desarrollados. En España emitimos 5,4 toneladas de CO2 per cápita al año; Alemania, 8, casi el doble; si nos vamos a Estados Unidos, 14; Rusia, 13; y China está también casi en el doble. Y si hablamos de emisiones netas, Estados Unidos emite 20 veces más que nosotros; Rusia 10; China, 60; y Alemania 3 veces más. Lo que no se explica es por qué, si los españoles somos algunos de los que menos CO2 del mundo emitimos per cápita, tenemos que hacer semejante esfuerzo. Lo cierto es que España, con todos estos esfuerzos y con todas estas medidas, se encuentra hoy, con los datos del año 2023, con unas emisiones de CO2 semejantes a las del año 2000. No hemos logrado una reducción significativa de nuestras emisiones de CO2. Sin embargo, ¿qué hemos conseguido? Hemos conseguido, por un lado, esa recaudación pública de la que ya les he hablado y hemos conseguido un gravísimo impacto para los españoles: el empleo industrial retrocede a su mínimo histórico. Esto lo dice el periódico El Mundo en abril de 2024. (Muestra un gráfico). España se encuentra en niveles mínimos históricos de empleo industrial, entre otras causas por todos los palos en la rueda que se le pone a la industria, entre otros, este, el de los derechos de emisión de CO2.
La evolución del índice de producción industrial de España está hoy en niveles del año 1995 (mostrando un gráfico) y este es el resultado que ustedes han conseguido encareciendo y poniendo impuestos ocultos a nuestra industria y a nuestro sector industrial. (Aplausos). Porque ustedes piensan en su bolsillo, ustedes piensan en la recaudación pública, ustedes piensan en esas agendas globalistas, pero no piensan en los españoles. Porque mientras que los españoles se pegan un tiro en el pie y reducen su industria (mostrando un gráfico), las emisiones de CO2 mundiales continúan al alza. Porque con todo el perjuicio que los españoles padecen y parecerán, el mundo no está sintiendo absolutamente nada, ningún efecto benéfico. Al contrario, las emisiones de CO2 mundiales continúan incrementándose, porque ustedes, el Partido Socialista y el Partido Popular ―no olvidemos que todas estas normas han sido pactadas y consensuadas por ambos partidos―, no piensan en el beneficio de los españoles. Ustedes están en esos dogmas ideológicos, en estas cuestiones supranacionales que en nada afectan ni benefician a los españoles, porque al currante de Vallecas, cada día que abre la persiana y piensa en sus dos hijos y en los 1000 euros que gana al mes, no le importa una higa lo que ustedes están hablando y estos planes globalistas de reducciones de emisión de CO2. (Aplausos). Lo que les importa a los españoles es poder llegar a fin de mes y es en lo que ustedes nunca, jamás, piensan; es lo que ustedes no dibujan ni diseñan con sus legislaciones socialistas. Ustedes jamás piensan en las cosas del comer. Ustedes no caen en la cuenta de que todas estas legislaciones absurdas que están planteando para España el único impacto que tienen en nuestros trabajadores y en nuestra población es que hoy, entre otras cuestiones, la vivienda es inalcanzable, los salarios reales no crecen y los trabajos cada día son más precarios. El empleo industrial, que antes era el futuro de los trabajadores españoles, está desapareciendo y los alimentos cada día son más inaccesibles. Tanto es así que los españoles cada vez consumen menos carne, menos pescado y menos frutas frescas porque no se lo pueden permitir. Mientras tanto, ustedes siguen pensando en las musarañas, siguen endureciendo y encareciendo esta ley de derechos de emisión de CO2, que, como les digo, solamente beneficia a esas agendas globalistas. (Muestra un gráfico). Ni siquiera beneficia al planeta, que cada día, incluso si aceptásemos sus dogmas ideológicos, ve que se emite más y más CO2. En definitiva, los únicos perjudicados son los trabajadores; entre otros lugares, los trabajadores de España. Así que les rogamos que atiendan, por favor, esta enmienda que les presentamos y deroguen esta ley, que es absurda y que, desde luego, en nada beneficia a los trabajadores españoles.
Muchísimas gracias. (Aplausos de las señoras y de los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).