Se les va a hacer muy larga mi intervención, señorías. (Risas.—Aplausos).
Decía que están demostrando que el problema, señorías, no era que el Estado fuese grande o pequeño, central o autonómico, sino que ellos no lo ocupaban.
Se dirá, señorías, que no hay nada definitivo en toda esta agenda reaccionaria que ha puesto en marcha el Partido Popular junto con VOX, y es verdad, pero la historia enseña que así sucede siempre en los comienzos de las oleadas reaccionarias. Si seguimos normalizando a la ultraderecha, si le seguimos dando cotas de poder van a ir elevando su agresividad en las políticas que están poniendo en marcha y se irán mimetizando con sus referentes internacionales. Se empieza desmantelando la negociación colectiva y se acaba recortando las prestaciones por desempleo, facilitando el despido, aumentando la temporalidad de los contratos, como están haciendo países gobernados por la derecha y la ultraderecha en Europa. Se empieza suspendiendo licencias para las energías renovables y se acaba volviendo al carbón, talando el 10 % de los bosques y aumentando las emisiones de CO₂, como están haciendo gobiernos europeos de derechas con la ultraderecha. Se empieza asociando a las personas migrantes a la delincuencia y se termina por denegar el auxilio en el naufragio mortal de cientos de seres humanos. (Aplausos). Se empieza, señorías, negando el acceso a determinados medios de comunicación y se acaba amordazando al Poder Judicial (rumores) y censurando a la prensa, como está ocurriendo también en países gobernados por la derecha y la ultraderecha. Se empieza cuestionando a las instituciones europeas y se termina haciendo campaña por la salida de la Unión Europea y el cierre de fronteras. Y si no, señorías, miren lo que está pasando en otros países europeos. Y sí, señorías, en nuestro país estos movimientos no han ido más lejos en el desmantelamiento de los valores constitucionales y democráticos no por falta de voluntad y mucho menos por límites políticos ni morales, ni tampoco desgraciadamente porque la derecha conservadora les haya exigido desistir, el único muro eficaz contra las políticas de la ultraderecha en comunidades y ayuntamientos ha sido el Gobierno de coalición progresista de España. (Aplausos). Lo ha sido. Porque fue un Gobierno progresista en España el que fue capaz de paralizar el chantaje institucionalizado que el Partido Popular y VOX quisieron imponer en Castilla y León a las mujeres que querían interrumpir su embarazo. Solo un Gobierno progresista en España fue capaz de aprobar normas de urgencia para impedir que el brote de tuberculosis bovina, que apareció en esa misma comunidad, en Castilla y León, de la mano de las políticas de VOX se extendiera por toda España. Solo un Gobierno progresista en España fue capaz de recurrir la censura educativa que intentó legalizar el Gobierno de la derecha y la ultraderecha en la Región de Murcia. Solo un Gobierno progresista en España fue capaz de recurrir y de anular el veto a la ley de eutanasia que trataba de establecer el Gobierno regional de la Comunidad de Madrid, donde el Partido Popular es indistinguible tanto en el fondo como en las formas a los elementos más exaltados de la ultraderecha. Y solo un Gobierno progresista en España, con el apoyo de la Unión Europea, señorías, ha sido capaz de defender nuestro mayor patrimonio natural, el Parque Nacional de Doñana, frente a su proposición de ley —la del Partido Popular y VOX—, que lo amenazaba de muerte.
Un Gobierno progresista, señorías, que defiende con hechos la igualdad entre españoles. Porque, ¿qué es defender la igualdad? Defender la igualdad entre españoles es subir el salario mínimo interprofesional; es aprobar una reforma laboral de la mano de los agentes sociales que ha recuperado derechos para los trabajadores y ha reconocido otros nuevos; es revertir los recortes infligidos durante la crisis financiera y la respuesta neoliberal al Sistema Nacional de Dependencia; es eliminar los copagos farmacéuticos a las clases más vulnerables y recuperar la universalidad del sistema sanitario público que ustedes quebraron cuando estaban en el Gobierno. Igualdad entre españoles es que haya un millón de estudiantes con beca y que puedan acudir a su centro educativo en transporte público gratuito; es revalorizar las pensiones conforme al IPC. También es aprobar impuestos a las grandes fortunas, a la gran banca y a las empresas energéticas para poder sufragar toda esa red inmensa de protección social. Y a todas estas medidas, señorías, la ultraderecha y la derecha han votado sistemáticamente en contra. ¿Traducimos todas estas medidas en realidades cotidianas de la gente? La igualdad, señorías, son los 23 000 jóvenes extremeños y extremeñas que podrán estudiar este curso gracias a una beca. (Aplausos). Son las casi 60 000 mujeres en Castilla-La Mancha que van a poder pagar sus facturas o pedir una hipoteca gracias a que hoy cuentan con un contrato indefinido que antes no tenían. Igualdad son los 264 000 hogares andaluces con bono social eléctrico que se van a librar de pasar frío este invierno. Igualdad son los 2,3 millones de españoles y españolas que antes no tenían empleo y ahora sí lo tienen. Son los 2,5 millones de asalariados que han visto cómo sus ingresos han crecido de 735 euros al mes a 1080 euros al mes del salario mínimo interprofesional. (Aplausos). La igualdad, señorías, son los 9 millones de jubilados y jubiladas que no han perdido poder adquisitivo gracias a la revalorización de las pensiones y la reconstrucción del Pacto de Toledo. Son, en definitiva, los 14 millones de trabajadores que han recuperado derechos con la reforma laboral. Igualdad, señorías, son estas cifras, pero, sobre todo, las personas que están detrás de esas cifras. ¿Quiere decir esto que la desigualdad ha desaparecido? Ni mucho menos. Queda muchísimo por hacer, señorías, pero la dirección emprendida es la correcta. La única igualdad que peligra es la de las mujeres como consecuencia de los acuerdos del Partido Popular con VOX. (Aplausos).
Si algo ha dejado claro la derecha reaccionaria es que no se va a detener, y por eso en este debate, señorías, estamos eligiendo algo muy importante: o bien alzamos un muro ante estos ataques recurrentes a los valores de la España democrática y también constitucional, o bien le damos salvoconducto. Y yo quiero anunciarles un compromiso aquí, ante todas sus señorías y también ante todos los españoles y españolas: mientras yo sea presidente del Gobierno toda la fuerza del Estado se dedicará a defender los valores democráticos y las libertades y los derechos de los españoles. (Aplausos). Ni un solo retroceso ni una sola involución ni un paso atrás va a contar con el beneplácito ni con la indiferencia del Gobierno de España. Ninguno. Por tanto, hoy aquí, en esta sesión, señorías, nos toca elegir camino: abrimos la puerta a ese movimiento o lo frenamos en seco erigiendo un muro de democracia, de convivencia y de tolerancia. Porque esas mismas corrientes, esos mismos alineamientos que se expresan en otros países europeos y en otras naciones occidentales están también presentes en esta Cámara y traducen dos formas de entender la política que trascienden, como he dicho antes, los ejes de la izquierda y de la derecha. Por un lado, hay fuerzas conservadoras y reaccionarias representadas en el Partido Popular y en VOX que claramente quieren retroceder, que creen que todo lo que hemos hecho durante estos últimos cuatro años es peor que mal, es pernicioso y, por otro lado, estamos los partidos que queremos avanzar de formas distintas, con diferencias muy importantes, pero que queremos avanzar. Lo que se decide hoy es a quién entregamos las riendas del Gobierno para los próximos cuatro años y cuál de esos dos caminos opuestos tomamos. Lo que hoy se expresará en esta Cámara y mañana también cuenta con la máxima legitimidad puesto que se deriva de la voluntad democrática de los ciudadanos y las ciudadanas de nuestro país expresada con su voto. Pero, además, coincide con el sentir aún más mayoritario de los españoles y las españolas cuando se les sondea sobre sus preferencias concretas: el 75 % de nuestros compatriotas piensa que hay que reforzar el Estado del bienestar y que para ello debemos aumentar los impuestos a las grandes fortunas y a las grandes empresas. Y esa opinión es tan mayoritaria como preponderante incluso entre los votantes de derechas. Sin embargo, allí donde gobiernan el Partido Popular y VOX hacen justo lo contrario: eliminan el impuesto de sucesiones a quienes heredan más de un millón de euros, impugnan el impuesto sobre patrimonio que solo afecta a quienes tienen más de tres millones de euros y, al mismo tiempo, saturan los servicios sanitarios y dejan a miles de niños y niñas sin plaza en las guarderías y los colegios públicos.
Y este es solamente un ejemplo; podríamos poner muchos más. Señorías, el 92 % de los españoles ―el 92 %― quieren que se fomenten las energías renovables, y el Partido Popular y VOX recortan las ayudas y hasta incluso, cuando gobernaron, pusieron el impuesto al sol. (Aplausos). El 75 % de los españoles apoya el escudo social creado por el Gobierno para hacer frente, en este caso, a los efectos de la inflación derivada de la guerra de Putin en Ucrania, y el Partido Popular y VOX se oponen a ello. El 91 % de los españoles y las españolas ―para que veamos lo grande que es nuestro país, lo bueno que es nuestro país― se muestra partidario de que las personas LGTBI tengan los mismos derechos y visibilidad que el resto, y el Partido Popular y VOX se inhiben y aún alimentan la discriminación y el odio hacia ellas. (Aplausos). En suma, señorías, la mayoría de españoles y españolas no comparten estas tesis y estas posiciones reaccionarias; no comparten sus valores ni tampoco sus objetivos. España es, efectivamente, un país tolerante, es un país abierto, es un país igualitario, concienciado con el cambio climático, y por eso, señorías, hoy estoy aquí ante ustedes. (Rumores). Señorías, comparezco en esta sesión de investidura para proponer el camino del avance, el camino de la mayoría, el camino del progreso. Vengo a defender que descartemos la política del insulto, del odio y de la crispación (aplausos), que aparquemos el negacionismo climático, el clasismo, el machismo y la xenofobia. (Continúan los aplausos). Vengo a proponer que demos a España cuatro años más de estabilidad, de convivencia, de progreso y que digamos no a los reaccionarios, cuyo único propósito es la involución y la confrontación. Vengo a proponer que prosigamos un camino que iniciamos hace un lustro —hace cinco años— y que creo que arroja un saldo positivo para nuestro país y para la inmensa mayoría de nuestros ciudadanos, hayan votado lo que hayan votado. Es un balance en el que también, lo reconozco —lo he dicho en muchas ocasiones—, hemos cometido errores y tenido carencias, como en cualquier otra acción humana: errores involuntarios, señorías, por los que hemos pedido disculpas, y carencias que nos proponemos suplir en este nuevo mandato. Pero creo honestamente que el balance, en el que destacan los logros, es incuestionable. O, mejor dicho, solo cuestionable desde el partidismo extremo o la mala fe. Y son logros que encierran particular mérito porque además se han alcanzado en una coyuntura internacional terrible, la más difícil de las últimas décadas, y a pesar de todo el hostigamiento constante de la oposición más estéril y bronca que ha conocido nuestra democracia. Una España que hoy es un país más próspero que cuando nosotros llegamos al Gobierno. Somos la gran economía de la Unión Europea que en este contexto internacional tan complejo, con múltiples crisis y también con guerras en el frente oriental y en Oriente Medio, está creciendo y la que más va a crecer en el año 2024. Acabamos de conocer las perspectivas económicas de la Comisión Europea: tenemos una de las inflaciones más bajas de Europa; tenemos la energía más barata; tenemos unos niveles de inversión extranjera récord, que demuestran la confianza de los inversores en las posibilidades y las capacidades de nuestro país, y los mejores datos de empleo de nuestra historia, con 2 millones de personas más empleadas que cuando gobernaba el Partido Popular. Y todo ello, señorías, con paz social. Hoy, España tiene un Estado del bienestar más amplio, más robusto que cuando gobernaba el Partido Popular. Antes ponía algunos ejemplos. Hemos recuperado la universalidad del Sistema Nacional de Salud, quebrada con los gobiernos del Partido Popular. Tenemos más sanitarios —aunque sin duda alguna necesitamos más— que en 2018, más profesores, más maestros, más estudiantes becados que hace cuatro años, y el dinero que el Estado invierte —esta es la cifra que me gustaría simplemente trasladar a los ciudadanos que estén siguiendo este debate— en el bienestar de cada uno de nuestros ciudadanos y ciudadanas ha pasado de los 6300 euros al año a los 7600 euros anuales. (Aplausos). Por tanto, hoy España es un país un poco más justo. Quedan muchísimas desigualdades aún por erradicar, pero es un poco más justo gracias a que hemos reducido la desigualdad y el número de personas que viven en riesgo de pobreza, y creo que corresponde reconocer a esta Cámara, y también lógicamente al Gobierno, el poder afrontar y amortiguar las consecuencias nefastas que sobre la desigualdad hubiera tenido otra respuesta a la pandemia en nuestro país. Hemos mejorado la igualdad de oportunidades en la escuela; hemos recortado la brecha salarial entre hombres y mujeres hasta ser una de las más bajas de la OCDE, y también hemos cosechado grandes avances en sostenibilidad. Hemos incrementado, señorías, en tan solo cuatro años, en un 40 % nuestra potencia instalada en energías renovables; hemos descarbonizado fases enteras de nuestros procesos productivos, y hemos logrado reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero en un 14 %, con la economía creciendo. Y, al tiempo que hacíamos eso, nos hemos vuelto una democracia aún más robusta e influyente. Se habla mucho sobre dictaduras y sobre democracias, pero, señorías, en estos últimos cinco años hemos mejorado nuestra posición en todos los ránquines internacionales de calidad democrática y del Estado de derecho, ganando un prestigio internacional que antes, desgraciadamente, no teníamos y que nos está permitiendo defender mejor nuestros valores y nuestros intereses. (Aplausos). En fin, los resultados están ahí, están a la vista de todos, señorías. Quedan muchísimas cosas por hacer, pero creo que el balance es francamente positivo. Lo reconocen así la Comisión Europea, la OCDE, el Fondo Monetario Internacional; en definitiva, las medidas del Gobierno de coalición progresista han funcionado durante estos últimos cuatro años. Queda, como he dicho antes, muchísimo por hacer; no nos conformamos, sabemos de los problemas y las necesidades de la clase media, de los trabajadores y las trabajadoras, de la gente de a pie de nuestro país, pero para su resolución, honestamente, creo que la dirección tomada durante estos últimos cuatro años es la acertada. Y hoy vengo, por tanto, a solicitar su apoyo para seguir transitando ese camino que empezamos hace cinco años y con el Gobierno de coalición progresista hace cuatro años. La líder de Sumar, la vicepresidenta Yolanda Díaz, y yo, como líder del Partido Socialista Obrero Español, presentamos las bases hace un par de semanas en ese acuerdo entre el Partido Socialista y Sumar, y aquí me gustaría compartir con ustedes los que a mi juicio son los objetivos principales, ocho compromisos que adquirimos con la ciudadanía y, lógicamente, con sus representantes, que son todos ustedes, todos los diputados y diputadas.
El primero, lógicamente, como no puede ser de otra manera y es la principal preocupación de los ciudadanos, es culminar, en el ámbito económico, toda la modernización que pusimos en marcha durante la pasada legislatura: transformar en clave verde y digital desde una perspectiva de inclusión social y territorial nuestro tejido productivo. En consecuencia, vamos a redoblar nuestra apuesta por la innovación, por la formación, por la digitalización, y vamos a desplegar, afortunadamente, esos 115 000 millones de euros de los fondos europeos para ayudar a que este proceso de cambio llegue a todos los puntos territoriales de nuestro país y también a nuestras pymes, autónomos y economía social. Y todo ello para alcanzar dos metas que me gustaría compartir con la ciudadanía. Por un lado, tener más y mejores empleos, más y mayores empresas, más startups, más economía social. Señorías, vamos a seguir creando trabajos de calidad, ayudando a los jóvenes y a los parados a incorporarse al mercado laboral, hasta lograr alcanzar el pleno empleo; una ambición siempre soñada y nunca lograda en nuestro país. Y de la mano del diálogo social vamos a impulsar, además, una cultura laboral distinta, que permita conciliar mejor esa asignatura pendiente que tienen todos los ciudadanos y ciudadanas en nuestro país, que es la corresponsabilidad laboral, familiar y personal, para que España sea uno de esos países en los que la gente trabaja para vivir y no vive para trabajar. Por eso, les anuncio que esta legislatura será la legislatura del nuevo Estatuto de los Trabajadores, la legislatura en la que vamos a garantizar por ley que el salario mínimo interprofesional siga aumentando cada año para mantenerse en el 60 % del sueldo medio, la legislatura en la que impulsaremos una reducción de la jornada laboral a las 37,5 horas semanales, incorporando incentivos para que las empresas ofrezcan horarios más flexibles y potencien el teletrabajo siempre que sea posible.
Nuestra segunda meta será que el poder adquisitivo de los españoles vuelva a crecer. Somos, junto con Francia, quienes hemos recuperado más poder adquisitivo durante estos últimos años, desde la pandemia. Nuestro país tiene una de las inflaciones más bajas de Europa, pero sé perfectamente que eso no significa que el problema haya pasado. Sé que la vida aún está más cara, que hay muchos ciudadanos a los que les cuesta pagar la hipoteca, ahorrar, irse de vacaciones o simplemente llenar la cesta de la compra. Somos muy conscientes en el Gobierno y vamos a dejarnos la piel, como dije durante la pandemia y también durante la guerra y sus efectos económicos sobre los precios, para revertir esta situación con medidas en el medio y en el largo plazo, acometiendo reformas que voy a mencionar posteriormente para mejorar la productividad de nuestro país, pero también con medidas a corto plazo para ayudar a resolver el problema mañana, no dentro de diez años. En concreto, les anuncio que en los próximos meses vamos a aprobar tres grandes acciones. En primer lugar, vamos a extender la bajada del IVA de los alimentos hasta junio de 2024; vamos a elevar el umbral de renta media de los 30 000 euros actuales a los 38 000 euros para que más familias puedan acogerse a la medida de alivio hipotecario en vigor, que consiste en la congelación de la cuota mensual durante un año y la ampliación del plazo de amortización hasta los siete años, y, además, a partir del 1 de enero del próximo año el transporte público será gratuito para todos los menores y jóvenes y también para las personas desempleadas. (Aplausos). Ya nos comprometimos a que durante el año 2024 se mantuviera la reducción del precio de los abonos transporte, pero queremos dar un paso más en coordinación con las comunidades autónomas y con los ayuntamientos. Queremos que esta política de transporte público gratuito sea permanente y se consolide en España como un referente en sostenibilidad medioambiental.
Junto con la economía y con el empleo, señorías, nuestro segundo gran compromiso va a ser continuar reforzando el Estado del bienestar para mejorar la vida de la gente, empezando precisamente por el Sistema Nacional de Salud. Es inadmisible que un ciudadano, señorías, tenga que esperar más de tres meses para tener una primera consulta con un médico especialista o doscientos días para operarse de una hernia que le impide levantarse de la cama. Soy consciente de que esta competencia, lógicamente, está en manos de las comunidades autónomas (rumores.—risas), pero nosotros no podemos, como Gobierno de España, quedarnos de brazos cruzados y por eso vamos a poner en marcha con los gobiernos autonómicos que así lo deseen un plan para lograr una reducción drástica de las listas de espera. (Aplausos). Vamos a continuar reforzando la atención primaria, una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema. Vamos a ampliar la cartera de servicios públicos para incluir tratamientos bucodentales y oftalmológicos para nuestros jóvenes, y vamos a promover, señorías, un gran pacto de Estado por la salud mental que va a aumentar el número de psicólogos y psiquiatras de los centros públicos, va a reducir los tiempos de espera y va a garantizar, señorías, que en España no haya un solo ciudadano que necesite ayuda psicológica y no pueda obtenerla. (Aplausos).
Y esa mejora de la vida de las personas va a ir también a lo más importante, que es la educación de nuestros hijos y nuestras hijas, con una educación pública de calidad, con una ciencia puntera y con una cultura libre y accesible para todos y para todas. Por eso, en esta legislatura vamos a seguir mejorando las condiciones de formación del profesorado, vamos a ampliar las ayudas de comedor, vamos a aumentar también las ayudas y la disponibilidad de actividades educativas extraescolares y vamos a aumentar la dotación de las becas y reducir el precio de las tasas universitarias. Vamos a incrementar la financiación de nuestros centros de investigación, que son un auténtico orgullo; vamos a fomentar una mayor colaboración público-privada en la I+D+i; vamos a mejorar las condiciones laborales de nuestros científicos y científicas a través del Estatuto del Personal Docente e Investigador, y vamos a recuperar a todos esos cerebros españoles que tuvieron que irse al extranjero como consecuencia del abandono del Partido Popular a nuestro Sistema Nacional de Ciencia. (Aplausos). Y vamos a aprobar, señorías, una ley de derechos culturales que garantice el acceso de todas las personas y todos los territorios a la cultura. Vamos a ampliar la presencia de la cultura y la creatividad artística en escuelas y en institutos, vamos a dar más ayudas a los creadores y vamos a mantener el Bono Cultural Joven.
Vamos a mejorar, señorías, la vida de los mayores, porque significa también brindarles certezas y asistencia, un asunto de mera justicia tras una vida de esfuerzo y de trabajo. Para blindar la dignidad y el bienestar de nuestros mayores les anuncio que, sin duda alguna, como hicimos durante la pasada legislatura ―ya está inscrito en nuestra ley―, vamos a seguir revalorizando las pensiones conforme al IPC, vamos a aumentar los recursos destinados a la dependencia ―ayer, en el último Consejo de Ministros, inyectamos 1000 millones de euros al Sistema Nacional de Dependencia a través de las comunidades autónomas― y vamos a conseguir ese modelo asistencial de mejor calidad, más personalizada y que priorice la atención domiciliaria. Y vamos a hacer algo muy importante: cumplir con el mandato del Pacto de Toledo, que nos decía ―ustedes nos decían, señorías― que lógicamente tenía que revalorizar las pensiones conforme al IPC, pero también destinar al Fondo de reserva de la Seguridad Social 5000 millones de euros cada año para que los trabajadores de hoy tengan pensiones dignas cuando se retiren en la edad de jubilación. (Aplausos).
Señorías, mejorar la vida de las personas significa asistir a quienes más lo necesitan. Fíjense que en estos días se han dicho muchas cosas, se han proclamado muchas cosas en las calles de nuestro país, pero también hemos escuchado a un líder de extrema derecha en otra parte del mundo, en Argentina, un líder de la ultraderecha argentina, por cierto, apoyada por la derecha conservadora y tradicional argentina. En fin, hay que hacérselo mirar, señor Feijóo, esto de que el señor Rajoy apoye al candidato Milei a la Presidencia de Argentina. (Aplausos). Porque, fíjese, hemos escuchado decir a un líder de la ultraderecha argentina lo siguiente, y cito textualmente: «La justicia social es una aberración y es injusta porque implica un trato desigual frente a la ley» —cierro comillas—. Esto es algo de lo que aquí, en España, ya estamos curados de espanto, que no nos sorprende porque ya lo había dicho unos meses antes la líder intelectual del Partido Popular, la señora Ayuso, cuando afirmó, señorías, no es broma ―no es broma―, que la justicia social es un invento de la izquierda para promover la cultura de la envidia. (Aplausos). Pues bien, señorías, en eso estamos. Este Gobierno de coalición que represento no considera la justicia social una aberración; al contrario, la consideramos la condición misma de la vida en sociedad. (Aplausos). Porque eso, señorías de la bancada de la derecha y la ultraderecha, es justamente patriotismo, sabernos ligados los unos a los otros, ser conscientes de que navegamos todos en el mismo barco y de que el bienestar de cada uno de nosotros depende del bienestar básico de cada miembro de nuestra comunidad. Por eso vamos a seguir apoyando más a quien más lo necesite dentro y fuera de nuestras fronteras, y por eso vamos a continuar reforzando el ingreso mínimo vital, simplificando los requisitos de acceso para que más hogares puedan cobrarlo y nuestros niveles de desigualdad y pobreza continúen bajando.
Señorías, soy consciente de que muy a menudo, si el Estado del bienestar no sirve mejor a los ciudadanos, es porque la Administración es lenta, excesivamente burocrática y probablemente farragosa, y vamos a abordar en serio este problema durante esta legislatura. Por eso les anuncio que en esta legislatura vamos a continuar simplificando todos los trámites administrativos y que vamos a poner los intereses y las necesidades del usuario en el centro del sistema, por eso vamos a establecer un nuevo modelo de atención presencial a la ciudadanía con horarios flexibles y sin cita previa obligatoria y vamos a fijar por ley un máximo de treinta días para la recepción de prestaciones como la ayuda a la dependencia. (Aplausos).
Como ven, nos proponemos mejorar drásticamente la forma en la que opera nuestro Estado del bienestar y queremos hacerlo además al tiempo que seguimos reduciendo el déficit público, porque este es un Gobierno comprometido con la disciplina fiscal. ¿Cómo lo vamos a hacer? Mejorando la eficiencia de la Administración pública, combatiendo la economía sumergida, ensanchando nuestras bases fiscales, incrementando la progresividad del IRPF y garantizando un impuesto mínimo efectivo del 15 % en el impuesto de sociedades. En definitiva, lo que hay que hacer es acabar de una vez por todas con esas vías de evasión fiscal, cuando no de elusión fiscal, de las grandes fortunas y las grandes multinacionales. Los ricos… lo siento, pero tienen que pagar más impuestos de los que pagan hasta ahora. Es más, mientras nosotros gobernemos van a pagar más que el resto (aplausos), porque lo justo, lo que mandata la Constitución, es que contribuya más quien más tiene.
Y hablando de la Constitución, señorías, a ver si por fin esta es la legislatura en la que modificamos ese artículo 49 de la Constitución y reconocemos constitucionalmente la dignidad de las personas con discapacidad. (Aplausos).
Una vida mejor depende, ante todo, de un techo que la cobije dignamente y, por eso, nuestra tercera prioridad va a ser mejorar el acceso a la vivienda. Porque este es, a día de hoy, un —s i no el mayor— problema al que se enfrentan muchos ciudadanos en nuestro país y, particularmente, los jóvenes. La subida de los alquileres, el encarecimiento de las hipotecas como consecuencia del endurecimiento de la política monetaria del Banco Central Europeo, la dificultad de ahorrar, han hecho que cada día sea más difícil desarrollar un proyecto vital para muchísimos ciudadanos en nuestro país. En la pasada legislatura tomamos algunas medidas incipientes a este respecto, pero sabemos que tenemos muchísimo que hacer aún, siguiendo una premisa muy sencilla, que es ayudar a los inquilinos y a los pequeños propietarios. ¿Y qué vamos a hacer? Pues vamos a apoyar a los jóvenes que quieren, pueden y deben independizarse a edades más tempranas. Por eso, les anuncio que vamos a aumentar el bono para el alquiler. Ojalá los gobiernos autonómicos del Partido Popular con VOX desarrollen esta política. (Aplausos). Crearemos una línea de avales que les permitirá cubrir hasta el 20 % de su hipoteca —como ya anuncié durante la campaña electoral— y vamos a acometer la habilitación de 183 000 viviendas públicas para alquiler asequible, que prometimos también hace unos meses. También vamos a apoyar a todos esos españoles y españolas de clase media, también trabajadores, que tienen en la vivienda su principal instrumento de ahorro y también su red de seguridad, en consecuencia. Vamos a ayudarles a reformar y modernizar sus viviendas con un marco jurídico que las proteja y con incentivos fiscales para que, aquellas que lo deseen, puedan ponerlas en alquiler.
El empeño por lograr una vida mejor tiene una premisa básica, señorías, y es defender la vida del planeta. Y, por eso, nuestra cuarta prioridad será impulsar una transición ecológica que ayude a mitigar y adaptarnos al cambio climático, que proteja nuestra biodiversidad y que genere riqueza y oportunidades en todo el territorio. Vamos a seguir desplegando las energías renovables, señorías, y lo vamos a hacer de forma responsable y —quiero decirlo aquí ante ustedes— de forma coordinada, integrando a los vecinos y vecinas en la toma de decisiones y también en el reparto de beneficios de esa extensión de la energía renovable. También vamos a favorecer las comunidades energéticas y vamos a triplicar la potencia instalada de autoconsumo. ¿Todo ello para lograr qué? Bueno, pues que a finales de esta década la mitad de toda la energía que consuma nuestro país sea de origen renovable.
El desafío de la transición energética requiere también de un regulador independiente especializado y los recursos técnicos adecuados para preparar el sistema energético para el objetivo ambicioso que tenemos de neutralidad climática. Y, por eso, quiero anunciarles que vamos a restablecer la Comisión Nacional de la Energía, suprimida por el Gobierno del Partido Popular (rumores) y que va a ser clave para garantizar y mejorar el funcionamiento del sector energético y la diversificación de sus operadores. Vamos a seguir combatiendo la amenaza de la sequía, ampliando y modernizando las infraestructuras, modernizando los recursos de los organismos hidrológicos, cerrando pozos y regadíos ilegales, y ayudando a los agricultores a mejorar sus explotaciones, porque somos muy conscientes de que España es una potencia mundial agroalimentaria y queremos que siga siéndolo. Por ello, vamos a dedicar una parte sustantiva de los fondos europeos a modernizar el sector, a impulsar la agricultura ecológica y también la regenerativa. Y quiero anunciarles que vamos a aprobar una ley de agricultura familiar que va a hacer eso, favorecer este tipo de agricultura, que va a generar valor añadido social y vinculación con el territorio. Y vamos a desplegar una estrategia nacional de alimentación para España que permita desarrollar toda la cadena de suministro alimentario, fomentar el empleo rural y mejorar la calidad de la alimentación. Y vamos a seguir impulsando las ganancias de eficiencia y de circularidad de nuestra sociedad, con la ambición de que al final el tejido productivo acabe siendo un sistema simbiótico en el que nada se desperdicia y que, por tanto, los residuos de un sector se convierten en los recursos productivos de otro.
Yo sé, señorías ―somos muy conscientes desde el Gobierno―, que a veces la urgencia y la escala de la transición ecológica nos abruma e incluso nos asusta; pero ―créanme― creo que podemos tener éxito, sin perder tiempo, sin dejar a nadie atrás —ninguna persona y tampoco ningún territorio—, aprovechando esta oportunidad para generar nuevos empleos, nuevas industrias para todo el territorio, mejorar nuestras ciudades y también cuidar nuestra salud. Por cada euro que gastemos ahora en acometer esta transición ecológica nos estaremos ahorrando 10 euros en daños en las próximas décadas.
La quinta prioridad, señorías, va a ser garantizar que España siga siendo un referente europeo y mundial en igualdad. Mejorar la vida es mejorar la condición de vida de la mitad de nuestra sociedad, es mejorar la vida de las mujeres, es alcanzar, en consecuencia, la plena igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.
El feminismo es un cáncer. Si pudiera, lo quitaría de las escuelas y pondría una asignatura de costura porque empodera más coser un botón. (Risas). No, no hay que reírse de esto, señorías, no hay que reírse, no hay que reírse. Nosotros no odiamos a las mujeres. En nuestro partido hay muchísimas mujeres de gran valía, casi tanta como la de los hombres. (Rumores). Si las mujeres cobran menos, es porque así lo deciden ellas, y si hay puestos con más hombres, es porque los hombres están genéticamente más adaptados. (Continúan los rumores). Estas afirmaciones, señorías, parecen sacadas de un manual de la Sección Femenina de la Falange franquista, pero son declaraciones públicas realizadas por dirigentes de VOX en los últimos meses; dirigentes que, conviene no olvidarlo, han accedido a cargos autonómicos y locales de responsabilidad gubernamental gracias al voto favorable del Partido Popular. Y las cito aquí porque son un testimonio vivo del problema al que nos enfrentamos. Porque, a pesar de los muchos avances logrados en estos últimos años, en nuestro país aún persisten prejuicios y conductas machistas. Las mujeres aún sufren un tratamiento desigual en muchos ámbitos, cobran salarios más bajos que los hombres por desempeñar el mismo tipo de responsabilidades laborales. Y esa falta de igualdad efectiva es una injusticia que atenta contra los principios paritarios, por ejemplo, de nuestra Constitución, que nos está haciendo peores como sociedad y que nos está impidiendo alcanzar todo nuestro potencial, que es inmenso y formidable como país. Por tanto, debemos corregirlo, y para ello les anuncio que aprobaremos una ley de representación paritaria que nos ayude definitivamente a romper los techos de cristal. (Aplausos). Porque si las mujeres representan el 50 % de nuestra sociedad, el 50 % del poder político y económico les corresponde a ellas. Y vamos a facilitar la conciliación de padres y madres ampliando el permiso de paternidad y maternidad a las veinte semanas, universalizando también la educación de 0 a 3 años, en este caso desde los 2 años, y vamos a darle a las familias monoparentales con dos hijos — encabezadas mayoritariamente por las mujeres, como bien saben ellas— el mismo nivel de protección que disfrutan las familias numerosas. (Aplausos).
Una vida mejor, señorías, es una vida que extirpa la lacra de la violencia machista. Esto es lo que le quiero decir a los ciudadanos y sobre todo a las mujeres de nuestro país: por cada euro que un Gobierno autonómico o municipal reaccionario retire a la prevención y la eliminación de este cáncer social, nosotros vamos a dedicar 10 euros a la lucha contra la violencia de género. (Aplausos). Por cada minuto de respeto que los políticos de VOX nieguen a las víctimas de la violencia de género, nosotros les consagraremos todo nuestro tiempo y todo nuestro esfuerzo. Vamos a continuar actuando, como también vamos a actuar contra los abusos sexuales de menores, también aquellos que se cometieron en el seno de la Iglesia. (Rumores). El informe, señorías, que ha presentado el Defensor del Pueblo revela la magnitud y la gravedad de este problema y nos interpela a todas las instituciones públicas, singularmente a las Cortes Generales y al Gobierno de España. Por eso, vamos a reforzar el marco jurídico para que los delitos de agresión y abusos sexuales a menores no estén limitados a un momento concreto y la responsabilidad civil no prescriba. (Aplausos).
Vamos a crear un fondo estatal para el pago de ayudas y compensaciones a las víctimas que se ajuste a los estándares europeos; y vamos a instar a la Iglesia católica, señorías, a que se comprometa a reconocer y a reparar a todas las personas que desgraciadamente sufrieron abusos sexuales por parte del clero, incluyendo a las víctimas de casos históricos y también prescritos; pero, sobre todo, vamos a adoptar las medidas necesarias para garantizar que esta aberración no se vuelva a repetir. Por eso, les anuncio que, siguiendo las recomendaciones del Defensor del Pueblo en esta legislatura, vamos a reforzar los mecanismos de acompañamiento y de supervisión de la Ley de protección integral a la infancia y a la adolescencia, dotándolos de más personal y también de más recursos; vamos a reforzar la labor de inspección en los centros educativos para asegurarnos que cumplen con los protocolos establecidos y que sus profesionales reciban la formación adecuada sobre abusos sexuales; y vamos a establecer, por ley, que esos mismos protocolos de prevención y formación se cumplan en todas las instituciones religiosas.
Señorías, procurar una vida mejor a los españoles significa, además de todo lo dicho, reducir las diferencias que existen entre provincias y también fortalecer la cohesión territorial de nuestro país. Esta va a ser la sexta prioridad del Gobierno que me propongo conformar, si ustedes me dan la confianza mayoritaria de la Cámara.
En la Transición, señorías, los españoles y españolas apostamos por un Estado autonómico que acercó las administraciones públicas a las cincuenta y dos capitales de provincia y fomentó también la creación de empresas y el desarrollo económico y social en cientos de municipios medianos por todo el país. Desgraciadamente, a lo largo de estos últimos años esa tendencia se ha revertido. Hoy, Madrid y otras grandes ciudades, como es lógico, se han convertido en gigantes que lo absorben todo, y las diferencias, en consecuencia, entre provincias han aumentado. El reto demográfico interpela a todas las instituciones públicas, también al Gobierno de España, y lo pudimos empezar a desarrollar durante la pasada legislatura. En la pasada legislatura dimos algunos pasos, apostamos por un modelo descentralizado, también policéntrico, que postula nuestra Constitución; intentamos buscar un reparto equitativo e inteligente de las oportunidades por todo el territorio —c reo que los fondos europeos están sirviendo para ello—; estamos viendo plantas de gigafactorías de baterías de vehículos eléctricos en distintas partes de España, no concentradas en los tradicionales sectores industriales de nuestro país; también instituciones públicas que se están implantando a lo largo y ancho de nuestro país. En esta legislatura seguiremos avanzando en esta misma dirección.
Vamos a dedicar el grueso de los fondos europeos a crear nuevas industrias y también nuevas oportunidades fuera de las grandes capitales; vamos a crear mejores infraestructuras y también conexiones ferroviarias ―están recogidas en el acuerdo de Gobierno entre el Partido Socialista y SUMAR—; vamos a garantizar por ley, por ley, el acceso a servicios públicos básicos de todos los municipios en un radio de menos de treinta minutos para que nadie, en definitiva, tenga que abandonar su pueblo porque no hay un cajero o un centro de salud cerca, o porque las oportunidades no se desarrollan en su municipio. Me gustaría que pudiéramos contar con el apoyo mayoritario de esta Cámara para hacer realidad este objetivo de garantizar los servicios públicos básicos en un radio menor de treinta minutos.
También vamos a ampliar el diálogo entre administraciones; vamos a reforzar la cogobernanza entre ellas; y vamos a impulsar un nuevo modelo de financiación autonómica que garantice los recursos económicos que necesitan las comunidades autónomas, basándonos en los principios —que conocen ustedes, porque ha sido así referido en otras muchas ocasiones— de equidad, de autonomía financiera, y también, por cierto, el de corresponsabilidad fiscal. Porque no deja de ser curioso que gobiernos autonómicos del Partido Popular con VOX bajen los impuestos a los más ricos, y luego, a la Administración General del Estado nos pidan más recursos económicos. (Aplausos).
Señorías, a lo que quiero ir es a que los recortes que se aplicaron en nuestro Estado del bienestar ―que saben ustedes que está en manos de las comunidades autónomas― durante la etapa de Gobierno del Partido Popular dejaron a muchas comunidades autónomas sin recursos para atender las necesidades más básicas de los ciudadanos y las obligaron, en consecuencia, a endeudarse. En aquellos años, la deuda de las comunidades autónomas ―simplemente para que tengan este dato, señorías— casi se duplicó. ¿Y qué ha hecho este Gobierno durante estos últimos cuatro años, singularmente? Creo que hemos auxiliado a las comunidades autónomas; hemos entregado más recursos que ningún otro Gobierno en ningún otro momento de nuestra historia democrática; en cinco años de Gobierno de coalición —c inco años de Gobierno conmigo al frente, cuatro años de Gobierno de coalición, para ser exacto— las comunidades autónomas han recibido un 40 % más que en los últimos cinco años del Gobierno de Mariano Rajoy; un 40 % más. Para que nos hagamos una idea, estamos hablando de 180 000 millones de euros más; y todo eso sin contabilizar los fondos europeos, que también están gestionando las comunidades autónomas. (Aplausos).
Evidentemente, eso nos ha servido para hacer frente a la pandemia, para reconstruir todo aquello que se desmanteló durante la crisis financiera y la respuesta neoliberal que dio el Gobierno del PP de entonces, pero, desde el punto de vista de la consolidación fiscal, ha hecho algo muy relevante, señorías, y es que, gracias a ello, la deuda se ha reducido en relación con el producto interior bruto, y los recortes han podido cesar en muchos ámbitos, a pesar de la política fiscal irresponsable e insostenible que las derechas están volviendo a desplegar. ¿Qué vamos a hacer ahora? Pues lo que vamos a hacer es continuar con esa senda de responsabilidad fiscal, pero también de solidaridad, y asumir parte de la deuda de las comunidades autónomas, la que contrajeron durante la etapa de Gobierno del Partido Popular. (Rumores). Esta medida será aplicable y extensible a todas las comunidades autónomas, con independencia de su color político y de que estén acogidas o no al Fondo de Liquidez Autonómica creado entonces por el Partido Popular. Hacerlo nos va a permitir hacer muchas cosas, señorías, pero nos va a permitir, sobre todo, financiarnos a costes más reducidos; va a aliviar la factura de intereses por los pagos de la deuda que tienen muchas comunidades autónomas, y va a ayudar, en consecuencia, a los ciudadanos y ciudadanas a que puedan tener unos servicios públicos de calidad. Evidentemente, esto lo pongo entre algodones porque no sabemos exactamente qué van a hacer los gobiernos del Partido Popular con VOX, aunque ya apuntan maneras.
Señorías, la séptima prioridad será avanzar en la agenda del reencuentro para garantizar una mejor convivencia en nuestro país. Creo que todos podemos ser conscientes, todos los ciudadanos que nos vean, de que en la discordia no puede haber prosperidad. (Rumores). Lo sabían nuestros padres y nuestros abuelos, y por eso hicieron de la convivencia uno de los principios rectores de la Constitución y de la Transición. Ahora, nosotros debemos hacer lo mismo, que es impulsar la convivencia y también el perdón, no solo para ganar una legislatura de progreso, que también, sino para apostar por un futuro de reconciliación y de concordia. Hablamos, claro está, de Cataluña. Pero hablemos claro también, señorías: en Cataluña y en otros territorios de nuestro país hay ciudadanos y ciudadanas que consideran que estarían mejor siendo independientes. El Gobierno de coalición progresista, que pretendo encabezar, no comparte esa idea. Nosotros estamos convencidos de que una España unida es una España mejor, más próspera, más fuerte. Es más, creemos que esas realidades nacionales, que sienten legítimamente estos ciudadanos y ciudadanas independentistas, se verían mejor expresadas en una Unión Europea que, conforme pasan los años, avanza en su integración a través de la estructura autonómica que tiene nuestro país, reconocida en nuestra Constitución.
Pero la pregunta que tenemos que hacernos, y que también creo que merece ser respondida ante nuestros ciudadanos, es cómo garantizamos esa unidad. Grosso modo, existen dos alternativas: puede intentarse por la vía de la imposición y de la crispación social, o podemos intentarlo por la vía del diálogo, del entendimiento y también del perdón. El Partido Popular ya probó la primera de esas recetas, ¿y que fue todo lo que consiguió, señorías? Que el número de catalanes partidarios de independizarse alcanzara récords históricos, que se incendiaran las calles de Cataluña y que el mundo entero mirara con estupor las imágenes que se difundieron de nuestro país en esos años, sobre todo y en particular en el año 2017. El resultado fue la mayor crisis territorial de nuestra democracia, la mayor crisis institucional, territorial y constitucional de nuestra democracia. En definitiva, creo que la receta del Partido Popular condujo al desastre y que no conviene ir por ese camino. (Rumores).
¿Qué hemos hecho nosotros? Bueno, pues creo que todo lo contrario. Hemos apostado por la vía del diálogo; hemos apostado por la vía del perdón; hemos apostado por la vía del entendimiento, siendo muy difícil, porque las posturas son muy distintas; hemos antepuesto la negociación a la imposición; hemos antepuesto el reencuentro a la venganza; en definitiva, la unidad a la fractura. Donde antes hubo quiebra de la Constitución en determinados territorios, en estos últimos cinco años, señorías, la Constitución española se cumple en todos y cada uno de los territorios de nuestro país. (Aplausos). Por tanto, creo que no hay camino más seguro que el que se orienta hacia el entendimiento para restablecer los puentes políticos que jamás debieron romperse y que se rompieron, señorías. Por eso indultamos a los líderes del procés, Por eso hemos apoyado en el uso de las lenguas cooficiales en el Congreso y hemos promovido el uso de las lenguas cooficiales en las instituciones europeas. Y lo que resulta innegable, señorías, es que esta vía está funcionando, con dificultades, pero está funcionando, porque la convivencia ha vuelto a las calles. No hay más que ver lo que sucede en muchas de las calles de Cataluña. El diálogo… (Rumores). Sí. No sé, quizá ellos interpreten que la convivencia era ver arder Barcelona allá por el año 2019 o 2017, cuando gobernaba el Partido Popular. (Aplausos). Yo no lo creo. En fin, la convivencia ha vuelto a las calles, el diálogo ha vuelto a las instituciones, señorías, con muchísimas dificultades, y nuestro país… (Rumores). Es curioso porque todos estaban pendientes de este bloque de mi intervención, pero no paran de hablar. (Aplausos.—Risas).
Nuestro país, señorías, ha podido centrar sus energías en afrontar retos extraordinariamente difíciles como fue, por ejemplo, la COVID o la respuesta a las consecuencias económicas y sociales de la guerra de Putin en Ucrania. ¿Qué prefiere la amplia mayoría de los ciudadanos, la Cataluña de 2017 o la Cataluña de 2023? ¿Qué política beneficia más a la gente, la del enfrentamiento que postula el Partido Popular y, al cuadrado, también VOX o la del entendimiento, que defendemos una amplia mayoría de grupos parlamentarios en esta Cámara? (Aplausos). No hace falta que especulemos al respecto, yo creo que conocemos la respuesta; lo dicen, además, los estudios demoscópicos. Lo refleja la convivencia y la paz social que hoy hay en las calles de Cataluña. Lo refleja la forma en que votaron también los propios catalanes y catalanas el pasado 23 de julio. Un 50 %, señorías, un 50 %, apoyaron a los partidos que conformaron durante estos últimos cuatro años el Gobierno de coalición progresista. Un 50 % en Cataluña, y solo un 20 % a las derechas retrogradas; 50 % y 20 %. Por tanto, el diálogo, la generosidad y el perdón creo que han funcionado y han ayudado a algo muy relevante, que desde luego no está resuelto, que es a restaurar las heridas de nuestra sociedad. Por eso, nuestro propósito es seguir aplicándolos durante los próximos cuatro años.
Es evidente que el marco legal vigente establece condiciones vinculantes, es así, pero ese no puede ser el único argumento a favor de una España unida. Necesitamos muchos más motivos y, si no están ahí, debemos tener la valentía para construirlos, porque es posible y porque, como dijo el genial Antonio Machado: Hoy es siempre todavía. Y puesto que hoy es todavía y el diálogo aún es posible, nosotros vamos a apostar por él. Siguiendo aquel consejo que daba el gran Salvador Espriu a toda España: diàleg; diálogo para alcanzar una idea que se expresa exactamente igual en nuestras cuatro lenguas, la de Machado, la de Espriu, la de Aresti y la de Castelao, que es concordia. Por eso, vamos a seguir impulsando reformas y mejoras en nuestro estado autonómico. Por eso, vamos a seguir atrayendo empresas extranjeras e instituciones europeas a Cataluña y al conjunto de nuestro país, en lugar de ahuyentarlas como se hizo en mala hora. Y por eso, señorías, en nombre de España, en interés de España y en defensa de la concordia entre españoles, vamos a conceder una amnistía a las personas encausadas por el procés catalán. (Aplausos). Vamos a conceder esa amnistía. (Aplausos).
Fíjense, señorías, esta es una medida que pide una parte relevante de la sociedad catalana, una parte muy relevante de la sociedad catalana, que aprueban el 80 % de sus representantes políticos, así como una mayoría amplía de fuerzas presentes en esta Cámara, y también es una medida que puede ser compartida o no por muchos ciudadanos. Yo soy muy consciente de ello y quiero decirles a todos ellos y a todas ellas que respeto enormemente sus opiniones y también sus emociones, pero las circunstancias son las que son y toca hacer de la necesidad virtud (protestas) ―sí, de la necesidad virtud― por dos motivos de interés general. (Rumores). ¡Cálmense, señorías!
Primero, para consolidar los avances logrados en estos últimos cuatro años y seguir avanzando por la senda de la convivencia y del progreso. (Aplausos). Yo creo que a estas alturas de nuestra historia democrática y de todo lo vivido y escuchado durante estos últimos cuarenta y tantos años de democracia los ciudadanos no debemos, no podemos ser ingenuos. El problema del Partido Popular con VOX no es la amnistía a los líderes del procés. El problema del Partido Popular con VOX es que no aceptan el resultado electoral del pasado 23 de julio. (Aplausos). Les pido a los ciudadanos de buena fe que están asistiendo a este debate que, por muchos aspavientos que hagan, que además vamos a escucharlos ―en fin, yo ya estoy curado de espanto porque vengo de una legislatura, la anterior, en la que me han insultado y me han dicho de todo (rumores)―, repito, por muchos aspavientos que hagan, señorías, por mucho que se arropen en la bandera, que es de todos ―también la nuestra, señorías, (aplausos)―, por mucha patrimonialización que intenten de la bandera, que es de todos, y de los símbolos constitucionales, que son de todos, piensen que a las derechas reaccionarias la amnistía les importa más bien poco. Los poderes económicos, que no solamente auspician sino que amparan a la derecha y a la ultraderecha, no están preocupados por la amnistía; de hecho, saben que será buena para la economía del país. (Rumores). Lo que de verdad no quieren las derechas es que sigamos mejorando las condiciones laborales y salariales de los trabajadores y trabajadoras (aplausos), que sigamos revalorizando las pensiones conforme al IPC, que sigamos reforzando la sanidad, la educación y el Sistema Nacional de Dependencia, que sigamos impulsando la transición ecológica, que sigamos defendiendo los derechos de los migrantes, del colectivo LGTBI y de las mujeres. Por eso no quieren que gobernemos. (Rumores).
Miren, señorías, la última vez que el Partido Popular estuvo en el poder ―no hace mucho tiempo, hasta 2018― en España era legal despedir a un trabajador mientras estaba enfermo. (Aplausos). Era legal pagar 700 euros al mes a quien se deslomaba a tiempo completo para hacer su trabajo. Era legal que las viviendas públicas, pagadas con los impuestos de todos, se vendieran a fondos buitres y se privatizaran. Era legal cobrar a los pacientes más vulnerables un copago farmacéutico que este Gobierno suprimió cuando llegó al poder. (Aplausos). Nosotros acabamos con esas injusticias, tratamos de impedir, dentro de nuestras competencias, que bienes públicos se convirtieran en negocios para unos pocos, y los diputados de las derechas votaron en contra. Por eso es necesario que sigamos gobernando, para consolidar todos estos avances cuatro años más, para evitar que España retroceda, para lograr que nuestro país siga avanzando y que sea una inspiración para otras muchas sociedades europeas, que ven cómo avanza la ola reaccionaria, también aupada por el Partido Popular de esos otros países.
Con ser importante este argumento, hay uno que creo que es también muy relevante para explicar por qué vamos a impulsar esta amnistía, y es que esta medida de gracia nos puede ayudar a superar la fractura que se abrió el 1 de octubre de 2017, a seguir acercando posturas y a persuadir incluso —yo puedo ser ingenuo en esto, pero voy a intentarlo— a aquellos catalanes que se sienten independentistas, y también de otros territorios que se sienten independentistas, de que nuestro país es un buen país también para ellos, que Cataluña está lista para el reencuentro total y que nosotros tenemos que tener el valor de dar un paso adelante. (Aplausos).
Señorías, la amnistía que planteamos es perfectamente legal, es acorde con la Constitución (varias señoras y señores diputados: ¡No!—Rumores). De hecho, es una medida que se está aplicando en otros países (varias señores y señores diputados: ¡No!), en democracias consolidadas como Francia, como Italia, como Alemania o como el Reino Unido; hace pocos meses se ha aprobado una amnistía también en Portugal, y como el Tribunal Constitucional español, por cierto, ha rubricado anteriormente. Por ello, aunque sé que es muy difícil, quiero pedirle al Partido Popular una mínima responsabilidad (risas), les pido que no continúen por la senda marcada por VOX en su deriva trumpista, alimentando conspiraciones y comportamientos antidemocráticos que llevaron, por ejemplo, a una gran democracia como Estados Unidos al borde del colapso. Si el Partido Popular se considera aún —y subrayo aún— un partido de Estado, no puede actuar al dictado de una organización ultraderechista, como estamos viendo en estas últimas semanas. (Aplausos). Ustedes no pueden volver a sembrar la discordia. ¿Recuerdan ustedes cuando preconizaron el boicot a los productos catalanes; insisto: catalanes, no independentistas, catalanes? Lo que hicieron fue atizar el fuego del odio, señorías. (Rumores). Por eso le pido al Partido Popular responsabilidad y sentido de Estado. No les pido su apoyo, ya sé que no lo voy a tener; solo les pido cordura y coherencia, y subrayo coherencia. (Aplausos.—Protestas).
Conviene recordar a la ciudadanía, que asiste atónita a todas estas proclamas y soflamas que estamos viendo (risas), que nada de lo que estamos viviendo es inédito en nuestra democracia (un señor diputado: ¡Es inédito!), todo fue hecho antes por gobiernos del Partido Popular. (Rumores). A ver, señorías, a lo mejor ustedes hoy se sonrojan, pero lamento decirles que gobiernos del Partido Popular concedieron 1400 indultos en un solo día. (Aplausos). Siento comunicarles, señorías del PP y de VOX, o al menos al señor Abascal, que entonces estaba en el Partido Popular, que gobiernos del Partido Popular indultaron a miembros de Terra Lliure sentenciados por terrorismo durante una investidura. (Rumores.―Aplausos). ¡Qué escándalo, señor Feijóo; qué escándalo! Siento comunicarles que aquel que lanza proclamas y soflamas diciendo que se movilice toda España en contra de este malvado Sánchez entregó numerosas competencias a gobiernos autonómicos del País Vasco y de Cataluña cuando necesitaron los votos del nacionalismo catalán y vasco para evitar el bloqueo y asegurar la gobernabilidad de España. (Aplausos). Que yo sepa, ninguna de esas concesiones debilitó a España ni corrompió nuestra democracia ni caminamos hacia una dictadura, sino que nos convirtieron en lo que realmente es nuestro país, un Estado compuesto, un Estado descentralizado, como lo son, por cierto, otros muchos países, probablemente los más avanzados del mundo con democracias consolidadas.
¿En qué consiste, entonces, la diferencia? En que cuando la derecha llega a acuerdos con el nacionalismo, entonces es un pacto entre caballeros, y si es la izquierda, entonces es toda una traición a la patria. (Aplausos). Sean ustedes un poco coherentes y no insulten la memoria de los españoles. Yo les pido que no vuelvan a cometer los mismos errores que han cometido siempre, por cierto, les pido que no intenten aprovechar esta situación para incendiar las calles, lo que vienen haciendo desde siempre, señorías del PP y del partido del señor Abascal, que es cuestionar la legitimidad de todo Gobierno que no esté dirigido por el Partido Popular. (Aplausos). Y no se preocupen, señorías, sobre todo aquellos ciudadanos que estén viendo este debate, la amnistía se va a aprobar con luz y taquígrafos (rumores), sí, con total transparencia, va a ser debatida aquí. ¿Les parece a ustedes poco? Va a contar con todas las garantías jurídicas, con el voto mayoritario de esta Cámara democráticamente electa. Es decir, la amnistía no va a ser un ataque a la Constitución de 1978 (varias señoras y señores diputados: ¡No!), como dicen ustedes, sino todo lo contrario, será una muestra de su fortaleza y de su vigencia. (Aplausos).
Esta amnistía, para que lo sepan también los ciudadanos y ciudadanas que estén viendo este debate, evidentemente va a beneficiar a muchas personas, a líderes políticos cuyas ideas yo no comparto y cuyas acciones rechazo, pero también va a ayudar a cientos de ciudadanos y ciudadanas que se vieron arrastrados por el procés, incluidos policías nacionales y mossos d’esquadra, que sufrieron las consecuencias de una crisis política de la que nadie puede sentirse orgulloso, ni siquiera quienes carecíamos por aquel entonces de responsabilidades de gobierno. En última instancia, impulsamos esta medida de gracia movidos por la esperanza fundada de que nos ayude a superar una crisis de la que nadie puede estar orgulloso y que contribuya a mejorar la convivencia de nuestro país, a canalizar por una vía más sana ―sí, más sana— y más pacífica las aspiraciones políticas de unos y otros.
Señorías, la octava prioridad de nuestro Gobierno debe ser Europa. Creo que en estos últimos cuatro años España ha cobrado un protagonismo internacional que nunca antes había tenido; antes incluso de ostentar la Presidencia rotatoria del Consejo nuestro país ya lideraba en Bruselas debates muy importantes para el día a día de nuestros conciudadanos, como es la reforma del mercado eléctrico o la política agrícola común, y ahora es un referente continental en temas como, por ejemplo, la autonomía estratégica, la transición verde y digital o las políticas de migración y de asilo. En los próximos años la Unión tendrá que tomar decisiones cruciales: tendrá que tender nuevos lazos con el resto del mundo, especialmente con el Magreb y con la América Latina y el Caribe; tendrá que consolidar su liderazgo tecnológico y científico a escala global, al menos lograrlo; tendrá que abordar desafíos como la migración y las consecuencias del cambio climático; tendrá que acometer debates muy importantes, como la ampliación hacia los Balcanes Occidentales y hacia Ucrania, Moldavia y Georgia, una ampliación que responde a un deber moral, sin duda alguna, a un interés geopolítico para Europa, porque traerá más recursos, más resiliencia y más mercado a los Estados miembros, pero que también implicará desafíos nacionales y una revisión a fondo del funcionamiento de nuestras instituciones comunitarias.
Les puedo garantizar, señorías, que España no va a ser mero testigo de esos procesos, que vamos a estar entre los países que los lideren; vamos a analizar los retos y a buscar oportunidades; vamos a proponer soluciones, que es lo que quiere la ciudadanía; vamos a defender los valores europeos; vamos a impulsar el diálogo y el respeto a la pluralidad en el continente, como lo hace también dentro de sus fronteras. Todo ello, insisto, con un objetivo: mejorar la vida de los españoles y las españolas. Ese es el propósito que ha guiado y guiará la acción del Gobierno de coalición progresista, dar a nuestros ciudadanos una vida más plena, una vida de certezas, de seguridades, con más y mejor empleo, con más y mejores servicios públicos, con más viviendas asequibles, más sostenibilidad medioambiental, más igualdad, más cohesión territorial, más convivencia y más Europa. Estas son, señorías, las ocho prioridades de nuestro Gobierno con las que nos presentamos ante ustedes para que nos otorguen la confianza mayoritaria de la Cámara.
Quiero concluir, señorías, diciendo lo siguiente: yo creo en España, creo en nuestros ciudadanos, creo en el enorme y gran potencial de nuestro país. Fíjense, a los dieciocho millones de españoles y españolas que votaron en las primeras elecciones democráticas, allá por 1977, les habría resultado —y estarán ustedes de acuerdo conmigo— imposible imaginar las cotas de desarrollo y de bienestar que tenemos hoy; les habría resultado imposible creer que un país atrasado y aislado se iba a convertir en apenas cuatro décadas —un suspiro en términos históricos— en la cuarta mayor economía europea, en la decimosexta potencia comercial del mundo y en una de las democracias más plenas del mundo. ¿Qué habrían pensado, por ejemplo, nuestras abuelas si les hubiéramos dicho que aquella sociedad machista en la que se criaron se iba a convertir en el cuarto país más igualitario de Europa? (Aplausos). ¿Qué habrían dicho —lo recuerdo porque hace poco celebramos el Día de la Memoria Democrática— aquellos españoles y españolas homosexuales que tenían que esconderse para besar a su pareja si hubiesen sabido que España acabaría siendo el tercer país del mundo en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo y el primero en reconocer su derecho a adoptar? (Aplausos). ¿Cómo habría reaccionado cualquiera de esos pioneros de la ecología —pienso en Félix Rodríguez de la Fuente— si hubiesen sabido que España se convertiría, como es hoy, en la séptima gran economía más sostenible del mundo y en el segundo país de la Unión Europea con más kilómetros de áreas naturales protegidas? (Aplausos). Pues lo hubieran visto como una utopía inalcanzable, como es lógico, pero lo hicimos, y ahora podemos volver a hacerlo. España cuenta con talento, con trabajadores, con empresas, con instituciones públicas, con infraestructuras y, sobre todo y ante todo, con valores y principios cívicos, con el prestigio internacional necesario para convertirse en una de las naciones más prósperas y socialmente avanzadas no de Europa, sino del mundo, porque nuestro país, España, es un país formidable y puede ser aún mejor, y yo estoy convencido de que va a ser aún mejor. Será mejor, señorías, si procuramos una vida mejor para todos y todas, si nos sentimos ligados los unos a la suerte de los otros. A ese propósito quiero consagrarme en cuerpo y alma los próximos cuatro años (rumores) y por eso, señorías, les pido que, con su voto favorable, me otorguen su confianza.
Nada más y muchas gracias. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista, puestos en pie.—Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, algunos de ellos puestos en pie.— Aplausos de los miembros del Gobierno en funciones, puestos en pie.—Aplausos del señor Sánchez Pérez-Castejón, candidato a la Presidencia del Gobierno, dirigidos a las señoras y los señores diputados de los grupos parlamentarios Socialista, Plurinacional SUMAR y a los miembros del Gobierno en funciones).