Eduardo Carazo Hermoso
PPDiputado.Página 106Vídeo
Gracias, presidente. Señorías, señor ministro, buenas tardes. Empecé a escribir las notas para esta intervención el pasado jueves, pasadas las diez de la noche, en el andén de la estación de Valladolid, que usted, señor Puente, conoce bien. No es porque fuera allí buscando inspiración; estaba esperando a mi tren, que debía haber salido a las 22:07, pero que llegaba, para variar, con una hora de retraso. Efectivamente, sobre las once de la noche finalmente llegaba el tren a Valladolid, pero pocos minutos después de arrancar el tren se paraba y se iba la luz, quedándonos completamente a oscuras. Señor Puente, le puedo asegurar que tuve que comprobar en el billete si no me había montado en un tren temático de Halloween ahora que estamos en octubre, pero no, era simplemente la Renfe de Puente. Finalmente, a las doce y media de la noche, con hora y media de retraso, llegábamos a la estación de Chamartín. Señor ministro, usted me dirá, como ya me dijo cuando le pregunté en esta Cámara por esta situación, que esto es una anécdota y que usted lo que tiene son datos, pero ojalá fuera una anécdota. Las averías, los retrasos, en definitiva, el caos ferroviario en nuestro sistema se está convirtiendo en norma desde hace ya meses, porque lo que usted llama anécdotas ocurre todas las semanas, lo sufren miles de personas y afecta tanto a la alta velocidad como a las cercanías y a la media distancia, y le pondré algunos ejemplos. En la estación de Chamartín, la zona cero de este caos ferroviario, el 22 de julio, una incidencia en el sistema de transmisión eléctrica provoca el caos. Al mismo tiempo, una avería paraliza un tren durante cuatro horas en la vía; no es una anécdota, señor Puente, es un dato. Dos días después, el 24 de julio, una caída de tensión provoca nuevos retrasos en Chamartín de hasta tres horas; no es una anécdota, es un dato. El 5 de agosto una avería de un tren AVLO entre Chamartín y Atocha lo deja parado cuatro horas. Se queda sin luz y sin aire acondicionado hasta que deciden remolcarlo. Los pasajeros, angustiados, acabaron rompiendo las ventanas para poder salir del tren. Esto genera un corte en la circulación, afectando a cuarenta y tres trenes de alta velocidad y a miles de ciudadanos; tristemente, señor Puente, es otro dato. Otro dato: el 20 de agosto una nueva avería deja inutilizadas tres vías de alta velocidad en Chamartín, con los consiguientes retrasos y acumulación de personas en la estación. Otro dato: El 19 de septiembre una tormenta provoca un nuevo caos en la estación, con imágenes dantescas de goteras, inundaciones, los usuarios sorteando charcos y, una vez más, retrasos. El 30 de septiembre, hace poco más de una semana, una avería en la electrificación de las catenarias interrumpe varias horas la circulación de alta velocidad en Chamartín. Señor ministro, esto no son anécdotas, son datos. Ahora mismo, en la estación de Chamartín ha habido una rotura de una catenaria y está parada la circulación de varias vías. Ahora mismo, señor Puente; no es una anécdota, es un dato de lo que está ocurriendo en directo en la estación de Madrid-Chamartín. (Aplausos).
Usted nos dirá que son problemas derivados de las obras en Chamartín, pero es que se han producido situaciones parecidas en la estación de Atocha, como el caos en las cercanías el día 8 de marzo o el pasado 13 de septiembre, con retrasos de hasta cuatro horas. Además, no solo se han producido en Madrid, sino también en toda España: el 13 de julio, en plena temporada turística se tuvieron que suspender una veintena de conexiones entre Málaga y Sevilla; el 10 de septiembre, en La Rioja, un tren dejó a 200 personas dentro de los vagones sin luz y sin aire acondicionado, hasta que finalmente fueron trasladados a medianoche a otro tren que llegó a Logroño casi a las tres de la madrugada, nueve horas después de haber salido de Madrid. Eso por no hablar de los continuos retrasos de trenes en Asturias y en Cantabria —que ahora ya les caben por los túneles, pero casi siempre llegan tarde— o de los que conectan Galicia con Madrid o del tren de Extremadura —u n incumplimiento detrás de otro de sus propias promesas, ministro— o, por supuesto, del caos que se produce continuamente en las rodalies catalanas, con tres incidencias de media al día. Ayer mismo veíamos el incendio de una catenaria en la línea R-3, cerca de Torelló, con los pasajeros teniendo que huir por las vías. Es la misma línea que se incendió el pasado 2 de agosto. Y podríamos seguir, pero me quedaría sin tiempo. Sí, señor ministro, desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, el tren es otro de los servicios públicos que se han deteriorado en nuestro país. Especialmente en los últimos meses, con usted como ministro, coger el tren se ha convertido para los españoles en una lotería, en una ruleta rusa, con el consiguiente deterioro de la imagen de Renfe y de ADIF. En la España de Sánchez funcionan muy bien las conexiones con Suiza, funcionan muy bien las conexiones con la sede de Bildu, pero lo que no funcionan son las conexiones que miles de españoles usan todos los días para ir a trabajar, para ir a estudiar, para ir a ver a sus familias. (Aplausos). Yo sé que no le gusta oír esto, pero como aquí no me puede bloquear, como hace en Twitter, no le va a quedar más remedio que escucharlo. (Risas).
Señor Puente, ante esta situación, ¿cuál es la respuesta que podíamos esperar del ministro de Transportes de Sánchez, como máximo responsable del transporte ferroviario? Bueno, pues atendiendo a sus virtudes, como usted es muy listo, sabe de todo y además sabe de todo más que nadie, podríamos pensar que habría hecho usted un diagnóstico certero de la situación, pero no. En junio nos dijo, desde esa bancada del Gobierno progresista de este país, que no se preveía ningún caos circulatorio. Como es usted muy humilde, podríamos pensar que, una vez que se estaban produciendo los incidentes, haría autocrítica y pensaría qué estaba haciendo mal y trataría de solucionarlo, pero no. Lo que nos dijo fue, una y otra vez, que España vive el mejor momento ferroviario de su historia. Y, con lo empático que es usted —ahora lo está demostrando, mirándome mientras hacemos esta interpelación—, lo menos que podíamos esperar es que pidiera disculpas a los usuarios que sufren el caos por su mala gestión y asumiera responsabilidades. Pero no, le echó la culpa, por supuesto, al PP, a las catenarias, a Talgo, hasta al cambio climático, a todos menos a usted, ministro.
Creo que su Gobierno tiene un serio problema con la realidad. Dijeron que habría presupuestos, y no los hay. Dijeron que no habría caos circulatorio, y lo ha habido. Señor Puente, si hasta presumió usted de la foto del señor Sánchez, de su amo, con Anne Hathaway, y no hubo foto. A ver si va a ser usted gafe, señor Puente. (Aplausos).
Pero de sus afirmaciones hay una que resulta especialmente insultante para todos los que sufren el caos ferroviario todos los días, es esa que repite una y otra vez, que dice que el tren vive en España el mejor momento de su historia. ¿En qué se basa para decir esto? En sus comparecencias en esta Cámara y en el Senado presumió del aumento en el número de usuarios del transporte ferroviario en España, pero oculta que esto es una tendencia casi continua a lo largo de las últimas décadas, con algunas excepciones, como en los años de la pandemia. Por ejemplo, durante el Gobierno de Mariano Rajoy, excepto el primer año de su Gobierno, el año 2012, en el que hay que recordar la ruina en la que nos había dejado su compañero socialista Zapatero, el número de viajeros en el transporte ferroviario aumentó: en 2013; en 2014; en 2015; en 2016, con récord histórico de viajeros; en 2017, con récord histórico de viajeros; y, en 2018, con récord histórico de viajeros. Señor Puente, por su regla de tres, si los usuarios miden la calidad del servicio, ¿nos está usted diciendo que con el Gobierno de Rajoy, desde el año 2013, el tren vivió en España sucesivamente el mejor momento de su historia cada año? Porque entonces, a lo mejor, en eso nos podemos poner de acuerdo. (Aplausos).
Usted dice que hay más usuarios porque los trenes van muy bien. Y se preguntaba: ¿son masocas los españoles? El número de viajeros aumenta, sí, pero por motivos distintos a la calidad del servicio: porque el precio de la gasolina del transporte alternativo se ha disparado, porque el teletrabajo se ha generalizado tras la pandemia y hay gente que trabaja un par de días en grandes ciudades pero vive en otras provincias más pequeñas, y usted lo sabe bien porque ocurre en nuestra propia provincia, aunque ahora no se sabe si seguirán o no por la gratuidad y las bonificaciones o por la apertura del sector a la competencia; pero también porque están devaluando en el medio rural un transporte alternativo, como es el autobús.
Señor Puente, usted es también diputado por Valladolid, como yo. Haga el favor de escuchar a los alcaldes, que están alarmados por su plan para suprimir paradas en pueblos de toda España en las nuevas concesiones: veinticuatro municipios, en concreto, en la provincia de Valladolid. (Aplausos). La realidad es que los españoles no cogen el tren porque sean sus fans o porque se lo pasen muy bien, ni porque sean masocas tampoco. Lo cogen, señor Puente, porque lo necesitan y lo que no se merecen es que reciban un servicio cada vez peor y cada vez más devaluado. Cantidad no es calidad, señor ministro.
O a lo mejor dice que los trenes viven el mejor momento de su historia por la puntualidad. Sin embargo, según datos de la CNMC, el número de trenes comerciales de alta velocidad retrasados más de quince minutos se ha incrementado en 5 puntos en 2023 respecto al 2019, cuando Sánchez llegó al Gobierno, el tiempo de retraso promedio ha aumentado un 21 %. En 2023, uno de cada cuatro trenes llegó con retrasos significativos, casi el doble que en el año 2016. Usted mismo, en la Comisión de Transportes reconoció un hundimiento de la puntualidad en el mes de agosto, especialmente en un modelo concreto de trenes, los trenes AVRIL. Por cierto, con los trenes AVRIL ha seguido usted la doctrina de su amo: ha cambiado mucho de opinión. Primero, dijo que eran buenísimos y que el PP no había comprado ningún tren, pero usted sí. Luego, cuando empezaron a fallar, dijo que los había comprado el Partido Popular, y la realidad es que los licitó el PP, pero ustedes han tenido años para aprobarlos, para corregir fallos y, si no lo han hecho, siento decírselo, la culpa es suya, señor Puente. (Aplausos). ¿Y cuál es su solución para el problema de la puntualidad? Como siempre, poner muchas excusas y empeorar el compromiso de puntualidad de Renfe, empeorar las indemnizaciones por retraso. Ahora, para que se devuelva el cien por cien del billete, el retraso tiene que ser superior a noventa minutos, más de una hora y media de retraso. Señor Puente, si el Pleno de esta Cámara aprueba mañana nuestra propuesta y el Congreso le pide al Gobierno que recupere Renfe el anterior compromiso de puntualidad, ¿qué va a hacer?, ¿va a escuchar al Congreso o va a seguir de nuevo la doctrina de su amo de que no hay que hacer caso al Legislativo?
Yo entiendo que la gestión de la red ferroviaria es muy compleja, y lo dijo usted en la Comisión ―son muchos kilómetros de vía, son cientos de trenes, son miles de personas moviéndose todos los días―, pero lo que no debemos olvidar nunca es que esos trenes transportan a personas; personas como los trabajadores de Renfe que, por cierto, hacen lo que pueden ante esta situación, dando la cara en situaciones muy difíciles, a veces ellos mismos sin ninguna información; personas como los usuarios que llegan tarde a trabajar o a una cita médica o que tienen a su familia esperándoles durante más de una hora en la estación de llegada; personas mayores que tienen que estar de pie porque no hay suficientes asientos; personas que han esperado durante horas, muchas veces con muchísimo calor, sin que les den agua, que no saben qué ocurre y a los que les dan indicaciones por megáfonos que prácticamente no se oyen. Usted tiene que arreglar el caos, pero una vez que se produce, ¿no pueden dar un trato más humano a los usuarios que lo sufren, señor ministro? Porque esas personas no quieren excusas, quieren soluciones. Yo no le pido que me escuche a mí ni al PP ―yo sé que entiende la política como confrontación―, pero escuche a los usuarios. Señor ministro, tenga el coraje de subir ahora a esta tribuna y decir: Soy consciente de que lo estamos haciendo mal. Pido perdón y asumo la responsabilidad. Conociendo sus antecedentes, no tengo mucha fe en que lo haga, pero ya sabe que la esperanza es lo último que se pierde.
Acabo, presidente. Terminé de escribir el borrador de esta intervención el lunes en un tren ALVIA que se paró durante una hora entre Madrid y Segovia. Yo le agradezco que me haya brindado tanto tiempo entre retraso y retraso para prepararme la intervención, pero le puedo asegurar que no era necesario. Nos vale con que escuche a los usuarios y arregle de una vez esta situación.
Nada más. Muchas gracias. (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Muy bien!).