Manuel Arribas Maroto
Gracias, presidenta. Señorías, estamos hoy aquí para debatir una cuestión que trasciende a los asuntos de Estado y a la política: la seguridad vial y la protección de las vidas en nuestras carreteras. No hay un solo día que no nos despertemos con terribles noticias sobre tragedias ocurridas al volante debidas al consumo de alcohol por parte de algún conductor o conductora. Son noticias como, en Valencia, un conductor que triplicaba la tasa de alcohol atropelló y mató a un policía nacional; en Murcia, un kamikaze borracho acabó con la vida de dos veinteañeros y mandó a una familia al hospital; en Cantabria, un conductor ebrio y drogado mató a dos mujeres y a un niño, o en Tenerife, fallecen un padre y su hija en un choque por un conductor kamikaze que conducía bajo los efectos del alcohol. Así, una lista diaria de noticias que destrozan familias enteras. Señorías, no podemos seguir mirando hacia otro lado. Tenemos la responsabilidad moral y política de actuar porque no solo son titulares, estamos hablando de personas con nombres y apellidos, estamos hablando de familias destrozadas por la imprudencia de unos pocos que no son conscientes del daño que hacen por ponerse al volante bajo los efectos del alcohol.
Señorías, muchos de ustedes seguramente tengan hijos, hermanos o parejas que, por ejemplo, salen a practicar ciclismo por las carreteras españolas o salen a disfrutar del ocio nocturno con sus amigos o, simplemente, circulan por las calles de nuestro país. Todos ellos son posibles víctimas de esos conductores que en muchas ocasiones piensan que con dos copas se encuentran en plenas facultades para ponerse al volante. Les pediría que por un momento se pongan en la piel de todas esas personas, de todas esas madres que en algún momento recibieron una fatídica llamada de la Guardia Civil o de un hospital para decirles que a un ser querido, a su hijo, un conductor bajo los efectos del alcohol le había arrebatado su vida.
Señorías, tenemos la responsabilidad de poner todo cuanto esté en nuestra mano para no tener que sufrir más despedidas injustas. Las estadísticas son claras y confirman que el alcohol es uno de los principales factores de riesgo en los accidentes de tráfico. El alcohol está presente en un 29 % de los siniestros mortales, por encima incluso de la velocidad. Como todos sabemos, la ingesta de alcohol afecta a los reflejos, a la percepción de las distancias y a la capacidad de reacción. ¿No les parece grave que en el primer semestre de 2024 el 56 % de las personas implicadas en un accidente dieran positivo por alcohol? Entonces, debemos abordar esa problemática.
España es un país desarrollado, donde la tecnología en la automoción es puntera, donde existen políticas públicas y económicas para rejuvenecer el parque automovilístico, donde el Ministerio de Transportes y Movilidad invierte millones cada año para que las carreteras de nuestro país estén en la mejor situación posible para que los ciudadanos puedan circular libremente. Es injusto que tantas personas pierdan la vida en las carreteras por un solo motivo: el consumo de alcohol.
Señorías, si nos comparamos con otros países de Europa, ya vamos tarde. Países como Suecia o como Noruega ya han dado pasos decisivos y ejemplares hasta el punto de que son un referente y son líderes en cuanto a seguridad vial. Es fácil, la medida que han tomado es implantar la tasa máxima de alcohol de 0,2 gramos por litro en sangre para todos los conductores. ¿Saben cuál ha sido el resultado? Unas tasas de mortalidad por accidente de tráfico significativamente mucho más bajas que en España. Concretamente, Noruega, 21 fallecidos por millón de habitantes; Suecia, 22 fallecidos por millón de habitantes. ¿Saben cuántos fallecidos por millón de habitantes tenemos en España? Tenemos 36. ¿Qué más pruebas necesitamos, señorías?
Este debate no es ideológico. Cuando se produce un accidente, no influye la ideología política; cualquiera de los que estamos aquí podríamos sufrirlo; da igual que seas de izquierda o de derecha, da igual cual sea tu estatus social. Un accidente es un accidente y es de sentido común evitar que esto suceda. Por eso, el Grupo Parlamentario Socialista propone poner en práctica una modificación de la norma para reducir la tasa máxima de alcohol permitida para todos los conductores de vehículos motorizados y no motorizados y ajustarla a 0,2 gramos por litro en sangre y 0,1 miligramos en aire espirado. Esto será, sin duda alguna, una ayuda para que esos conductores no se pongan al volante bajo los efectos del alcohol. En este caso no afecta la antigüedad, todos y todas somos igual de responsables cuando nos ponemos al volante.
En conclusión, señorías, ha llegado el momento de ponernos en marcha. Además, esta no es una propuesta que solo defiende el Partido Socialista, numerosas entidades que trabajan cada día por mejorar la seguridad vial —c omo es la Dirección General de Tráfico, la Dirección de Tráfico del Gobierno vasco y del Gobierno navarro; asociaciones y fundaciones, como la Fundación MAPFRE o STOP Accidentes; y también colectivos que conocen de primera mano lo que ocurre cuando un conductor se pone al volante bajo los efectos del alcohol, como es la Guardia Civil, los policías locales, los policías nacionales, las policías autonómicas, los bomberos, los enfermeros, los médicos— nos piden que actuemos de inmediato. No podemos esperar más.
Tenemos que superar esa idea extendida de que un consumo moderado es aceptable y está permitido, y que solo los excesos son los que merecen ser castigados. Cualquier gota de alcohol al volante pone en riesgo las vidas. Por eso les pido que apoyen esta iniciativa. No se lo pido porque sea políticamente correcto, se lo pido porque es correcto humanamente. (Aplausos).
Señorías, no lleguen tarde una vez más. Súbanse ya de una vez a este carro y sin beber alcohol. Les diría, señorías, que con esta iniciativa de hoy debatimos una cosa muy importante y es algo que los ciudadanos esperan de nosotros, que es que protejamos sus vidas.
Gracias, presidenta. (Aplausos).