Óscar Puente Santiago
GobiernoMinistro de Transportes y Movilidad Sostenible.Página 53Vídeo
Muchas gracias, señor presidente.
Señorías, comparezco ante el Pleno de esta Cámara con motivo del debate de totalidad del Proyecto de Ley de Movilidad sostenible. Como saben, este proyecto de ley ya fue aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 13 de diciembre de 2022, comenzando una tramitación parlamentaria que decayó con la convocatoria de elecciones generales del 23 de julio de 2023. Tras no poder aprobarse en el plazo comprometido inicialmente con Europa, diciembre del año 2023, en octubre del pasado año se acordó, dentro de la adenda al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, la ampliación del plazo de consecución del hito un año más, pasando a ser la fecha límite el último trimestre del año presente. Y fruto de este compromiso con Europa y del propio convencimiento de este Gobierno, y especialmente el ministerio al que hoy represento, sobre la necesidad de este texto, hemos traído de nuevo a las Cortes este proyecto de ley, cuyo debate de totalidad abordamos hoy con el mismo texto que ya se elevó en el pasado año 2022. Subrayo esta circunstancia que hoy, desde luego, no es menor; exactamente el mismo texto que en el año 2022. (La señora presidenta ocupa la Presidencia). Por cierto, texto para el que, en mi comparecencia de líneas generales al poco de llegar al ministerio, tendí la mano y ofrecí a todos los grupos parlamentarios la posibilidad de mejorarlo para el bien de la ciudadanía.
Creo que hay un gran consenso sobre el hecho de que el sistema de transportes español cuenta con una red de infraestructuras de primer nivel tanto en parámetros cuantitativos como cualitativos, pero que también existe una clara necesidad de complementar determinados ejes y de adaptar en algunos casos esos ejes a las nuevas realidades y a las nuevas necesidades. Así, es el momento de centrarse en mejorar la regulación de la movilidad de la ciudadanía y del transporte de mercancías de los sistemas productivos aprovechando la potencialidad de la digitalización y las nuevas tecnologías y garantizando un uso eficiente de los recursos públicos. Nos encontramos, además, en un escenario en el que el impacto del transporte es muy importante en la economía. Por ello, es imperativo que la acción del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible evolucione hacia una auténtica política nacional de movilidad y transportes. Esta política debe ser plenamente respetuosa con el reparto competencial, en continua colaboración con el resto de las administraciones y de actores del sector y, por supuesto, alineada con todos los acuerdos internacionales y estrategias europeas. En este ámbito tenemos grandes retos que afrontar.
En primer lugar, nos encontramos ante un reto social. Está claro que la movilidad es esencial para el funcionamiento de la sociedad, que condiciona toda nuestra actividad, tanto nuestros desplazamientos cotidianos como el funcionamiento de la actividad económica. Por tanto, hay un reto social que debemos atender ya que la movilidad impacta de manera relevante en la calidad de la vida de las personas y en la igualdad de oportunidades, como he indicado antes. También la necesidad de dar respuesta a los retos demográficos requiere la adaptación del sistema de transporte, pues la acumulación creciente de la población en grandes ciudades causa problemas de congestión y hace más complicado atender a la demanda, cada vez más dispersa, de zonas rurales o de escasa densidad de población.
En segundo lugar está el reto ambiental. Sabemos que el transporte es el sector que más emisiones de gases de efecto invernadero produce, con casi un tercio del total, y que, además, los altos niveles de emisión y concentración, tanto de gases como de partículas, que se producen normalmente en entornos urbanos ponen en riesgo nuestra salud. Por tanto, la urgencia climática y la salud pública exigen la adaptación del sistema de transporte hacia una movilidad limpia y menos vinculada a la utilización del vehículo privado y la necesidad de avanzar en la descarbonización de la actividad del transporte para conseguir la descarbonización de la economía en su conjunto y alcanzar la reducción de emisiones del Acuerdo de París.
En tercer lugar tenemos el reto de la digitalización. Las nuevas tecnologías son la gran oportunidad para transformar la movilidad y es necesario adaptar el marco jurídico para poner esas herramientas al servicio de las personas y de la eficiencia de todo el sistema con el fin de poder ofrecer mejores servicios. Además, es necesario garantizar que las inversiones públicas se centran en aquello que genera un mayor valor social, avanzar en la toma de decisiones basadas en datos y evidencias, y fomentar las instituciones confiables, la participación ciudadana y mejorar la justificación de las decisiones adoptadas por las administraciones garantizando la transparencia y la rendición de cuentas.
Por otra parte, no podemos olvidar que también hablamos de un sector de gran complejidad en su gobernanza, con efectos transversales en otras políticas como la energética, la ambiental o el turismo, en el que participamos todas las administraciones —Estado, comunidades autónomas, y entidades locales, y, por encima de todas ellas, la Unión Europea— y en el que hemos de colaborar con las empresas, la industria, los operadores, las asociaciones, los usuarios y la sociedad en su conjunto para poder afrontar todos los retos que tenemos por delante.
Dentro de ese contexto general, la Ley de Movilidad Sostenible tiene como finalidad, por tanto, constituir el marco normativo que permita que las políticas públicas de transporte y movilidad de las administraciones en España respondan mejor a las necesidades reales de la ciudadanía y del sector empresarial y a los retos actuales. Con ella se quieren impulsar de forma decisiva el transporte y la movilidad sostenibles, la digitalización y la innovación y la financiación del transporte, y desarrollar herramientas de gobernanza y colaboración entre las distintas administraciones, el sector privado, la academia y la sociedad. Se trata de una ley social que habla de derechos y de una ley sectorial porque regula mucho más a fondo algunos aspectos específicos de competencia de la Administración General del Estado. La Ley de Movilidad Sostenible tiene por objeto, en suma, establecer las condiciones necesarias para que ciudadanos y ciudadanas, así como entidades públicas o privadas, puedan disponer de un sistema de movilidad sostenible, justo e inclusivo como herramienta para lograr una mayor cohesión social y territorial, contribuir al desarrollo económico resiliente y alcanzar los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero y otros contaminantes y de mejora, por tanto, de la calidad del aire.
Para alcanzar estos objetivos hemos buscado un proyecto de ley que se apoye en cuatro pilares fundamentales. El primero es el pilar social, con el reconocimiento, por primera vez, de la movilidad como un derecho de ciudadanía y como un elemento de cohesión social que contribuye al estado del bienestar. Deberá dar respuesta a las dos caras de la movilidad en España. De un lado, la que se deriva de la mayor concentración de la población en grandes urbes y en su periferia, y, de otro, la de las áreas rurales y pequeñas ciudades, que precisan soluciones específicas que enfrenten sus dos grandes problemas: la despoblación y el envejecimiento. El segundo gran objetivo es contribuir a la descarbonización de la economía a la vez que a reducir la contaminación atmosférica en nuestras ciudades. Por eso, el segundo pilar de esta ley es el ambiental: avanzar en el reto de alcanzar una movilidad limpia y saludable, respetuosa con las personas y con nuestro hábitat, principalmente en los ámbitos urbanos, y avanzar en la transformación de la ciudad de los coches hacia la ciudad de las personas. El tercero de los objetivos y pilar de la ley es la digitalización del sistema de transportes y el apoyo a la innovación. Pretendemos así que España se convierta en referente mundial de la nueva movilidad y sea un polo de atracción de nuevas inversiones. Finalmente, el cuarto pilar de esta Ley de Movilidad Sostenible es el de la calidad del gasto público, porque en el espíritu de la ley está invertir mejor al servicio de los ciudadanos, mejorando la calidad de las decisiones en materia de inversión y de gasto en transporte y movilidad. Así, la ley recoge gran parte de las recomendaciones de la AIReF y otros organismos, con mejoras en la justificación de las decisiones de inversión pública en infraestructuras y de gasto en servicios de transporte.
Una vez expuesto el contenido del proyecto de ley, entro ahora a realizar la valoración de los motivos esgrimidos en la única enmienda presentada a la totalidad por el Grupo Parlamentario Popular. En primer lugar, quiero aquí lamentar profundamente esta enmienda a la totalidad al tiempo de expresar mi perplejidad tanto por su presentación como por su propio contenido. Esta misma ley, como subrayaba inicialmente, se presentó en la legislatura pasada y el Partido Popular nunca manifestó o presentó una posición contraria. Esta ley siempre ha contado con un amplio respaldo ciudadano y con la disposición y actitud abierta de todas las fuerzas políticas, incluido el Partido Popular, para consensuar el mejor texto para una norma tan necesaria como es esta. El Partido Popular, insisto, nunca mostró su disconformidad ni manifestó querer enmendarla en su totalidad. Lejos de ello, presentaron sus propuestas de enmiendas a la ley, un total de ochenta y cinco, que abordaban cambios puntuales a la misma y que abarcaban desde la exposición de motivos hasta el articulado, todas ellas justificadas como mejoras técnicas, sin ninguna afirmación maximalista; unas aportaciones que, me consta, fueron trabajadas y se empezaron a negociar como en cualquier proyecto de ley que abordó el Gobierno anterior o este al que hoy represento. Sin embargo, hoy el enfoque es muy distinto, es un enfoque destructivo, no constructivo y con un documento que, sinceramente, me parece superficial e inexacto. ¿Qué ha cambiado en este último año para que su posición haya dado un giro de ciento ochenta grados? ¿Quiere el Partido Popular seguir anclado al pasado? Y lanzo esta pregunta porque, siendo sorprendente la presentación de una enmienda de totalidad, lo es más aún que la enmienda sea de devolución y no de texto alternativo al proyecto de ley. Hombre, es evidente que es lo más fácil. Si lo que ocurre es que en este último año su postura ha evolucionado tanto como para estar en total desacuerdo con el texto sobre el que estaban dispuestos a trabajar hace tan solo un año, ¿dónde está su propuesta de regulación? ¿No la tienen o, lo que es peor, no quieren que la haya? ¿Qué ha cambiado de la ley para que el pasado mes de marzo en sede parlamentaria su grupo dijera que iba a trabajar para conseguir la mejor ley y que ahí estaría el apoyo del Partido Popular para que su propuesta hoy sea radicalmente la opuesta? En definitiva, lamento ese cambio de planteamiento porque me parece un cambio incoherente a la par que irresponsable. Es una decisión oportunista que hace daño a este país y a su ciudadanía. Esta ley debe ser el producto de un gran pacto social y político, y así es. Tanto la sociedad civil como las entidades empresariales y profesionales esperan con impaciencia esta ley. La sociedad nos reclama que sea aprobada, cuenta con un amplísimo consenso y el Partido Popular ha decidido ser la única voz disonante. Deberían ustedes explicar a la sociedad y al conjunto de fuerzas políticas por qué están en contra del progreso y de construir nuevos derechos en una materia tan importante como es la movilidad.
Pero permítanme que me adentre en el texto de la enmienda. Es un texto confuso, mezcla conceptos, competencias y materias; mete en el mismo saco los derechos de los riders, los servicios de mudanza, la estructura del ministerio o conceptos fiscales. Es errático, en tanto que odia nuestro reparto competencial en materia de transporte y, por tanto, va dando tumbos sin sentido. Es simplista cuando esto es una madeja compleja ―una materia como la movilidad sostenible―, con una amplia regulación europea y nacional que no se limita a este proyecto de ley. Su enmienda da la sensación de estar hecha sin rigor, sin ganas, denota improvisación, demuestra que más allá del ‘todo mal’ no hay argumentos. En fin, voy a intentar ser lo más ordenado y estructurado posible. Por un lado, menciona la enmienda que el proyecto no establece objetivos ni compromisos nacionales concretos y medibles que den respuesta a los retos que presenta la transformación del sistema de movilidad en España. Y aquí hay que distinguir varios planos. En primer lugar, el compromiso del Gobierno con los objetivos de descarbonización está recogido por la Ley 7/2021, de Cambio Climático y Transición Energética, con unos objetivos ambiciosos para el año 2030 y un objetivo a 2050 de neutralidad climática de la economía. Y estos objetivos para 2030 se marcan a nivel nacional en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, un documento que se remite a la Comisión Europea y que, por tanto, nos compromete como país.
El objetivo de la Ley de Movilidad Sostenible es ser el instrumento jurídico que impulse la descarbonización del transporte y la movilidad para lograr estos objetivos de cara al año 2030, y muy en concreto para impulsar el transporte público y la movilidad activa como alternativas eficaces y eficientes al vehículo particular. Por tanto, no es esta ley el instrumento adecuado para establecer objetivos concretos temporales, dado su carácter y voluntad de permanencia, más allá de estos hitos cronológicos que se recogen en esos otros instrumentos a los que he hecho alusión. Por otro lado, la ley sí recoge la obligación de incluir en el documento de orientaciones para la movilidad sostenible los valores anuales que conformarían las sendas e hitos temporales indicativos del sector del transporte. En suma, la ley sí se compromete con los objetivos europeos de neutralidad climática y sí establece los mecanismos para que los objetivos de descarbonización se vinculen en los diferentes instrumentos de planificación de los que dispone el Gobierno de España en ese sentido.
En segundo lugar, dicen ustedes que tampoco se prevé un desarrollo reglamentario en diversas cuestiones ni se identifican las competencias ni los órganos competentes responsables de materias como la distribución urbana de mercancías, la regulación del reparto en vehículos ligeros, los requisitos exigidos a las plataformas tecnológicas del transporte, ni aborda con valentía temas críticos como los derechos de los trabajadores de las plataformas, riders entre otros. Es esta una notable mezcla de afirmaciones inconexas y sorprendentes. Por un lado, en el texto actual hay más de treinta referencias a desarrollos posteriores, por real decreto, por orden ministerial, planes, metodologías, en cuestiones de máxima relevancia como la gobernanza del Sistema Nacional de Movilidad Sostenible o la financiación del transporte urbano, por poner solo dos ejemplos. Por tanto, no aciertan ustedes en la crítica. De hecho, por si fueran pocas las anteriores referencias de las que está salpicado todo el articulado, existe una disposición final específica en la que se autoriza al Gobierno a dictar las disposiciones necesarias para la ejecución y desarrollo de lo dispuesto en la ley. Y, por otro lado, el párrafo denota una falta de conocimiento del reparto competencial que en materia de transporte tiene nuestro país. Hay una confusión bastante notable entre qué es legislación de transporte o qué es legislación laboral, por ejemplo, o la nueva estructura del ministerio. A este respecto, la ley está redactada desde el pleno respeto al reparto competencial, como no puede ser de otra manera, y tiene en una parte de su contenido un carácter programático, pues no podemos entrar en las áreas competenciales de comunidades autónomas o ayuntamientos. Sí podemos dictar directrices que inspiren al conjunto de las administraciones en el desarrollo de sus competencias o crear mecanismos y esquemas de cooperación entre todas las administraciones para avanzar hacia la consecución de los objetivos marcados por la ley. Y respecto a la afirmación de que la falta de asignación de competencias a organismos concretos merma la seguridad jurídica en todas las normas que se publiquen en relación con la nueva movilidad, no puedo sino recordar que es la Constitución la que marca el reparto competencial entre el Estado y las comunidades autónomas. No hay, pues, ninguna inseguridad jurídica en la ley y en el ministerio que dirijo dispusimos también una nueva estructura pensada para afrontar los retos que he indicado anteriormente con una nueva Secretaría General de Movilidad Sostenible que agrupa todas las funciones transversales y de naturaleza intermodal para el impulso de la movilidad sostenible. Pero, en un esperado giro de los acontecimientos, la enmienda pasa a mencionar que el proyecto de ley es ajeno a la realidad económica, social y ambiental del país, aludiendo a cuestiones sobre la antigüedad del parque automovilístico de España y el vehículo eléctrico, el microtransporte, la electrificación de la última milla, los impuestos a la circulación... La verdad es que no sé exactamente lo que insinúan con su enmienda, hay que adivinarlo dada su desordenada redacción, la falta de conexión entre las argumentaciones que se exponen con el objeto y la finalidad de una ley de movilidad.
El objeto específico de esta ley es el impulso a la renovación del parque móvil y el vehículo eléctrico, y en eso ya estamos, les recuerdo que son medidas que sin duda este Gobierno va a seguir respaldando, pero que no tienen que instrumentarse a través del Proyecto de Ley de Movilidad Sostenible, sino que recaerán en el paraguas del Sistema Nacional de Movilidad Sostenible que recoge el articulado de la ley. Esta ley, como ya he dicho, tiene un objetivo primordial: colocar al ciudadano en el centro de la esfera de la movilidad, con la idea de que la toma de decisiones se haga facilitando soluciones de movilidad para todas las personas, vivan donde vivan, y priorizando las soluciones de movilidad cotidiana. Esta es la razón que nos lleva a que en esta ley se reconozca el derecho de los ciudadanos a una movilidad sostenible. Vuelvo a repetirlo, lo que buscamos es que la toma de decisiones de las administraciones públicas se haga facilitando soluciones de movilidad para todas las personas, con el foco puesto en el transporte público, en la movilidad activa y no en el vehículo particular.
La ley sí aborda medidas concretas con este espíritu. La ley abre la puerta a que los ayuntamientos puedan establecer, si lo desean, una tasa por la circulación de vehículos en las zonas de bajas emisiones, ya que para poder crear esa tasa era necesaria una habilitación con rango de ley. Además, así se garantiza que las condiciones básicas sean homogéneas en todo el territorio, aunque cada ayuntamiento podrá decidir si implementa el peaje o no. No es, por tanto, en ningún caso un peaje obligatorio.
Se recoge también la obligación de que los municipios de entre 20 000 y 50 000 habitantes se doten de planes de movilidad urbana sostenible simplificados, de elaborar planes de movilidad sostenible para grandes centros de actividad y también de que empresas de un tamaño determinado y un número de trabajadores determinado cuenten con planes de transporte sostenible al trabajo que pueden contener un amplio abanico de soluciones de movilidad, también la compartida, la colaborativa o el teletrabajo en los casos en los que este sea posible.
Continúa la enmienda afirmando que en el diseño de zonas de bajas emisiones el legislador no ha tenido en cuenta el contexto actual. La verdad es que no sé a qué se refieren en relación con el contexto actual, si es el contexto de regresión que algunos municipios gobernados por ustedes en coalición con VOX están produciendo en torno a esta cuestión. En fin, no sé si este es el contexto, pero desde luego no es el que debería tener en cuenta la Ley de Movilidad Sostenible. Aunque para la implantación de la ley deben buscarse medidas que no produzcan efecto discriminatorio, en realidad no hay mayor efecto discriminatorio que no intervenir en nuestras ciudades para promover esa movilidad sostenible activa, sana y segura. Los estudios demuestran que son las personas más vulnerables las mayores víctimas de la contaminación y quienes más sufren que las ciudades no apuesten por una movilidad sostenible. El establecimiento de zonas de bajas emisiones no es un capricho de este Gobierno, es un mandato comunitario —estamos en la Unión Europea, guste o no; desde luego, yo creo que por suerte—, y eso nos garantiza a todos los españoles que los intereses económicos no estén por encima de la salud de las personas. Por eso, hemos desplegado toda una batería de medidas que recoge el plan de recuperación para que las zonas de bajas emisiones sean una realidad en nuestro país, considerando la casuística variada de sus residentes.
Desde luego, me llamó mucho la atención ―y me entristece profundamente― que digan en la enmienda que la formación de la ciudadanía en movilidad sostenible es un objetivo poco práctico y extemporáneo. ¿Acaso no es la educación la base de la sociedad que queremos para el futuro? ¿Formar ciudadanos en movilidad sostenible no es la mejor manera de prepararnos para afrontar los retos que tenemos por delante en los próximos años?
Dicen también en su enmienda que sin cambios fiscales que acompañen la movilidad, que favorezcan los nuevos modelos más eficientes y sostenibles será difícil avanzar. Miren por dónde, en esto sí estoy de acuerdo con ustedes, porque es cierto que es necesaria la confluencia entre la movilidad y la fiscalidad, pero no a base de aumentar los impuestos a los vehículos particulares, si es eso lo que ustedes quieren proponer. No es esta la ley donde se tienen que abordar los cambios fiscales, porque la fiscalidad verde va mucho más allá y debe tratarse de manera global. Por eso, este es un tema en el que ya hace tiempo que este Gobierno está trabajando en profundidad y que se abordará de una manera integral, no con medidas aisladas de reforma de determinados impuestos ligados a los transportes que pudieran pretender recogerse en el texto que hoy defiendo.
Finalmente, afirma su enmienda que no hay medidas relativas a los servicios digitales en el transporte o relacionados con la España despoblada. Nada más lejos de la realidad. Como he dicho al principio de mi intervención, uno de los grandes pilares sobre los que se construye esta ley es el de la digitalización del sistema de transportes y el apoyo a la innovación, y para ello se recoge un completo conjunto de medidas como el fomento de la digitalización, el sistema de gobernanza, un capítulo específico para el fomento de la innovación, etcétera.
Sobre la referencia que hacen a la España despoblada, partimos de la base de que la ley se marca como objetivo dotar de soluciones de movilidad al conjunto del territorio, tanto los entornos urbanos y metropolitanos ―ciudades grandes y medianas― como rurales, y de ahí que se reconozca el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de un sistema de movilidad sostenible, justo e inclusivo, y marca como objetivo establecer las condiciones necesarias para que los ciudadanos y las empresas puedan disfrutar de ese sistema de movilidad entendiéndolo como el conjunto de infraestructuras, modos y servicios que faciliten los desplazamientos.
Pero no podemos perder de vista que debemos ser plenamente respetuosos con el ordenamiento competencial y que cuando hablamos de movilidad entre núcleos rurales en el territorio de una comunidad autónoma la ley no puede imponer medidas invadiendo el ámbito competencial de las comunidades autónomas y, por tanto, vulnerando el artículo 148.5 de la Constitución española. Por tanto, las soluciones de movilidad que se implanten en cada territorio deberán ser las más adaptadas a sus necesidades, y de lo que se trata es de materializar ese derecho a la movilidad, que no debe limitarse a una visión centrada exclusivamente en las infraestructuras, sino que debe utilizar todos los mecanismos e instrumentos disponibles.
Concluyo, señorías. A la vista de todas estas razones, en el Gobierno consideramos que no procede aceptar la enmienda de totalidad de devolución presentada por el Partido Popular y solicitamos a los grupos parlamentarios el apoyo necesario para proseguir con la tramitación parlamentaria de este proyecto de ley, que, sin duda, podrá verse y se verá enriquecido con las enmiendas al articulado que se presenten y sean aprobadas, espero que también las del Partido Popular. Deseo que en esta tramitación parlamentaria se pueda reforzar el texto, un texto que siga en la línea de consenso, de llegar a buenos acuerdos y entendimientos siendo todos y todas flexibles para lograr alcanzar esos acuerdos y que podamos sentirnos lo más cómodos posible con el texto finalmente resultante y, sobre todo, para que no privemos a la ciudadanía de la garantía por ley de un derecho que tienen todos los ciudadanos de moverse de forma sostenible en nuestro país.
Muchas gracias. (Aplausos).