Usted está muchísimo peor de lo que yo creía. (Aplausos). Mal día para usted, pero excelente día para hacer balance de su gestión, y vamos a hablar de la señora Perelló también.
Veamos. ¿A usted para qué lo nombraron ministro exactamente? Para poner la justicia al servicio de Sánchez. ¿Cómo progresa en tan elevada misión? ¿Está satisfecho usted, el gran jefe? Hoy se presenta aquí con dos fracasos decisivos y espectaculares a cuestas.
Primero fracaso. Misión: blindar a la mujer del presidente. Ayer la Audiencia dio vía libre al juez Peinado para investigarla también por apropiación indebida, y eso a pesar de la campaña de linchamientos que usted dirige. Insultar al juez que investiga a Begoña Gómez se ha convertido en una condición sine qua non para ser ministro. Del primero al último del banco azul le han dicho de todo. Eso sí, no se atreven a llamarle prevaricador, no vaya a caerles una demanda, como a la señora Belarra. Para hacer el mal también hay que tener un cierto coraje, señor Bolaños. De hecho, deje de acosar a los jueces. A esa presidenta del Supremo que invocaba hágale caso y pida perdón hoy al juez Peinado por lesionar su derecho al honor, ese que huecamente invoca en su plan. ¿O es el derecho al honor privativo del señor Sánchez, de su mujer, de su hermano, al que ayer también investigaban en Badajoz?
Segundo fracaso suyo. Misión: blindar el voto del señor Puigdemont. Ni estabilidad ni senda ni nada, y eso a pesar de la última romería a Suiza, un escándalo inédito en Europa. Por cierto, hace diez días el señor Marlaska decía: nos hubiera encantado que Puigdemont hubiese sido detenido; no se repetirá. Lo tiene muy fácil, señor Marlaska, detenga ahora e interrogue aquí al señor Cerdán. De paso, sabremos qué nuevas claudicaciones prepara el Gobierno de la transparencia. (Aplausos). En todo caso, serán inútiles. Señorías de Junts —ahí están, falta Míriam Nogueras—, se lo advertimos, el señor Bolaños le vendió a Puigdemont una amnistía averiada, de aplicación imposible en un Estado de derecho, y ahora además el Gobierno los chantajea vía los medios: sumisión al gran jefe y a su vicario Illa o exilio perpetuo; un poco como Zapatero en Caracas.
En resumen, señorías, el Gobierno da por muerto a Puigdemont, Puigdemont da por muerto al señor Cerdán, en Esquerra se están matando y usted, señor Bolaños, permítame que se lo diga, empieza a tener muy mala cara. (Aplausos).