Carlos Hernández Quero
Señora ministra, España se rompe porque se rompen sus hogares y sus vecindarios. ¿Qué chaval puede emanciparse cuando su Gobierno se toma lo del paro juvenil como si fueran las olimpiadas? ¿Qué proyecto de vida sólido puede cuajar desde un minipiso de 18 metros cuadrados? ¿Quién puede tener hijos cuando el alquiler se lleva el 70 % de los ingresos? ¿Qué margen hay para la intimidad cuando compartes baño con desconocidos o, para la conciliación, cuando la única casa que puedes permitirte está a una hora y media de tu oficina?
Hemos cambiado el trabajo, casa y coche por el desempleo, coliving y patinete eléctrico. Y lo cierto es que, de momento, el trueque está saliendo regulero. La estabilidad ha dejado de ser un derecho de muchos para ser un lujo de unos pocos. De un país de pequeños propietarios hemos pasado a uno de precarios sin casa, de las segundas viviendas a las viviendas de segunda y de los alquileres asequibles a los arrendamientos imposibles. Y es que, gracias a sus regulaciones, encontrar casa se ha convertido en una quimera, porque ustedes han ahuyentado la oferta de larga duración.
Son campeones en intenciones, de eso no cabe ninguna duda, pero son colistas en resultados; creen tener el monopolio de la protección de los más vulnerables ―se ha visto esta mañana―, pero, de momento, los datos más bien indican que tienen el monopolio de la destrucción de sus expectativas. Gracias a sus medidas deambula, por los portales inmobiliarios, una masa de jornaleros del alquiler que no encuentra ni encontrará un lugar donde echar el ancla ni arraigarse.
Señora ministra, ¿qué política se ha hecho para atajar todos estos fenómenos? Porque a veces escurren tanto el bulto que parece que el Partido Socialista no ha gobernado ni un modesto rellano. ¿Bajar el IVA de la compra de primera vivienda? No, se lo bajamos a los medicamentos de los animales y el arte contemporáneo, que es lo importante. ¿Construir vivienda pública? Ni que estuviéramos en la España en blanco y negro. ¿Controlar la demanda extranjera? Ustedes son un pitbull con las familias, pero un caniche con los fondos. ¿Gasto en vivienda? Estamos a la cola de Europa en inversión por habitante, pero ustedes ahora sacan pecho y se muestran muy ufanos por haber subido unas decimillas en no sé qué partida, algo así como celebrar un gol en el minuto noventa, cuando vas perdiendo 3 a 0.
Señora ministra, estas son las verdades de la calle. La gente no padece ansiedad climática, la gente tiene sudores porque no sabe si va a poder pagar la hipoteca. A los españoles no les preocupan los bulos, les preocupan los zulos que se les ofrecen como alternativa habitacional. En los barrios no da miedo la desinformación; asusta la especulación y lo que las clases populares quieren es ser dueñas de su casa para poder ser, también, libres y dueñas de su destino. (Aplausos).