Carlos Flores Juberías
Con la venia, señora presidenta. Señorías, la moción que hoy trae mi grupo a esta Cámara es consecuencia de la interpelación que, apenas seis días atrás, yo mismo tuve el gusto de plantearle al señor ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y que el señor Albares tuvo la gentileza de contestar. Lo que me permite comenzar dirigiéndoles a todos ustedes un ruego, que naturalmente son libres de atender o de desoír, el de que den por reproducidos todos los exabruptos que el señor Albares nos dirigió y cuyos ecos todavía resonarán en esta Cámara. Naturalmente, si quieren ustedes repetirlos, no se queden ustedes con el desig, pero ya sabemos todos a estas alturas que mis compañeros de grupo y yo no venimos aquí a defender España ni a luchar por la civilización europea; que no creemos en la igualdad ni en la tolerancia; que nuestros argumentos son falsos y nuestros discursos mendaces; que nuestro propósito es cultivar la división y el odio; que no nos gusta ni la paz ni la democracia. Que para ser uno de los ministros con más fama de moderado del gabinete Sánchez, al señor Albares solamente le faltó santiguarse y decir aquello que dijo Hugo Chávez en Naciones Unidas: aquí huele a ‘asufre’.
Dejen de recurrir a los lugares comunes y vayamos a hablar de lo que importa a los españoles y de lo que resulta mollar en esta cuestión. ¿Qué es lo que importa a los españoles? Si nos hemos de dejar guiar por los estudios del CIS —a mí no me miren, yo simplemente aplico la máxima procesal de que, a confesión de parte, relevo de prueba—, la cosa no ofrecerá dudas, y es que su último barómetro acaba de revelarnos que, a la pregunta de cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España, casi uno de cada tres españoles, el 30,4 %, contesta que la inmigración, y que esta escala, en tres meses, del noveno al primer puesto en la lista de preocupaciones de nuestros ciudadanos, superando al paro, la economía y la polarización. ¿Y qué es lo mollar? Si el líder del Partido Popular, el señor Feijóo, propuso el pasado día 13, en Atenas, una alianza europea contra la inmigración irregular y emprendió acto seguido una gira por varios países europeos —dice la agencia de noticias ‘Génova, 13’ que para buscar apoyo a sus propuestas; yo quiero creer que para escuchar las propuestas que de verdad funcionan—, y si el señor presidente del Gobierno defendió el pasado 30 de agosto la necesidad de fomentar una inmigración regular y ordenada, frente al infierno —repito, infierno, palabra textual del presidente del Gobierno— de la irregular y la necesidad de combatir esta última amenaza que afecta a la seguridad de nuestras sociedades mediante el imprescindible —repito, imprescindible— retorno de quienes han llegado a España irregularmente —las citas son textuales—, repito, lo mollar no será otra cosa que dar de una vez por todas con las fórmulas idóneas para conseguir estos dos objetivos, que VOX comparte desde el minuto uno (aplausos), so pena de acabar concluyendo que socialistas y populares están más interesados en hablar que en actuar, más en la apariencia que en la sustancia, más en el qué dirán que en el quiénes vendrán.
Así que, vayamos a proponer algunas ideas:
1. Revisar el cumplimiento de los acuerdos de colaboración en materia de prevención de la inmigración ilegal con países terceros y, en caso de incumplimiento de estos o falta de colaboración, tomar las medidas que sean necesarias para obligar a dichos países a cumplir con sus compromisos. Por cierto, parece que, cuando se quiere, se puede. Déjenme que haga un inciso y me aparte de la cuestión que nos ocupa en estos momentos para mostrar mi solidaridad con los saharauis que están en estos momentos retenidos en Barajas, a la espera de deportación, y mi sorpresa ante el doble rasero de nuestro Gobierno y del Gobierno de Marruecos. El Gobierno de Marruecos, que, cuando quiere, acepta, y cuando quiere, no acepta la devolución de sus nacionales. (Aplausos). Y el Gobierno de España, que, cuando quiere, resuelve las peticiones de asilo en cuatro días, y cuando lo desea, las demora durante cuatro meses.
2. Promover, en el seno de las instituciones de la Unión Europea, el fin de las políticas de efecto llamada y agilizar los procesos de deportación de inmigrantes ilegales.
3. Expulsar de forma inmediata con destino a su país de origen —o aquel del cual provengan— de todos los inmigrantes que hayan accedido ilegalmente a nuestro territorio.
4. Expulsar de forma inmediata a aquellos inmigrantes, regular o irregularmente asentados en España, que hagan del delito leve su forma de vida, procurando que cumplan las penas en sus países de origen, y aquellos que hubiesen cometido delitos graves, no bien hayan saldado sus cuentas con la justicia española.
5. Eliminar las ayudas públicas a las ONG, a las asociaciones o a cualesquiera otras entidades que, bajo la apariencia de dedicarse a la cooperación al desarrollo, se dediquen a promover o a ayudar a la inmigración ilegal, y la coordinación de estas políticas con las del resto de los países europeos. Si mucho me apuran, aun iría incluso un paso más allá: revisar con seriedad y sin prejuicios los acuerdos suscritos con aquellas ONG supuestamente creadas para brindar acogida a los refugiados o a los inmigrantes más necesitados y que han acabado convirtiéndose en simples agencias de colocación amarradas a la ubre de lo público y atornilladas a la estrategia de determinados partidos. (Aplausos). Se lo diré más claro: aquellas ONG que, como alguna de mi comunidad, resultan nutrirse en un 97 % del presupuesto público y resultan destinar el 70 % de su presupuesto a sus propios gastos de personal. Una ONG que se nutre en un 97 % del presupuesto público, ¿es una organización no gubernamental? Una organización no gubernamental que destina el 70 % de sus gastos a pagar a su propio personal, ¿es una organización humanitaria? A mí no me cuadran las cuentas. (Aplausos).
6. Garantizar la devolución de los menas. 7. Suspender las ayudas de cooperación al desarrollo con aquellos países que no colaboren en la lucha contra la inmigración ilegal. Y aún diría más: hacer depender esas ayudas, destinadas a la modernización de las fuerzas y cuerpos de seguridad de esos Estados, al efectivo cumplimiento por parte de estos de sus obligaciones para con España, y aun subordinarlas a la efectiva dotación de nuestros propios cuerpos policiales. Porque ¿qué sentido tiene que España lleve gastados desde el 2019 nada menos que 118 millones de euros en proveer a nuestro amable vecino del sur de visores nocturnos, de cámaras térmicas, de camiones frigoríficos, de buggies, de todoterrenos, de ambulancias y de ayudas millonarias de todo tipo, cuando la gendarmería marroquí cumple con sus obligaciones cuando le apetece y las ignora cuando le viene mejor y nuestra Guardia Civil tiene que patrullar en vehículos necesitados no ya de reparación, sino de sustitución? (Aplausos).
8. Impulsar medidas con el fin de impedir la entrada y expansión del fundamentalismo islámico en España.
9. Realizar una campaña informativa en los países emisores que acabe con el efecto llamada promovido por las políticas sobre inmigración que se han llevado a cabo hasta la fecha.
Y 10 —sí, 10—. Declarar como zona marítima de interés la zona que va desde la costa de Mauritania hasta la ciudad española de Melilla y crear una misión de presencia marítima coordinada en dicha zona, liderada por España, cuyo objetivo sea la protección conjunta de nuestra costa, de nuestro litoral, que es tanto como decir del litoral europeo. Una iniciativa que no solamente no es inconstitucional, sino que ni siquiera es novedosa y ni siquiera es privativa de estas latitudes; una iniciativa que cuadra perfectamente con lo que establecen las estrategias de seguridad marítima nacional del 2013, que ya prevé entre los riesgos los actos ilícitos contra la seguridad marítima, la inmigración irregular por la vía marítima y el tráfico ilícito de migrantes, y que ya contempla la posibilidad de desplegar misiones como estas, que, de hecho, se han desplegado en lugares como el Cuerno de África o el Océano Indico.
Termino, señorías, porque, aunque este sea el templo de la palabra, con 35 456 inmigrantes ilegales arribados a nuestras costas desde enero hasta agosto de este año, un 62 % más que en el periodo idéntico del año 2023, el momento de los discursos —y no digamos el momento de las descalificaciones— hace tiempo que terminó. Es el momento de las decisiones. Actúen, o la próxima vez que el CIS consulte a los españoles serán sus nombres y serán sus caras las que aparecerán en lo más alto de la lista de preocupaciones de nuestros ciudadanos.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).