Muchas gracias. Hombre, señor ministro, el que está suspendido es usted, por los españoles y por este Parlamento, no ninguno de los diputados. (Aplausos). Mire, yo le recomiendo que deje de celebrar la mediocridad, porque es ridículo. La inmigración irregular no está controlada, como usted dijo en esta Cámara. Los ceutíes y melillenses estamos en vilo por las continuas amenazas de asaltos masivos a nuestras fronteras, además con un ninguneo total y absoluto de los elementos de contención y poniendo en solfa nuestra integridad territorial. Canarias está desbordada. ¿Se ha enterado usted de algo, señor ministro? Y el resto de comunidades autónomas también, igualmente desamparadas por su huida permanente y por el pasotismo de todo el Gobierno. El asilo en Barajas está saturado, porque con su connivencia y su conocimiento se está utilizando la llegada en tránsito para acceder irregularmente a España. Extranjería, colapsado. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, en precario. Proliferan las mafias en torno a la adquisición de citas. Todo falla, nada funciona, señor ministro. Se lo alertamos en estas Cortes Generales, se lo alertan los gobiernos de las comunidades autónomas, las asociaciones profesionales de la Guardia Civil y la Policía Nacional, incluso las entidades que trabajan con los propios migrantes. Le pregunto: ¿somos todos racistas y xenófobos o ustedes unos verdaderos incompetentes? El Gobierno lanza mensajes temerarios que alientan a las mafias a seguir traficando con personas hacia nuestro país. Su soberbia les impide aceptar la ayuda económica y técnica de Frontex; y su Gobierno, señor Marlaska, está en mínimos históricos de ejecución de retornos y devoluciones. Bloquean las llegadas regulares a la vez que dan carta de naturaleza a la inmigración descontrolada y vuelven a situar a España como puerta de acceso irregular a Europa. Créame, señor ministro, no son ustedes mejores que los populistas con los que comparten mesa en el Consejo de Ministros, esos que criminalizan el control y la protección de nuestras fronteras, a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, pero después callan y promueven el hacinamiento de inmigrantes. Su pasividad es inaceptable, señor ministro, salvo que tenga intereses espurios que nada tienen que ver ni con la seguridad, ni con la solidaridad, ni con lo humanitario. Son 200 000 los irregulares que entran por Barajas y El Prat, y 50 000 o 60 000 personas por el mar, por Ceuta y Melilla. Usted… (Aplausos.—Una señora diputada: ¡Muy bien!—El señor Tellado Filgueira: ¡Bravo!).