Juan Antonio Valero Morales
Grupo SumarDiputado.Página 51Vídeo
Buenas tardes, señorías con señorío.
Presentamos hoy una iniciativa patriótica, y digo iniciativa patriótica porque esta PNL pretende aumentar la riqueza del país, la riqueza que es de todos y de todas. No es una iniciativa de esas, como se presentan a veces, que pretenden entregar los recursos de todos al negocio de unos pocos, al amparo de esa falsa idea de la eficacia del mercado; todo lo contrario, esta iniciativa pretende recuperar lo que es de todos y de todas, los saltos hidroeléctricos. (Aplausos). Y lo decimos así porque en esta Cámara estamos acostumbrados a escuchar a muchas personas que no paran de alardear de un supuesto patriotismo mientras que pretenden entregar la riqueza de nuestro país al negocio de sus amigos millonarios o a fondos de inversión extranjeros. Y hay que decirlo alto y claro: No se defiende tu país cuando antepones el interés de los más ricos al interés de la mayoría social. (Aplausos). Hacer patria es defender los bienes comunes, hacer patria es salvaguardar lo que tiene que estar al servicio de todas y de todos.
Como sé que los saltos de agua no son un tema de conversación corriente, quiero hacer algunas aclaraciones preliminares: la primera, un salto hidroeléctrico es una instalación que permite generar energía a partir de la fuerza del agua; la segunda, las aguas son de dominio público del Estado, son bienes destinados al uso público o a un fin público; tercera, la energía es la base material del desarrollo humano y, por tanto, ha de tener la condición de bien básico, esencial y universal; la energía hidroeléctrica es la primera energía renovable de nuestro país, es una energía rural, las centrales hidroeléctricas están en el medio rural, contribuyen a asentar la población al territorio y suponen un 20 % de la potencia instalada, y, una última consideración, el modelo de liberalizaciones, el modelo de privatizaciones y de concesiones ha sido un rotundo fracaso. En concreto, la gestión privada de los recursos hidroeléctricos no opera bajo criterios de competencia y los precios de la energía no han dejado de subir en los últimos años.
Por eso traemos esta iniciativa hoy, porque actualmente estamos ante una oportunidad histórica para cambiar el modelo. Las concesiones de explotación de estos saltos de agua a empresas privadas están concluyendo. C’est fini, se acabó, lo que es de todas y todos debe volver al control público. La lógica del beneficio privado tiene que cambiar a la lógica del beneficio social. (Aplausos). No obstante, estas concesiones están expirando, pero la reversión al Estado no está siendo diligente ni transparente. Hay que corregir esto, no perder esta oportunidad histórica para transitar hacia la soberanía energética. ¿Y qué es la soberanía energética? Es la capacidad que ha de tener nuestro país para controlar sus recursos energéticos, para ser menos dependientes energéticamente, para orientar los beneficios de la producción energética al interés general y a la descarbonización. Podemos dejar de ser país periférico en la Unión Europea, podemos aprovechar la ventaja competitiva que supone ese enorme potencial para generar energía limpia y energía barata.
¿Queremos ser un país en el que la producción de energía está en manos de multinacionales y fondos de inversión destinada a la exportación o al minado de criptomonedas o queremos que la producción esté en manos públicas para abaratar la factura de la luz y para nuestro tejido productivo? Eso es lo que tenemos que considerar, esa es la pregunta de país que nos tenemos que contestar. Y nosotros y nosotras lo tenemos claro: consideramos elemental la gestión pública de las centrales hidroeléctricas. (Aplausos). Porque su construcción la ha pagado el contribuyente, porque el origen de la energía está en el agua, un bien de dominio público, porque las instalaciones tienen como fin último la reversión al patrimonio público y porque la gestión privada no garantiza un uso correcto de los recursos hídricos. ¿O no nos acordamos de cuando vaciaban los pantanos en esos tramos en los que el megavatio estaba más caro, en un país con sequía estructural?
Estamos convencidos, por tanto, de que Hunosa debe y puede ser la empresa pública que reciba todas las concesiones hidráulicas que vayan venciendo, porque Hunosa puede ser una empresa marrón que pase a ser una empresa verde, puede ser un formidable ejemplo de transformación energética justa que contribuya a la transición verde, porque la transición energética puede ser justa, no solo un negocio para unos pocos. Tengamos en cuenta, hagamos memoria de que nuestro país ya sufrió en el pasado el extractivismo de potencias europeas que acapararon nuestra explotación minera para llevar materias primas a la industrialización europea y que empresas británicas, francesas y belgas se hicieron con la explotación del plomo en Jaén, con la explotación del mercurio en Ciudad Real, con la explotación del cobre en Huelva.
¿Queremos que la energía producida hoy en nuestro país tenga como principal objetivo la industria centroeuropea o queremos que la energía producida en nuestro país sirva para estimular una reindustrialización verde en nuestro país? Impidamos que España sea una colonia energética cubierta de placas fotovoltaicas de multinacionales y con la producción hidroeléctrica en manos de concesiones privadas, como cuando ya fuimos una colonia minera de Europa. Seamos audaces, no repitamos errores y mantengamos la excepción ibérica, una excepción ibérica que ha dado resultados para combatir la subida de los precios de la electricidad. Nuestra excepción se sustenta en esas ventajas que nos da nuestra orografía, llena de saltos de agua que se pueden aprovechar, en esa cantidad de horas de insolación al año, en esos vientos fuertes, que no tienen que servir para cebar de energía las interconexiones con Europa, porque España no tiene por qué ser el almacén energético de la industria europea. (Aplausos).
Por todo ello, Hunosa tiene que hacerse con la producción hidroeléctrica de este país, porque el Estado tiene que controlar los sectores estratégicos de la economía, frente a ese modelo fracasado del neoliberalismo que nos quiere condenar a ser periferia y tener un Estado inane. La descarbonización y la producción energética no se pueden dejar en manos de fondos de inversión y de multinacionales, porque no queremos ser una colonia energética, queremos soberanía energética. Por eso la transición energética se tiene que basar en el control público, en la planificación y en el interés general, para abaratar el precio de la luz en las casas de las familias, para el tejido productivo, para descarbonizar el mix energético y para situar a nuestro país a la vanguardia. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).