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Sin adjetivos

Pleno del 11 de septiembre de 2024

Interpelación urgente a la Ministra de Vivienda y Agenda Urbana sobre las medidas que el Gobierno va a adoptar para paliar la situación de emergencia habitacional.

Interpelación urgente.. Autor: Grupo Parlamentario VOX. Transcripción literal del Diario de Sesiones n.º 61.

Vivienda

Carlos Hernández Quero

VoxDiputado.Página 41Vídeo

Gracias, señor presidente. Señora ministra, me alegra verla de nuevo por aquí. Espero que haya disfrutado y descansado este verano y que venga con ideas renovadas. Lo espero de veras y creo que lo esperan también millones de españoles para los que la vivienda lleva demasiado tiempo siendo causa de agobio y sufrimiento. Esto no es una percepción particular, tampoco un constructo social ni algo subjetivo, ni siquiera es algo que podamos someter a debate o discusión, es una realidad tan palpable como dolorosa y extendida. Pienso en las familias que destinan el 50 % de sus ingresos a pagar el alquiler y que este septiembre tendrán que hacer malabarismos para afrontar el carrusel de gastos que se les viene encima: ropa nueva, libros de texto, material escolar, transporte, comedores. Pienso en los que ni siquiera pudieron llevarse una semana a los niños a la playa porque la subida de los tipos de interés devoró todos sus ahorros y todas sus ilusiones; o en las parejas jóvenes que este verano han decido que se iban a ir a vivir juntos y, sin embargo, andan desesperadas porque no encuentran pisos por debajo de los 900 euros en su ciudad; o en esos trabajadores a los que no les da ni para un zulo y que lamentablemente terminarán malviviendo y durmiendo en aparcamientos de autocaravanas, en oficinas abandonadas o en bajos comerciales sin ventilación. Pienso también —‌me acuerdo mucho de ello— en el drama de los pisos compartidos, porque ayer eran una opción muy divertida mientras uno estudiaba y hoy son un modus vivendi para personas que rozan los cuarenta. ¡Cómo hemos cambiado! Pienso también en esos señores que siempre vivieron en la misma casa y que ahora tienen que marcharse de su hogar porque a su nuevo casero, sin rostro y sin nombre, le van más los guiris de una noche que los vecinos de toda una vida. Pienso también en aquellos a los que les han ocupado una vivienda y se encuentran con una Administración ausente y arisca, que en el mejor de los casos se lava las manos con su angustia y en el peor la niega o hace bromas con ella. Pienso también en aquellos que llevaban años esperando una vivienda protegida y ahora ven cómo otros, con los que nadie contaba, les han adelantado sin haber guardado la cola; o en las familias monoparentales con hijos a cargo, que han quedado completamente excluidas del mercado residencial convencional. Da igual cuáles sean sus ingresos, están fuera de juego. Podría continuar con mil ejemplos de las descabelladas escenas a las que el bipartidismo ha llevado a los hogares: colas del hambre, colivings, habitaciones subarrendadas, narcopisos, inversores extranjeros que compran de una tacada barrios enteros o inmuebles que harían grande, enorme, una pequeña caja de muñecas. Pero usted conoce estas realidades tan bien como yo y sabe que son cotidianas, que son ordinarias, que no representan algo marginal ni puntual ni anecdótico, que cualquiera —‌repito, cualquiera— puede verse ahí, que los precios y los metros cuadrados de los pisos ocupan las conversaciones de los amigos, las pesadillas de las parejas o las sobremesas de los familiares los domingos. Es tan transversal y está tan extendida esta preocupación que estoy convencido de que incluso los ministros multipropietarios de este Gobierno, que unos cuantos hay, se habrán topado de bruces con algún caso en sus exclusivos círculos de relaciones.

Y si esto es así, si se han topado con estos casos, es porque sufrimos una auténtica emergencia habitacional. Tenemos los peores datos que uno pueda imaginar en todos los indicadores que uno quiera consultar. La emancipación de los jóvenes es un suceso casi mitológico cuando el 85 % de los menores de treinta y cinco años se ve obligado a vivir con sus padres. Los precios de los inmuebles ya superan las cifras récord de 2007 y 2008. Los españoles tienen que destinar, de media, 7,3 años de salario bruto para adquirir una vivienda, más del doble que en los años noventa, y, claro, así pasa, tenemos la mitad de propietarios jóvenes que hace solamente unos años; insisto, la mitad. No sé para otros, pero esto es un drama para los que aspiramos a que la vivienda sea del que la vive. Los propietarios de rentas bajas, que también antes eran muy frecuentes, ahora se han esfumado o tal vez deberíamos decir que los han esfumado. Si esto no es clasismo, que baje Dios y lo vea. La situación queda así: los españoles no pueden comprarse una casa, pero hay quien puede, claro que sí. En la última década se han disparado las compras de grandes grupos extranjeros y hoy ya superan el 15 % del total de las operaciones. Y también se han disparado las operaciones que no requieren hipoteca, es decir, los gigantes trasnacionales y un puñado de fortunas locales están comprando a tocateja lo que los nuestros ni siquiera pueden soñar con adquirir a plazos.

Y, claro, sin casa en propiedad, llevamos casi una década con una burbuja extraordinaria en los alquileres y cada medida nueva que toman no solamente no logra pincharla o contenerla, sino que la hace más grande, le insufla nuevo aire, la hace más soberbia. Los precios de los alquileres no han dejado de subir, un 10 % en el último año, no sabemos si para celebrar el primer cumpleaños de la ley de vivienda. Y los precios de los arrendamientos también son ya hoy claramente superiores a los picos de 2007 y 2008. El número de hogares que está en una situación de sobreesfuerzo económico, es decir, que tiene que dedicar más del 40 % de la renta a pagar el alquiler dobla el promedio de la Unión Europea. Hay incluso un puñado de ciudades en las que los españoles tienen que pagar más del 60 % para cubrir los gastos de alquiler. ¿Cree usted, señora ministra, que esto es compatible con una vida libre o plena? La mitad de los inquilinos en España se encuentra en una situación de vulnerabilidad social, el porcentaje más alto de la Unión Europea. Y en las grandes urbes la oferta de pisos compartidos, es decir, de pisos por habitaciones supera ya la de pisos completos. De comprarte un piso como aspiración, como meta, como esperanza, hemos pasado a comparte un piso como resignación. En fin, la verdad es que las estadísticas meten miedo, pero, bueno, también somo campeones en lenguaje inclusivo y denunciamos muy fuerte lo del blackface, así que supongo que esto nos deja en situación de empate. (Aplausos).

Alguien tendrá que asumir la responsabilidad de todo esto, porque no nos ha mirado un tuerto ni nos han echado un embrujo ni una maldición ni somos víctimas de una plaga bíblica. Un país de propietarios no se convierte de la noche a la mañana en uno de precarios sin casa, de la misma forma que un país de alquileres asequibles no se convierte en uno de alquileres imposibles por arte de magia. Hay responsables políticos y económicos de esta situación, los que han partido el bacalao en España en las últimas décadas, la casta que ha hecho negocio con la miseria colectiva. Si hay una brecha enorme entre los españoles que buscan hogar y el número de casas disponibles es porque sus políticas han torpedeado una y otra vez insistentemente cualquier intento de ampliar la oferta. (Aplausos). No sé —l‌lámenme malpensado— si tal vez con el ánimo de garantizar que la vivienda siga siendo un bien escaso y tremendamente lucrativo para cuatro grandes tenedores. Mi sensación es que ustedes se imaginan defendiendo a los vulnerables, pero los resultados más bien dicen que son ustedes los mejores amigos del capitalismo rentista y los peores de los Garcías, los González, los Pérez o los Gutiérrez. Si cada vez los pisos están más caros es porque no paran sus administraciones de retener suelo y de gravarlo con una yincana de calificaciones, certificados, impuestos y plusvalías que sonrojaría a los mismísimos inventores del diezmo. Y si cada vez hay menos pisos en alquiler en las grandes ciudades es porque sus regulaciones y su inhibición ante cualquier caso de impago han llevado a muchos pequeños arrendadores a sacar sus casas del mercado convencional. Y si los jóvenes no pueden acceder a una vivienda digna es porque ustedes han puesto a la cabeza del desempleo en Europa a nuestros jóvenes, no por Netflix ni por los vermús ni por las cañas, no, porque son líderes en desempleo juvenil. Y si las familias con niños o los trabajadores precarios no encuentran casa es porque su ley de vivienda está funcionando exactamente como han funcionado los controles de precios en todos los lugares donde se han implementado; es decir, como herramientas para excluir a los de abajo del acceso a la vivienda. Ustedes, que tanto se vanaglorian y tanto son de la ciencia y los datos, no sé cómo no se les ocurrió echar un vistacillo a toda la literatura científica disponible sobre el control de precios porque, la verdad, era meridiana en sus resultados. Si los fondos extranjeros están jugando al Monopoly con nuestras ciudades, tal vez es porque ustedes les han invitado a la partida y les han dado las mejores cartas. Ahí estaba el ministro Puente festejando el desembarco de BlackRock o la antigua secretaria de Estado, Pardo de Vera, como candidata a presidir el lobby de los buitres. Ahí están —‌claro— en contraposición, los jóvenes de Palma o de Málaga yéndose de su ciudad, porque ya no hay sitio para ellos en ellas. El camino, señora ministra, no son los beneficios fiscales a las fortunas extranjeras ni la alfombra roja a los nómadas digitales ni la reverencia a los que compran para especular; el camino es desglobalizar; es decir, priorizar y proteger a los nuestros, a los de casa ante una demanda internacional que cada vez está afectando más a sus derechos más básicos.

Finalmente, si en España no hay vivienda pública ni un presupuesto digno de tal nombre para la provisión de casas asequibles es simple y llanamente o porque no les da la gana o porque no saben cómo hacerlo. Señora ministra, allí donde hay una apuesta generosa por la vivienda pública bajan los precios del mercado libre. El artículo 47 de la Constitución es un mandato que le compete a usted, a su Gobierno, y yo diría que no es muy saludable inhibirse en mitad de tanto dolor. Hasta los años ochenta en España se construyó mucha vivienda pública con mucho éxito. Muchas familias de barrio alcanzaron, gracias a esa política, una estabilidad residencial que hasta entonces era privativa, era exclusiva de los ricos. Hoy, en cambio, estamos a la cola de Europa en gasto en vivienda por habitante, en inversión en vivienda y en vivienda social. No es porque no haya dinero, es porque sus prioridades son otras. Entre Broncano y hogares, eligen Broncano. Entre puntos morados y hogares, eligen puntos morados. Entre inmigración y hogares, eligen inmigración. Entre autonomías y hogares, eligen autonomías. Entre privilegios fiscales para regiones más ricas y hogares, eligen privilegios fiscales. (Aplausos). No sé cómo se las apañan ustedes, pero para ustedes el techo nunca es una prioridad. Este Gobierno, incluso, ha concedido un crédito de 250 millones de euros para la construcción de una desaladora en Marruecos. ¿Cuántos préstamos a tipo cero se podrían haber concedido aquí en España con ese dinero o cuántas viviendas sociales se podían haber levantado?

Yo le voy a confesar dos cosas, señora ministra: la primera, estoy deseoso de ver placas con puños y rosas en las calles y en los edificios de España. Las otras las tengo ya muy vistas y, en serio, estoy deseoso de verlas, porque significaría que están haciendo de verdad cosas por arreglar el problema de la vivienda. (Aplausos). La segunda, ardo en deseos, señora ministra, de que me llegue una invitación para la inauguración, la entrega o la ceremonia en la que corten el lacito de alguna de las 184 000 viviendas que prometió su Gobierno. Creo que usted tiene mi correo, prometo que incluso miraré regularmente la carpeta de spam para ello. (Aplausos). En definitiva, espero, señora ministra, que usted sea más autocrítica que otros de los ministros de este Consejo, que han dicho que vivimos un momento dulcísimo en la economía, y espero que usted no tenga los arrestos de decir aquí que vivimos un momento dulcísimo en la vivienda. (La señora presidenta ocupa la Presidencia).

Permítame, para cerrar, hacer una última reflexión. Vayamos más allá de los números, de los apuntes contables, incluso de las casas, y empecemos a pensar en los hogares, en lo que se rompe cuando no hay seguridad residencial, en cómo se resiente la cercanía con la familia, el amor, la natalidad, los lazos de apoyo entre vecinos, la cohesión social, la conciliación, el aprendizaje entre generaciones, la identidad, y cómo, en cambio, esto abre la puerta a un sinfín de fenómenos muy indeseables: los niños que van dando tumbos de un lado a otro, los proyectos truncados, los cambios de colegio, los ancianos que se sienten solos, los problemas de salud mental. Así que en el tema de la vivienda —‌y ya con esto concluyo— nos va la vida, nos va una decisión entre si queremos vidas libres, plenas y seguras o vidas rotas.

Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).

Presidencia. Gracias, señor Hernández. A continuación, tiene la palabra, en nombre del Gobierno, la señora ministra de Vivienda y Agenda Urbana por un tiempo de doce minutos. Cuando quiera.

Isabel Rodríguez García

GobiernoMinistra de Vivienda y Agenda Urbana.Página 43Vídeo

Gracias, señora presidenta.

Gracias, señoría. Le agradezco mucho el tono de su intervención, he tenido ocasión de decírselo también en la Comisión de Vivienda, esa sensibilidad social que usted mostraba. En aquella ocasión, señoría, le provocaba a usted con ironía y le decía que si se había confundido de grupo político y que tenía las puertas abiertas. En esta ocasión, además, ha ido usted más allá porque incluso ha llegado a utilizar algunos de esos lemas que utilizaban otros que están en el lado opuesto de su extremo, como aquello de la casta o que nosotros estamos pegados al capitalismo.

Fuera de bromas, de verdad, agradeciéndole el tono y, sin duda, compartiendo la preocupación social —‌ahora me referiré a ello y aportaré algunos datos—, creo que tampoco podemos evadirnos. Me decía usted: ¿va a celebrar la buena marcha de nuestro país? Siempre. Celebrar, siempre. Los responsables políticos celebramos cuando las cosas van bien, sufrimos cuando las cosas no van bien. Del mismo modo que sufro como ministra de Vivienda la dificultad y los problemas que está causando esta situación a mis compatriotas, celebro que hoy en España haya gente a la que le va mucho mejor que hace seis años, a la que le hemos subido los salarios, a la que le hemos mejorado sus pensiones, a la que le hemos dotado de becas suficientes para afrontar este inicio de curso. (Aplausos). Claro que lo celebro, y lamento que en ese compromiso social y esa preocupación social que usted muestra —perteneciendo al grupo que usted pertenece— nunca, en ninguna de estas decisiones, hayan estado al lado de los españoles y las españolas que lo precisaban, sino siempre en contra del avance social. Nosotros estamos del lado de la España que avanza cuando con ella avanza una mayoría social de españoles y de españolas. (Aplausos).

Claro que tenemos un problema, señoría. Usted ha relatado algunas de las verdades y le ha resultado imposible esquivar algunos de los mantras de su organización política, a lo que también me quiero referir, pero ha consumido usted todo su tiempo haciéndonos esa fotografía que podemos ver cada día en nuestras calles, compartir con familiares y amigos, que podemos atender en estadísticas oficiales de nuestro país y también en estadísticas de organismos internacionales. Se ha detenido muy poco, y estaré encantada de poderlo escuchar en su segundo turno, en mostrarme cuál es su programa. Yo le voy a contar qué es lo que está haciendo el Gobierno de España a usted y al conjunto de los españoles. Le he escuchado solo en el drama y en el cero propuestas y estaré encantada de poder escuchar esas propuestas, porque puede ser que incluso en alguna nos encontremos en la conclusión de que son necesarias algunas de esas medidas.

Le decía que no ha podido usted evitar quedarse con algunos de los mantras de su organización política, que busca la rentabilidad electoral en inyectar el miedo a la sociedad. A la sociedad desde la política se le aporta esperanza, capacidad de superar la adversidad, confianza en las instituciones y no solo el recurso del miedo, que es lo que ustedes utilizan; un miedo que, en el caso de las políticas de vivienda, además es un negocio; un negocio con el que algunos hacen caja y otros intentan arrebañar cuatro votos. Además, tengo que poner en valor ante ustedes lo que significa la construcción de nuestro país y el reparto territorial. Yo sé que a ustedes no les gustan las autonomías, pero, hasta hace cuatro días, han participado de sus gobiernos. Y son estas, y de acuerdo al título VIII de la Constitución española, las que tienen un amplio margen de actuación en políticas de vivienda, a las que yo demando también esa implicación que estamos poniendo en marcha desde el Gobierno de España.

Yo lamento que ustedes, que podían influir en esas autonomías e incluso llegaron a tener la responsabilidad en materia de vivienda en la Región de Murcia, hayan dimitido de hacer políticas de vivienda (aplausos), porque dimitieron por una causa tan tan baja como dejar a un lado la atención a los niños y niñas que lo necesitaban, con esa sensibilidad social que usted nos ha manifestado hoy, pero sin dejar a un lado, como decía, esos tics de su organización que nos hablan de racismo, de odio y de xenofobia, porque rompieron y dimitieron de hacer políticas de vivienda para dejar a un lado a niños y niñas desamparados que necesitan del compromiso de las administraciones públicas españolas. Lo lamento, porque con ellos, con las comunidades autónomas y con los ayuntamientos es como tenemos que trabajar las políticas de vivienda, atendiendo a la legalidad de nuestro país, a la estructura de nuestro país, a nuestro reparto competencial.

Yo creo en la política útil, en el diálogo, en la colaboración y en la inteligencia ciudadana, pero es que ustedes dicen tantas mentiras en sus datos —m‌ e refiero ahora a esos mantras que no pueden soslayar para incorporar ese discurso del miedo, también en la situación de dificultad que sufren las personas españolas en relación con el acceso a la vivienda— que están todo el tiempo aludiendo a ese gran problema de la okupación en nuestro país. Quiero recordarle —‌este dato se le ha pasado a usted mencionarlo entre tantos datos que nos ha ofrecido— que los delitos de okupación bajaron en torno a un 9 % el pasado año en nuestro país, o que la okupación ilegal afecta a menos del 0,06 % de las viviendas en nuestro país; que su negocio es asustar para que algunos hagan caja, como decía, y ustedes busquen ese interés electoral. ¿Ustedes creen que si de verdad existiera un riego real de okupación habría aseguradoras que nos estarían ofreciendo precios de cobertura por 12 o 24 euros? ¿Dónde está el negocio? ¿Cuál es el riesgo? Pues ese, el 0,06. (Aplausos). Se quejan ustedes de que la oferta en vivienda se está contrayendo y, sin embargo, recurren a ese miedo que sienten los españoles y que ustedes alientan en la okupación cuando los datos reales combaten esa percepción. En el Gobierno vamos a seguir trabajando para aportar certezas, seguridad jurídica y garantía, no solo a los inquilinos, también a los propietarios, porque no podemos obviar que son ellos, el 95 %, quienes están sosteniendo el mercado del alquiler en nuestro país.

Frente a estos discursos que no aportan soluciones, estamos trabajando, como les digo, de la mano de las autonomías, de los ayuntamientos y de las entidades privadas para dar respuesta. ¿Cómo lo estamos haciendo? Sin duda —‌seguro que coincidiremos en ello—, abordando la principal cuestión, que tiene que ver con la demografía, señoría; sí, la demografía, crecimiento de población. Y sí, no solo en España, en el mundo, pero también en España, porque España es un país atractivo, que crece y que tiene que atender también esa demanda de todos los ciudadanos que conforman su hogar en nuestro país, y eso implica más oferta. Ese es el objetivo fundamental, y por supuesto está usted ya invitado a la siguiente visita. La próxima es esta semana y será en Chiclana: cuarenta y siete nuevas viviendas, no es para entregarlas, sino para poner su primera piedra, porque forman parte de los últimos acuerdos. Pero inmediatamente participará usted conmigo junto con el resto de diputados de la Comisión, a los que me comprometí a invitar a la siguiente visita, porque, efectivamente, estamos entregando vivienda pública en España, sí. Y además defiendo que no ocurra lo que usted denunciaba y que los socios con los que ustedes han gobernado han practicado como nadie, y es que todo ese esfuerzo público, ese patrimonio público el día de mañana quede desamortizado por la venta a los fondos buitres. Con este Gobierno ni ha pasado ni va a pasar. (Aplausos).

Aspiramos a llegar a estándares europeos de en torno al 9 % y hemos puesto todos los recursos. Se quejaba usted de presupuesto: 3500 millones de euros. No sé qué le parecía el de sus amigos colegas de la derecha: 500. Frente a 500, 3500, fondos de recuperación. Europa, formamos parte del proyecto europeo —‌no sé si me detendré ahora en ello o en la siguiente intervención—: 5500 millones de euros en este país para vivienda. No llovieron, los consiguió el presidente del Gobierno gracias a los fondos de recuperación, y con ellos estamos propiciando la rehabilitación de barrios y la construcción de nuevas viviendas (Aplausos). Y sí, claro que atendemos las necesidades de los jóvenes. Me hablaba usted de 250 millones que —n‌ o sé de dónde los saca, para qué eran— dice usted que en lugar de haberlos dedicado a no sé qué los podríamos haber dedicado a poderles facilitar la hipoteca. No 250, señoría, 2500 millones en avales de este Gobierno (aplausos) para que los jóvenes puedan acceder a una hipoteca con el aval del Estado. Y también a la iniciativa privada para ampliar esa oferta. ¿También le parece mal que acompañemos la iniciativa pública para la construcción de ese parque de vivienda asequible? No, nosotros necesitamos la complicidad, como decía, de la iniciativa privada, 6000 millones de euros movilizados para la construcción de vivienda asequible, para que promotores y administraciones públicas puedan seguir ampliando el parque público de vivienda y aspirar a ese 9 %.

Estos son todos los recursos que hemos movilizado y, entre tanto, señoría, estamos atendiendo también todas las dificultades que hoy se encuentran en nuestro país, en esta España diversa que ustedes todavía no han terminado de entender ni comprender. El problema de la vivienda no es igual en toda España. El precio del alquiler en una provincia como la mía nada tiene que ver con el precio del alquiler en la ciudad en la que nos encontramos, en la capital de España, en Barcelona o en San Sebastián. Por tanto, las respuestas no pueden ser las mismas en todos los territorios. De ahí también las bondades del Estado autonómico que ustedes no comprenden. Y, por supuesto, en ese atender las dificultades estamos dando respuestas a las dificultades que pasan por el dejar hacer, por el libre mercado. Como ha acusado usted al Gobierno de capitalista, no sé dónde se sitúa usted, pero ese libre mercado nos lleva en ocasiones a tener que intervenir desde la política para que lo que viene siendo un negocio económico, los alojamientos turísticos, no interfieran en la primera vivienda, en la residencia de las personas (aplausos); eso es lo que está defendiendo este Gobierno, lo que estamos haciendo allí donde gobernamos. Por eso también hemos traído a esta Cámara una modificación de la Ley sobre Propiedad Horizontal, para empoderar a los vecinos y en cierto modo poder contribuir a acotar ese fenómeno de los alojamientos turísticos que está tensionando el mercado del alquiler. Como lo está haciendo también la llegada y la implicación de universidades privadas avaladas por los Gobiernos de las derechas, que llegan y ocupan los mercados residenciales, impidiendo el alojamiento a familias o a estudiantes universitarios de las públicas. Eso también lo queremos combatir, señoría. Y estamos atendiendo al medio rural, aquellas personas que quieran vivir hoy en la España rural cuentan con 10 800 euros de ayuda para esas viviendas, además de esas hipotecas a las que me refería, y también ayudas a la rehabilitación.

Atender a España en su diversidad y atender a este problema desde su complejidad, señoría, no es fácil. Los instrumentos y las herramientas están ahí. Puedo seguir hablando de ello en mi siguiente intervención, y yo espero que ustedes no dimitan de las propuestas, estaré encantada de escucharlas, porque traducir el drama, el dolor y los datos es lo sencillo; remangarse y ponerse a trabajar es lo complejo, y ustedes dimitieron de trabajar. (Aplausos).

Presidencia. Muchas gracias, señora ministra. — DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL CONGRESO, AL MINISTRO DEL INTERIOR SOBRE LA CRISIS MIGRATORIA Y LA PROTECCIÓN DE NUESTRAS FRONTERAS. (Número de expediente 172/000052).

Presidencia. Pasamos a la siguiente interpelación, que plantea el Grupo Parlamentario Popular al ministro del Interior sobre la crisis migratoria y la protección de nuestras fronteras. Para su defensa, tiene la palabra la diputada señora Acedo Reyes por un tiempo de doce minutos. Cuando quiera.