Presidenta. Por eso, señor ministro, decimos los vallisoletanos que no seguirá usted como alcalde. (Risas). Pero, mire, su triunfalismo choca con la realidad. Le cuento el caso concreto de un amigo que, después de trabajar todo el día en Madrid, el 24 de julio volvía a casa, a Valladolid, en el Avant de las 18:45. Me cuenta que cuando llegó a la estación parecía el Titanic, con cientos de personas hacinadas, de pie, con un calor infernal, sin agua y sin ninguna información. Dos horas después les metieron en un cercanías que tardó tres horas en llegar, con más de cuatro horas de retraso. Yo, si quiere, le paso el wasap de mi amigo y le dice que el tren en España vive el mejor momento de su historia, pero, por favor, no le bloquee con lo que le responda. (Risas y aplausos). Mire, esto no es un caso aislado. Señor Puente, esto pasa todas las semanas, este mismo lunes, en La Rioja, en Chamartín, en los cercanías o en los trenes extremeños, y afecta a miles de ciudadanos. Con usted como ministro, coger el tren se ha convertido en una lotería en la que se mezclan la incompetencia y la prepotencia. Yo sé que está muy ocupado en ser el pararrayos del señor Sánchez, en liarla para distraer del caso de corrupción de Begoña o de Koldo, de la que su ministerio era el epicentro, como usted ha admitido, cesando, aunque con meses de retraso, a sus altos cargos. Los ministros eran distintos, pero el amo era el mismo, el que está en China. Permítame, señor Puente, para terminar, que haga una profecía sobre su respuesta. Ahora le echará la culpa al PP, aunque lleven ustedes seis años gobernando, o a la catenaria, o a Ábalos, que ahora le echan la culpa de todo, o nos insultará. Ojalá me equivoque y se comporte, por una vez, como ministro. Reconozca el caos que ha generado su mala gestión y asuma responsabilidades. Los usuarios se lo agradecerían. Suya es la palabra. (Varias señoras y señores diputados: ¡Muy bien!—Aplausos).