Ione Belarra Urteaga
PodemosDiputada.Página 34Vídeo
Muchas gracias, presidenta. Buenos días, señorías. Quiero comenzar mi intervención denunciando el silencio del Gobierno de España y también de este Parlamento ante el genocidio que se está viviendo en Palestina desde hace ya nueve meses y que está siendo cometido por el Estado terrorista de Israel. Ayer supimos que el Gobierno de España nos mintió y que durante todos estos meses, a pesar de haber dicho que no lo harían, han seguido comprando y vendiendo armas a Israel por valor de más de 1000 millones de euros. Es una auténtica vergüenza, y no se va a hacer con nuestro silencio. Vamos a seguir exigiendo el embargo total de armas ya. (Aplausos). Hace dos semanas el Partido Socialista y el Partido Popular firmaban un acuerdo de renovación del Consejo General del Poder Judicial que abre un nuevo tiempo de gran coalición en España y en Europa. Es un acuerdo para renovar el Consejo que viene a legitimar la guerra sucia judicial contra Podemos, contra las fuerzas independentistas, pero también contra los anarquistas, contra los ecologistas, contra los antifascistas, contra toda la gente que quiere cambiar las cosas a mejor en nuestro país. Miren, señorías del Partido Socialista, este acuerdo era simplemente indefendible cuando se firmó hace unas semanas, pero es que ahora creo que, con todo lo que hemos visto en estos días y en estas semanas, ustedes no se pueden permitir firmar este acuerdo. En estos días hemos visto cómo el juez Aguirre acordaba sus maniobras judiciales con el único objetivo de tumbar a un Gobierno legítimo. Hemos visto al juez Peinado, en medio de un vodevil judicial, amenazando a la mujer del presidente con detenerla si no acudía a la declaración de un testigo, señorías. Hemos visto —lo supimos ayer— que se investigó de manera ilegal a cincuenta y cinco diputados y diputadas de Podemos (aplausos), que tenían por único objetivo traer la transformación social y política a este país: más de mil búsquedas ilegales tenía el diputado de Podemos Alberto Rodríguez; más de seiscientas búsquedas ilegales, el ecologista Juancho López de Uralde; más de cien búsquedas ilegales Pablo Iglesias, con entradas como «barcos» o «joyas». Era evidente lo que estaban buscando: nuestro desprestigio y que el Gobierno de izquierdas no llegara en este país hasta el año 2020. (Aplausos). En estos días hemos visto también cómo el juez Marchena y el juez Llarena han retorcido la ley de amnistía, probablemente prevaricando, para no cumplirla. Después de ver todo eso, señorías del Partido Socialista, ustedes no pueden llevar adelante este acuerdo, no, porque lo que están haciendo es legitimar la guerra sucia judicial y política contra Podemos y contra las fuerzas independentistas, y ahora también contra el presidente del Gobierno. Díganme, señorías del Partido Socialista, ¿a qué policías de los que nos investigaron ilegalmente se va a condenar desde unos altos tribunales que van a ser nombrados por el mismo Partido Popular que nos investigó ilegalmente? (Aplausos). Es imposible, no se va a acabar con la guerra judicial de esta manera. ¿Cuántos jueces de los que han participado en la guerra sucia judicial van rendir cuentas después de este acuerdo bipartidista de gran coalición para los jueces? Ninguno, señorías del Partido Socialista, y eso no se puede permitir. Este acuerdo es una ignominia, como está viendo todo el mundo, es un obús en la línea de flotación de nuestra democracia. Honestamente se lo vuelvo a pedir: rompan el acuerdo con el Partido Popular y acuerden con la mayoría democrática.
Vayamos a algunos ejemplos concretos de jueces que no van a pagar por la guerra sucia judicial que cometieron contra mi partido y contra otros. El juez García-Castellón, de la Audiencia Nacional, conocido en Valladolid por su cruzada personal contra una clínica de interrupción voluntaria del embarazo. Es un juez que se inhibió en el caso contra Augusto Pinochet, el dictador chileno. Más recientemente, abrió un caso por el informe PISA que no tenía ni siquiera sello judicial. El juez García-Castellón convirtió a las víctimas en acusados en aquel llamado caso Dina. Ha tratado de acusar de terrorismo a Marta Rovira y a Carles Puigdemont. Y lleva años protegiendo a los corruptos del Partido Popular, como Dolores de Cospedal, Ignacio González o Esperanza Aguirre. (Aplausos). ¿Va a rendir cuentas el señor GarcíaCastellón? ¿Se le va a condenar por prevaricación? Desde luego que no. Lo que va a pasar es que el juez García-Castellón se va a jubilar cuando le dé la gana.
Segundo ejemplo. Los jueces Marchena y Pablo Llarena, presidente y magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, la sala más poderosa del tribunal más poderoso de este país, aquella que el señor Cosidó, el portavoz en el Senado del Partido Popular, quería controlar por la puerta de atrás. Yo, después de este acuerdo, creo que solo cabe darles la enhorabuena a sus señorías del Partido Popular, ya que ahora no tienen que controlarla por la puerta de atrás, ya la pueden controlar ustedes por la puerta grande. (Aplausos). Consiguió el señor Marchena su plaza en el año 2014 a pesar de tener muchísimos menos méritos para el puesto que el señor Conde-Pumpido, que también aspiraba a esa plaza. Él es el responsable de que se retirara de manera fraudulenta el escaño de Alberto Rodríguez, ese al que investigaron más de mil veces, en la pasada legislatura. Fue también el responsable de que no se investigara a Pablo Casado por su máster irregular, cuando era presidente del Partido Popular, y también es responsable de que el Tribunal Europeo de Derechos Humano tirara de las orejas a España por el caso Atutxa. Junto a Llarena, ha retorcido, como decía, la ley de amnistía para dejarla sin efecto y para subvertir la voluntad popular del Poder Legislativo. Casualmente, este enemigo de la democracia, el señor Marchena, terminaba su mandato en septiembre de 2024. ¡Qué bien les ha quedado el timing, señorías del Partido Popular! No solo va a seguir en su puesto, sino que probablemente va a haber reforzada su posición.
Otros jueces y juezas que no van a rendir cuentas por la guerra sucia judicial tras la confirmación de esta gran coalición entre el Partido Socialista y el Partido Popular son la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que condenó a los jóvenes de Altsasu a altísimas penas de prisión únicamente por una pelea de bar, a pesar de que ese caso nunca tenía que haber salido de Navarra, y la jueza Concha Espejel, que condenó el rapero Valtònyc, para bochorno internacional de nuestro país, por las letras de sus canciones y por injurias a la Corona. Y, como ellas, el juez Peinado, como decía, actualmente en pleno vodevil judicial contra la mujer del presidente del Gobierno, el juez Aguirre o el juez Escalonilla, que tuvo secuestrado a mi partido durante tres años por el falso caso Neurona.
Señorías, ninguno de ellos va a recibir sanción alguna. No irán a la cárcel, no van a ser condenados por prevaricación, aunque deberían. Van a ser promocionados y, seguramente, algunos de ellos también van a decidir a quién promociona. Mucho menos conocidos, pero igualmente enemigos de la democracia, son los jueces que acaban de condenar a los seis de Zaragoza, que están ya en prisión y cuyo único delito es ser antifascistas y llamar fascistas a los fascistas de VOX. (Aplausos). También el juez Lino Rubio, que acaba de condenar a penas de cárcel a las sindicalistas de La Suiza, cuyo único delito cometido es hacer sindicalismo combativo y proteger a una compañera que estaba sufriendo un acoso laboral salvaje. (Aplausos).
Fíjense, señorías, solo hay un juez en España responsable del lawfare que ha acabado en la cárcel. ¿Saben quién es? Las señorías del Grupo Popular sí lo saben. Es el juez Alba, que conspiró con el exministro del Partido Popular José Manuel Soria para tumbar a la jueza Victoria Rosell, que en ese momento se estaba presentando a las elecciones por Podemos. (Aplausos). Su objetivo fue tumbar a Vicky y el objetivo no se cumplió. ¿Saben por qué? Porque Victoria Rosell combatió por su honra y también contra la corrupción judicial hasta que consiguió meterle en la cárcel. Eso, señorías, es lo que tendría que haber hecho el Gobierno de España, tomarse en serio la lucha contra el lawfare y lo que no hemos visto en estos años.
Si, en vez de este contubernio bipartidista que han pactado el Partido Popular y el Partido Socialista para dejar en la impunidad la guerra sucia judicial, el Partido Socialista hubiera hecho lo que tenía que hacer, que era pactar la renovación con el Consejo General del Poder Judicial con la mayoría democrática, ahora tendríamos a una jueza decente como Victoria Rosell combatiendo la corrupción judicial desde el Consejo General del Poder Judicial (aplausos), tendríamos a una mayoría de jueces decentes acometiendo la necesaria regeneración de la justicia.
Así que, señorías del Partido Socialista —insisto—, rompan el acuerdo con el Partido Popular, pacten con la mayoría democrática y dejen de hacer trampas a la gente. (El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia).
Termino. He escuchado… (Rumores). Hoy tengo muchísimo tiempo, así que me van a tener que escuchar. He escuchado a gente decir que hay que dejar correr este tema, que en realidad esto de los jueces a la gente no le importa, que lo que le importa son las cosas del comer, la vivienda, las pensiones, la precariedad laboral… A mí me van a disculpar, pero creo que pocos temas hay tan relevantes para las cosas de comer como hacer frente a la guerra sucia judicial. ¿Por qué? Pues, miren, porque el mensaje que en este momento el Poder Judicial le quiere mandar a la gente de nuestro país y que le manda este acuerdo entre el Partido Socialista y el Partido Popular es muy sencillo, pero muy peligroso: no te metas en política. Eso es lo que le hacen ahora a la gente que se mete en política y que quiere transformaciones sociales. Antes nos mandaban tanques; antes la derecha política y judicial sacaba los tanques a la calle y daba golpes de Estado. Ahora te mandan [golpismo judicial]1. Nosotras vamos a decir alto y claro que ni nos van a tumbar ni nos van a doblar con [golpismo judicial]1.
Miren, hoy en día, si eres una ecologista que tira zumo de remolacha en el Congreso, si eres una persona de izquierdas en Euskadi o en Navarra, si eres un independentista o eres de Podemos, te puede perseguir la justicia, como nos ha ocurrido a nosotros. Pero el objetivo no somos nosotros y nosotras, el objetivo es frenar la transformación social, frenar el avance en derechos por la vía de machacar a quienes promueven ese cambio social. Así que, claro que sí, no hay nada que ayude más a que la gente tenga vidas buenas en este país que combatir la guerra judicial en un momento político, en un momento histórico en el que las transformaciones sociales no se frenan con tanques, sino con [golpismo judicial] 1. Quizás uno de los mejores ejemplos de esto es Irene Montero, la mejor ministra de Igualdad que ha tenido este país. Cuando se desplegó… (Risas.—Rumores). Es de lo que estamos hablando hoy precisamente. Cuando se desplegó la ofensiva judicial contra la ley del solo sí es sí, que era la mayor conquista institucional del feminismo de la última década, se desacreditó públicamente a Irene. Se dijo que la ley tenía un error y, finalmente, el Partido Socialista rompió la mayoría plurinacional y democrática y pactó con el PP la vuelta atrás en el Código Penal. Pero el objetivo no era Irene, el objetivo era un disciplinamiento colectivo a las feministas y a todas las que queremos cambiar las cosas.
Así que hoy, desde Podemos, decimos aquí que esta vez no va a funcionar, al menos no con nosotras y no con Podemos. Por eso, no vamos a dejar de denunciar esta gran coalición entre el Partido Socialista y el Partido Popular, porque creo que hasta sus señorías del Partido Socialista se están dando cuenta de que esta derecha, cuando le das la mano, te coge el brazo, de que a esta derecha no se les puede dar ni agua, porque la ofensiva judicial solo se va…