Miguel Tellado Filgueira
Muy buenos días a todos. Situémonos: septiembre de 2014. Declaraciones en una entrevista en televisión: Ni antes ni después el Partido Socialista va a pactar con el populismo; el final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y, sobre todo, la desigualdad. Diez años después parece increíble pensar que aquellas palabras fueron pronunciadas por la misma persona que hoy ejerce la Presidencia del Gobierno de España. Tendríamos que aceptar aquel complejo teorema ontológico de Carmen Calvo de que el presidente antes de ser presidente era otro ser, porque hoy en día no solo es que Pedro Sánchez haya pactado antes y después con el populismo o con varios populismos, es que se ha convertido a sí mismo y ha convertido a su partido en los máximos exponentes del discurso populista, y si por algo se ha caracterizado el populismo, ha sido por detestar más que nada los contrapoderes. Hace diez años los discursos políticos que enfrentaban la voluntad popular con las instituciones estaban fuera del Gobierno. Hace cinco años llegaron al Gobierno como parte minoritaria de él, y hoy los encabeza la Presidencia y los comparte el Gobierno en su conjunto. Esa aspiración de una democracia plebiscitaria con un poder sin cortapisas y sin limitaciones nació en Podemos, pero hoy está en Sánchez. Esa concepción populista donde el voto de la mayoría está por encima de cualquier marco legal, de cualquier contrapeso institucional y de cualquier control jurisdiccional nació con el procés, pero hoy está en Sánchez. Por eso, en estos últimos años hemos visto cosas que no habíamos visto nunca en nuestro país. Nunca un Gobierno de España había propuesto como fiscal general del Estado a una exministra en el mismo día de su cese; nunca un Gobierno de España había designado como magistrados del Tribunal Constitucional a dos ex altos cargos de ese mismo gobierno; nunca un Gobierno de España había nombrado para presidir el CIS a un miembro de la ejecutiva del partido gobernante; nunca un Gobierno de España había propuesto como director de la Agencia EFE a su propio jefe de prensa; nunca un Gobierno de España había modificado el Código Penal para rebajar específicamente los delitos cometidos por sus socios de investidura, y, por supuesto, nunca un Gobierno de España había promovido una ley para intercambiar impunidad por poder. (Aplausos). Y ante quien hace lo que no se había visto nunca en nuestro país, no se puede hacer lo de siempre. Por eso, el Partido Popular se negó a llegar a un acuerdo de renovación del Consejo General del Poder Judicial como los de siempre. No podíamos aceptar tratar a este Gobierno como uno más porque, lamentablemente, no lo es. Por eso, este acuerdo no se podía limitar, como de costumbre, a pactar nombres; tenía que haber garantías adicionales, y la principal garantía era un compromiso de que esta sería la última elección mediante este sistema, que había que cambiarlo en dos sentidos. El primero, el de despolitizar los perfiles. Visto lo que habíamos visto en otras instituciones, era fundamental que esa colonización no llegase al Consejo, los candidatos debían ser independientes. En el último pacto, en 2013, uno de los vocales designados a propuesta del Partido Socialista era directamente un exdiputado del Grupo Socialista y los vocales a propuesta del PP, esos a los que el señor Bolaños acusó de estar a sueldo del Partido Popular, eran tan sospechosos de partidismo que uno de ellos está hoy sentado al lado del señor Bolaños en el Consejo de Ministros del que forma parte. Por eso quisimos que ese compromiso de independencia en los perfiles no fuese solo una cuestión de voluntad, sino que quedase fijado en la ley: prohibición de que los vocales hubiesen sido en los cinco años anteriores cargos políticos. Lo propusimos, lo introdujimos en nuestro plan de calidad institucional, lo llevamos en nuestro programa electoral y hoy está en esta proposición de ley que firmamos conjuntamente con el Partido Socialista.
Pero había un segundo cambio de la ley que nos preocupaba. Además de despolitizar perfiles, había que despolitizar el propio sistema de elección —algo que no significa que estas Cortes no tengan participación en el Consejo, porque seguirían nombrando a los ocho juristas de reconocido prestigio—, pero el PSOE no estaba dispuesto a pasar por cambiar el sistema y asegurar la independencia de ese contrapoder. Afortunadamente, encontramos un gran aliado para esa tarea, y ese gran aliado ha sido la Unión Europea, la Comisión Europea; la misma Unión que en el año 2020 había logrado que Sánchez paralizase su intento de reducir las mayorías para renovar y la misma Unión que lleva años dejando claro en sus informes sobre el Estado de derecho en España que las normas europeas establecen que al menos la mitad de los miembros del Consejo han de ser jueces nombrados por sus homólogos de todos los niveles del Poder Judicial. A esa misma Unión el Partido Popular le pidió que ejerciera como garante de cualquier acuerdo, y así se ha hecho. Por eso, tenemos la garantía de que esta renovación será la última que se produzca bajo este sistema, porque en seis meses habrá una propuesta seria de reforma elaborada por los nuevos vocales del Consejo y porque esa reforma no está comprometida por el Partido Socialista solo ante el Partido Popular, sino que está comprometida también ante la Comisión Europea.
Por eso el PP ha firmado, porque ese populismo de Sánchez que aspira a un poder sin límites ha encontrado por fin sus límites, y sus límites son tres: la Constitución Española, la Unión Europea y el Partido Popular. (Aplausos). La Constitución Española exige mayorías amplias para impedir que las reformas institucionales se hagan desde un lado del muro, como pretendían algunos; la Unión Europea se planta como garante para asegurar que las reformas avanzan según las normas europeas y según las exigencias europeas, y el PP —hay que decirlo— ha conseguido frenar el populismo desde nuestra posición como primer partido de España. Hoy demostramos que las medidas de verdadera regeneración democrática en España requieren de un PP que sea decisivo y de un PP que sea valiente. Los votos de la mayoría de los españoles nos han hecho decisivos y el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo en esta negociación ha sido valiente. (Aplausos). Por eso hoy podemos tener este acuerdo y por eso hoy podemos traer aquí esta ley.
Esta es una ley que, por primera vez desde que gobierna Sánchez, en vez de ir en la dirección de atacar a los contrapoderes, avanza en reforzarlos. Esta ley no solo avanza en la despolitización de los perfiles y del sistema de elección, sino que, además, incorpora importantes novedades. La primera, el endurecimiento de las incompatibilidades para pasar del Poder Ejecutivo y Legislativo al Judicial; los jueces que entren en política no podrán dictar sentencias en los dos años posteriores a su vuelta a la justicia y quedarán vetados, vetados para siempre, en asuntos en los que se juzgue a partidos o cargos públicos. En segundo lugar, exigencia de mayorías reforzadas en los nombramientos que haga el Consejo General del Poder Judicial; se acabó el rodillo de medio Consejo sobre la otra mitad del Consejo. En tercer lugar, prohibición de nombrar fiscal general del Estado a quien haya tenido un cargo político en los últimos cinco años. Y, en cuarto lugar, un compromiso explícito de reforzar las plantillas de nuestra justicia con 1000 jueces y fiscales en los próximos cinco años. ¿Qué tienen en común todas estas medidas incluidas en esta ley? Que todas ellas estaban recogidas en el Plan de Calidad Institucional del Partido Popular presentado en Cádiz en enero de 2023, en el programa electoral que obtuvo el mayor número de votos en las elecciones generales de julio de 2023 y en el discurso de investidura de Alberto Núñez Feijóo de septiembre de 2023. Esta ley que hoy tramitamos es una recopilación de todo lo que el Partido Popular lleva años defendiendo en materia de refuerzo de la independencia judicial. (Aplausos). Por eso, con esta ley avanzamos en el Plan de Calidad Institucional, por eso con esta ley cumplimos nuestro programa electoral y por eso con esta ley constatamos que las propuestas de investidura —como las del candidato Feijóo— que se hacen pensando en el interés general de la ciudadanía pueden no conseguir los votos aquí, en esta Cámara, con esta aritmética parlamentaria, pero finalmente acaban triunfando y acabarán triunfando.
Este acuerdo, que es el cumplimiento de las medidas por las que el PP ha peleado durante años, ha sido muy bien acogido por la sociedad y solo ha enfadado a los radicales. Eso, señores del Partido Socialista, es lo que ocurre cuando se aceptan las propuestas del Partido Popular. Lamentablemente, ustedes llevan todo su Gobierno haciendo lo contrario, contentando a los radicales y apartándose de la mayoría social de nuestro país. Bienvenidos a entender que hay que escuchar a la calle y tratar de representar a esa mayoría social. Por eso tienen un Gobierno que no gobierna, que sobrevive a base de vender favores a sus socios de investidura, y por eso el PP ha demostrado que puede suplir con sus propuestas, con nuestras propuestas, la falta de iniciativa del Gobierno.
Esta ley recoge varios de los puntos de nuestro Plan de Calidad Institucional. Ustedes lo van a votar a favor, y nos congratulamos de que así sea, aunque suponga reconocer que cosas que ustedes han hecho como Gobierno deberían haber sido ilegales y que después de esta ley serán ilegales. Ya les anuncio que el Grupo Parlamentario Popular va a registrar desde ya mismo, en forma de iniciativas parlamentarias, el resto de nuestro Plan de Calidad Institucional. Ahí tendrán que votarlo y ahí tendrán que posicionarse. Si realmente tienen vocación de regeneración democrática, tendrán que demostrarlo apoyando esas propuestas de regeneración democrática. Nosotros les invitamos a eso. Avancen, avancen en nuestro plan en lugar de en su deriva populista arrastrados por sus propios socios. Porque esto que hoy firmamos no es un pacto del Partido Popular con el PSOE, es un pacto del PP con sus votantes; cumplir nuestro programa electoral es un pacto del PP con la sociedad española para mejorar la calidad de nuestra justicia. (Aplausos). No interpreten lo de hoy como un balón de oxígeno al Gobierno para facilitar su supervivencia porque no lo es; es un balón de oxígeno a la justicia española para garantizar su independencia. Esa es la realidad. Como dijo el presidente Feijóo, con este pacto nos mantenemos en la lealtad al Estado, pero tengan claro que somos la oposición a su Gobierno. Tenemos claro que la aprobación de esta ley es una noticia positiva para España, un soplo de aire fresco en una legislatura que empezó como un error, que avanza como un grave horror y que esperamos que finalice lo más pronto posible.
Nada más y muchas gracias. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).