Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos
Felicidades, señor Bolaños, ha llegado usted a un acuerdo con los ultras. ¿Cómo se siente? ¿Democráticamente regenerado? Y, sobre todo, ¿qué va a hacer ahora? Le daré una idea: el fiscal general del Estado. El Gobierno ha dicho que está haciendo un magnífico trabajo. Será porque, en vez de perseguir el delito, lo blanquea y lo comete. Grandes éxitos de García Ortiz, un catálogo sin precedentes, el reverso exacto de su mandato constitucional: defender la legalidad. Tiene ya dos condenas del Supremo por maniobrar para promover a su cómplice, Dolores Delgado, otro dechado de imparcialidad a la que ustedes auparon del escaño a la Fiscalía.
Dos, asegurar el interés público. Ha llevado el desprestigio y la división a la Fiscalía al imponer la amnistía contra el buen criterio de los fiscales del procés. No, señor Bolaños, la malversación no es amnistiable. Lea a Jim Bernat y, luego, confiésele a Puigdemont que le vendió una amnistía fake.
Tres, proteger los derechos de los ciudadanos. El propio fiscal ha reconocido que reveló secretos de un particular. No lo hizo para desmentir un bulo, no, no me sea ‘bulócrata’; lo hizo para dañar a una adversaria política del señor Sánchez. Señor Bolaños, un fiscal que delinque y que ordena a otros delinquir para evitar que nos ganen el relato, no es un fiscal; es el community manager de un gobierno corrompido y tiene que dimitir, porque, además, va camino del banquillo. Un fiscal general del Estado imputado. ¡Qué espectáculo! Cuando eso suceda, ¿qué piensa hacer el Gobierno? ¿Premiarlo? Lógico, para eso lo nombraron. Álvaro García Ortiz. fiscal general para la impunidad del Gobierno y la criminalización de la oposición. (Aplausos). Protagonista de una edificante foto de familia siciliana. Ahora bien, señor Bolaños, es verdad, el Partido Popular le arrancó ayer un pacto; un pacto que avanza en la independencia del Poder Judicial, de la que el PSOE siempre ha abjurado, y usted en particular. Decía en 2021: Los jueces no deben elegir a los jueces.
Como prueba de su compromiso con ese pacto y, en aras de la pura razón democrática, haga usted ahora dos cosas. Diga: Sí, efectivamente, señorías, querido Patxi, los jueces elegirán a los jueces, he cambiado de opinión. Y, sobre todo, pida ya mismo, desde su escaño, la dimisión del fiscal general del Estado. (Aplausos.―Una señora diputada: ¡Muy bien!).