Lourdes Méndez Monasterio
Muchas gracias, señor presidente. Traemos hoy a la Cámara una propuesta de ley para que se recupere el recurso previo de inconstitucionalidad para todas las leyes de carácter orgánico y la obligatoriedad de que se resuelva en un tiempo limitado. Desapareció durante el Gobierno de Felipe González, porque era un obstáculo para la aprobación y ejecución de diversas leyes, entre otras, las del Consejo General del Poder Judicial o la de educación. La reforma que planteamos es una reforma de regeneración institucional para restablecer una condición básica del Estado de derecho. Esta reforma es necesaria, pero no es suficiente, dada la corrupción política actual de este Tribunal.
La ausencia de este recurso ha tenido unas consecuencias irreparables, y pongo como ejemplo la ley de plazos o la ley del estatuto catalán, que dio lugar al salvaje proceso independentista y que determinó, cuando ya era tarde, la recuperación del recurso previo de inconstitucionalidad tan solo para los estatutos de autonomía. Se hubiera evitado el procés y los perjuicios también irreparables de la ley de plazos: más de cien mil abortos al año, porque en aquel momento no se hubiera declarado constitucional, como ahora, porque todos los informes eran contrarios, entre ellos el del Ministerio Fiscal o el del Consejo de Estado. Pero la traición del Partido Popular y la inactividad del Tribunal Constitucional a lo largo de trece años sin dictarse una sentencia hicieron que se normalizara una conducta ignominiosa como esta. Y, por la función pedagógica que tienen las leyes, ha provocado un perverso cambio de mentalidad, que ha culminado con una sentencia del Tribunal Constitucional que crea ex novo un derecho: el derecho al aborto, en contra de la doctrina del propio tribunal, que afirma el deber inexcusable del Estado de proteger al no nacido. Señorías, matar a un ser humano no puede ser un derecho. (Aplausos).
Ahora, con un Tribunal Constitucional asaltado descaradamente por el Gobierno, la izquierda neomarxista ha conseguido uno de sus principales objetivos: subvertir el valor supremo en el que se asienta nuestro orden constitucional, el valor supremo de la vida, por una cultura de la muerte. Y esta barbaridad aún se agrava más con la sentencia anunciada la pasada semana de declarar constitucional la ley que permite abortar a las menores sin el consentimiento de sus padres. ¿Cómo va a ser constitucional la desprotección absoluta del nasciturus? Porque además se elimina todo tipo de información: las ayudas, las alternativas, el periodo de reflexión. Ese consentimiento en ningún caso puede ser libre, y a la mujer embarazada con dificultades se la deja en un estado de absoluta vulnerabilidad. Señorías, además de ser inconstitucional, es de una tremenda crueldad. Y, por cierto, no entendemos cómo el Partido Popular, en lugar de derogar la ley de plazos cuando debía haberlo hecho, que tanto énfasis puso para reformarla con el tema del consentimiento de los padres para abortar, ahora, señorías, ni siquiera ha sido capaz de interponer un recurso a esta ley. Eso lo que demuestra es que en aquel momento teníamos razón los que decíamos que era un absoluto teatro, un dramático teatro en un tema como este. (Aplausos).
Señorías, hablemos de otras leyes. En la actualidad, también hubiera sido objeto de un recurso previo la ley de amnistía, porque, señorías, no está previsto en la Constitución, quiebra el principio de igualdad y la intocabilidad de las sentencias, y en el ámbito de los poderes públicos lo que no está permitido expresamente ¡no está permitido! Solo pueden hacer lo que la Constitución dice que pueden hacer, y eso no lo digo yo, lo dicen renombrados juristas de prestigio. La Constitución prohíbe expresamente el indulto generalizado, ¡¿cómo no va a prohibir la amnistía?! Señorías, esta ley orgánica hubiera sido objeto de recurso previo de inconstitucionalidad igual que otras tantas leyes orgánicas de la anterior legislatura que son claramente inconstitucionales, recurridas todas ellas por nuestro grupo parlamentario, entre ellas, la ley del Consejo General del Poder Judicial en funciones, que vulnera, entre otros, los artículos 122, 123 y 124 de la Constitución; la ley de la eutanasia, que vulnera —entre otros— el artículo 15 de la Constitución y el artículo 10 sobre la identidad inviolable del ser humano; la Ley Orgánica de protección integral a la infancia, la denominada ley Herodes, que atenta contra el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, contenido en el artículo 27 de la Constitución; la ley de penalización del acoso a las clínicas abortivas, que vulnera el artículo 20 de la Constitución; la ley del sí es sí, que ha sacado violadores a la calle y que además atenta contra el principio de presunción de inocencia, el artículo 14 de la Constitución; la ley de memoria democrática, que atenta contra el artículo 14 del derecho a la igualdad, y el artículo 20; la ley de modificación de sedición y malversación, que atenta contra el artículo 96 de la Constitución española; y la ya mencionada agravación de la ley de plazos. Prácticamente, todas las leyes ideológicas, que fueron muchas, de la anterior legislatura, que imponen una ideología de género absolutamente destructiva y vulneran unos cuantos artículos de la Constitución, y sobre todo, el principio de neutralidad de la Administración del Estado. A pesar de que todas ellas vulneran principios, valores y derechos fundamentales contenidos en nuestra Constitución, algunas ya han sido declaradas constitucionales, excepto los decretos del estado de alarma, a los que el Grupo Parlamentario VOX interpuso el recurso, pero todavía no estaba de presidente Conde-Pumpido.
En resumen, el Tribunal Constitucional ha convalidado todos los desmanes. Se ha realizado un ataque desmedido a nuestra Constitución por aquel tribunal que tiene el deber de garantizar su cumplimiento. El Tribunal Constitucional, en la actualidad, no solo tergiversa la Constitución al interpretarla, sino que se ha convertido en legislador constituyente, creando ex novo derechos como el del aborto o mandatando lo que no puede ser ley.
Señorías, el Tribunal Constitucional invade el Poder Legislativo, pero también invade el Poder Judicial. Se ha convertido en la tercera cámara de las Cortes, en un tribunal de casación del Tribunal Supremo, en un órgano de última instancia para revocar las sentencias en función de la agenda ideológica y política de Sánchez. Es evidente, señorías, esta afirmación que estoy haciendo con el pronunciamiento a resultas del recurso de amparo interpuesto por Magdalena Álvarez en relación con las sentencias de los ERE. Se produce un daño institucional difícilmente reparable al anular las sentencias dictadas en el mayor caso de corrupción conocido en España. La ponente de la sentencia es Inmaculada Montalbán, galardonada en el año 2012 por Griñán. En el voto particular de cuatro magistrados, redactado por César Tolosa, se expone que sitúa a los gobernantes por encima de la ley ―si cogen el diccionario, es la definición de déspota―, que debilita al Estado de derecho, que invade la jurisdicción del Tribunal Supremo y suplanta su función y que debilita la persecución de los delitos de corrupción de los gobernantes, incumpliendo los compromisos internacionales de la lucha contra la corrupción. También existe un gran desconcierto y desazón, inquietud y preocupación por que desaparezca la unidad de actuación del Ministerio Fiscal. Es decir, el Gobierno, el Poder Ejecutivo, tan solo con la apropiación del Tribunal Constitucional controla y absorbe al Poder Legislativo y al Poder Judicial. Se trata de la defunción del Estado de derecho, además de controlar hasta cuarenta instituciones públicas.
Es evidente, señorías, que hemos llegado a esta situación por la existencia de un vicio en el origen en nuestra Constitución. Es evidente el acuerdo tácito existente entre uno y otro partido mayoritario para repartirse las instituciones y, entre ellas, el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional. Se trata de un reparto de cromos donde prima más la imposición de su agenda partidista que la defensa de la justicia. Es evidente, señorías, que el peso de uno u otro partido es el que da como resultado las sentencias que ahora se están produciendo, ese famoso binomio 7-4. Y así se interpreta la Constitución en orden a las agendas partidistas, aunque el PP en este juego perverso muchas veces no mueve ficha cuando le toca.
Traigo a la memoria unas palabras de Peces-Barba. Cuando se estaba debatiendo la Constitución, precisamente en el artículo referente al derecho a la vida del no nacido, el artículo 15, después de una votación donde se aprobó que el término «todos», que debería estar en el artículo 15, incluía al no nacido, Peces-Barba hizo las siguientes declaraciones: Desengáñense sus señorías, todos saben que el problema del derecho es el problema de la fuerza que está detrás del poder político y de su interpretación, y si hay un Tribunal Constitucional y una mayoría proabortista, el término «todos» permite una ley del aborto, y si hay un Tribunal Constitucional y una mayoría antiabortista, el término «persona» impide una ley del aborto. Una verdadera declaración de intenciones. Y aun así, señorías, en su candidez, los conservadores ― bueno, quizás no pueda llamarse candidez, ni tampoco conservadores―, el ahora PP, no tuvieron en cuenta que podría llegar un presidente como Zapatero, que rompería ese acuerdo tácito pactando con los independentistas el estatuto de autonomía; o un déspota como Sánchez, que haría saltar por los aires nuestro sistema democrático, pondría en riesgo la unidad de España, el valor de la Constitución, ampararía a los corruptos y pactaría con los enemigos de España tan solo para mantenerse en el poder.
Señores del Partido Popular, no sigan por esa senda. Interioricen que el enemigo de España al que tienen que combatir no es VOX; el enemigo de España es Sánchez, aquel con el que ustedes pactan. Están entregando el gobierno judicial a quien ha dado un golpe contra la Constitución, contra los jueces, contra la libertad de prensa y contra la igualdad. (Aplausos). Por eso, señorías, no es suficiente la recuperación del recurso previo de inconstitucionalidad; lo sería si hubiera un juego normal de las instituciones y unas garantías adecuadas, pero no es así, lamentablemente no es así. La deriva de España viene fundamentalmente de la deriva del Tribunal Constitucional, que ha dado como resultado la defunción del Estado de derecho. Por eso, deberá reformarse la propia naturaleza del tribunal y, por supuesto, la forma de elegir a sus magistrados. Quizás una solución adecuada podría ser la creación de una sala en el Tribunal Supremo para garantizar su cumplimiento, así estaría sometido al control del orden jurisdiccional; quizás fuera una sensata solución. Nosotros seguiremos insistiendo para lograr la integridad de las instituciones.
Muchas gracias, señorías. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo parlamentario VOX, puestos en pie).