Muchas gracias, presidente.
Gracias por esta interpelación, que paso a responder. Comienzo diciendo que, si bien el asunto que hoy vamos a tratar no es en absoluto un asunto agradable, sí debe complacernos, al menos a la mayoría de esta Cámara, que podamos tener un debate tranquilo, sereno, fluido, sobre el alcance de la Ley de Memoria Democrática. Y digo lo del alcance porque, hasta ahora, lo que teníamos eran debates sobre las políticas de memoria en sí mismas. Estas eran las que estaban en discusión. Se debatía sobre su necesidad o, incluso, sobre si debían o no existir, y hoy —y eso lo compartimos— debatimos sin poner en duda las leyes de memoria histórica y democrática. Debatimos sobre su alcance y eso es, en sí mismo, un avance democrático. Usted, que me interpela, y yo, que le respondo, estamos de acuerdo en la necesidad de las políticas de memoria. Debatimos sobre su alcance y sobre la reparación de las víctimas. Pero no todos los grupos de esta Cámara comparten, señoría, esta necesidad y hoy tengo que volver a repetirlo. La extrema derecha y la derecha, cogidas de la mano de esas tesis, apuestan, como hacen aquí, por invisibilizar las políticas de memoria con el método, por ejemplo, de no hablar de ellas, no preguntar por ellas, hacer como que no existe aquello de lo que no se habla, que no se nombra o bien, como hacen esos mismos grupos de la extrema derecha y la derecha en las comunidades donde hoy gobiernan, derogan leyes de memoria de esas comunidades y difuminan las políticas de memoria en leyes mal llamadas de concordia, que solo pretenden diluir el respeto a las víctimas y eludir la responsabilidad de los poderes públicos con el respeto a los derechos humanos. Como lo que ayer ocurrió de manera execrable en el Parlamento balear, ante lo que hoy todos los diputados y diputadas del Congreso deberíamos mostrar nuestra absoluta y unánime repulsa ante las víctimas, que fueron varias diputadas, y también quienes estaban retratadas en esa foto, que defendieron en su momento la libertad y la democracia. Ayer un presidente del Parlamento, obligado a una labor institucional de mediar, lo que hizo fue rasgar y rajar una foto de manera violenta, algo absolutamente imperdonable para quien se declare demócrata. (Aplausos). La suerte, señoría, es que la mayoría de esta Cámara sí cree en las políticas de memoria.
Paso al tema que usted me plantea, el esclarecimiento de los sucesos terribles de los Sanfermines en el año 1978. Sabe usted que la Ley de Memoria Democrática 20/2022 establece dos ámbitos diferenciados en el aspecto temporal. Por un lado, está el que refiere a la propia ley en el artículo 1, que establece —y leo— el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencias religiosa, de orientación e identidad sexual durante el periodo entre el 18 de julio del 1936 —golpe de Estado, guerra de España y la posterior Dictadura franquista— hasta la entrada en vigor de la Constitución de 1978, y promover —termino la lectura de este artículo 1— su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva. Luego, hay un segundo ámbito temporal, añadido en la Ley de Memoria Democrática, que es la disposición adicional decimosexta, que encomienda al Gobierno crear una comisión técnica que elabore un estudio sobre supuestos de vulneración de derechos humanos a personas por su lucha por la consolidación de la democracia, los derechos fundamentales y los valores democráticos, entre la entrada en vigor de la Constitución del año 1978 y el 31 de diciembre del año 1983, que señale posibles vías de reconocimiento y reparación a las víctimas también en esa etapa, tras la Dictadura y la Transición democrática. Los hechos que motivan su interpelación sucedieron en julio de 1978 y, por tanto, estarían dentro del grupo del primer ámbito. Y estamos en disposición de hacer avances al respecto.
Hay algunos pasos que ya hemos dado y permítame que le traslade alguno. Por ejemplo, en el periodo comprendido entre 1978 y 1983, cumpliendo con la ley y también con la aprobación de una moción presentada en este Pleno recientemente, el Consejo de Ministros aprobó el 23 de abril crear la comisión mencionada en la disposición decimosexta, junto con las mencionadas en la disposición adicional duodécima, de trabajo sobre la memoria y la reconciliación con el pueblo gitano y, la decimoquinta, de medidas y reparación de carácter económico, también dirigidas a las víctimas de la guerra y de la Dictadura. Estamos desplegando esas medidas y órganos que la Ley de Memoria Democrática estableció. El año 2023 fue un año complicado, pero lo estamos haciendo en 2024 para consolidar las políticas de memoria en nuestro país, y seguiremos dando pasos adelante.
Centrándome en la Comisión para el estudio de los supuestos de vulneración de derechos humanos a personas por su lucha por la consolidación de la democracia, derechos fundamentales y valores democráticos entre los años 1978 y 1983, esa comisión tiene por objeto elaborar un estudio sobre esos supuestos casos de vulneración de derechos a personas por su lucha por la consolidación de la democracia, que señale posibles vías de reconocimiento y reparación a las mismas. El presidente de esa comisión es el secretario de Estado de Memoria Democrática, la vicepresidencia recae en la Dirección General de Atención a las Víctimas y Promoción de la Memoria y, entre los vocales, además de personas de reconocida solvencia en el ámbito académico, me gustaría mencionar, singularmente, a algunas de reconocido prestigio también en el ámbito social y político como Nicolás Sartorius, Federico Mayor Zaragoza, José Álvarez Junco o Francisca Sauquillo.
Los sucesos que ocurrieron en Pamplona durante las fiestas de San Fermín del año 1978 se enmarcan en actuaciones de las fuerzas de seguridad que, por entonces, no respondían a los criterios de estricto sometimiento a la ley y al derecho que operan hoy. Fueron sucesos, como los ocurridos dos años antes en Vitoria-Gasteiz, previos a la promulgación de la Constitución de 1978 y donde la respuesta policial no se movió —y así lo entiendo— en parámetros precisos y, además, obligados de respeto a los derechos humanos. Yo mismo tuve ocasión, con motivo de mi visita a Vitoria-Gasteiz —por cierto, creo que era el primer ministro que lo hacía—, de honrar el pasado mes de marzo a las víctimas del asalto policial a la iglesia de San Francisco de Asís. Igual que lo dije entonces lo repito en el día de hoy: mi obligación es acudir a los lugares donde se cometieron hechos execrables y expresar que el Estado está al lado de las víctimas y no es el Estado alejado de los derechos humanos de aquel entonces. Como hice en Vitoria, señorías, creo que podemos realizar avances en el reconocimiento a las víctimas de los sucesos de San Fermín del año 1978. El primero de los avances que quiero recalcar es que la coordinación entre el departamento que dirijo y el Gobierno Foral de Navarra es plena en este aspecto. Ojalá encontrase ese mismo grado de colaboración en el resto de las comunidades autónomas en esta clase, en este tipo de hechos como hemos encontrado, y lo tengo que reconocer, con el Gobierno de Navarra. Es en la colaboración donde deberíamos centrar nuestros esfuerzos y, lamentablemente, hay gobiernos autonómicos que han actuado faltando a la más elemental colaboración y lealtad entre administraciones para que los esfuerzos de este departamento y del Gobierno de España se tengan que centrar en defender las políticas de memoria y el respeto debido a las víctimas. La Ley navarra 16/2019, que usted también ha citado, de 26 de marzo, de reconocimiento y reparación de las víctimas por actos de motivación política provocados por grupos de extrema derecha o funcionarios públicos, da ya cabida a las peticiones de víctimas de los sucesos de San Fermín de 1978 que reconozcan y soliciten justamente esa labor de reconocimiento. En ese sentido, la ley foral configura un derecho al reconocimiento y, en su caso, a la reparación de las víctimas de motivación política generadas por la acción violenta de grupos de extrema derecha por parte de funcionarios públicos, regulando los medios —y estoy leyendo— y mecanismos para que sean reconocidas como tales víctimas —dice la ley— y, en su caso, como personas beneficiarias de los correspondientes derechos de reconocimiento y reparación integral. Esta ley foral se enmarca en un conjunto normativo internacional, estatal, autonómico y foral, diseñado e implantado con la finalidad de reconocer y reparar a las víctimas de violencia por motivaciones políticas.
Entiendo, señoría, que lo que usted y su grupo pretenden es que esas actuaciones de reconocimiento emprendidas por el Ejecutivo navarro tengan su eco, así lo ha dicho usted, en actuaciones del Gobierno de España, y le anuncio que así va a ser. Como ocurre en el caso de Navarra, el reconocimiento administrativo que podemos hacer no es una declaración jurídicopenal que podamos atribuirnos en lo que es nuestra responsabilidad. El Gobierno, por un mero principio de separación de poderes, no puede ser quien marque responsabilidades de carácter penal. La responsabilidad de esa calificación ha sido siempre una línea roja establecida a la separación de poderes en la doctrina del propio Tribunal Constitucional, que estaría taxativamente vedado a la ley de víctimas de motivación política de Navarra. Pero diciendo esto, sí le anuncio — y este es el segundo avance que hoy puedo mencionar— que, de manera inminente, enviaremos para informe del Consejo de Estado el real decreto que regulará el consejo de memoria democrática, en desarrollo del artículo 57 de la ley. Será el órgano de participación del movimiento memorialista en cuyo seno se prevé la constitución de una comisión de ámbito estatal, de carácter académico, temporal y no judicial, independiente, con la finalidad de contribuir al esclarecimiento de las violaciones de los derechos humanos, como es este caso, la conocida como comisión de la verdad. Por tanto, en su seno se podrían recibir testimonios, información, recopilación de documentos y otros antecedentes que permitan la elaboración de conclusiones y recomendaciones para la reparación de las víctimas y evitar que tales hechos vuelvan a repetirse en el futuro. Esa comisión contará con personas de reconocido prestigio en el mundo académico, en el ámbito de derechos humanos, elaborará un documento para sistematizar la información existente sobre las violaciones de derechos humanos durante la guerra y la Dictadura con el objeto de superar la fragmentación y dispersión de información y esfuerzos, también de la etapa posterior a esa Dictadura, y podrá proponer un plan ordenado de investigaciones, así como la promoción de metodologías y protocolos de actuación en este ámbito. Cuestiones como las que se plantean hoy en relación con los hechos acaecidos, podrían tener encaje —y lo tienen— y cobertura como posibilidad que permita dignificar nuestra democracia, honrando a quienes lo sacrificaron todo en su defensa, reparando años de olvido y asegurando que quienes vienen tras nosotros conozcan plenamente qué ocurrió en aquellos años, porque solo desde el conocimiento de la verdad podrá evitarse que tan terribles actos vuelvan a producirse. Hay que recordar también que el artículo 6 de la Ley de Memoria Democrática reconoce el derecho a obtener una declaración de reparación y reconocimiento personal a las víctimas definidas en la ley que pueda ser solicitada por las personas afectadas y, si han fallecido, por sus familiares.
Y concluyo, señorías. Por nuestra parte, estamos dispuestos a emprender el mismo camino de reconocimiento que ha realizado ya el Gobierno navarro, que es un camino similar al que hemos de recorrer con los sucesos de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz. Estaríamos ante un reconocimiento institucional del Gobierno para superar un periodo histórico de vulneración manifiesta de los derechos humanos, en este caso cometidos por las propias estructuras del Estado, por empleados del Estado. El reconocimiento debe tener en un doble plano: reconocer que esa violencia sistemática y sistémica…