Marta González Vázquez
Buenas tardes, señorías. Hace tan solo seis días, el 11 de junio, dos hombres pertenecientes a una organización por los derechos de los animales llamada Animal Rising vandalizaron el retrato rojo del rey Carlos III de Inglaterra, obra del artista Jonathan Yeo, expuesto en una galería de Londres. Cubrieron el rostro del monarca con un póster de un personaje de cómic en protesta por determinadas acciones de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales. El día 1 de este mismo mes, se detuvo a una activista en París tras pegar un cartel rojo adhesivo sobre el cristal de la obra Campo de amapolas, de Claude Monet, en el Museo de Orsay. El 4 de marzo pasado, varios activistas atacaron El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, en la Galería Uffizi, en Florencia. Ya habían acudido a atacar también La primavera, otra obra icónica del mismo artista, sobre la que pegaron fotografías de los daños causados en ciudades toscanas por las inundaciones y pegaron sus manos al marco del cuadro en la misma Galería Uffizi, en Florencia, desplegando una pancarta en la que se leía: «No gas, no carbon». Este tipo de actos tuvieron un gran impacto en 2022 y continúan, desde esta fecha, afectando a las obras pictóricas más relevantes e icónicas de la historia del arte. En 2022 fueron muchas las pinturas sobresalientes que fueron atacadas. La Gioconda, en el Louvre. En 2022 un hombre, disfrazado de anciana en silla de ruedas, se levantó de la silla para lanzar una tarta a La Gioconda mientras gritaba proclamas. En enero de 2024, dos personas arrojaron sopa, durante casi dos minutos, sobre los cristales blindados reclamando una alimentación sana y sostenible. (Muestra una fotografía). En la National Gallery de Londres, cubrieron el cuadro El carro de heno, de John Constable, con una imagen distópica del mismo paisaje y, luego, pegaron sus manos al marco. La pintura sufrió daños menores en el marco y en el barniz y el cuadro fue retirado para su restauración. En la National Gallery de Victoria, Australia, dos personas pegaron sus manos al cuadro Masacre en Corea, de Picasso, en una exposición sobre el pintor español. El cuadro sufrió algunos desperfectos. Igualmente, dos mujeres arrojaron sopa de tomate sobre Los girasoles, de Van Gogh, en la National Gallery de Londres, y, después, se pegaron a la pared. (Muestra una fotografía). En un vídeo difundido en redes sociales, una de las autoras dice que practicó toda la noche en el baño de su casa para ser más eficaz en el ataque. Otras dos personas lanzaron puré de patatas contra el cuadro Los almiares, de Claude Monnet, propiedad del Museo Barberini, en Berlín. La directora del museo se mostró aliviada de que la pintura no hubiese sido dañada, pero también manifestó su gran preocupación por los medios con los que estos activistas quieren dar peso y, sobre todo, publicidad a sus demandas. Finalmente, La joven de la perla, de Vermeer de Delft, fue vandalizada en el Museo Mauritshuis de La Haya en octubre de 2022. Uno de los hombres intentó pegarse la cabeza con pegamento a la obra cubierta por un cristal protector, mientras el otro le arrojaba un líquido rojo y se pegaba a la pared. Afortunadamente, la obra no sufrió daños. También hay ejemplos de esta nueva forma de protestas de carácter fundamentalmente publicitario en nuestro país. En noviembre de 2022, en el Museo Egipcio de Barcelona varias personas rociaron con mermelada y un líquido que simulaba petróleo una vitrina que contiene un sarcófago de dos mil setecientos años de antigüedad con una momia en su interior. (Muestra una fotografía). El 5 de noviembre de 2022, dos activistas se pegaron a los marcos de los cuadros La maja desnuda y La maja vestida, de Francisco de Goya, en el Museo del Prado (muestra una fotografía), donde fueron detenidos y acusados de un delito contra el patrimonio. Las mismas personas que en noviembre se habían pegado a los marcos de las majas intentaron hacer lo mismo en esta misma tribuna del Congreso para pegarse a ella. (Muestra una fotografía). Accedieron al hemiciclo como parte de una visita guiada y, afortunadamente, no se produjeron daños porque no culminaron su acción. En marzo de 2023 mancharon con pintura roja la fachada del Congreso. (Muestra una fotografía). En este caso, eran una decena de personas. Un año antes esas mismas personas habían mezclado agua y remolacha para crear un líquido similar a la sangre y teñir también la fachada del Congreso. Se les imputó un delito contra el patrimonio histórico y se les reclamó una indemnización. La limpieza costó al presupuesto del Congreso 2592 euros. El 6 de noviembre de 2023 un nuevo ataque ocupaba las portadas de los diarios contra La Venus del espejo, de Diego Velázquez. (Muestra una fotografía). En este caso el modus operandi del grupo de vándalos fue un poco más violento, rompieron a martillazos el cristal de seguridad del cuadro. La obra de Velázquez sufrió daños leves en su superficie y fue retirada temporalmente de la exposición para su restauración.
Durante siglos, señorías, el arte ha servido como medio preferente para expresar nuestra humanidad, los sentimientos que nos definen como seres humanos, las emociones y percepciones del mundo que nos rodea. Desde las pinturas rupestres en las cuevas de Altamira hasta la pintura contemporánea de Miquel Barceló, el arte y muy especialmente la pintura y la escultura son el espejo más perfecto de los muchos siglos de historia, de las ideas, de las creencias y de las formas de vida. Han sido muchos los atentados cometidos contra diferentes obras artísticas icónicas en la historia, pero en los últimos años se han intensificado, con características diferentes a los ataques anteriores, para los que las legislaciones de los diferentes países y, entre ellos, el nuestro, no están preparadas. Ante el temor a un fenómeno que se multiplica y que aún puede ser más grave, noventa y dos directores de museos, entre los que se encontraban el del Prado, el del Museo Guggenheim de Bilbao, el del Thyssen-Bornemisza, el del Louvre, el del Centro Pompidou, el del MoMA de Nueva York o el Museo Británico, firmaron una carta en la que expresaron su preocupación por este fenómeno; cito textualmente: «Los activistas responsables de estos ataques subestiman la fragilidad de estas irreemplazables obras del patrimonio cultural mundial, que deben ser conservadas». De la misma manera, el ICOM, el Consejo Internacional de Museos, se ha unido a la calificación de todos estos hechos como vandalismo artístico, resaltando la fragilidad de las obras de arte, que son patrimonio de comunidades enteras y de la humanidad en su conjunto. El director del Museo del Prado, Miguel Falomir, subrayó ―y cito textualmente― que existen formas bastante más inteligentes para defender causas nobles. Estos ataques se preparan como un mero espectáculo en busca de notoriedad en contra del cambio climático o de cualquier otro fin, pero convierten esos objetivos en una farsa, un mero espectáculo que puede, en cambio, tener graves consecuencias para la conservación de esas obras artísticas irreemplazables.
Aunque la mayoría de estos vándalos se quedan a centímetros del daño a la obra de arte, lo cierto es que el riesgo es extremo. Algunos museos, mediante la interposición de una denuncia, han pedido contraprestaciones económicas a los manifestantes por los daños causados, otros en cambio no han reportado daños y no se ha denunciado, pero todos los museos mundiales han tenido que intensificar sus medidas de protección, duplicando en algunos casos los gastos de seguridad y reforzando la vigilancia sobre visitantes y también en las salas. Se han visto obligados a modificar los protocolos de seguridad sobre los visitantes, antes limitados a impedir el acceso portando objetos metálicos. Ahora las búsquedas deben ampliarse a identificar líquidos, pegamento u otras sustancias susceptibles de ser utilizadas en estos ataques. Gracias a este refuerzo de las medidas de seguridad, se evitaron actos de vandalismo, por ejemplo, contra el icónico El grito, de Edvard Munch, o contra uno de los autorretratos del Vincent van Gogh. Algunos museos valoran ahora incluso la prohibición de entrar en sus recintos con cámaras de vídeo o teléfonos móviles para impedir la grabación de estos hechos vandálicos, porque el mayor interés para la realización de esos ataques es precisamente su difusión en redes sociales y no otro.
Veamos la respuesta de nuestro sistema jurídico a estos actos vandálicos, cada vez más frecuentes en nuestro país y en todo el mundo occidental. El artículo 46 de la Constitución española encarga a los poderes públicos garantizar la conservación y la promoción del patrimonio histórico, cultural y artístico y de los bienes que lo integran. Este mandato llevó a la elaboración de una ley específica, la Ley 16/1985, del Patrimonio Histórico Español, que establece que la protección y el enriquecimiento de los bienes que lo integran constituyen obligaciones fundamentales que vinculan a todos los poderes públicos. Su Título IX regula las infracciones administrativas y las sanciones para los atentados de que son objeto los bienes integrantes del patrimonio histórico, reservando los ataques más graves, no fácilmente reparables, al ámbito del derecho penal, al que remite el artículo 76.1 de la Ley del Patrimonio Histórico Español. El artículo 323 del Código Penal en su apartado 1 señala pena de prisión de seis meses a tres años o multa de doce a veinticuatro meses al que cause daños en bienes de valor histórico, artístico, científico, cultural o monumental, si se hubiesen causado daños de especial gravedad o hubieran afectado a bienes cuyo valor histórico, artístico, científico, cultural o monumental fuera especialmente relevante. A todo ello debemos añadir el reparto competencial que en materia de patrimonio histórico establece nuestra Constitución. El Estado tiene competencia exclusiva sobre la defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación, la expoliación y en museos, bibliotecas y archivos de titularidad estatal, sin perjuicio de su gestión por las comunidades autónomas, y el artículo 148.1.15.ª y 16.ª atribuye a las comunidades autónomas otras competencias en materia de museos, bibliotecas, conservatorios y patrimonio. Pero la normativa actual no está preparada para prevenir y sancionar muchas de estas nuevas actuaciones en contra del patrimonio histórico. Tampoco las políticas de los museos internacionales se orientaron a prevenir e impedir estos actos, sino que se centraban sobre todo en impedir y prevenir los robos. Por ello, y sin perjuicio de los distintos niveles de protección, con pleno respeto al ámbito competencial, el Grupo Parlamentario Popular propone con esta proposición de ley introducir dos nuevas infracciones específicas en la Ley del Patrimonio Histórico Español que tipifiquen con exactitud las conductas que atentan no solo contra los bienes muebles protegidos, sino contra sus soportes y entornos, que de hecho son los más afectados en esta nueva modalidad. Son dos nuevos supuestos en el artículo 76.1 de la ley.
Señorías, el arte transforma la vida y puede cambiar el mundo por su capacidad de influir en la forma en la que las personas piensan y sienten. No tiene utilidad de evidente…