Carlos Flores Juberías
Con la venia, señor presidente. Señorías, la moción que hoy trae mi grupo a esta Cámara es la consecuencia de la interpelación que dos semanas atrás le planteamos a la entonces ―ya hoy no sé, porque hace un par de horas que no leo la prensa― vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, cuestionando sus improcedentes, inoportunas, erráticas y erradas intromisiones en el diseño (la señora vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Díaz Pérez, abandona el hemiciclo) ―buenas tardes, señora Díaz, páselo bien― y la implementación de la política exterior de España. Unas interferencias improcedentes, porque la señora Díaz carece de competencia para intervenir en un asunto que únicamente compete al presidente del Gobierno y a su ministro, nuestro ministro de Asuntos Exteriores, por más que ninguno de los dos haya dicho —por cierto— esta boca es mía. Unas interferencias inoportunas, porque en más ocasiones de las que sería deseable entorpecen la acción exterior de nuestro país, desacreditan nuestra diplomacia y desconciertan a nuestros aliados. Unas interferencias erráticas, porque carecen de esa mínima coherencia que es exigible a cualquier dirigente político medianamente serio. Y unas interferencias erradas, porque no solo no se encuentran al servicio del interés general de España, sino que acaban siendo repudiadas por nuestros aliados y aplaudidas por nuestros enemigos, cosa por otra parte nada sorprendente. La señora Díaz hace gala exactamente de las mismas habilidades ―suscitar el sonrojo de sus amigos, suscitar la carcajada de sus adversarios― cuando se lanza en la arena de la política exterior que cuando brega en la política interior. En aquella ocasión ―sus señorías lo recordarán―, la señora Díaz consumió sus dos turnos de palabra dedicando el primero a contestar mis argumentos y el segundo a explicarme por qué no me iba a contestar. Lo que hizo no me sorprendió, cuando uno interpela a un dirigente político acerca de la incoherencia entre sus palabras y sus actos y en su respuesta se revela la incoherencia entre sus palabras y sus actos, uno se va a casa con la satisfacción del deber cumplido, pero un poco sí me incomodó. Me quedé con la sensación de que la señora Díaz tenía algo personal contra mí o quizás algo contra mi grupo. Sin embargo, su ausencia en esta sesión de hoy, en la que no solo mi grupo, sino todos los demás grupos de la Cámara van a tener la oportunidad de interesarse por su gestión, me revela que lo que en realidad le incomoda a la señora Díaz es el Parlamento como institución y el parlamentarismo como práctica. (Aplausos). Que a la señora Díaz no le gustan los parlamentos es un hecho. En su condición de máxima dirigente de SUMAR se negó a concurrir a las elecciones autonómicas y municipales de mayo del año pasado, dando a entender que le traían al pairo los problemas de los ocho mil ayuntamientos y de las doce comunidades autónomas que se renovaban en aquel momento; aunque también es verdad que los parlamentos tampoco parecen querer mucho a la señora Díaz. Desde que ha entrado en las refriegas electorales, en las elecciones autonómicas y europeas de este año, sus habilidades políticas han sido tantas que su formación se ha quedado fuera de una Cámara, la gallega, y al borde de la extraparlamentariedad en todas las demás.
Pero, sobre todo, lo que parece que no le gusta mucho a la señora Díaz es el parlamentarismo. Alguien tendría que explicarle que los sistemas parlamentarios, los gobiernos, los conforman los líderes de los partidos que ganan las elecciones —bueno, en algunos países, los conforman los líderes de los partidos que quedan segundos con los líderes de los partidos que quedan cuartos—, porque es precisamente esto, su condición de líderes de un partido con base parlamentaria, lo que les habilita para ser miembros del Gobierno. Lo digo porque, desde esta premisa, me resulta imposible entender la decisión que anunció ayer la señora Díaz de renunciar, a través del plasma, al liderazgo de SUMAR, pero permanecer formando parte del Gobierno. Entiéndanme sus señorías. Después de llevar todo un año arrastrando a su partido de derrota en derrota: sextos en Galicia, quintos en el País Vasco, sextos en Cataluña y quintos en las europeas, después de haber perdido a cuatro de sus treinta y un diputados, después de tener las costuras de su coalición a punto de reventar en media España, su renuncia al liderazgo de SUMAR me parece la decisión más sensata que ha tomado en mucho tiempo. Pero consumada esta, ¿a título de qué permanece la señora Díaz como vicepresidenta del Gobierno? ¿A quién representa en el Ejecutivo? ¿Qué valor aporta a este en términos de estabilidad parlamentaria, de base electoral o de legitimidad democrática que la señora Díaz siga teniendo mesa en la Moncloa? (Aplausos).
En ausencia de la interesada y del señor Sánchez, que son los únicos que podrían respondernos con solvencia, me temo que debo dirigir la pregunta a sus compañeros de partido. ¿Les sigue representando la señora Díaz en el Gobierno de Pedro Sánchez? ¿O debemos asumir que, tras su renuncia al liderazgo en SUMAR, se ha convertido en una suerte de personalidad independiente dentro del Gobierno? Uno de esos estadistas de larga trayectoria, de solvencia, que brindan gravedad, estabilidad y solvencia al Ejecutivo. George Washington fue presidente de Estados Unidos dos veces sin ser líder, ni siquiera militante de un partido, pero igual comparar a George Washington con Yolanda Díaz es improcedente, por la distancia geográfica y temporal que existe entre los dos. Así que les repetiré la pregunta: ¿les representa a ustedes en el Gobierno la señora Díaz? (Varios señores diputados: ¡Sí!) Si la respuesta es sí, ¿cómo va a funcionar esto? ¿Va a consultarles, ya que no es su líder, pero sí que es su portavoz? ¿Les va a consultar cada decisión que se tenga que tomar en La Moncloa? ¿Va a llamar a Más Madrid, a Más País, a más no sé qué? ¿Va a llamar a Compromís, a los comunes, a la Xunta y les va a consultar cada una de las decisiones que tomen? ¿Y si la respuesta es negativa, qué piensan hacer al respecto?
La moción que traemos ahora contempla la reprobación de la señora Díaz como miembro del Gobierno y solicita el cese de ella por parte del presidente del Gobierno. Adicionalmente, también reclama la revocación de la decisión de reconocer al Estado palestino, propone dar respaldo al legítimo derecho de Israel a defenderse frente a las agresiones externas y también compromete a nuestras instituciones en la lucha contra el terrorismo. Me consta que muchos de ustedes no compartirán —algunos por razones de principio, otros por razones un poquito más turbias— muchas de las propuestas que se traen en esta moción. Pero escuchen mi consejo: las oportunidades hay que cazarlas al vuelo, y esta es la primera oportunidad que tienen ustedes de quitarse de encima a la señora Díaz y de poner fin al desdichado experimento político de quien, antes de arruinar el prestigio de España en el exterior, ha arruinado la cohesión interna de nuestro país y, en el entretanto, conducido a la ruina al partido, la formación, el movimiento o lo que sea que antes se llamaba SUMAR y que ahora todo el mundo, con chacota, denomina restar.
Si no les importa el bochorno de nuestros embajadores, obligados a defender lo indefendible en los cuatro puntos cardinales del planeta; si no les importa la zozobra de nuestros empresarios, que no pueden negociar y comercial con Israel...