Esteban González Pons
Señorías, las crisis de las democracias siempre comienzan con una crisis de sus instituciones. Tal y como nos enseña la historia, una democracia naufraga cuando quienes tienen el deber moral y legal de proteger las instituciones comunes abusan del poder. En estos tiempos de polarización, pensamiento único e iliberalismo, los demócratas deberíamos aferrarnos con más fuerza a las instituciones constitucionales y hacer lo posible por fortalecerlas, pues son las instituciones la salvaguarda de la democracia. Pero, por desgracia, ocurre justo lo contrario. Bien sea porque el propio Gobierno se ha instalado en el iliberalismo de izquierdas, bien sea porque su debilidad lo deja a merced de sus socios más extremistas, el caso es que, en el momento histórico más complejo para las democracias europeas desde la Segunda Guerra Mundial, nuestras instituciones cada vez se encuentran más contaminadas y enmudecidas.
Uno de los casos de degradación institucional más graves es el del Congreso de los Diputados en relación con la política exterior de España. Los medios de comunicación y los partidos políticos parece que hayamos aceptado como verdad que la dirección de la política exterior es responsabilidad del presidente del Gobierno, el cual puede ejercerla sin consultar al Congreso y aunque su gabinete no la comparta, y se trata de una mentira gigante. (Aplausos). El artículo 97 de la Constitución dice de forma clarísima que el Gobierno dirige la política exterior, el Gobierno, no el presidente, que, como recoge el artículo 98.2, dirige y coordina al Gobierno, que es un órgano colegiado, pero no sustituye al Gobierno en funciones como la dirección de la política exterior. Esa función la tiene atribuida el conjunto del Gobierno y no el presidente. Piénsenlo. ¿Por qué iba a tener el presidente atribuida la responsabilidad de la política exterior y no la responsabilidad de la política interior? Eso sucede en los sistemas presidencialistas, pero el nuestro no lo es, nuestro presidente no es rey y ni siquiera representa a la fuerza más votada en las últimas elecciones, como ocurre en los sistemas presidencialistas de separación absoluta de poderes. Pero es que, además, el presidente Sánchez ha adoptado la viciosa costumbre de tampoco consultar al Parlamento en sus bandazos de política exterior.
Señorías, esta Cámara no es jamás informada ni consultada sobre política exterior. Les voy a poner algunos ejemplos bochornosos para nosotros como diputados y como representantes del pueblo. Primero, el Sáhara Occidental. Estoy seguro de que la mayoría absoluta de la Cámara rechaza el cambio de posición del Gobierno sobre el antiguo Sáhara español. Diré más: la mitad del Gobierno lo rechaza también. Sin embargo, casi tres años después de que Sánchez se comprometiera con el rey de Marruecos en nombre de España, este Congreso aún no ha recibido explicaciones del Gobierno ni ha tenido ocasión de manifestarse. Tampoco sabemos nada de las importantes relaciones de España con Argelia.
Segundo. La Presidencia española de turno de la Unión Europea es la única de la historia que ha excluido al Congreso de los objetivos, organización y rendición de cuentas. Lo mismo sucede con los fondos Next Generation, pues somos el único Parlamento de Europa que no tiene una comisión especial que fiscalice su gasto, y eso, créanme, cuando uno va por ahí, provoca vergüenza constitucional.
Tercero. Ayer mismo el presidente anunció a bombo y platillo un acuerdo de armamento para Ucrania de más de 1000 millones de euros que llevaba aprobado en secreto desde el 16 de abril. Señora presidenta, créame, lo que más me indigna es que yo pregunté en este hemiciclo a la ministra de Defensa por ese acuerdo, y no fui el único diputado que lo hizo, y la ministra me mintió indecente y conscientemente. (Aplausos).
¿Debe permanecer impasible el Congreso cuando una ministra miente en el salón de sesiones, cuando una ministra no dice la verdad, o debe hacerle pagar por eso? Porque, no se engañen, señorías, cuando el Gobierno desprecia a un diputado de esta Cámara, por más pequeño y humilde que sea ese diputado, está despreciando e insultando a toda la Cámara. (Aplausos.—La señora Montesinos de Miguel: ¡Muy bien!).
Pero sigo preguntando por este tema. Si ese acuerdo del Consejo de Ministros era secreto, ¿es que los ministros de SUMAR fueron engañados y no supieron lo que estaban aprobando? Si ese es el caso, si el acuerdo de armas para Ucrania no se les comunicó a los ministros que lo estaban aprobando, entonces sería ilegal y, posiblemente, prevaricador. ¿O es que los ministros de SUMAR sí supieron lo que aprobaban y estuvieron de acuerdo en mantenerlo en secreto? Porque entonces los aspavientos de ayer de Ernesto Urtasun serían cinismo de la peor calaña, y me duele tener que decirlo. (Aplausos.—La señora Montesinos de Miguel: ¡Bravo!).
A este respecto, la vicepresidenta ha dicho hoy que el Gobierno no es transparente y ha añadido que es muy grave ¿Qué hago, río o lloro? ¿La vicepresidenta del Gobierno cree que el Gobierno del que ella es vicepresidenta no es transparente y que eso es muy grave? Parece un chiste. (Aplausos). Si a la vicepresidenta la engañaron y, engañada, aprobó el gasto de 1300 millones de euros en armas para Ucrania sin saber que lo estaba aprobando, debe ir de inmediato a la Fiscalía porque es un delito. Si a la vicepresidenta no la engañaron, supo lo que aprobaba, y ahora está haciendo teatro, es mejor que deje el teatro y quizá también la política. (Aplausos). Estamos ante algo muy peligroso: o medio Gobierno fue engañado por el otro medio Gobierno o el Gobierno al completo está engañando a todos los españoles.
Y sigo. El presidente ha dicho que no traerá ese acuerdo con Ucrania a la Cámara porque no lo considera necesario. Pues bien, el artículo 94.1 de la Constitución dice que requieren previa autorización del Congreso los tratados o convenios de carácter militar, y uno que transfiere armas a un país en guerra es, indudablemente, de carácter militar. Y el artículo 2 del Convenio de Viena dice que un tratado lo es con independencia de su denominación particular. Pues bien, si estamos ante un acuerdo de carácter militar entre España y Ucrania, lo cual cae por su propio peso de puro obvio, estamos ante un instrumento de los que, según la Constitución, requieren autorización previa del Congreso, y, en lugar de pedirla, el Gobierno, en su todo o en su parte, está mintiendo a la Cámara. ¿Realmente piensan sus señorías que esto es aceptable para el Parlamento, que podemos permanecer impasibles sin alzar la voz en nombre de la Constitución y de la democracia?
Señorías de SUMAR, si sus ministros fueron engañados cuando se aprobó este gasto de defensa el 16 de abril, por favor, insisto, vayan a los tribunales porque se ha cometido una ilegalidad, pero si ustedes han formado parte de la decisión y ahora fingen que todo estaba oculto, que el Gobierno no es claro y que no se enteraron, si todo es una ficción, dejen de rasgarse las vestiduras, por favor, porque además de mentirosos quedarán de hipócritas. (Aplausos). Y si quieren que el Congreso se pronuncie, señores de SUMAR, aquí tienen ustedes los votos del Partido Popular para facilitarlo, porque, aunque nuestra posición de fondo será distinta de la de ustedes, estamos a favor de que el Congreso no se convierta en una mera sucursal de la Moncloa.
Y todavía pondré un cuarto ejemplo. El Gobierno ha aprobado hoy el reconocimiento del Estado palestino sin contar con el respaldo de ninguna de las dos Cámaras. No hay una mayoría a favor de este reconocimiento en estos momentos ni en el Congreso ni en el Senado, pero el Gobierno ha actuado de la misma manera, sin consultar y sin someter su decisión al Parlamento. De este modo parece el Gobierno dar la razón a quienes piensan que no se hace por razones de política exterior, sino de política interior.
Pregunto, y quien pregunta no ofende, si es consciente el Gobierno de hasta qué punto la ministra de Defensa acusando a Israel de genocidio puede poner en riesgo a los seiscientos cincuenta hombres y mujeres que se integran en el contingente español en el Líbano y que necesitan, para su seguridad, la colaboración de la inteligencia de Israel. Que lo diga cualquier otra ministra puede ser imprudente, que lo diga la de Defensa, teniendo mujeres y hombres en el Líbano, es, como mínimo, irresponsable. (Aplausos).
Mi grupo está a favor de la solución de los dos Estados, del alto el fuego inmediato y de la liberación de todos los secuestrados. Estamos espantados por las imágenes que vemos y queremos que la paz llegue cuanto antes.
Señorías, como dice el profesor Manuel Aragón, parlamentarismo presidencialista es un oxímoron, porque parlamentarismo y presidencialismo son términos que se repelen. Hoy tenemos la oportunidad de decirle al Gobierno y a toda España que este Congreso de los Diputados no renuncia a su competencia en política exterior. En sus manos está, en su sí o en su no, que esta Cámara sea un Parlamento digno y autónomo o la mera sucursal del Palacio de la Moncloa. (Aplausos).
Me queda un minuto. Puede que esta sea mi última intervención en esta mi breve vuelta a los escenarios y a este Congreso de los Diputados, así que lo gastaré pidiendo disculpas a todo aquel a quien haya podido ofender con mis palabras en este tiempo y, a quienes no, rogándoles que velen por la independencia de este Congreso de los Diputados. Sin Parlamento no hay democracia, por más Gobierno que haya.
Muchas gracias. Gracias, presidenta. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).