Javier Sánchez Serna
PodemosDiputado.Página 111Vídeo
Gracias, presidente. Señorías, hoy traemos a este Pleno una moción consecuencia de la interpelación a la ministra de Defensa, Margarita Robles, que tiene como objeto poder debatir el papel de España en la escalada bélica que está azotando a Europa y a todo el mundo. Y digo poder debatir porque hasta ahora estamos ante un debate que se ha tratado de evitar deliberadamente en esta Cámara. Miren, el pasado 16 de abril conocíamos que el Gobierno de Pedro Sánchez daba luz verde a un paquete de gasto extraordinario para la compra urgente de armamento y munición por valor de 1129 millones de euros; 1129 millones de euros es el equivalente a lo que el año pasado gastó el Gobierno en la financiación de la investigación científica. El gasto militar está aumentando ocho veces más de lo que invertimos, por ejemplo, en sanidad. Asimismo, la semana pasada también estaba prevista una cumbre bilateral entre Pedro Sánchez y Volodímir Zelenski para garantizar ayuda militar a largo plazo a Ucrania, una cumbre que, aunque finalmente no tuvo lugar, solamente se ha aplazado. Estas medidas además vienen precedidas por numerosos anuncios por parte del Ministerio de Defensa para elevar el gasto militar al 1,3 % del PIB en esta legislatura y alcanzar un 2 % al final de la legislatura, justo lo que pedían los Estados Unidos de Trump. Es evidente que el Gobierno de Sánchez sigue muy comprometido con los planes de la OTAN y, por tanto, con la vía del rearme y la militarización de Europa. Sin embargo, el Congreso de los Diputados, la sede de la soberanía popular, todavía no ha podido pronunciarse ni una sola vez sobre estos planes de guerra, cuando yo creo que es evidente que suponen la participación de España en una guerra y tienen detrás un compromiso de gasto público muy evidente, gasto público que antes o después se tendrá que retirar de educación, de sanidad o de dependencia para destinarlo a gasto militar. Además, estos planes de guerra se están revelando como una vía muerta para ayudar a Ucrania, si es que eso era lo que se planteaba, si es que ese era el objetivo. Dos años después del inicio de la guerra todo sigue igual, los combates en Ucrania se juegan por ganar 5 o 6 kilómetros de tierra, que conforme ganan unos, lo recuperan otros; mientras, se multiplican los muertos jóvenes ucranianos, jóvenes rusos para mover un poco la frontera, pueblos y ciudades son devastadas y miles de millones de dólares se ven volatilizados. No son pocos los analistas militares que ya apuntan a que esta guerra no se va a resolver en un campo de batalla, por mucho dinero que se dilapide en armamento y munición, que antes o después se tendrá que llegar a una suerte de negociación o armisticio entre Rusia y la OTAN, puesto que esto es una guerra proxy entre Rusia y la OTAN.
La carrera de armamentos solo está sirviendo para enriquecer a una poderosa industria de armamento, y, paradójicamente, está comprometiendo nuestra seguridad, al escalar tensiones entre potencias nucleares. España es el país del «no a la guerra» y este Gobierno progresista no puede seguir acríticamente la senda que le marcan los halcones de la guerra, como Josep Borrell. Y, por eso, esta moción lo que está pidiendo, justamente, es revocar ese acuerdo extraordinario de Gobierno del 16 de abril, por el que se destinaban 1129 millones de euros a la compra de material militar, porque España debe y puede ser una potencia de paz, que apueste por las vías diplomáticas y por un nuevo esquema de seguridad entre Europa y sus vecinos; y porque seguir la guerra de los norteamericanos, como ya se ha demostrado en el pasado, solo nos hace más pequeños, más dependientes de los norteamericanos y, paradójicamente, más vulnerables.
Señorías del Partido Socialista, la paz no se construye con más gasto militar y con más rearme, como dijo aquí la ministra Margarita Robles. La paz en estos momentos se consigue, fundamentalmente, parando el genocidio en Palestina, que es lo que puede desestabilizar toda la región de Oriente Medio y que está dejando la credibilidad de la Unión Europea por los suelos. Sabemos que hoy el presidente del Gobierno ha anunciado el reconocimiento del Estado de Palestina. No ha anunciado qué fronteras se van a reconocer, dicen que no hace falta —ahora mismo, solamente sería un 23 % del territorio que están pidiendo los palestinos—, ni tampoco nos dicen qué medios va a poner España para que esas fronteras que se reconozcan puedan ser internacionalmente respetadas. Realmente, desconocemos si este anuncio va a tener efectos reales y si va a servir para parar el genocidio. Nosotros pensamos que ahora mismo lo más urgente sería adoptar medidas concretas para que Israel deje de masacrar al pueblo palestino, medidas que realmente fuercen a Israel a que pare ese genocidio.
Señorías, la semana pasada la llegada del buque Borkum al puerto de Cartagena puso sobre la mesa el debate sobre el tránsito de armas a Israel desde los puertos españoles. Según el ministro Óscar Puente, el BDS y Podemos mentían, pero, por lo que sea, el carguero Borkum salió huyendo y no hizo escala en Cartagena, tras una movilización y también tras una denuncia de Podemos en la Audiencia Nacional para examinar la documentación y la carga de ese buque. La realidad, señorías, es que este episodio ha destapado una ruta alternativa a la del mar Rojo para el comercio de armas con Israel. De repente, han comenzado a aparecer barcos con armas como el Marianne Danica. Y la pregunta es clara: ¿Cuántos han pasado por esta ruta en los siete meses que llevamos de genocidio? ¿Ha permitido el Gobierno español este comercio de armas hasta que la filtración del BDS lo ha puesto al descubierto?
Con esta moción pretendemos tres cosas, señorías. En primer lugar, queremos revocar el acuerdo del Gobierno para la compra urgente de armamento y munición por valor de más de 1129 millones de euros, lo he dicho ya. En segundo lugar, queremos que España pase de las palabras a los hechos con Palestina. Está bien el reconocimiento, pero de nada sirve reconocer el Estado de Palestina si no quedan palestinos y si nuestro país sigue permitiendo el comercio y el tránsito de armamento letal por nuestros puertos. Y, en tercer lugar, queremos que las decisiones sobre la participación de España en una guerra, y, particularmente, el acuerdo bilateral entre España y Ucrania para garantizar ayuda militar a largo plazo, se pueda votar y debatir aquí, en la sede de la soberanía popular. Porque, lamentablemente, esta no ha sido la tónica, las decisiones sobre la guerra se están tomando a puerta cerrada y se están tomando en reuniones con los halcones de la industria armamentística.
Nada más y muchas gracias.