Belén Hoyo Juliá
Muchas gracias, presidente. Señorías, hace doce años, cuando llegué a este Parlamento, las cuestiones de política exterior funcionaban infinitamente mejor. ¿Y por qué esta decadencia? Se preguntarán ustedes. Pues porque hay un actor que ha cambiado, porque el Partido Socialista cuando se mira al espejo ni siquiera se reconoce. Por lo visto, ni el señor Albares, ni el señor Sánchez aprendieron nada de las lecciones que nos daba Javier Solana cuando nos reunía, hace aproximadamente una década, una vez al mes. Y eso que no le faltaba razón cuando nos decía que determinadas cuestiones no son ni de derecha ni de izquierda, sino de puro sentido común. Y es que si hay una política de Estado que se debe consensuar y no llevar a los extremos esa es la política exterior, señorías. Consensuar no es decir: esto es lo que hay; si quieres, lo tomas y si no, lo dejas. En los últimos años no se ha consultado con nosotros absolutamente nada sobre los temas capitales que están marcando la agenda internacional. No han tenido en cuenta que el Partido Popular es el mayoritario no solo en esta Cámara y en el Senado, sino también en la mayoría de parlamentos autonómicos, ayuntamientos, diputaciones, cabildos y consells insulares. (Aplausos). Estamos viendo cómo las decisiones del Gobierno socialista en política exterior son incoherentes. Puede que Sánchez, como ahora va en cohete, crea que la política exterior es marciana y se hace en Júpiter o en Saturno, pero no. Este es el mundo en el que nos encontramos y nos movemos. (Muestra un mapamundi). Aquí no hay extraterrestres, pero sí hay monstruos, como Putin o Maduro, a los que hay que poner en su sitio y hay que pararles los pies. (Aplausos). Si miramos este mapa, señorías, resulta que el Gobierno no acierta ni una, ni de norte a sur, ni de este a oeste. Cada vez que nos equivocamos, perdemos presencia e influencia y, en consecuencia, perdemos competitividad, y esto los españoles no nos lo podemos permitir. Si no, que se lo digan a los empresarios que todavía no se han recuperado de las tensiones con Argelia. Solo en mi comunidad se suman pérdidas por encima de los 50 millones de euros al mes. Ahora mandan a una enemiga del campo y de la industria como candidata al Parlamento Europeo. Y es que Teresa Ribera, con su transición caótica, ha puesto en jaque no solo a nuestros motores económicos. Pensemos en el apoyo de España a Ucrania. Lo que necesitan los ucranianos para combatir a Rusia son más medios y más respaldo militar. El Gobierno debe cumplir con los compromisos que tenemos con la OTAN y aumentar el presupuesto en materia de defensa. En esto no van a tener ningún problema con nosotros, pero sí lo van a tener con la mitad del banco azul. Pero también es necesario que se reduzca el gas que le compramos a Rusia, porque, precisamente, gracias a las políticas energéticas de Teresa Ribera, somos su mejor cliente y Rusia es el segundo proveedor de nuestro país. ¿Y cómo creen ustedes que Putin financia la invasión a Ucrania?
Por otro lado, y respecto al Reino Unido y la situación pos-Brexit, todavía estamos esperando algo de información y transparencia en la negociación respecto a Gibraltar. Hace falta un acuerdo, pero no cualquier acuerdo. Deben tenerse muy en cuenta los derechos de los trabajadores españoles, que la fiscalidad sea equiparable, control efectivo del mercado interior y Schengen, los aspectos medioambientales y cómo va a quedar la situación tanto de la base militar como del Campo de Gibraltar.
Y Marruecos es otro ejemplo de cómo el Gobierno ha perdido el equilibrio. Los más de 47 millones de españoles no podemos ser rehenes de lo que tenga Sánchez en su móvil o de lo que haya hecho su entorno. No hay mayor muestra de egoísmo político que anteponer los intereses de dos personas a los de todo un país. Y el bandazo en la posición sobre el Sáhara Occidental es inaceptable, señorías. Que tras cuarenta años de una postura unánime y consensuada sobre este contencioso se dé un giro radical y no se expliquen los motivos no es que no lo entienda mi grupo parlamentario o la mayoría de la sociedad española, es que hay muchos diputados en su bancada que tampoco lo comparten. También nos gustaría saber si Marruecos ya ha puesto fecha para la reapertura de la aduana comercial en Melilla y la apertura de la de Ceuta. ¿Cuál es la hoja de ruta de la que tanto hablan pero que nadie conoce?
Señorías, si miramos al este, nos encontramos ante unas imágenes que jamás pensábamos que se iban a producir en este siglo y que todos deseamos que se acaben ya. Es necesario que en el conflicto de Gaza se respeten los derechos humanos y se cumpla la legalidad internacional. Lo urgente es que haya un alto al fuego, que se liberen los rehenes, que la ayuda humanitaria llegue a cada uno de los civiles que, de forma injusta, están sufriendo este conflicto, y que se evite también la escalada regional. Consideramos que la solución pactada en 2014 sobre los dos Estados es el camino adecuado para conseguir la paz y la estabilidad en la región, pero debemos tener claras dos premisas: la primera, que debemos ir de la mano de nuestros socios europeos y de nuestros principales aliados; y la segunda, que Hamás no puede ser un interlocutor válido. (Aplausos). Y, en este sentido, le digo al Partido Socialista: Hace doce años el Partido Socialista se hubiera avergonzado de que un grupo terrorista como Hamás le hubiera felicitado y, desde luego, se hubiera desmarcado.
Y si miramos al oeste, no podemos olvidar lo que necesitan nuestros países hermanos, con los que nos unen no solo unos grandes vínculos económicos y sociales, sino unos lazos emocionales inquebrantables, que están por encima de cualquier interés personal, señorías. Resulta curioso que, si se ataca al entorno del presidente, se tiene la piel muy fina y, sin embargo, cuando son líderes del Grupo de Puebla, como, por ejemplo, López Obrador, los que se meten, eso sí, con nuestras instituciones, el Gobierno no hace nada, se queda de brazos cruzados. Y es que el Partido Socialista de Pedro Sánchez se guía por el color político y no por los principios fundamentales de democracia y de libertad. Quizá, por eso, no protegen a los presos políticos cubanos; por eso, callan ante la vulneración de derechos humanos en Nicaragua; por eso, votan en contra de proteger a los periodistas en México; por eso, no se oponen a las detenciones arbitrarias en Bolivia o, por eso, se ponen de perfil ante unas elecciones que, desde luego, no tienen ninguna garantía en Venezuela.
Señorías, como ven, la política exterior se ha convertido en una política de partido, cortoplacista, con sobreactuación, por razones electorales. A mi grupo parlamentario le gustaría que volviera a ser una política de Estado.
Muchas gracias. (Aplausos).