Andrea Fernández Benéitez
Gracias, presidenta. Buenas tardes, señorías. Hoy tengo el honor de presentarles en nombre de mi grupo parlamentario, el Grupo Parlamentario Socialista, la proposición de ley para eliminar el proxenetismo en todas sus formas. Esta proposición es tan importante para nosotros que la hemos presentado en el momento en que hemos tenido cupo tras su presentación. Como muchas y muchos de ustedes recordarán, este texto tiene ya un largo recorrido en esta Cámara. Nació como una reivindicación de las socialistas en la ley de libertad sexual. En aquellos momentos, exigíamos que el proxenetismo se abordara atendiendo a las carencias de la actual redacción del tipo penal y también persiguiendo otras conductas que consideramos esenciales para que el proxenetismo deje de ser prácticamente impune en España. Lamentablemente, aquella exigencia se quedó fuera de la ley de libertad sexual dada la presión que algunos grupos parlamentarios ejercieron. Semanas más tarde convertimos aquellas enmiendas en una ley para superar los vetos cruzados porque en aquel momento teníamos el compromiso del Partido Socialista —obviamente—, de Unidas Podemos y también del Grupo Parlamentario Popular. Así fue. La toma en consideración, el mismo trámite que celebramos hoy aquí, salió adelante. Fue gracias, como decía, a los apoyos del Partido Socialista, del Partido Popular y de Unidas Podemos. Por desgracia, la legislatura terminó y no pudimos aprobarla definitivamente. Hoy estamos otra vez aquí debatiendo una ley que aborda algo muy sencillo: la persecución del proxenetismo, es decir, el lucro y el aprovechamiento de la prostitución de otra persona. En otras palabras, hablamos de perseguir a una industria criminal que actúa internacionalmente y con razonable impunidad en España. Durante la tramitación de la ley de libertad sexual y de este mismo texto la pasada legislatura, pudimos escuchar argumentos de todo tipo. Se clamó por la libertad de las mujeres, se nos acusó de moralismo e, incluso, llegamos a rechazar una delirante enmienda a la totalidad donde se apostaba por regular el trabajo sexual dependiente; el trabajo sexual dependiente como contraposición a una ley que busca perseguir el proxenetismo. El despropósito defendido aquellos días en esta tribuna sonrojará a sus abogados en el futuro, no tengo ninguna duda. (Aplausos).
Todos ustedes saben que mi grupo considera que no existe la prostitución libremente elegida, pero, incluso para quienes es así, ¿qué problema hay en adecuar el tipo penal del proxenetismo a una definición que permita perseguirlo de manera efectiva? Señorías, esto no lo dice el Grupo Parlamentario Socialista, es la Fiscalía General del Estado la que lleva años alertando sobre la inoperancia de este tipo penal. ¿Saben ustedes que la Asociación Mujeres Juezas alertó que en 2021 solo se dictó una sentencia persiguiendo un delito de proxenetismo? ¿Les parece razonable esto? ¿Creen que esto no merece un profundo debate en términos de derecho penal?
Voy a ir más lejos. Muchos de ustedes hablarán hoy aquí de la libertad de elección de las mujeres, de las mujeres que deciden prostituirse libremente; sin embargo, este discurso obvia elementos muy importantes sobre la naturaleza de la industria del sexo. La prostitución, fuera del imaginario que algunos pretenden establecer, no es un trabajo autónomo, es, sobre todo, un negocio millonario y muy lucrativo para unos pocos, un negocio que requiere de miles de mujeres. ¿Ustedes creen que hay miles de mujeres en España que quieren ejercer libremente la prostitución? (Aplausos).
Para cubrir la inmensa demanda, es imprescindible recurrir a técnicas de sometimiento, de extorsión y de violencia sobre miles de mujeres vulnerables, generalmente migrantes. Dicen algunos de ustedes que vamos a condenar a la marginalidad y a la exclusión, pero ¿dónde creen que están ahora esas mujeres, señorías? ¿Ustedes creen que un Gobierno que apuesta por una ambiciosa ley de trata, por el Plan Camino o por este texto va a dejar a las mujeres en situación de prostitución en la vulnerabilidad, en la marginalidad? (Aplausos). Esas mujeres de las que hablo son condición para que exista, si la hay, algún tipo de libertad. Esa es la realidad y esas son los miles de mujeres que a través de esta ley vamos a proteger.
Señorías, en el mundo del comercio sexual cuando una mujer logra escapar o salir es sustituida por otra en un puñado de horas, por eso, pese a que las medidas emancipadoras son imprescindibles, no son suficientes. No son suficientes porque para los proxenetas, las mujeres y las niñas son infinitas. Necesitamos un código penal afinado, necesitamos el encomiable trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, y necesitamos una política criminal que persiga estos delitos como una prioridad.
Señorías, estamos hablando de una lacerante violación de derechos humanos. En cualquier caso, por supuesto, las medidas emancipadoras son imprescindibles. Son medidas, por cierto, como las que puso en marcha el Ministerio de Igualdad en la pasada de legislatura y que la ministra Redondo ha ampliado. Les hablo de los 12 millones de euros que en dos años han ayudado a más de treinta mil mujeres. Por supuesto que esa es la senda y en ella hay que seguir ahondando, tal y como está haciendo, como decía, la ministra Redondo y todo el Gobierno de España.
Dicho esto, les invito a reflexionar sobre la primera libertad que se ejerce cuando hablamos de prostitución, la de pagar por sexo. Les invito a que se hagan la pregunta de por qué existe todo un mercado a disposición de los hombres en el cual pueden pagar por sexo en todo rango de precio y en todos los lugares de España. Señorías, ¿por qué creen que no existe un mismo mercado igual a disposición de las mujeres? La raíz de la prostitución, señorías, es el machismo, es la violencia contra las mujeres, es la prevalencia del varón sobre las mujeres y, sobre todo, es la percepción de las mujeres como un bien. (Aplausos). Si alguien cree que existe una libertad legítima, alguna libertad digna de ser protegida en todo esto, no cuentan ustedes con el Partido Socialista, del mismo modo que no cuentan para regular la gestación subrogada o la venta de órganos, sencillamente porque existe lo que llamamos —heredado nada menos que del derecho romano— el concepto de res extra commercium, aquello con lo que no se puede comerciar si nos apoyamos hoy en los principios que sostienen una democracia liberal. De verdad, señorías, hay debates que ya tenemos resueltos hace mucho tiempo.
Quiero recordarles que la principal aportación, la ley integral contra la violencia de género de 2004, aquella que se recurrió al Tribunal Constitucional y que tantas vidas ha protegido, fue una reforma del Código Penal. Les recuerdo también que la ley que protege a las mujeres que deciden interrumpir voluntariamente su embarazo y que son acosadas en las puertas de las clínicas, es también una reforma del Código Penal. Rechazar el derecho penal es renunciar a elevar la violencia contra las mujeres a la categoría de delito. Señorías, un derecho penal garantista, ponderado y equilibrado es imprescindible para cualquier ordenamiento jurídico protector en democracia. En cualquier caso, les adelanto ya que me siento profundamente orgullosa de que mi grupo sea profundamente punitivista contra los que pagan por sexo, contra los proxenetas y contra los que alquilan locales para permitir esta práctica. (Aplausos).
Señorías, permítanme que les diga que no puedo entender que algunos de ustedes necesiten disipar dudas en torno a esta cuestión. Sé que algunos de los grupos parlamentarios pedirán una comisión de estudio o algo similar. Por eso debo recordarles que este debate impregna los frescos de esta Cámara desde que en 1932 la diputada Campoamor pidiera la abolición de la prostitución desde esta misma tribuna. Más recientemente lo hemos abordado en una ponencia de estudio en 2006, a través de una subcomisión en 2015, mediante una propuesta presentada por el PSOE en 2019 y en las comparecencias de expertos en el seno de la ley de libertad sexual en 2021. Argumenten lo que consideren justo, señorías, pero no digan que no hemos hablado suficiente de esta cuestión. (Aplausos).
Señorías, llegados a este punto y dada la complejidad de este proceso, debo mostrar mi enorme agradecimiento a las organizaciones sociales, que nos acompañan siempre pero que hoy lo hacen desde la tribuna, y por supuesto también a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, por luchar con total firmeza y corazón por esta causa. (Aplausos). Y también, por supuesto, un enorme agradecimiento a mi grupo parlamentario, al Grupo Parlamentario Socialista, que es particularmente valiente y arrojado con esta cuestión.
Voy terminando, señorías. Sé que esta proposición no goza de aceptación entre algunos grupos, y así lo manifestarán legítimamente. Por eso, quiero dirigirme a Podemos, a SUMAR y al Partido Popular, que ya apoyaron la toma en consideración de esta misma ley en la pasada legislatura. Aparquen, por favor, los juegos, el regate corto y la política de bajo nivel. Estemos a la altura de la palabra dada, estemos a la altura de las víctimas, sí, señorías, y de lo que compartimos como partidos responsables. Apostemos por la negociación y el acuerdo y apostemos también por escucharnos durante el trámite parlamentario. Sé que en el Partido Popular y en SUMAR hay muchas personas, a las que respeto, que creen en esta iniciativa; es más, en concreto el Partido Popular nos manifestó desde esta tribuna —y se lo voy a citar textualmente— que la persecución del proxenetismo en todas sus formas es también nuestro objetivo, y los animo para que no se dejen presionar por nada ni por nadie. Esto nos dijeron ustedes hace escasamente un año.
Señorías, aquí estamos, aquí está el Grupo Parlamentario Socialista, fiel a su compromiso y a su palabra, firme ante las presiones, con la cabeza alta y las convicciones de quienes creen en la igualdad y en la justicia con las víctimas de la peor violencia contra las mujeres que aún tenemos pendiente. Señorías, sean leales, sean leales a su palabra, a lo que ello implica, practiquen la lealtad con su país. Les tiendo la mano y lo hago de corazón, agradecida por el apoyo que prestaron a esta iniciativa en el pasado. Les ruego, por favor, que no lleguen ustedes tarde a este enorme avance social.
Muchísimas gracias, presidenta. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista y de los miembros presentes del Gobierno, puestos en pie.—La señora Fernández Benéitez se dirige al escaño de la señora ministra de Igualdad, Redondo García, y se dan un abrazo).