Muchas gracias, señorías. Muchas gracias, señora presidenta. (Continúan los aplausos). Muchas gracias. Muchas gracias, señorías.
Señoras y señores diputados, señor presidente y miembros del Gobierno en funciones, permítanme que salude antes de empezar al presidente del Senado y a los senadores que nos acompañan hoy, a buena parte —a la mayoría— de los presidentes autonómicos, al alcalde de Madrid y al resto de regidores presentes, a la presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias y alcaldesa de Jerez, al conjunto de asistentes en la tribuna y, sobre todo, a los españoles que nos siguen desde sus casas. Gracias a todos por su interés en un debate de investidura que, en mi opinión, es determinante para España. Imaginarán que también lo es para mí, en el ámbito personal. Es un honor intervenir por primera vez en esta tribuna y es un honor doble hacerlo como candidato a la Presidencia del Gobierno de mi país, designado por su majestad el rey.
Sin más preámbulos, señorías. La amnistía o cualquier fórmula equivalente o análoga es un instrumento adecuado para superar el conflicto catalán. Igualmente, este conflicto no se resolverá de manera definitiva si no contemplamos el derecho a decidir del pueblo de Cataluña mediante un referéndum o cualquier fórmula equivalente o análoga. Con esto bastaría, ¿no? Repito: La amnistía o cualquier fórmula equivalente o análoga es un instrumento adecuado para superar el conflicto catalán. Igualmente, ese conflicto no se resolverá de manera definitiva si no contemplamos el derecho a decidir del pueblo de Cataluña mediante un referéndum o cualquier fórmula equivalente o análoga. Con esto bastaría, ¿no? Pues no, no voy a defender eso. Tengo principios, límites y palabra. (Aplausos).
Señorías, digo que no voy a defender eso porque tengo principios, límites y palabra y, sobre todo, tengo un deber que no voy a eludir. En primer lugar, me debo a más de ocho millones de compatriotas que le dieron la victoria al Partido Popular en las pasadas elecciones generales, y no voy a abusar de la confianza de los votantes, yo no. En segundo lugar, tienen mi respeto más de tres millones de españoles que respaldaron a otras formaciones que no son la mía y que me han confirmado su apoyo a esta investidura. Finalmente, me siento representante de la inmensa mayoría de españoles que el 23 de julio votaron a partidos que tampoco llevaban en su programa electoral ni amnistía ni autodeterminación ni ninguna fórmula equivalente o análoga. (Aplausos). Me debo a todos ellos. Me debo a quienes clamaron igualdad este domingo en las calles de Madrid; me debo, en definitiva, a la mayoría de los españoles y de las españolas.
Por otro lado, preservo en mi diario las reiteradas ocasiones en que a lo largo de mi vida prometí guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado. Jamás lo hice por imperativo legal. (Aplausos). Soy consciente de que nuestra carta magna es el acta de nacimiento de la España democrática, así como el fundamento de nuestro progreso a través de la España de las autonomías. Por eso no comparto que este texto pueda ser burlado mediante subterfugios que desprecien el esfuerzo de nuestros constituyentes, y mucho menos acepto que la carta magna sea directamente controvertida con decisiones que eliminen de un plumazo la igualdad de todos los españoles. Por esta convicción, ya les adelanto que en el proyecto que vengo a presentarles no figura la amnistía, no figura la autodeterminación de parte de la nación ni fórmulas análogas o equivalentes. Ante la deriva de las peticiones oídas en las últimas semanas, entiendo que alguien que aspira a ser presidente de todos los españoles, de todos, debe dejar esto claro desde el primer momento. Yo lo hago. Para mí ni jurídica ni éticamente es aceptable. Fuera de la Constitución no hay democracia. (Aplausos).
Señorías, ningún fin, ni siquiera la Presidencia del Gobierno, justifica los medios. Por eso, por donde otros ya han pasado y parecen dispuestos a pasar, yo no. No paso por renunciar a la igualdad de los españoles y a todo lo que compartimos para ser presidente del Gobierno; no paso por ningún aro que me impongan en contra del interés general para ser presidente del Gobierno, y no paso por traicionar la confianza de los españoles que me votaron para ser presidente del Gobierno, porque, además, defendiendo todo esto, mi partido ganó las elecciones. Sí, ganó las elecciones. (Aplausos). Mi partido ganó las elecciones, como, por cierto, viene ocurriendo en todos los comicios desde que tuve el honor de asumir la presidencia de mi partido hace algo menos de dieciocho meses. Ganamos en Andalucía, en las municipales, en las autonómicas y también, por más que algunos de ustedes no hayan querido reconocerlo ni con la más mínima cortesía, ganamos las elecciones generales el 23 de julio. Sí, ganamos las elecciones de forma incontestable, con dieciséis escaños más que la segunda fuerza, con mayoría absoluta en el Senado y con más diputados, 137, de los que nunca ha alcanzado el actual presidente en funciones en las cinco elecciones a las que se presentó. (Aplausos).
Señorías, si haber ganado las elecciones es la primera razón por la que hoy estoy aquí, la segunda razón es que en la ronda de contactos con el jefe del Estado me presenté con un número de apoyos —172— que a día de hoy, salvo que lo oculten a los españoles, ninguna de sus señorías ha superado. Pretendo decir con ello que este debate es la consecuencia lógica del resultado electoral, para que la legislatura arranque, para que, como mínimo, el contador se active y para que todos tratemos de elegir una salida para España tras unas elecciones en las que ningún partido ha conseguido la mayoría absoluta. Es la normalidad democrática. Luego, ¿por qué algunos de los presentes no quieren que yo esté aquí?
En las últimas semanas, los españoles han tenido que escuchar expresiones de desprecio al voto que ejercieron libremente, interpretaciones insólitas de los resultados e incluso descalificaciones a la coherente propuesta de su majestad el rey. A todos, especialmente a la segunda fuerza, la que parece más ofuscada, les pregunto: ¿Qué se debería haber hecho, según ustedes? ¿Modificar la inalterada práctica democrática porque le conviene al actual líder del Partido Socialista? ¿Tendría que haber considerado el rey las publicaciones en redes sociales de los partidos que se negaron a acudir a la Zarzuela, como establece la Constitución? ¿O quizá tendría que haber esperado a que se convocase una rueda de prensa en Bruselas para que también al rey se le pusiesen condiciones? La respuesta es obvia. Por eso, añado: ¿Cómo es posible que, si tan satisfechos se muestran ahora por el que suponen que será el resultado de esta sesión, estuviesen tan empeñados en que esta sesión no se celebrase? ¿Cómo puede ser que quisieran renunciar altruistamente a esta oportunidad de regocijo? Insisto, ¿por qué no quieren que estemos aquí? (Aplausos). Le diré por qué: No quieren que estemos aquí porque esta sesión de investidura trunca su relato y les recuerda el resultado del que han renegado desde la misma noche electoral; porque esta sesión de investidura dificulta el aterrizaje en la opinión pública del precio que otros se plantean pagar para seguir en el poder, y porque, al fin y al cabo, esta sesión de investidura nos retrata a todos, nos retrata hoy y nos retratará en el futuro, en el que todos volveremos a responder a los españoles. Retrata a quien acude como un candidato libre para cumplir su palabra con los electores y a quien no lo hizo ni lo hará; retrata a quien ha llegado a acuerdos con diferentes partidos sin renunciar ni a sus convicciones ni a sus compromisos y a quien no lo hizo ni lo hará, y retrata a quien antepone el interés general a la ambición personal y a quien no lo hizo ni lo hará. (Aplausos). Señorías, me retrata a mí y le retrata a usted, señor Sánchez.
Señorías, les he dicho que estoy aquí porque he ganado y porque acepté la propuesta que el jefe del Estado hizo en ejercicio de sus funciones constitucionales, pero también porque confluye una tercera razón muy importante: quiero ofrecerle a mi país una alternativa que reponga la concordia, la igualdad y la ambición colectiva que nuestro país ha perdido, como en los principales momentos de nuestra democracia, como se requiere, sin duda, todavía más en esta etapa. El futuro de España no está descontado. No hay un único camino predeterminado, depende de todos nosotros; depende de que escojamos una ruta que consiste en aceptar lo que impone una minoría, a sabiendas de que supone seguir dividiendo España en dos, o de que elijamos otra en la que mayoritariamente nos hagamos conscientes del momento crucial que vive la nación y obremos en consecuencia, impulsando, sin duda, los amplios consensos que España necesita.
Señorías, lo queramos reconocer o no, España vive un deterioro institucional sin precedentes y con riesgo de agravarse todavía más. Las familias soportan cada vez más cargas. Tenemos importantes fragilidades económicas que hemos de afrontar y el reto de fortalecer el Estado del bienestar para que las próximas generaciones dispongan de él con la calidad con la que lo estamos disfrutando nosotros. Y por si nuestros propios retos internos fuesen pocos, el entorno internacional es el más impredecible en las últimas décadas, especialmente aventurado por el futuro de Europa con la guerra de Ucrania a kilómetros de nuestras fronteras. Ante este contexto, ¿de verdad no creen que hay motivos de sobra para que fortalezcamos vínculos en vez de perseverar en romperlos? Formúlense la pregunta con un mínimo de perspectiva histórica. ¿De verdad no lo creen?
Tampoco estaríamos inventando nada sobre lo reeditado; es el mismo método que hizo nuestra mejor historia, el que aplicaron Miquel Roca y Jordi Solé Tura, el que hizo posible el abrazo de Fraga con Carrillo y el que permitió también la mayor prosperidad económica y social de la historia de España. Hay quien reniega de la Transición; yo vengo a reivindicarla y a reclamar su vigencia. (Aplausos). Señorías, la Transición es lo mejor que hemos hecho, porque lo hicimos juntos. Divididos nunca lograremos algo mejor, jamás. Lo que hay detrás de esta investidura es precisamente esto, una elección determinante entre preservar lo que nos es común o seguir cavando en un frentismo motivado por intereses personales que acabará por no beneficiar absolutamente a nadie, ni siquiera a sus principales promotores, créanme. Señorías, se trata de aceptar o no, como he dicho al inicio, que quien tiene como objetivo principal desmembrar España ponga todas las condiciones al próximo presidente del Gobierno de España. Hablemos claro de la oferta actual del señor Puigdemont. Quiere un presidente aliado a su empeño personal y partidista. Le da igual si ese presidente es del PP o es del PSOE; a los dos nos ha ofrecido exactamente lo mismo. La única diferencia, por tanto, solo puede radicar en la integridad de los dos candidatos posibles que pueden responderle (aplausos), usted o yo, señor Sánchez. Es así, señorías.
Tengo a mi alcance los votos para ser presidente del Gobierno. (Rumores.—Risas). Lo reitero porque creo que hay una bancada que no me ha oído con perfección. (Risas). Tengo a mi alcance los votos para ser presidente del Gobierno, pero no acepto pagar el precio que me piden para serlo. (Aplausos.—El señor López Álvarez, señalando los escaños situados en la parte derecha del hemiciclo: VOX). La honestidad con uno mismo y la responsabilidad con los demás son un valor, aunque haya muchos que lo subestimen. (Aplausos.—Rumores.—El señor López Álvarez pronuncia palabras que no se perciben). Agradezco a sus señorías socialistas que me vean incapaz de pactar lo que ustedes van a pactar; se lo agradezco mucho, señorías. (Aplausos.—Un señor diputado: ¡Muy bien!).
Ahora bien, lo que acabo de responder no es porque lo diga yo (un señor diputado: ¡No!); es la misma respuesta que habrían dado desde esta tribuna el presidente Suárez, el presidente González, el presidente Aznar, el presidente Rajoy (rumores.—Aplausos) e incluso, si me apuran, el presidente Zapatero en su momento, que nos pidió los votos del Partido Popular para decir no al plan Ibarretxe. (Aplausos). Señorías, esta misma respuesta es la que habrían apoyado todos los secretarios generales que ha tenido el Partido Socialista Obrero Español, del primero (la señora ministra de Hacienda y Función Pública en funciones, Montero Cuadrado: Al último) a su antecesor, el señor Rubalcaba. Todos, señorías. Y esta misma respuesta es la que le falta por verbalizar a usted. Todos nuestros predecesores habrían respondido lo mismo. Lo habrían hecho porque lo que el independentismo plantea, además de ser una aberración jurídica y moral —de eso no hay duda—, es sobre todo un ataque directo a los valores democráticos esenciales de nuestro país. (Aplausos). Señorías, otorgar a quienes pusieron en grave riesgo nuestra convivencia privilegios que se les negarían al resto de los españoles quiebra el principio de igualdad. Privar de todo efecto las resoluciones judiciales que castigaron esas graves conductas rompe la separación de poderes; desautorizar la defensa de la legalidad quebrantada que llevaron a cabo las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado las debilita; reducir a meras soflamas posiciones firmes en estas Cortes cuando se aprobó el artículo 155 cuestiona las Cortes, y quedaría también discutida la intervención del rey en el año 2017. (Aplausos). Todo ello se haría sin que hubiera detrás ninguna convicción profunda, tan solo el estado de necesidad parlamentaria de una sola persona; todo ello se haría sin una sola contrapartida para el conjunto de los españoles. Se cedería a cambio de nada, no en pro de ninguna convivencia. Falso. Sucedería a pesar de que los partidos secesionistas proclaman que volverán a repetir su desafío. ¿Qué demócrata puede defender servírselo en bandeja? Desde luego, yo no. Creo que, al revés, debemos reforzar los instrumentos para proteger la dignidad del Estado con dos decisiones que les anuncio: la primera, incorporando al Código Penal un delito de deslealtad constitucional, como ocurre en la mayoría de los países de nuestro entorno (aplausos), y la segunda, señorías, volviendo a incrementar las penas por malversación de fondos públicos.
En realidad, todo esto parte de la gran falacia de que la investidura del próximo presidente del Gobierno tiene que pasar irremediablemente por aceptar todas las exigencias del independentismo. No es cierto. Incluso debería ser al revés, porque los españoles no votaron que fueran decisivos al otorgarles tan solo el 5,5 % de la totalidad de los votos; es más, para lo que demandan no se pidió consentimiento a los españoles y, en consecuencia, los españoles no lo concedieron. (Aplausos). Por tanto, ni el independentismo puede pretender ni el PSOE permitir que decida por todos los españoles Bildu, que hace menos de seis meses llevaba a más de cuarenta condenados por terrorismo en sus listas. (Aplausos). No se puede permitir que decida por todos los españoles Esquerra, que se jacta de obligar al socialismo a hacer siempre lo contrario a lo que promete, y que decida por todos los españoles Junts, menos aun después de escuchar todo lo que ha exigido. También es mentira que no exista otra alternativa. Es mentira el «somos más» que el candidato socialista proclamó la noche electoral para tapar que era el primer presidente en ejercicio que no ganaba unas elecciones generales desde hace veintisiete años. (Aplausos). Señorías, dejar sin efecto la justicia en función de quien delinca y promover iniciativas anticonstitucionales o inmorales no reúne ninguna mayoría de ciudadanos en España, es falso; ni siquiera representa a la mayoría de catalanes. Tampoco es verdad. Los votantes no independentistas son casi el triple de los que lo son.
Por supuesto, hay otro camino. Yo mismo lo demostré hace solo tres meses. Cuando el PSOE necesitó el apoyo de mi partido para obtener la Alcaldía de Barcelona, lo obtuvo. Cuando volvimos a hacer lo mismo en la capital de Euskadi, en Vitoria, lo obtuvo. Y el PNV obtuvo la Diputación Foral de Guipúzcoa gracias a mi partido, para evitar que gobernara Bildu. (Aplausos). Señores del Partido Socialista y del Partido Nacionalista Vasco, si creen que me arrepiento de darles el apoyo a cambio de nada, la respuesta es: No, no me arrepiento. (Aplausos). ¿Los que pregonaron que era peligrosísimo que el independentismo gobernase la capital de Cataluña o que Bildu se hiciese con importantes instituciones vascas ahora pretenden convencernos de que lo mejor es que esos partidos nos gobiernen a todos y a cada uno de los españoles? Sorprendente, quizás. (Aplausos).
Señorías, somos más, infinitamente más los que seguimos comprometidos con la democracia y el Estado de derecho. Es lo que votamos, y por esa mayoría real estoy aquí. Por ello os presento hoy mi candidatura, la pongo a disposición de todos los españoles y, también, la someto a la valoración de esta Cámara. Vengo a proponerles que levantemos un futuro en común de crecimiento y de bienestar a partir de lo que nos une, en lugar de que sigamos excavando por separado hasta descubrir el nuevo fondo que podemos tocar como nación. Les propongo que tomemos el ejemplo que está vivo fuera del hemiciclo. La política de bloques no nace de la sociedad española, se está pretendiendo imponer a la sociedad española desde arriba, y no lo comparto. No vamos a ser un mejor país con un nuevo proceso de división, ni unilateral ni bilateral, lo seremos a través de un nuevo proceso de entendimiento, y les puedo asegurar que, a estas alturas de mi vida, es el servicio que quiero prestar a mi país como presidente. (Aplausos). Quiero contribuir a recuperar una España que, como dijeron los constituyentes de Cádiz, no es ni puede ser patrimonio de una persona o de una familia, de ninguna. Por eso, lo que vengo a ofrecer es un gobierno que se haga cargo de tres objetivos tan difíciles como exigentes: dejar atrás los bloques y los bloqueos, garantizar la estabilidad del país y abordar un programa de reformas a través de grandes acuerdos en el conjunto y comunidad por comunidad, es decir, que todos los españoles sigamos ganando con independencia de dónde vivan o a quién voten. Pido su apoyo para un Ejecutivo del Partido Popular que asumiría esta responsabilidad en solitario como primera fuerza de las elecciones. Pero no pretendo gobernar en soledad, mi planteamiento es apoyarme en un trabajo colectivo que se desarrolle en esta Cámara y también con la sociedad, tomando como ejemplo la Transición, sí, y también sus objetivos: garantizar la estabilidad de la nación para las próximas décadas y asegurar la igualdad de todos los españoles mediante el impulso de seis grandes áreas de trabajo en común, que desarrollaré más adelante.
Señorías, me he esforzado en tener un diálogo constructivo con casi todas las fuerzas políticas, incluso con las que tenemos mayor distancia y los desacuerdos más predecibles. De inicio, solo renuncié a hablar con el partido que acoge en sus listas a condenados por terrorismo y les organiza homenajes, porque nada me parece comparable a esa inmoralidad, que deberíamos de prohibir por ley. (Aplausos). Sí, señorías, los homenajes a condenados por terrorismo deberíamos de prohibirlos por ley, por el respeto que merecen y tendrán todas las víctimas, fueren del partido que fueren. Con todos los demás que han querido me he hecho oír, los he escuchado y he recabado apoyos. En primer lugar, el de los treinta y tres diputados de VOX, a los que agradezco su respaldo responsable y generoso. (Aplausos). A pesar de todas nuestras discrepancias y a pesar de ser la tercera fuerza electoral del país, no lo han condicionado a su presencia en el Gobierno. Igualmente, he obtenido el apoyo de Coalición Canaria y de Unión del Pueblo Navarro, garantizado sin más contrapartidas que las expuestas públicamente. (Aplausos). Les agradezco a todos ellos su confianza y mantengo mis expectativas. Así he llegado, pues, con la expectativa de 172 apoyos y así y solo así es como aspiro a lograr la mayoría necesaria para ser investido, dejando atrás coaliciones e intereses para beneficio de unos pocos y abriendo una nueva etapa de pactos de Estado que sirvan a todos. De otro modo, no. Así, sí. (Aplausos).
Señorías, en aras de promover una última reflexión por su parte, expondré a continuación algunos principios que, en mi opinión, representan a la mayoría de españoles y que creo imprescindible recuperar para la política. El primero es que no he venido aquí a engañar a nadie, ni a los españoles que confiaron en mí ni a ninguno de los partidos con los que llegue a acuerdos hoy o en el futuro. La política no puede normalizar el engaño sistemático. Debemos recuperar el valor que tiene la palabra dada y también el valor de las palabras. (Aplausos). Yo no voy a disfrazar nunca cambios de opinión con lo que, simple y llanamente, son mentiras continuadas que la gente no merece. (Aplausos). El segundo principio, señorías, es gobernar para todos, no a gusto de todos, porque eso es imposible, pero sí sin provocar rupturas sociales absurdas por razones ideológicas, por origen, por lengua, por edad, por raza, por género, por religión u orientación sexual; por nada de esto. El cambio que defiendo no consiste en sustituir un sectarismo por otro, en modificar una ley caprichosa por otra que lo sea más aún. No acepto la tutela moral de nadie ni pretendo imponer la mía a los demás. Creo en la libertad. (Aplausos).
Por otro lado, señorías, les confieso que ser gallego es mi forma de ser español, y sé perfectamente que hay otras, por procedencia y por experiencia. Nadie tiene que explicarme que hay diferentes sensibilidades ideológicas o territoriales. Nadie tiene que explicarme que hay varios idiomas, porque yo tengo dos y valoro todos los idiomas de España. Sé que España es diversa, se lo aseguro, pero con igual claridad digo que estoy harto de etiquetas de buen y mal español, de buen y mal gallego, de buen y mal catalán. (Rumores.—Aplausos). Estoy harto de imposiciones de todo tipo, lingüísticas, de libertad de opinión, hasta de moral. En lo que de mí dependa, España será siempre una nación de ciudadanos libres e iguales. (Aplausos). Jamás apoyaré que un español de una ideología tenga más derechos que otro. Yo no. La política no cumple con su deber si, cuando interviene, resulta un trato distinto entre ciudadanos que deben ser iguales y, menos aún, si esas diferencias son tan inmorales como las que ya he comentado al inicio del discurso.
Lo que les planteo no es ahondar en la división de España en dos, sino trabajar en una sociedad más inclusiva desde todos los puntos de vista, y hay un amplio margen, sin necesidad de generar nuevas desigualdades. Les pondré algún ejemplo. La igualdad de oportunidades no está blindada si más de una cuarta parte de la población vive en riesgo de pobreza. Este Gobierno ha traído más de quinientos mil nuevos pobres a España. La igualdad entre hombres y mujeres no mejora si la violencia machista es creciente y, por desgracia, en su forma más extrema, como lo está siendo este año. La igualdad intergeneracional no existe si los jóvenes tienen peores expectativas que sus padres, como ocurre en la actualidad. La igualdad de acceso a una atención sanitaria de calidad no está garantizada —no— si faltan médicos, y solo el Gobierno central puede convocarlos. La igualdad en materia de educación se resiente si seguimos manteniendo diecisiete pruebas distintas para entrar en las universidades españolas. (Aplausos). Tampoco, señorías, hay igualdad de servicios públicos si nacer en el entorno rural merma las posibilidades respecto a hacerlo en una gran ciudad o si se privan inversiones en función de qué partido gobierna en una autonomía. La igualdad lingüística es una etiqueta si se discriminan unos idiomas o si indirectamente se proscribe la lengua común o cualquier otra. Todo esto ocurre en España. Esto sí que son injusticias. Me pregunto cuál de ellas solucionaríamos hablando de amnistía o de autodeterminación. ¿Cuál? Ninguna.
Señorías, expreso mi convicción profunda de que ninguna de las desigualdades que sufren los españoles pueden solucionarse sin un cambio radical de actitudes en el conjunto de la política. Nada se podrá mejorar si una mitad de España, sea la que sea, intenta imponer su forma de entender las cosas a la otra. España debe afrontar reformas y, para que sean sólidas, solo cabe un camino a la vista del resultado electoral. Es el que hizo posible los Pactos de la Moncloa, los pactos antiterroristas, el Pacto de Toledo, el Pacto contra la Violencia de Género y, espero, el pacto para reformar el artículo 49 de la Constitución, una deuda con las personas con discapacidad que yo me comprometo a saldar a la mayor brevedad. (Aplausos).
Les pido su confianza para que impulsemos conjuntamente seis pactos de Estado: un pacto institucional y por la regeneración democrática, un pacto por el saneamiento de la economía, un pacto por las familias, un pacto por el Estado del bienestar, un pacto nacional por el agua y un pacto territorial. Me referiré a ellos apuntando que, si bien el programa con el que ganamos las elecciones debe ser la base, entiendo que el resultado final dependerá de la aportación de todos. Lo que vamos a decidir esta semana no es únicamente la estabilidad de un Gobierno o de un gobernante. España se juega la estabilidad de sus instituciones, que innegablemente viven en crisis de confianza, una crisis de confianza histórica. Por eso para mí el pacto institucional es uno de los más urgentes e importantes.
Señorías, este documento (lo muestra), el pacto de calidad institucional y regeneración democrática, fue escrito con el único fin de abordar una verdadera regeneración democrática, y creo que sería una buena base para impulsar este acuerdo. Permítanme que les proponga o que les comente algún ejemplo. Yo quiero gobernar velando por la independencia de las instituciones. La Fiscalía, el CIS, el CNI no son el coto privado de nadie. (Aplausos). Creo que debemos garantizar su independencia. Otro ejemplo. Quiero gobernar sin abusar del real decreto ley. Creo que debemos devolver el protagonismo legislativo a las Cortes y utilizar la vía de urgencia solo para lo que no puede esperar, por ejemplo, la ley de los enfermos de ELA. Para eso sí deberíamos utilizar el real decreto ley. (Aplausos).
Amigos, quiero gobernar sin laminar a nadie en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado por razones discrecionales. Creo que debemos respetar su autoridad, poniendo al frente de la Dirección General de la Guardia Civil y de la Dirección General de la Policía a mandos profesionales (aplausos), garantizando que la Guardia Civil de Tráfico no tenga que salir de Navarra y, por supuesto, cumpliendo con la equiparación salarial de la Policía Nacional y la Guardia Civil, así como con las mejores acordadas con los funcionarios de prisiones. (Aplausos). Señorías, quiero gobernar con contrapesos y, por supuesto, respetando la separación de poderes, y por eso creo que debemos darle a la justicia los efectivos que necesita, unos mil jueces y magistrados extra en los próximos cinco años (aplausos), y sobre todo su normal funcionamiento y su crédito, que se han visto erosionados en los últimos. No comparto que se les llamen fachas con toga a los jueces por aplicar una ley mal hecha. (Aplausos). No comparto, insisto, que se les llamen fachas con toga, y menos aún que lo haga el Gobierno de la nación y que lo haga el Grupo Parlamentario Socialista desde esta tribuna. (Aplausos). Señorías, no comparto señalamientos a magistrados, no. No entiendo que se impulsen leyes para anular por esa vía sentencias judiciales, no. No acepto que se nombren a ministros y a altos cargos magistrados del Tribunal Constitucional, no. (Aplausos). No respaldo haber cambiado la ley para impedir que se cubran las vacantes del Tribunal Supremo, no. Y, por descontado, no comparto controlar la justicia, no. (Rumores.—Aplausos). Por eso, señorías, propongo aprobar la renovación del Consejo General del Poder Judicial (rumores) a la vez que se registre en esta Cámara una ley de reforma del modelo de elección en la que los jueces elijan a los jueces y los juristas de reconocido prestigio se elijan en las Cortes Generales. (Aplausos). Aún hay más. Defiendo que en el nuevo consejo no haya ningún político en sus listas. Creo que no cabe negociar entre partidos la presidencia del Supremo, le corresponde al Consejo, y deben cumplirse todas y cada una de las condiciones de elegibilidad que ya defendimos en la negociación trucada. En la nueva ley debemos asumir el cierre total de las puertas giratorias entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. (Aplausos). Señorías, no puede haber un ministro por la mañana y un fiscal general por la tarde. Por tanto, defiendo la absoluta independencia de la Fiscalía General del Estado. Ambas cosas, los nuevos vocales y la nueva ley, deberían votarse y aprobarse el mismo día, una a continuación de la otra. Por resumir, garanticemos que la justicia esté al servicio de los españoles y que no pueda estar al servicio de los políticos. Ese es el régimen, señorías. (Aplausos).
Señorías, todas estas propuestas tienen como único fin garantizar que España siga siendo una democracia plena, en lugar de seguir profundizando en una deriva iliberal que nos acerque a comportamientos propios de las autocracias. Y les pondré otro ejemplo, que comprenderán bien, en el ámbito de la política exterior. Llevamos tres meses sin ejercer con plenas facultades la Presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea que nos corresponde hasta diciembre, y todos sabemos por qué. La irresponsabilidad no ha sido solo malgastar esta oportunidad en lo que a la imagen que deberíamos estar proyectando se refiere, además estamos privando a esta Cámara de ser debidamente informada de cuestiones clave para nuestro futuro, como el pacto de migración y asilo que se está negociando. Es un debate de primera magnitud para España, primera interesada en que se encuentre el equilibrio entre la solidaridad y el control de fronteras, más aún a la vista de lo ocurrido en las últimas semanas en Lampedusa, y que ocurre con distinta intensidad prácticamente todos los días en las islas Canarias, en el levante o en el sur. Por eso, una de las prioridades inmediatas de mi propuesta a esta Cámara incluye reactivar la actividad y la dirección de la Presidencia española, con este asunto como prioridad, para lo que queda de año. Asimismo, defiendo que esta Cámara sea informada, con la debida prudencia, de las decisiones presentes y pasadas en materia de política exterior. Las Cortes conocerán las razones del cambio de posición en el Sáhara Occidental con una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados. (Aplausos). Sí, señorías, estoy convencido de que las diputadas de Sumar votarían a favor.
Con carácter general, mi compromiso es inequívoco: recuperar el consenso en la política exterior de España; la construcción europea; el compromiso atlántico, que nadie debe cuestionar; la relación de respeto y libertad con nuestros vecinos; lo relativo a la soberanía de Gibraltar, pensando sobre todo en los más de diez mil españoles que entran y salen todos los días; nuestro papel como puente con Latinoamérica, o, por supuesto, apoyar a todas las democracias del mundo que se vean amenazadas frente a cualquier tentación de condescendencia con regímenes totalitarios. Todo esto nos corresponde defenderlo juntos, como lo hemos venido haciendo hasta hace cinco años. (Aplausos).
Señorías, el segundo gran reto colectivo que tenemos que afrontar es la mejora de la economía. Somos un gran país que ha progresado de forma excepcional en la etapa democrática, es indudable, pero esto no debe hacernos ignorar que ese progreso se ha ralentizado, sobre todo en comparación con nuestro principal marco de referencia, los países de la Unión y los países de la eurozona. España es el país europeo en el que más se han empobrecido sus ciudadanos, y el Banco de España apunta a una nueva subida de la inflación el año que viene. Estamos a la cola de la recuperación del producto interior bruto de Europa. El crecimiento de las quiebras empresariales se ha disparado un 200 % en los últimos cuatro años y los ciudadanos han retirado en lo que va de ejercicio casi el 2 % de sus ahorros bancarios, una cifra que no se alcanzaba desde el año 2011. Es sencillo, señorías: a los españoles les cuesta más llegar a fin de mes porque sus salarios no han subido tanto como los alimentos, como la luz, como la energía, como las hipotecas o como la vivienda. Este sí es el país que tenemos que gobernar, estos sí son los problemas que tenemos que afrontar, eso es lo que les preocupa a las mujeres y a los hombres de España. (Aplausos).
Adicionalmente, deberíamos asumir con más responsabilidad las fragilidades de la economía española. El paro estructural es la más importante: tenemos el doble de desempleo que el resto de Europa, encabezamos el desempleo general y el desempleo juvenil y registramos el segundo mayor desempleo femenino de Europa. La competitividad es también mejorable. Desde 2019 hemos retrocedido dos puestos en Europa en materia de producto interior bruto y la productividad cayó, mientras que en el resto de la eurozona aumentó. Y lo más lamentable e irresponsable es que tenemos una deuda pública desorbitada. Es lamentable porque la flexibilidad de Europa, que además ha inyectado una cantidad de fondos histórica, no debió corresponderse con un aumento de la deuda de más de 360 000 millones de euros en los últimos cuatro años, más del doble que la media de la Unión Europea. Y es irresponsable porque nos hace muy vulnerables en el contexto europeo de recuperación de las reglas fiscales. Por todo ello, les propongo impulsar un pacto por el saneamiento de la economía que afronte en primer lugar lo más urgente, para, a continuación, trazar una estrategia que garantice un crecimiento más sano y sostenible. Ambas cosas debemos hacerlas, en mi opinión, integrando, sin duda, a los agentes sociales y económicos, a trabajadores y empleadores; a los dos tenemos que reconocerles su papel institucional y socioeconómico histórico y también para el futuro. (Aplausos).
De manera inmediata, señorías, y atendiendo a las recomendaciones del tercer sector, propongo tomar las siguientes decisiones en favor de las familias con más dificultades —son la prioridad—. Reducir el impuesto de la renta a las rentas bajas y medias con ingresos de hasta 40 000 euros para compensar la carga adicional que la inflación ha provocado en este impuesto durante estos años. Extender temporalmente la rebaja del IVA de los alimentos como la carne, el pescado y la conserva y, hasta que no se controlen los precios, mantener el resto de medidas vigentes contra la inflación: el tipo reducido del IVA de electricidad y gas, la ayuda de 200 euros para los más vulnerables y la gratuidad del transporte público, eso sí, de acuerdo con la renta de los usuarios del transporte público, señorías. (Rumores.—Aplausos). Además, acordar con las entidades que los recursos que destinan al impuesto de la banca se inyecten automáticamente a las familias que no pueden afrontar la subida hipotecaria. Cambiar el procedimiento del ingreso mínimo vital, que hoy deja fuera a dos de cada tres potenciales beneficiarios, y aprobar en el seno del diálogo social en el primer año de legislatura un calendario de subida del salario mínimo interprofesional con criterios objetivos para alcanzar el 60 % del salario medio, tal y como hemos comprometido con la Unión Europea. (Rumores.—Risas y aplausos). Comprendo su sonrisa, señorías. (Rumores). Con ustedes, el incremento del salario mínimo está por debajo del incremento de los precios y con nosotros el incremento del salario mínimo supera el incremento de los precios. (Rumores.—Aplausos). Lo comprendo.
Señorías, atendido lo más urgente, propongo centrarnos en el objetivo de un crecimiento real medio del 2,5 % cada año en la próxima década. Por ello, propongo acometer tres reformas: una Administración más accesible y más económica, una reforma en el ámbito fiscal y una reforma para dar mayor facilidad a los empleadores. La reforma administrativa es necesaria, es la mejor manera de liberar el gasto superfluo que nos permita atender otras prioridades, pero además debemos desarrollar un plan de facilidades administrativas. ¿Saben ustedes cuánto hemos legislado de media anualmente, cuántas normas se han publicado en el Boletín Oficial del Estado anualmente? Fueron 140 766 folios. Esto supone 385 páginas de nuevas normas cada día desde que el Partido Socialista y sus socios gobiernan España. En mi opinión, esto no es razonable, y además Europa nos insta a trabajar de una forma distinta. En mi opinión, es posible hacerlo, por ejemplo, ampliando el procedimiento de declaración responsable, generalizando el silencio administrativo positivo o asumiendo el compromiso de eliminar tres normas vigentes por cada una nueva que aprobemos. (Rumores). Ya sé que les parece poco, se puede hacer más. (Aplausos).
En segundo lugar, señorías, creo que debe afrontarse una reforma fiscal. En la última legislatura, los españoles, sobre todo los de menos renta, han tenido que soportar cuarenta y dos subidas fiscales, 42 655 millones más de impuestos han pagado los españoles desde el año 2019, con un PIB similar al del año 2019. (Aplausos.—El señor López Álvarez hace gestos afirmativos). Le agradezco que lo ratifique. Así gobierna cualquiera, señorías. También han tenido que aguantar la moralina de que se hizo exclusivamente para proteger a los que menos tienen. ¿Qué bien se hace creando un nuevo impuesto a los plásticos, antes que nuestros socios europeos y que encarece aún más los alimentos en plena escalada de precios, si después ese dinero se utiliza para financiar el cine o los viajes de las rentas más altas? No deja de ser curioso tener que recordarlo, señorías, pero el gratis total no hace ningún bien. Cuando se hace para mercadear electoralmente es lamentable. Pensar que a los jóvenes o a los mayores se les puede comprar y conseguir su voto es inmoral, es tenerlos muy poca consideración. Por eso pretendo que les garanticemos respeto. (Aplausos). Creo que podemos hacerlo con una reforma fiscal con la que, sobre la base de los trabajos del comité de expertos, que parece ser ya han abordado este asunto, garantizando no poner en peligro la sostenibilidad del sistema y tomando como ejemplo las comunidades donde se han aplicado rebajas selectivas —están aquí los presidentes que han rebajado los impuestos en las comunidades autónomas de España—, lograremos tres objetivos. Primero, contribuir a la actividad económica y a la creación de empleo con captación de nuevas inversiones y patrimonios extranjeros. Segundo, hacer más atractiva la vida en el rural, con una política de impuestos cero en estos entornos. Y, tercero, mejorar la equidad de las cargas tributarias, sobre todo buscando el alivio de las familias con menos recursos y de las clases medias. Proteger las rentas más modestas y recuperar las clases medias, cada vez más afectadas en España, es un objetivo esencial para una sociedad igualitaria.
Por último, en el ámbito económico someto a su consideración garantizar más facilidades a los empleadores. Y antes de que algunos de ustedes proclamen las soflamas, mi intención no dista mucho de lo que se hace en otros lugares de Europa, por ejemplo, en Portugal o Alemania. En primer lugar, creo que esta tiene que ser la legislatura de las pymes y los autónomos: son el alma de nuestra economía, el 99 % del tejido productivo, y, lamentablemente, han sufrido enormemente en los últimos años. Pongo a su disposición el plan que para ellos prevé el programa electoral con el que mi partido se presentó a las elecciones y que, como saben, contempla facilidades de todo orden para este colectivo.
Adicionalmente, les planteo reflexionar sobre la conveniencia de concentrar recursos de manera excepcional. Propongo que los pequeños emprendedores que empiecen no paguen impuestos en los dos primeros años de su actividad. (Aplausos). Sería, sin duda, una apuesta estratégica por el emprendimiento, considerando que somos el país de Europa con mayor paro juvenil, y también para reactivar la economía con más intensidad, frente a la incertidumbre social.
Por otro lado, un país como el nuestro, que ha vuelto a liderar el paro en Europa, cuando había dejado de hacerlo, no puede aceptar el desempleo estructural. La gente quiere desarrollar su vida con un trabajo digno y las empresas quieren poder disponer de personal cualificado. Con independencia de lo que figure en los datos oficiales del paro, la economía acusa la falta de casi un millón de trabajadores, y también, pese a destinarse 6000 millones de euros a políticas activas de empleo, la ratio de colocación es de uno cada cien, de acuerdo con la AIReF.
Para intentar dar la vuelta a esta situación, les propongo primero conocer la situación real. Por ejemplo, hagamos público de una vez el número de fijos discontinuos inactivos en nuestro país. (Aplausos). Y después, cuando sepamos los que realmente están en paro, tracemos una estrategia nacional de formación con las comunidades en una conferencia de presidentes específica con todos los centros de formación que pueden implicarse en esta tarea y con las empresas, concentrando en una plataforma nacional de obligada adhesión todas las vacantes laborales para casar adecuadamente oferta y demanda.
Por último, el deber de un Gobierno responsable es acompañar a los inversores; no hostigarles, no ahuyentarles, que es lo que está pasando. En general, la inversión está en un 1,8 por debajo de la de hace cuatro años. En la gran mayoría de países de la Unión la inversión subió, pero es que la inversión extranjera se ha desplomado un 74 % en el segundo trimestre del año 2023 respecto del mismo trimestre del año anterior. ¿Qué se podía esperar? ¿Insultarles y que pusieran la otra mejilla?
Señorías, propongo, en primer lugar, crear una oficina de proyectos industriales estratégicos y un fondo de inversión para consolidar el crecimiento de las startups; en segundo lugar, la reducción temporal de las cotizaciones para paliar la subida de los costes laborales; en tercer lugar, la desgravación fiscal para las nuevas inversiones, especialmente para la adaptación al cambio climático y la digitalización, y para inversiones en innovación; una fiscalidad para captar grandes patrimonios, que nos acerque al resto de Europa y no atente contra las competencias autonómicas del sistema, y, sobre todo, seguridad jurídica. Es así como vamos a conseguir mucho más para la economía y el empleo, no sembrando la incertidumbre y promoviendo el desprestigio contra quien tenga la pretensión de invertir en nuestro país (aplausos), porque, además, señorías, estamos desaprovechando una oportunidad de oro para eso, como son los fondos europeos. ¿Sabemos qué hay de esto? La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta ni en qué se invierte lo poco que se invierte. Se puede formular la pregunta a cualquiera de los sectores productivos estratégicos de la economía. La industria, la agricultura, el mar, el turismo, todos coinciden: no está impactando en la economía lo previsto, ni siquiera con los PERTE. Se están inyectando a un ritmo mucho más lento del deseado y se está dejando al margen a las pymes, y la propia Unión ya ha sugerido refuerzos, a la vista de la pésima ejecución.
Señorías, mi planteamiento en este punto es hacer todo lo que no se ha hecho: primero, transparencia, los españoles sabrán en qué se ha invertido o gastado hasta el último céntimo; segundo, una renegociación, renegociar mecanismos para inyectar fondos más ágilmente, por ejemplo, con deducciones fiscales en nuestros sectores clave, como la industria, el sector primario o el turismo, y, tercero, la cogobernanza de verdad, la cogobernanza con las comunidades autónomas. (Aplausos). Señorías, los fondos no son del Gobierno, son del Estado, y, por tanto, en su planificación deben participar las comunidades autónomas —que no participan—, los agentes sociales —q ue tampoco lo hacen—, los agentes económicos —q ue tampoco lo hacen— y también este Parlamento —que tampoco lo hace—. (Aplausos).
El tercer gran acuerdo, señorías, es el pacto de Estado por las familias. El papel de la política no es juzgar a nadie, sino defender a todas las familias españolas. Es la respuesta adecuada a nuestra realidad demográfica, con una caída de la natalidad cada vez más acusada, y es lo justo ante la situación de la mayoría de padres y madres, que viven con la lengua fuera —muchos abuelos, también—. España debe convertirse en el mejor lugar para vivir y para formar una familia. De ello depende nuestro futuro, el de todos, y el deber de la política es dedicar más recursos y dar más facilidades para que así sea. Sugiero una política decidida como país en este sentido, con una aportación extraordinaria de 6000 millones de euros para reforzar las ayudas a las familias numerosas, a las monoparentales y a las más vulnerables para facilitar su acceso a la vivienda y para incrementar las ayudas a la conciliación. En lo que de mí dependa, las escuelas infantiles de 0 a 3 años en España serán gratuitas. (Aplausos).
En este ámbito también tenemos que abordar dos realidades vinculadas a la gestión del tiempo, en primer lugar el tiempo de trabajo. De acuerdo con los datos más recientes, el 80 % de los empleados en España afirman no tener poder de decisión sobre la organización de sus horarios laborales. Esta cifra contrasta con la de otros países: en Suecia y Finlandia el porcentaje es de poco más del 30 %, en Dinamarca y Alemania alrededor del 50 % y en Bélgica y Francia ligeramente superior al 60 %. Las limitaciones en la autonomía horaria complican la conciliación, dificultando dedicar a los hijos el tiempo que precisan, e inciden en la productividad y la salud mental. Propongo afrontar este reto, pero que no lo hagamos de cualquier manera; por supuesto, no a golpe de real decreto, como hace el Gobierno.
El tejido económico es lo suficientemente complejo, y hay vida inteligente en él para que este tema se resuelva con la precisión quirúrgica que cada empresa precisa. En este sentido, convoco a los agentes sociales y económicos a trabajar para que en el plazo de un año podamos disponer de un marco general, que luego pueda desarrollarse vía convenios colectivos en cada centro de trabajo, con dos fórmulas prioritarias: semana laboral flexible y banco de horas para que los trabajadores puedan disponer de ellas, por ejemplo, en los períodos no lectivos. Señorías, a menudo se dice que los niños y los jóvenes de hoy son la generación con más oportunidades, pero no es cierto: les está faltando lo más importante, sus padres y su familia, y todos tenemos que contribuir a devolvérselos. (Aplausos).
El otro gran asunto al que me refería, vinculado en buena medida con el problema anterior, es el tiempo que los menores dedican a las redes sociales. Este también es un problema de primera magnitud, lo saben bien las familias. Sus efectos, como violencia sexual, suicidios y depresión, nos convocan como sociedad. Desde hace meses hemos establecido contactos con las tecnológicas para que se lo tomen más en serio, y les planteo garantizar por ley mayores barreras en el acceso a los contenidos tecnológicos por parte de los menores. Es responsabilidad de todos protegerles más. (Aplausos).
Señorías, en general, el Estado del bienestar requiere también un análisis más riguroso, que permita llegar a planteamientos duraderos y sostenibles. Tenemos que disfrutarlo hoy, sí, pero tenemos que garantizarlo para nuestros hijos y para nuestros nietos mañana. Solo garantizaremos el Estado del bienestar si trabajamos en él mirando la pirámide de población. Este es el objetivo del cuarto pacto de Estado, quizás el más importante para alcanzar una verdadera sociedad de ciudadanos libres e iguales. Me he referido antes a ello: la igualdad empieza en la educación; solo existe si hay oportunidad e igualdad de oportunidades desde el principio. Por eso, rechazo tajantemente que la educación sea un arma de enfrentamiento político. Es el futuro de nuestra gente la que ponemos en juego. Es eso lo que hemos dañado con ocho reformas educativas desde el inicio de la democracia. Mi voluntad es la de negociar con las fuerzas políticas, la comunidad educativa y la sociedad civil hasta garantizar una ley de educación que no cambie con el Gobierno siguiente. También creo que debemos rebelarnos —yo, desde luego, lo hago— contra el hecho de asumir como normal que casi el 30 % de nuestros jóvenes no terminen los estudios posteriores a la ESO —e s casi el doble de la media de la OCDE—. Y en tasa de abandono educativo temprano, solo nos supera Rumanía.
Si obtengo su confianza, tienen el compromiso de que el Gobierno firmará contratos-programa con las comunidades autónomas para garantizar la igualdad de oportunidades, impulsará un plan de tutorías para dar apoyo individualizado a los alumnos que lo precisen fuera del horario lectivo, aprobará un plan para renovar los centros educativos con una edad media de cuarenta y cinco años y, por supuesto, respetará la educación especial para las familias que lo deseen. (Aplausos). Y asumo la garantía de que no habrá imposiciones ni adoctrinamientos en las aulas. (Aplausos). La política está para garantizar las enseñanzas, a las que tienen derecho los alumnos y las alumnas, y está para asegurar la libertad de las familias; para nada más, insisto, para nada más.
Es imprescindible acometer el debate en profundidad que se requiere para garantizar la sostenibilidad y la viabilidad del Sistema Nacional de Salud. (Aplausos). Les garantizo que con cinco ministros en cinco años es imposible. (Risas). Es imposible, sobre todo, además, nombrando a ministros que no saben nada de Sanidad. (Risas y aplausos). El peso sanitario es cada vez mayor en los presupuestos autonómicos, aunque la mayoría del Gobierno no lo sepa, y nada más por nuevos tratamientos, que debemos implementar de forma cada vez más personalizada, y por la gran noticia del incremento de la esperanza media de vida de las mujeres y los hombres españoles. Además, debemos tener presente que en menos de diez años España contará con más de trece millones de mayores de sesenta y cinco años, con lo que incrementaremos la cronicidad, la pluripatología y el incremento del consumo de fármacos. Les planteo reunir a un verdadero comité de expertos —este que exista— para que los aborde de forma sosegada. (Aplausos). Y, antes de reunir al comité de expertos, el ministro o la ministra de Sanidad tomará dos decisiones: la primera, un plan de choque de atención primaria que permita convocar un MIR extraordinario para médicos de familia y primar a aquellos que decidan ejercer su actividad en el medio rural (aplausos), y otro para dotar también de más médicos a la salud mental en la sanidad pública, centrándonos en la atención temprana. Ni las cifras de suicidio ni los consumos de ansiolíticos son razonables. Es evidente que esto no puede aplazarse ni un minuto más. (Aplausos).
Señorías, en la pasada legislatura no se consiguió que acceder a una vivienda resulte más sencillo —bien al contrario— y el precio del alquiler no ha dejado de crecer, lo que muestra el fracaso de la decisión de intervenir el mercado. Si obtengo la confianza de la Cámara, les propongo tomar como base el plan de vivienda comprometido en mi programa electoral, que no propone soluciones mágicas ni modelos intervencionistas que no funcionan, sino una apuesta útil, que dé total prioridad a los jóvenes y a los vulnerables y que necesariamente pasa por incrementar históricamente la oferta, aprovechando suelos públicos y ociosos, y por dar seguridad jurídica a los propietarios que la han perdido, porque, señorías, las okupaciones de inmuebles no paran de incrementarse, y no se puede ser indolentes ante esto. No se puede presumir de compromiso social y luego ignorar situaciones como las que leo (muestra algunos artículos de periódico): «Denuncia la okupación de la casa de su madre, que tiene alzhéimer». «Okupas gastan 319 000 litros en llenar la piscina». «Una anciana de 98 años encuentra su casa okupada tras regresar del hospital». ¿Esto no existe? Cuarenta y seis okupaciones diarias, señorías. Esto existe. (Aplausos). Por eso es inaceptable, y hay que cambiar la ley para desokupar en veinticuatro horas.
El último gran pilar del pacto por el estado del bienestar exige que miremos a nuestros mayores con respeto y a nuestros hijos con responsabilidad, y eso implica huir de bulos: en primer lugar, que el PP nunca congeló las pensiones, como hizo el Partido Socialista Obrero Español. (Aplausos). Por cierto, con el voto de algunas señorías que se sientan aquí se congelaron las pensiones. (Aplausos). En segundo lugar, implica dejar fuera de la refriega política esta cuestión, que nunca debió salir del acuerdo colectivo que teníamos consolidado y que conviene reactivar por el bien de los mayores, de las viudas de hoy y de las de mañana. Mi propuesta es devolver las pensiones al Pacto de Toledo, garantizar siempre y en cualquier circunstancia su revalorización —ni congelar ni reducir— y blindar su suficiencia hoy y en el futuro. Esta es mi propuesta. (Aplausos).
Señorías, tenemos que recuperar el significado de la política como el mejor ejercicio del servicio público, sin olvidar ningún bien básico, y el agua, sin duda, lo es. Esta materia exige también un pacto de Estado, y le pido encarecidamente que sea constructivo, reflexivo y pragmático. Promovamos un gran acuerdo nacional del agua, que incluya, primero, un plan de acción de 40 000 millones de inversión en los próximos seis años; segundo, la definición de una red nacional estratégica del agua para avanzar en una mejor gestión integrada, así como una gobernanza adaptada al siglo XXI; tercero, un plan de modernización de infraestructuras, presas y canales para adaptarlo a las necesidades actuales; cuarto, un plan de actuación para un uso más eficiente del agua en el regadío, y, quinto, debo apuntar que en la próxima semana Granada acoge la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, y sería un fracaso, en mi opinión, que la cuestión del agua no estuviese en la agenda del encuentro.
Señorías, abordar la sequía no es una elección política; no puede serlo, es inaplazable, y es imprudente hacer partidismo de ello. No voy a contribuir al enfrentamiento que otros promueven. Los hombres y mujeres que trabajan en el campo son los primeros guardianes del territorio y, desde ese punto de vista, los mejores ambientalistas. (Aplausos). Tampoco voy a contribuir al enfrentamiento entre territorios; contribuiré en todo lo que esté en mi mano a que abordemos la falta de agua como lo que es, una cuestión de Estado. Les avanzo igualmente que no voy a perder ni un segundo en discutir sobre el cambio climático, por muchos esfuerzos que hagan cualesquiera de ustedes. Me propongo afrontar este asunto con las evidencias que la ciencia nos aporta, con los instrumentos que la tecnología ofrezca en cada momento y con el sentido común de la mayoría de los españoles, que, sencillamente, reclaman una economía más verde, por supuesto, a la que nos acercamos sin visiones apocalípticas sino con el equilibrio entre la sostenibilidad ambiental y el desarrollo económico y social. (Aplausos).
En efecto, la economía verde es una oportunidad para ser una mejor sociedad y también para que las actividades relacionadas con el agua, la energía, la gestión forestal y los residuos, la agricultura, la ganadería y la industria alimentaria generen empleo y riqueza, apoyados en la ciencia y la tecnología. Adicionalmente, la energía es un recurso estratégico y no tener garantizado el acceso a una energía limpia, barata y segura limita nuestra competitividad. Necesitamos, por tanto, un mapa energético seguro, que reduzca nuestra dependencia de un gas y un petróleo que no tenemos. Cuando el año pasado Europa buscaba desligarse del gas, aquí, en España, se consumió más gas que nunca, y, cuando debíamos avanzar en la descarbonización, aquí, en España, se incrementaron las emisiones de CO2 para generar electricidad. Creo que este no es el camino. Transición ecológica, sí; dictadura activista, en ningún caso, señorías. (Aplausos).
Señorías, nada nuevo se consigue con el enfrentamiento. Por eso lo rechazo, también para impulsar el sexto y último pacto de Estado, el territorial. Debemos partir de que el Estado de las autonomías fue un compromiso de convivencia. No fue la primera fase de un proceso de descomposición del Estado. En tiempo récord pasamos de un país unitario a otro que es uno de los más descentralizados del mundo, y tenemos que valorar que así sea. Por supuesto, hay deficiencias —en mi opinión, no son achacables al modelo que nos dimos, sino a gobernantes concretos de territorios concretos—; por supuesto, se pueden hacer ajustes, pero dentro del límite constitucional que todos acatamos, y, por supuesto, el buen desarrollo autonómico es fundamental para el bien común. Por eso, además de hablar durante estas últimas semanas con los partidos, también he querido hacerlo con los presidentes de las comunidades autónomas que quisieron aportar ideas a este pacto territorial. He hablado con el lehendakari vasco, con los trece presidentes del Partido Popular, con el presidente del Gobierno de Canarias, de Coalición Canaria, y con el presidente de Castilla-La Mancha, del Partido Socialista. Lamento no haber podido hacerlo con todos los que, simplemente, o no han querido hablar o no les han dejado hablar. (Aplausos).
En cualquier caso, señorías, he podido conocer de primera mano la mayoría de las necesidades específicas de cada autonomía, y el próximo Gobierno debe afrontarlas. Mi compromiso es que los ciudadanos de Ceuta avancen en políticas de vivienda y ayudas al transporte, que los ciudadanos de Melilla cuenten con la ayuda de un gobierno para impulsar conectividad, empleo y digital (aplausos), que los habitantes de Castilla y León tengan la certeza de que habrá una estrategia para apoyar más y mejor el medio rural, que a la Comunidad de Madrid —igual que al resto— se le reponga su autonomía fiscal e —igual que en el resto— se incrementen los médicos, para un sistema sanitario absolutamente imprescindible. Baleares quiere una justa compensación por su insularidad y yo lo apoyo. Extremadura quiere una alta velocidad de verdad (aplausos), y yo creo que hay que trabajar por eso, ¿no? Navarra quiere completar el canal de Navarra y una educación de calidad y de libertad. Mi compromiso, por supuesto, es impulsar la agenda canaria, para eso la firmé; defender una negociación justa de la PAC, de acuerdo con las necesidades de los ciudadanos de Castilla-La Mancha; aprobar para Aragón un plan Pirineos y ayudar con un programa concreto de despoblación, que se puede extender al resto. La Comunidad Valenciana quiere un modelo de financiación justo y coincido en que hay que afrontar este debate. (Aplausos). La Región de Murcia necesita un compromiso serio con el Mar Menor y acepto suscribirlo desde el Gobierno. Los vecinos de La Rioja quieren una mejora de sus conexiones ferroviarias, y tienen derecho. Cantabria quiere acabar con su aislamiento en materia de infraestructuras y debemos ayudarle en esta justa reivindicación (aplausos), como tenemos que ayudar a Asturias y al noroeste a defender el corredor atlántico, y, en el caso de Asturias, a frenar su declive industrial. (Aplausos). En el caso de Andalucía, en su defensa del pacto del agua, que se le permita mantener su pujanza como la comunidad más poblada de España. (Aplausos). Señorías, supongo que aceptarán que conozco razonablemente bien los compromisos con Galicia; por tanto, los doy por reiterados. (Aplausos). Están todos igual de incumplidos desde que me fui. Recuperar pujanza empresarial e industrial es una de las materias pendientes de Euskadi y, desde luego, mi mano está tendida para eso. Y Cataluña. Más allá del España sí o del España no, lo que quiere esta gran tierra es recuperar su prestigio, su calidad de vida, las empresas que se han ido y lograr que sus esfuerzos fiscales, sobre todo en el pago de los impuestos que establece la Generalitat, sean reconocidos por un país que les quiere dentro, y no fuera, y también ese es mi compromiso. (Aplausos).
Mi concepción de la política territorial consiste en esto, en dar respuesta a las diferentes necesidades para que con las mejoras de una parte progresemos el conjunto. También aspiro a que afrontemos en común las áreas que son comunes. Especialmente quiero comprometerme con la reforma del Senado como, por fin, una verdadera Cámara territorial, así como iniciar la reforma del sistema de financiación autonómico en el primer semestre del próximo año y un nuevo modelo de financiación local para garantizar que todos los españoles, con independencia de dónde vivan, tengan los mismos servicios. (Aplausos). Y en lo que no estoy de acuerdo —y lo digo claramente— es en que se pretendan sustituir los derechos que corresponden a las personas por derechos de territorios. (Aplausos), como tampoco comparto, señorías, convertir negociaciones que deben ser multilaterales en conversaciones secretas a dos, utilizar los presupuestos generales del Estado para satisfacer exigencias particulares en contra de la igualdad o utilizar las lenguas cooficiales para la incomunicación entre los españoles. No creo que sea más gallego, más vasco o más catalán por ponerme un pinganillo o ver las cámaras del karaoke, señorías. (Aplausos).
Con estas propuestas y estas convicciones he llegado hasta aquí, como les he dicho, con la expectativa —espero que asegurada, al menos— de 172 apoyos. Fíjense, los apoyos de un partido nacional reformista, autonomista y europeísta como el mío. Los apoyos de una formación unitaria como VOX. (Risas). Señorías, no sé por qué se ríen ustedes de los estatutos de la tercera fuerza política. Quizá es porque hay algunos partidos que están en la Cámara que no tienen estatutos. (Aplausos). Agradezco también los apoyos de una fuerza foralista, Unión del Pueblo Navarro, y de otra nacionalista, Coalición Canaria. (Aplausos). Por lo tanto, queda demostrado que es posible el acuerdo entre posiciones diferentes sin que unas nos sometamos a las otras. Que sea posible ampliar esta mayoría hasta que sea suficiente no depende solo de mí, sino del sentido del voto del resto de partidos.
Me veo en el deber de dirigirme a ellos, no tanto por esperar un cambio de opinión —o sí— como por la convicción de que alguien que aspira a la Presidencia del Gobierno debe tener también un mensaje claro en su relación con el resto de las sensibilidades políticas. Me dirijo, en primer lugar, a los partidos nacionalistas o a los abierta y activamente declarados independentistas. No quiero un país de pensamiento único y acepto con normalidad la sociedad plural que enriquece España. De hecho, creo que no será sencillo encontrar en la política nacional presente o pasada otro presidente tan sensible con la España autonómica, con la importancia de las lenguas cooficiales y con las particularidades territoriales. (Aplausos). He sido presidente autonómico durante muchos años hablando uno de los idiomas de Galicia, el gallego, y defiendo que los matices de cada autonomía son una riqueza, no son un problema. Pero sí les pido que no se arroguen en exclusiva la representación de los territorios que representan; tampoco yo lo hago. (Aplausos). Igualmente, no se olviden de que están ustedes en esta Cámara con el derecho que les confiere el sistema democrático español. Pero, esa misma democracia la invoco, lógicamente, para que cualquier postulado que tengan lo defiendan por las vías legales y el marco constitucional. (Aplausos). La ley y su cumplimiento, la acción de los tribunales y la exigencia de responsabilidad son la condición necesaria para la convivencia en una sociedad libre y democrática de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones. La ley, señores independentistas, es una garantía. (Aplausos). Es sorprendente, señorías, que esto haya que reafirmarlo aquí cuarenta y cinco años después de aprobar la Constitución española. Por cierto, la democracia empezó en 1978 y, por tanto, nuestra memoria democrática también.
Por otro lado, creo que debo afirmar ante ustedes que soy un presidente de fiar; soy un presidente de fiar. (Aplausos). Créanme, no llegué ayer. Jamás les diré que sí a todo, pero no tengo ninguna duda de que a Cataluña o al País Vasco les vendría bien un presidente del Gobierno que no vaya a engañar a sus ciudadanos. (Aplausos). Porque, señorías, ¿qué les hace pensar que todo lo que hoy se usa para satisfacer sus exigencias no se utilizará contra ustedes cuando ya no los necesiten? (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Muy bien!). Háganme caso, señorías, especialmente las señorías de Junts y del PNV, háganme caso. (Aplausos).
Finalmente, les solicito que no quieran más a sus deseos que a toda la gente que tenemos que representar, compartan o no lo que ustedes piensen. No me recrearé en las consecuencias electorales de sus alianzas; está a la vista que electoralmente no han sido muy rentables (rumores), pero, allá ustedes. Han reducido casi en exclusiva su razón de ser a la cuestión identitaria. Y, directamente, señores del PNV y de Junts, a mí no me han votado para entregarles la autodeterminación o la amnistía. ¿Les han votado a ustedes para que se aplique la política económica de Podemos? (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Bravo!).
Señorías, quiero dirigirme, para finalizar, al segundo partido de la Cámara, al Partido Socialista. (Rumores). ¿No es el segundo? (Rumores). Es el segundo. A mí me parece una anomalía la incomunicación entre el Partido Popular y el Partido Socialista. Lo digo abiertamente, es lo que he pensado siempre. Sería lógico en democracia para los grandes acuerdos que los dos partidos que se han alternado en el Gobierno de España se entiendan. Además, una conversación fluida y una ancha capacidad de entendimiento entre el Gobierno central, el Gobierno de las comunidades autónomas y los poderes locales son requisito inexcusable para presidir el Gobierno de España. Y les recuerdo que mi partido no solo es la primera fuerza en este Congreso de Diputados, sino que tiene la mayoría absoluta en el Senado; gobierna en doce comunidades autónomas y en las dos ciudades autónomas, es decir, en más de dos terceras partes de la población española; cuenta con la presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias; gobierna en más de 3200 municipios, entre ellos, 30 de las 50 capitales de provincia, y en 27 diputaciones provinciales. (Aplausos). Les aseguro, señorías, que no menciono estas cifras para vanagloriarme de nada, sino para formularles una simple pregunta. ¿Puede nadie aspirar a gobernar España desconociendo y dando la espalda al partido que sostiene toda esta presencia territorial? (Varios señores diputados: Sí, sí.—Rumores).
Adicionalmente, debo advertirles de un profundo error o una profunda mentira, sería una más. El independentismo, pese a tener menos votos, se arroga la mayor influencia de la historia, porque los constitucionalistas hemos estado más desunidos que nunca. Sí, es verdad que hay menos protestas, pero ¿para qué se van a movilizar si obtienen de ustedes todo lo que quieren sin levantarse del sofá?
(Aplausos.—Risas). Y ¿para qué van a salir a la calle si hasta, vicepresidenta mediante, van a buscarlos a su casa? (Risas.—Aplausos).
Señorías, resulta lamentable que el Partido Socialista haya llegado a todo esto, y que lo haga, además, sobrepasando barreras antes infranqueables, como acusar de golpismo a todo el que se salga de la supuesta línea oficial, o arrinconando incluso y purgando a socialistas discrepantes por, simplemente, recordar lo que ustedes decían hace dos meses. (Risas). Aquellos que claman contra la deriva actual de su partido no son nostálgicos de un tiempo perdido para siempre, no idealizan el pasado, sino que se sienten orgullosos de la Transición y de la democracia que construimos entre todos, y piensan que hay valores, principios y bases que evolucionan, pero que no deben ser destruidos por nadie. ¿Saben lo que pienso? Que estos socialistas tienen toda la razón y, por lo tanto, tienen todo nuestro reconocimiento. (Aplausos). Amigos, a la vista de los insultos que han recibido, puede que tengan la sensación de que ya claman en el desierto, pero no es así. No, no; ningún español moderado y progresista de verdad, vote al partido que vote, estará solo. Su esfuerzo no será en vano, porque el momento en el que volvamos a entendernos en lo importante, como quiere la inmensa mayoría de los españoles, llegará.
Señor Sánchez, su actitud nunca cambiará la mía, ni sus desprecios. (Aplausos.—Varios señores diputados: ¡Muy bien!). Repito, su actitud nunca cambiará la mía, ni sus desprecios ni los desprecios de los suyos. Jamás. Los españoles no esperan de nosotros enfrentamientos, insultos o egocentrismos; en lo que de mí dependa, desde luego no los tendrán. Yo no vengo aquí como líder de ningún bloque. El único que hay es el suyo, en el que no tienen espacio la mitad de los españoles. Seguiré tendiendo la mano hasta que llegue alguien en su partido con la determinación y el sentido de Estado suficientes para acogerla; se lo aseguro, señor Sánchez, se lo aseguro. (Aplausos).
Señorías, España nunca debió llegar a este punto de decadencia moral en la política, pero persistir en ella con una versión agravada de lo ya visto en los últimos años sería un error histórico del que yo no voy a participar. Yo he venido a ofrecerles otra cosa, y la responsabilidad ahora es aceptarla o rechazarla. Demasiadas familias afrontan sus obligaciones diarias y su fin de mes con temor; demasiados jóvenes limitan sus aspiraciones cuando están en edad de comerse el mundo; demasiados inversores nacionales e internacionales se lo piensan más de dos, tres o infinitas veces a la hora de invertir aquí, por más empleo que puedan llegar a crear. La respuesta a la desconfianza no puede ser más desconfianza. Si les dice a los ciudadanos en forma de impuestos que el Gobierno sabrá administrar mejor que ellos mismos el fruto de su propio esfuerzo, desde luego no lo demuestra. Se les dice que está mal que a alguien le vaya bien, en lugar de buscar que a todos nos vaya mejor. (Aplausos). Se les dice constantemente cuál es el bien, cuál es el mal, qué han de pensar, qué deben hacer, qué deben sentir y se les fuerza a adherirse a un bloque político uniforme, cuando la sociedad es mucho más heterogénea. Se les dice demasiadas veces que se hará lo contrario de lo que finalmente se hace. Los que estamos aquí, que somos sus representantes, en lugar de decir tanto, deberíamos obrar con el ejemplo; al fin y al cabo, a la decadencia política española contribuye que la aportación de soluciones se sustituya por la generación de nuevos conflictos, para que los ciudadanos tengan que posicionarse con unos o con otros. No se busca el apoyo a quien mejor resuelve, sino a quien mayor habilidad tiene para persuadir o combatir al adversario político. Sucedió con la intensificación del activismo independentista ―al que me he referido en muchas ocasiones en esta intervención―, sucede también cuando un partido político se apropia de la cultura, cuando nuestra función es únicamente contribuir con más recursos a la creatividad, cualesquiera que sean sus formas, pero sin injerencias, señorías. Lamento no poder decírselo al ministro de Cultura en funciones.
Sucede también, señorías, con la violencia machista. No para de crecer porque no hay una respuesta suficiente y porque la situación se agrava (rumores), además, con una ley que ha reducido la pena ya a más de 1205 agresores y ha puesto a 121 agresores en la calle. (Aplausos). Señorías, en lo que llevamos de año, con la de ayer han sido 49 mujeres asesinadas, dejando a 48 huérfanos. ¿Qué se está resolviendo al señalar como culpable a uno u otro partido o directamente a todos los hombres?, ¿partidistamente una salida? Efectivamente, nada. Si todo lo reducimos al partidismo, entonces poco queda del verdadero significado de la política y, desde luego, que nadie cuente conmigo para eso. Pertenezco a una generación de españoles que ha tenido la fortuna de experimentar a lo largo de su vida el valor de la democracia. Yo no pude votar en las elecciones generales y voté en las elecciones de 1982. No le diré a quién voté, señor Sánchez, pero viví en mi adolescencia lo que significaba el tránsito a un régimen democrático. Pude ver y vivir sus frutos en progreso, en bienestar y en convivencia, y lo que hoy les propongo es que recuperemos aquel mismo impulso. Si en circunstancias mucho más difíciles ellos fueron capaces, ¿qué o quién nos impide que lo seamos nosotros ahora? (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Muy bien!).
Recuperemos la grandeza del honor del que somos depositarios con una política integradora y no excluyente. La política que abre la conversación y no se encierra en la propia cámara de eco con los que piensan lo mismo; la política que se asienta en la ley, que atiende a problemas reales y que escucha y que comparte; la política que dice la verdad, la que no oculta la realidad, sino la que la afronta y la gestiona; la política que se debe en primer término a la gente y, en definitiva, la política que combate la desconfianza. Para ello les he ofrecido un Gobierno que responda a su responsabilidad y a la cogobernanza de este Parlamento a través de seis pactos de Estado y un nuevo proceso de entendimiento y, en lo que a mi candidatura personal corresponde, ofrezco ser un presidente de fiar para el pueblo y para esta Cámara. Yo sí. (Aplausos).
Señorías, esta misma tarde podemos iniciar un diálogo honesto ―y espero que sincero― y espero que todos, sin excepción. Los ciudadanos votaron y en las manos de sus señorías estará después si soy presidente o no; en las mías está hacer aquello para lo que me comprometí, desde el Gobierno o desde la oposición, lo haré. Yo sí. Sé para lo que me han votado el 23 de julio, sé para lo que estoy aquí y sé cuál es mi deber con su no o con su sí. Es España, es la libertad, es la igualdad, es la dignidad de todos los españoles.
Muchas gracias. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).