Señor ministro, yo vengo aquí en mi coche, no me lo paga una empresa ni me lo cede nadie al que le he dado un contrato. (Aplausos.—Un señor diputado: ¡Sí!).
Señor ministro, entra usted por la puerta grande y se suma a la lista de socialistas que sobre esto dicen una cosa y la contraria. Yo mismo le he escuchado decir, como alcalde de Valladolid, que no va a poner peajes. Usted lo sabe. La implantación de peajes puede provocar una grave discriminación entre territorios en España, en especial en aquellos con problemas de comunicación. Se lo dice alguien de Ávila que tiene un peaje para llegar a Madrid y no tiene una alternativa en tren digna. (Un señor diputado: ¡Los puso Aznar!). ¿Usted plantea que es más justo que paguen los impuestos quienes usen las autovías o que las paguemos todos vía impuestos? Le respondo yo con otra pregunta, señor Puente. Si implantan peajes, ¿van a bajar ustedes los impuestos? Pues le voy a hacer un spoiler. Su respuesta es no, porque ustedes siempre tienen la misma respuesta: implantar un nuevo impuesto a los españoles. La justicia para ustedes de la izquierda no existe, solo tienen un afán y es hacer caja. Hacer caja para pagar peajes a sus socios radicales y separatistas; hacer caja para que los suyos trinquen mordidas indecentes —sí, para que trinquen mordidas indecentes—; hacer caja para mantener su sillón. (Aplausos).
Señor Puente, usted nos pidió reflexionar con responsabilidad y hoy lo hago aquí. Ha cumplido cinco meses como ministro y le puedo resumir su gestión en cuatro palabras: humo, polémicas, chantajes y amenazas. Ha pasado de criticar a Sánchez por perder la alcaldía a ser su parachoques como ministro. La verdad es que va usted por el buen camino para ser secretario de Organización ahora que Santos Cerdán está a punto de caer, pero tenga cuidado porque Sánchez paga siempre peajes, y si no dígaselo a su exministro, el señor Ábalos.
Muchas gracias. (Un señor diputado: ¡Muy bien!—Aplausos).