Juan José Aizcorbe Torra
Muchas gracias, señora presidenta. Moción y toque de atención al Gobierno para que nuestros compatriotas más necesitados sean atendidos prioritaria y adecuadamente. Porque es sorprendente la estrategia hipócrita de este Gobierno y del señor ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, el señor Bustinduy, viva imagen de la demagogia pseudoprogre de los herederos de Mayo del 68. Hipócritas por regocijarse ante el mayor número de ocupados mientras seguimos siendo el país con mayor tasa de desempleo de toda la OCDE y siguen las colas del hambre de familias españolas. Hipócritas que jalean conquistas sociales inexistentes mientras la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social se ha incrementado en los últimos meses y alcanza el 26,5 % de la población residente en España. Es decir, en términos absolutos, 12,7 millones de personas están en dicha situación con gobiernos de izquierda desde hace seis años. Es un Gobierno que ha mentido desde el primer momento, dejando de ser representativo de todos los españoles, sin autoridad y solo con poder. Un Gobierno que socava al Estado de Derecho y en un Parlamento gravemente amenazado por la corrupción política. Un Gobierno y unos políticos que no representan al pueblo, ni siquiera a sus sectores más vociferantes y zafios; y, si son representantes de algo, lo son de intereses ocultos, vulgares y ni siquiera populares, parafraseando a Chesterton. Con un presidente del Gobierno sin límites, que se pasea, como si fuera un salón de moda, por los osarios del Valle de los Caídos, ignorando las más mínimas normas de respeto y decoro. (Aplausos). Todo por su ego y por una imagen. ¿Oís vuestras señorías en el Ágora, lo oís? ¿Escucháis la dictadura del lenguaje, señorías? Y es que los pobres lo tienen difícil, ¿verdad, señores de la izquierda? A los ganadores les preocupa ganar y a los perdedores les preocupan los ganadores. El lenguaje modifica el pensamiento, y ustedes son los grandes expertos. Hipócritas, pues hablan de acceso a la vivienda, como hemos visto, y esta es cada vez más inaccesible. Hipócritas que jalean nimios éxitos de una pacata reforma laboral, que ha encogido formalmente la atemporalidad, pero ha aumentado la precariedad y ha disminuido la productividad. (Aplausos). Hipócritas que dicen estar preocupados por la soledad de nuestros mayores en una especie de virtuosismo moral cuando en su anhelada construcción social están dispuestos a acabar con el fundamento y la base de la familia, arrinconando a los mayores a un embarcadero fuera del calor y del cariño familiar, huyendo incluso del sacrificio de las obligaciones de sangre. Les importa más la eutanasia que el acompañamiento, y lo han demostrado. Hipócritas, porque su propósito es dinamitar la resistencia de una sociedad sana, fuerte y solidaria, separando a los ciudadanos de aquellas realidades materiales y espirituales que son fuente de su fortaleza, como su familia, su patria, sus costumbres, sus tradiciones y, por qué no, hasta su trascendencia. (Aplausos). Hipócritas unos y otros, pues toda la sociedad, toda sociedad fuerte en valores debe intentar evitar el desarraigo moral y espiritual que ustedes fomentan en los propios, y que también fomentan a través de los ajenos, en los inmigrantes más necesitados mediante el efecto llamada, que está colmando de inmigración ilegal nuestras calles y nuestros barrios, degradándolos en perjuicio de los españoles más humildes y de una inmigración ordenada. Hipócritas, pues el Gobierno ha tenido que reconocer que la inmigración ilegal es una de las tres principales amenazas para la seguridad nacional; y se nos llama racistas a nosotros. Hipócritas por no analizar con rigor las causas económicas y políticas de las migraciones, al servicio de un modelo global, mercantilista y utilitarista. Hipócritas por ser cómplices de mafias que trafican con personas, que deben ser denunciadas y combatidas, así como el reproche a aquellas organizaciones bañadas en el almíbar de la falsa misericordia, incluso también algunas del entorno de la Iglesia, que han coadyuvado a ello a pesar de la buena fe. (Aplausos). Hipócritas porque una sociedad no puede acoger, acompañar, promover e integrar a todos los que llegan en perjuicio de los españoles más humildes. Hipócritas por mercadear sin escrúpulos con las personas migrantes para, mediante la teoría de la sustitución, querer cubrir las necesidades demográficas y económicas, mientras atacan las raíces ondas del concepto de familia con políticas letales de salud reproductiva. Hipócritas por no cuestionar las corrientes culturales y políticas que dominan en el globalismo actual, que utilizan los flujos migratorios al servicio de un capitalismo moralista y uniformador, que juega con los reemplazos poblacionales como forma salvaje de nuevas políticas agendadas. Hipócritas por no querer reconocer cuestiones nucleares que afectan al bien común, tolerando y fomentando la inmigración ilegal con la promesa de un falso edén, con su precariedad, convirtiéndoles en parias obligados a vivir en la miseria que siguientes generaciones no olvidarán y quizá no perdonarán.
Sí, señores del Gobierno y socios de compañía a horas, nos preocupan las necesidades de los españoles. Por eso, pedimos la prioridad nacional para las ayudas nacionales y los programas de vivienda, pero ustedes están en otra batalla que trae consecuencia, aquella que cinceló Will Durant: «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro». En eso están ustedes.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados de VOX, puestos en pie).