Juan José Aizcorbe Torra
Muchas gracias, señora presidenta. Moción que presentamos con cuatro medidas razonables para proteger a los españoles ante el derroche, la tiranía impositiva y la corrupción; entre ellas la derogación del artículo 2.17 del Real Decreto Ley 25/2020, que está sirviendo de inmoral parapeto para que el Gobierno no dé información de los importes y condiciones de millonarios contratos culminados en la pandemia, y como piedra angular promover el cese de la ministra de Hacienda, la señora María Jesús Montero, por su dejación de funciones como máxima responsable de la contratación del Estado. Cese de la señora ministra que, como vieron los españoles hace unos días, hace una semana, en actitud grosera, que hoy se ha vuelto a repetir, y consciente del abuso indebido del poder, amenazó en esta sede parlamentaria señalando con aires mafiosos a vuestras señorías al grito de: ¡Cuidado! Cese de la señora ministra que incumple la ley por negligencia ante la corrupción y negarse a elaborar presupuestos; por ello alejada de la ética y la razón que nada asemeja a aquella máxima de Santo Tomás de que el Gobierno debe confiarse a quienes exceden en virtud e inteligencia al común de los mortales. Cese de la señora ministra, comodín del señor Sánchez, que junto a otros, como el actual candidato del PSC en Cataluña, el señor Illa, es responsable del expolio público que estamos conociendo estos días a través de contratos inmorales y fraudulentos, fruto de la avidez desmedida para enriquecerse que chapotea en la putrefacción y corrupción a todos los niveles de esta mesnada de izquierdas. (Aplausos). Cese de la señora ministra que, junto a otros, como el señor Illa, candidato del PSC, permitió el saqueo cuando España, cuando los españoles permanecían secuestrados ilegalmente, silenciando las voces de las calles, pero los ecos de sus miedos y sospechas resuenan ahora con indignación al conocer el pillaje. Cese de la señora ministra, para que sirva como ejemplo y que la ciudadanía advierta que esas influencias que se llaman omnipotentes nada valen, nada deben valer, ni nada pueden en una sociedad oxigenada y sensata. Cese de la señora ministra, personaje fiel a la mística de la izquierda, que aviva el mal, elogia la mentira, destruye cualquier atisbo de bien, de bien moral, y provoca siempre el enfrentamiento con altanero acento. Cese de la señora ministra, sin límite en el abuso de poder, vulnerando la intimidad personal, apremiando a serviles medios de comunicación para vomitar libelos, ventilando secretos amparados en la confidencialidad profesional y permitiendo el enriquecimiento falaz en su entorno más cercano. Cese de la señora ministra, imagen de la mentira, el bulo y la calumnia, que no duda en dar muerte civil a sus súbditos, porque así considera a los ciudadanos; es difícil almacenar tanta soberbia sin ser infeliz en la vida. Y es que la señora ministra representa el lado más chusco del mal, del que nunca viene nada bueno. (Aplausos). Cese de la señora ministra, que junto al Gobierno navegan alejados del orden, el derecho y la justicia, así como de cualquier cimiento moral que nos recuerda la gran duda que planteaba San Agustín: si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones? Y en eso se han convertido, en cuatreros soportados por la dictadura de los votos, según Sánchez.
Pero no solo la corrupción política esquilma las arcas de los españoles o hace desaparecer nuestro patrimonio óntico, sino que ataca al ser mismo de nuestra sociedad, que renuncia a la defensa del orden moral, la verdad política y el bien común, que es cuestión distinta y preferente al interés general o mayoritario. No hay ninguna mayoría ni ningún consenso que pueda legitimar la corrupción ni la norma injusta que atenta al derecho y la justicia como valor superior. Ello es corrupción sistémica, que es más preocupante todavía. Este Gobierno engaña a los españoles con falsas promesas de compromisos ocultos con bandas y conspiradores fuera de España y nunca podrá ser plenamente legítimo, ni tampoco legitimado, porque no se asienta en la autoridad, sino en el poder, que es la tesitura moralmente más débil. La corrupción, dolencia del alma, como la llamaba y decía Cicerón. Un parlamento que sostenga a los responsables de la misma es una institución enferma. Corrupción que conocemos muy bien los catalanes, en nuestro oasis convertido en ciénaga por unos y por otros, con casos, personas y vergüenzas que todos conocemos y nos golpean con sus rostros y su ley del silencio, la omertá permitida en Cataluña. (Aplausos). Y de nuevo se apuntan maneras. Ahí está el candidato del PSC, el señor Illa, estatua viviente de la hipocresía, protagonista imprescindible, siendo el nefasto ministro de Sanidad, en el escándalo de las mascarillas inútiles. El PSC, mercader de la dignidad y soberanía de los españoles por un puñado de votos, por impunidad. Los catalanes, los españoles, sean jóvenes engañados o mayores traicionados, tienen derecho a crecer sin miedos, a vivir en paz y a ver el futuro con optimismo. Los vicios son afectos permanentes. La pasión, por el contrario, es un movimiento súbito. Este Gobierno, los socialistas, el PSOE, el PSC acumulan vicio y pasión por la corrupción. Por eso pedimos el cese de la señora ministra, para devolver, aunque sea parcialmente, el orden moral a la política, la defensa de la verdad, la razón y el bien común.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).