Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos
Gracias. Señor Bolaños, ¿ha pedido al Partido Popular que apoye la ley de amnistía? ¿En serio? Debe haber agotado el cupo de delincuentes. (Risas). Cuando lo leí, pensé: tiene que ser un bulo. Pero no, fue su reacción al informe de la Comisión de Venecia, que, entre las insondables grietas de la ley, destaca su carácter virulentamente divisivo. Consenso exige Venecia al ingeniero de muros. También señala otros socavones: su tramitación a matacaballos, su redacción a la carta de delincuentes concretos, su enigmática decisión de estirar como un chicle el ámbito temporal de la ley contra las exigencias explícitas de la Comisión —bueno, ¿enigmática? Lo han hecho para amnistiar a los Pujol—, también el borrado masivo e inconexo de los delitos de corrupción, la no exclusión de todos los delitos de terrorismo —es decir, su brillantísima idea de distinguir entre un terrorismo bueno y otro malo—; y —e sto último será decisivo, ya lo verá; avise a sus socios— Europa también va a tumbar la amnistía. Señor Bolaños, debería haber aprendido usted la lección. ¿Se acuerda cuando afirmó que el comisario Reynders tenía cero preocupación por la amnistía e inmediatamente salió su portavoz a desmentirlo? Sus mentiras son pompas de jabón. Por cierto, ¿ha pedido ya perdón a los medios a los que engañó sobre el contenido del borrador del informe? (El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia). La Vanguardia, por ejemplo. Primero se tragó su titular: la Comisión de Venecia avala la ley de amnistía. Y luego tuvo que cambiarlo por uno acorde con la verdad y, claro, casi cómicamente insípido: la Comisión de Venecia avala la existencia de leyes de amnistía en Europa. Claro que hay amnistías en el mundo, lo que no hay son amnistías como la suya: inconstitucionales, antieuropeas y corruptas. Del bulo de Venecia al varapalo de Venecia. Me dirán que a ustedes la verdad les da igual, y es probable. Uno de los problemas más graves de la política española es precisamente la emancipación del Gobierno de cualquier compromiso con los hechos. Se lo dije en mi última interpelación, la relación del señor Sánchez con la verdad es como la de dos transatlánticos que se cruzan en la noche, la suya —siempre algo más pequeño— es la de dos chalanas, y sí, va con segundas. De la corrupción le hablaré luego.
Empezaré con otros bulos. Los bulos son consustanciales al modus operandi del Partido Socialista y están socavando no solo la conversación pública, sino la fortaleza del Estado y la convivencia constitucional. Así que hoy, con su estimable colaboración, vamos a hacer una autopsia a sus bulos, no a todos, claro, porque necesitaríamos la sesión entera. Segundo bulo, también relacionado con la amnistía, el bulo de la convivencia y la reconciliación. Es un bulo mastodóntico y, aun así, insisten en difundirlo, incluso con un punto de masoquismo. Junts avisa: la amnistía solo pasa página de la represión, no renunciamos a la unilateralidad, volveríamos a hacer el 1 de octubre y lo haríamos mejor. Y ustedes: ¡qué maravilla!, ¡qué reconciliados estamos! Esquerra proclama: Ahora vamos a por la autodeterminación. Y además convoca elecciones catalanas, pulverizando los presupuestos generales. Y ustedes: ¡Oh, qué convivencia más gloriosa! ¡Qué estabilidad tan balsámica! Aunque la palma, como siempre, se la lleva el señor Zapatero. El viernes dijo: La amnistía entrará en las páginas de la historia, un hito en la convivencia española. Este profeta es el mismo que en 2006 vaticinó que, gracias a su personal impulso al estatuto inconstitucional: En diez años España será más fuerte, Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos. Lo clavó casi al día, en 2017, los nacionalistas daban un golpe de Estado.
En realidad, señor Bolaños, ni masoquismo ni ingenuidad, puro cinismo. No es que la amnistía no favorezca la reconciliación, es que su objetivo es liquidar la alternancia. Es una ley valiente y reparadora, repiten. Tan valiente que el presidente no tuvo el cuajo de defenderla en esta Cámara, ni siquiera de presenciar el debate; y tan reparadora que ha trasladado la fractura civil provocada por el procés en Cataluña al conjunto de España. Lo único que ha reparado la amnistía es el resultado electoral, es decir, su derrota en las urnas, y de forma transitoria. Le han entregado a un prófugo la impunidad y posiblemente también el poder y, a cambio, ni siquiera tienen presupuestos. ¿Cómo le decía el opositor Sánchez al presidente Rajoy? Sin presupuestos no se puede gobernar, presupuestos o elecciones. Eso, adelante, convoquen, y si tan reparadora y valiente es la ley, métala en su programa electoral. (Aplausos). Pero antes díganos: ¿qué están negociando ahora en Suiza? ¿La soberanía fiscal? ¿Hachazo definitivo a la solidaridad? ¿El referéndum de autodeterminación? ¿Y cómo van a maquillarlo? ¿Qué sugiere el sherpa de la mutación constitucional? ¿Y qué van a hacer si Puigdemont cumple sus amenazas y vuelve a España para la campaña? ¿Van a apoyarle a él o al juez que lo tendrá que detener? ¿Al golpista o al Estado? Me temo que toda España sabe ya la respuesta, en eso sí estamos reconciliados.
Tercer bulo, también relacionado con la amnistía, aunque en un sentido más profundo: el bulo del compromiso del Partido Socialista con la Constitución. Se vio en el debate que mantuvimos usted y yo en comisión. No es solo que mienta al comparar esta amnistía con la de 1977, aquella nos llevó de una dictadura a una democracia, esta nos lleva de la democracia a la cochambre y liberal sanchista; no es solo que usted tenga la osadía de equipararse con los hacedores de la Transición, ese momento inolvidable cuando le pregunté: o sea, que usted ¿quién sería? ¿Nuestro Torcuato Fernández Miranda? Y usted contestó: Sí, sí. (Risas). Inasequible a la ironía y a la objetividad. (Aplausos). Usted es la exacta antítesis de Torcuato, su antagonista histórico. Pero es que, además, miente sobre la Transición en sí. Lo hizo cuando negó a Manuel Fraga la condición de constitucionalista y lo hace cuando sibilinamente omite el nexo entre el Partido Popular y UCD. Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez-Llorca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, también padres de la Constitución, ¿en qué partido cree usted que anida su legado? No será en el suyo, desde luego. ¿Sabe lo que defendía el PSOE en la Transición? Lo sabe porque se lo expliqué, aunque miró para otro lado: la autodeterminación. Fíjese, lo mismo que ahora. Ese es todo su compromiso con la Constitución, esa es su reaccionaria involución.
Y con esto llegamos al cuarto bulo, el bulo del PSC constitucionalista. Este es un bulo matrioska, que diría el columnista de El País Daniel Gascón. Primero, el bulo de Maragall de que Cataluña clamaba por un nuevo estatuto; no lo aprobó ni el 36 % del censo. Luego el bulo de Montilla de que no hay sentencia que pueda juzgar sentimientos; frase fundadora de las actuales acusaciones de lawfare. Después el bulo de Iceta de que en España hay ocho naciones; las he contado, dijo; un artista. Y, finalmente, el bulo de Salvador Illa, que a su vez son tres en uno: ni gestor eficaz —e l peor ministro de Sanidad de toda Europa durante la pandemia—, ni político intachable — salpicado por el caso de las mascarillas— ni constitucionalista de pro —c ómplice del atropello de los derechos civiles y lingüísticos—. El sábado se quitó por fin la careta, nombrando como portavoz a una defensora de la autodeterminación. Por cierto, bravo por el Parlamento
Europeo, que ayer votó proteger los derechos de los castellanohablantes en Cataluña con su voto en contra. (Señala hacia los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.—Aplausos). Lo reconozco, con el PSC me equivoqué. Siempre pensé que el PSC era el tonto útil del nacionalismo, pero no, es peor, es la fuerza que ha otorgado a una ideología reaccionaria su inaudita superioridad moral; es el celofán que rodea la xenofobia. Lo ha dicho muy bien Nicolás Redondo Terreros: El PSC es la retaguardia criptoseparatista del proceso. Su objetivo no es pasar página, sino capitalizar el siguiente capítulo.
Quinto bulo, lo desempolvan ahora para justificar sus claudicaciones en Cataluña: el bulo de que el PSOE derrotó a ETA. La amnistía del golpismo sería como la asimilación de Bildu: un gesto por la paz —con muchas zetas—. Pero no, señor Bolaños, la verdad es la verdad, la diga el Partido Popular o su porquero. El señor Zapatero no derrotó a ETA, el señor Zapatero negoció con ETA: Tú deja de matar que yo te dejo mandar, mandar sin renunciar ni a tu sádica historia ni a tu proyecto racista, y ETA aceptó la transacción, porque estaba acorralada y porque le convenía. Su objetivo nunca fue matar por matar, sino matar para mandar, y lo está consiguiendo. Bildu se presenta como un partido feminista, ecologista, animalista, vegano y multicolor, y ojalá lo fuera. Bildu está contaminado por el terrorismo, que es incapaz de condenar porque sería condenarse a sí mismo. Y Bildu tiene dos objetivos políticos incompatibles con la democracia y el progreso: la implosión de España en tribus étnicas enfrentadas y la involución marxista y totalitaria del País Vasco. Y el PNV, como siempre, bailándole el agua para ruina propia y de Euskadi. Bildu es una fuerza sin parangón en Europa, con la que nadie con un mínimo de decencia puede pactar sin hundirse por el sumidero de la inmoralidad. Pero ustedes lo hacen no por amor a la paz, sino por amor al poder.
Atienda bien, señor Bolaños, porque estos son los hechos: el Estado de derecho derrotó a ETA, la sociedad resistió; los comandos fueron detenidos y los terroristas juzgados. Un gobierno del PP impulsó la ilegalización del brazo político de ETA, los echamos de las instituciones acabando con la brutal anomalía de que nos asesinaran a todos con nuestros impuestos. El Estado de derecho también derrotó el golpe del 1 de octubre. Policías y guardias civiles impidieron el referéndum; la sociedad se movilizó; el Gobierno del PP aplicó el artículo 155; los jueces metieron a los golpistas en la cárcel, el Supremo los condenó por sedición. Y, entonces, ¿qué pasó? Que el PSOE los rescató, a unos y a otros. El señor Zapatero rescató al partido de ETA y patrocinó su vuelta a las instituciones, y el señor Sánchez rescató a los golpistas, los indultó, derogó la sedición y ahora los amnistía. Entre uno y otro, solo hay una diferencia, y es que el señor Sánchez no solo ha rescatado a los golpistas filoterroristas de la marginalidad donde deberían languidecer, es que les ha dicho por lo bajo: Yo os aseguro el poder en vuestros respectivos territorios a cambio de que vosotros me aseguréis a mí el gobierno de lo que vaya quedando de España. (Aplausos). Si el señor Sánchez sigue en el Gobierno, habrá referéndums de autodeterminación en el País Vasco y Cataluña. Ustedes llaman pacificación de España al desguace del Estado y a la liquidación de la convivencia constitucional.
Sexto bulo con el que llegan al Gobierno y hoy vuelven a la palestra: el bulo de su incompatibilidad ontológica con la corrupción. No solo acusaron falsamente al PP y al señor Rajoy de una corrupción institucional y masiva, no solo levantaron sobre ese bulo una moción de censura; no solo lo siguen propagando después de que la propia Audiencia Nacional lo desmontara en un auto demoledor, es que siguen proclamándose implacables con la corrupción. ¿Ustedes? ¿Los que desviaron 680 millones vía los ERE? ¿Los que por ello recibieron la mayor condena por corrupción de la democracia? ¿Los colegas y cómplices del tal Koldo? ¿Los que ahora amnistían la corrupción? Peor aún, los que compran el poder borrando los delitos de otros políticos en una transacción corrupta sin precedentes en una nación democrática. Señor Bolaños, reconózcame una cosa: no deja de resultar poéticamente justo que el señor Ábalos fuera quién presentara la moción de censura (Aplausos). Por cierto, Francisco Camps lleva nueve victorias judiciales. Le queda la décima y última, y supongo que están pensando cómo resarcirle, con un homenaje o un perdón público.