Sonia Guerra López
Gracias, presidente. Diputadas, diputados, hace veintisiete años, Arundhati Roy escribía una obra maravillosa titulada El dios de las pequeñas cosas. En ella la escritora india exponía como las cosas que a simple vista pueden parecer más irrelevantes impactan y transforman la vida de las personas. Hoy les pido que dejemos nuestras diferencias a un lado y nos centremos por unos minutos en la política de las pequeñas cosas, la política de lo cotidiano, la política de la utilidad, la política transformadora que mejora las condiciones de vida de la gente, la verdadera política. Hoy les pido, señorías, que callemos el ruido y reflexionemos y debatamos de manera serena, sin gesticulaciones ni aspavientos sobre uno de los temas que más preocupa a la sociedad: la soledad no deseada. Si lo conseguimos, habremos conectado con el 80 % de los españoles y las españolas que consideran la soledad no deseada un problema social importante. Es nuestro deber, como servidores públicos, intentarlo. Primero de todo, debemos diferenciar entre vivir solo o sentirse o estar solo, puesto que puedes sentirte solo rodeado de muchísima gente, de la misma forma que puedes sentirte muy querido o muy querida viviendo solo. Es que la soledad, como decía nuestra querida Carmen Alborch, aparece cuando tomas conciencia de la distancia que separa tu alma de la persona que está sentada en la butaca de al lado. (La señora presidenta ocupa la Presidencia). Cuando pensamos en una persona que se siente sola sin desearlo, imaginamos de manera casi automática a una persona mayor. Y es cierto, según un estudio de la Fundación ONCE, el 7,8 % de las personas mayores de sesenta y cinco años y el 12,2 % de las personas mayores de setenta y cinco años se sienten solas sin desearlo. Debemos, sin duda, abordar el problema de la soledad no deseada de las personas mayores, pero nos engañaríamos si creyésemos que ese problema afecta únicamente a las personas de más edad. De hecho, el 21,9 % de las personas entre dieciséis y veinticuatro años sienten ese sentimiento de soledad no deseada. Es uno de cada cuatro jóvenes, señorías. ¿Y saben una cosa? Su padecer, su malestar, su sufrimiento no es puntual, Su padecer, su malestar, su sufrimiento acompaña a esos jóvenes una media de seis años de su vida. ¿Se imaginan, señorías, el desasosiego de sentir que ustedes no importan a sus seres queridos durante seis años? ¿Se imaginan sentir que por ustedes no se preocupan las personas que a ustedes les preocupan durante seis años? ¿Se imaginan el tedio, el vacío, el sinsentido, el sinvivir durante seis años? ¿Se imaginan, señorías, sufrir solos, angustiarse solos, llorar solos, sobrevivir a la vida solos? Solos sin desearlo, solos sin escogerlo, solos sin quererlo eternamente solos, como si de un castigo se tratara. Es un castigo que condena a un mayor riesgo de sufrir patologías como la depresión o la ansiedad crónica. De hecho, me gustaría darles un dato: antes de marzo de 2020, el suicidio era la segunda causa principal de muerte en el grupo de quince a veintinueve años de edad, el grupo de edad que se siente más solo sin desearlo. Mientras tanto, nosotros y nosotras ¿qué hacemos? ¿Desviamos la mirada, miramos hacia otro lado? No nos equivoquemos, la soledad no deseada no es un problema personal, sino que es un problema social. La soledad no deseada nos interpela a todos y todas, interpela a la comunidad, interpela a nuestra visión del mundo, interpela a la humanidad. La soledad no deseada es el claro ejemplo de que lo personal es político. Es un problema que, en contra de lo que se suele creer, está íntimamente ligado con las condiciones materiales de vida de las personas. Diferentes investigaciones han demostrado que la soledad no deseada está relacionada con el nivel de estudios, con la situación económica, con la orientación y la identidad sexual, con el estado civil y con las diferentes capacidades de las personas. Por lo tanto, les pido que no nos sigamos llevando a engaño y seamos coherentes. No podemos seguir haciendo como si desconociéramos la verdad, porque la verdad se ha revelado, ya no hay excusas.
Votar no a la subida del salario mínimo interprofesional es favorecer la soledad no deseada, votar no a la subida de las pensiones es favorecer la soledad no deseada, votar no a limitar el precio de los alquileres es favorecer la soledad no deseada, votar no a los derechos de las personas LGTBI es favorecer la soledad no deseada. (Aplausos). Y, sí, señorías, consentir los discursos de odio o negar la violencia machista y abandonar a las mujeres y a sus hijos y sus hijas a su suerte hasta su muerte, también es favorecer la soledad no deseada. (Aplausos). En definitiva, señorías, quien antepone los privilegios de unos pocos en contra del derecho a tener derechos de toda la comunidad, favorece la soledad no deseada.
Por eso, señorías, les pido que apoyen esta proposición no de ley. Les pido que dejemos de desviar la mirada y pasemos a la acción todos y todas, los poderes públicos y el sector privado, la sociedad civil y la academia, también los partidos políticos; en definitiva, todos los actores que formamos parte de la comunidad. Miremos la verdad de frente y unámonos para impulsar la estrategia nacional contra la soledad no deseada que nos permita construir una sociedad más inclusiva, más cohesionada y más cuidadora; una sociedad en la que, independientemente de si decidimos vivir solos o solas o no, todos y cada una de nosotras nos sintamos acompañados y queridos, sintamos que formamos parte de la comunidad, sintamos, en definitiva, que importamos.
Muchas gracias, señorías. (Aplausos).