María Jesús Moro Almaraz
Gracias, presidente. Buenas tardes, señorías. Un saludo muy especial a los abogados y procuradores que nos visitan o que nos siguen por las redes. (Aplausos).
Hoy damos voz a la abogacía y a la procura en el Congreso. A ellos, que siempre están en primera línea defendiendo nuestros derechos y que hasta puede que olvidaran ocuparse de sí mismos. Reclamamos dentro de estos muros lo que la abogacía y la procura clamaron fuera de ellos para que nos llegara alto y claro. Señorías, merecen respeto y que esta Cámara, formalmente, se ocupe de conocer su problemática y proponer soluciones. Nunca como hoy tuvo tanto sentido escuchar a la abogacía en el tema que nos ocupa y, en general, por el respeto que merece su trabajo en el ejercicio del derecho de defensa, que es garantía de los derechos de todos.
Por eso, antes de entrar en materia, tenemos que pedir al Gobierno que desautorice y cese al fiscal general del Estado (aplausos), al amparo del artículo 31.1.b), porque no ha sabido respetar y proteger el sagrado derecho de defensa. Son muchos incumplimientos los que se suceden en su actuación, pero este supera todo lo admisible. El Colegio de Abogados de Madrid lo ha dicho alto y claro.
Señorías, damos voz a la abogacía y a la procura, en particular, para debatir sobre una de sus principales preocupaciones en este momento, su sistema de previsión social. Hasta 1995 la protección social de la abogacía y la procura se prestaba exclusivamente a través de sus respectivas mutualidades, un sistema con limitadas prestaciones que se configuró de adscripción obligatoria en el momento de la colegiación para el ejercicio de su actividad. A partir de 1996 se introduce legalmente la alternatividad para estos profesionales, admitiendo que pudieran optar entre que la protección social se realizara por la mutualidad o mediante afiliación al Régimen Especial de Autónomos, el RETA. Eso sí, hasta el año 2000 no se les permitió a los procuradores. En todo caso, no pudieron trasladar las aportaciones realizadas al RETA si optaban por ese sistema. En 2005, en virtud de lo establecido por el Real Decreto Legislativo 6/2004, las mutualidades de abogacía y procura pasan de un sistema de caja común a un sistema de cuenta individualizada. De esta forma, el mutualista recibe una prestación en el momento de su jubilación correspondiente a la totalidad del importe ahorrado a través de sus aportaciones individuales, más la rentabilidad acumulada menos los gastos de administración y de cobertura de riesgo que tenga suscrita.
Señorías, hoy estamos hablando de 209 168 mutualistas en la abogacía y de 11 314 mutualistas de la procura, con muy diversas situaciones. La Dirección General de la Seguridad y Asuntos Sociales, en contestación a un requerimiento de la Mutualidad de la Abogacía en 2004, dijo entre otras cosas que cabe señalar que ni en la vigente legislación existe previsión alguna que dé pie a la integración en el sistema de la Seguridad Social de la mutualidad ni de ninguna otra mutualidad de previsión social, incluso cuando puedan actuar como alternativas al RETA, ni parece que de lege ferenda existan motivaciones o causas que vinieran a justificar la habilitación normativa para que pudiera llevarse a cabo en el futuro.
No hay tiempo de relatar aquí tantas vicisitudes posteriores; lo cierto es que, si ya entonces era evidente que existía una inquietud por los cambios, finalmente esa inquietud se convirtió en alarma. El Partido Popular, consciente de esa alarma, y tras múltiples reuniones, incorporó en la medida 25 del programa de elecciones generales que era preciso proceder a estudiar esta situación y proponer las medidas adecuadas cuando se conociera a fondo el tema. Por eso, con esta iniciativa queremos dar cumplimiento a esa medida y queremos dar impulso a que se aprueben las medidas más adecuadas, tratando de superar en lo posible el sistema de previsión social que los interesados consideran inasumible o injusto. Y tanto que resultó hiriente que la ministra de Seguridad Social se refiriera por primera vez en este mismo hemiciclo a ello el 21 de febrero con frivolidad y displicencia, faltando al respeto a generaciones de abogados y procuradores que, según ella, se encuentran en la actual situación porque tomaron una mala decisión cuando iniciaron su carrera profesional, no supieron elegir y ahora claman porque les dejen disfrutar del sistema público. ¿No será, señorías, que el Gobierno socialista fue el que tomó algunas malas decisiones en octubre de 2004? No, señora ministra, no fue una mala decisión de los profesionales, ni usted desde el 7 de marzo ha encontrado la piedra filosofal. Por eso es oportuna y necesaria esta iniciativa, para que no nos digan después algunos de los intervinientes que ya está resuelto por el Gobierno. Es preciso tomar conciencia del tema escuchando a todos, reconocer el problema, que es un problema complejo, que es imprescindible transparencia para afrontarlo, que no caben improvisaciones, parches ni sacrificar a unos por otros y que hay que aprender de los errores cometidos. Señorías, todos los grupos están interesados. Se ve por sus enmiendas. Les pido, pues, que trabajemos en común por la mejor respuesta, no por sacar adelante la propuesta que cada uno creemos que es la más adecuada, sino con unión para favorecer la mejora de este sistema, porque abogados y procuradores se lo merecen.
Yo sé, compañeros abogados y compañeros procuradores que estáis escuchándonos, que reclamáis urgencia, pero sé también que no queréis precipitación ni improvisaciones con consecuencias imprevisibles. Sé que siempre ha sido más fácil defender que hay que hacer sí o sí lo que muchos de vosotros en lucha venís reivindicando bienintencionadamente y con angustia, y además que no cambiemos una coma, pero en mi grupo estamos convencidos de que el Gobierno tiene todos los instrumentos y que no debe actuar solo, sino que debe actuar con todos los interesados, escuchándolos a todos. De ahí nuestra iniciativa. Estamos en desacuerdo con la medida…