Susana Ros Martínez
Gràcies, señora presidenta. Quiero que mis primeras palabras sean para manifestar el profundo dolor, rechazo y repugna por el asesinato de las dos niñas de dos y cuatro años ayer en Abla a manos de su padre. Eso es violencia vicaria, existe, y un maltratador nunca puede ser un buen padre. (Aplausos).
Señorías, lo que no se nombra no existe, según un conocido dicho popular; lo que no está en los autos, no está en el mundo, asegura un conocido aforismo jurídico; lo que no está en los medios, no importa, se enseña a las y los periodistas, y de eso se trata, de existir y visibilizar. Hablamos de igualdad, también de revisar, adecuar, actualizar, elaborar y, por tanto, de mejorar en concreto un mandato del artículo 14 de la Constitución. Como diría una gran maestra, Carmen Calvo, las mujeres queremos entrar con justicia y en igualdad de condiciones al espacio de la ciudadanía del que fuimos excluidas de manera ilógica e injusta durante mucho tiempo, y queremos entrar, lógicamente, en calidad de mujeres, justo por serlo.
Eso es lo que empezamos a hacer hoy con esta toma en consideración de la reforma del Reglamento del Congreso para su adecuación al lenguaje inclusivo de género, porque es un mandato del artículo 14.11 de la Ley Orgánica para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Esa ley, por cierto, que la derecha no aprobó y que nos permite que hoy en este Congreso las mujeres seamos más del 40 %. (Aplausos). Una reforma y adaptación porque así lo recoge también el III plan de igualdad en la Administración del Estado y en sus organismos públicos y también porque así figura en una disposición adicional cuando aprobamos recientemente en esta Cámara el uso de las lenguas cooficiales. Porque esta revisión se hace tomando en consideración la guía de recomendaciones aprobada en la Mesa de la Cámara el 5 de diciembre y el acuerdo de la Mesa del Congreso de 12 de diciembre de 2023, por los que se encomienda esta revisión a la Secretaría General, y porque se trata de un cambio puramente formal, y no de contenido, que ha contado con los correspondientes asesoramientos jurídicos para tener todas sus garantías.
No nos hemos inventado nada, pero, por si quedan dudas, unas aclaraciones. ¿Qué es el lenguaje inclusivo de género? Según Naciones Unidas, lenguaje inclusivo en cuanto al género es la manera de expresar oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género. Señorías, Naciones Unidas y la Unión Europea han instado a todos sus órganos miembros a utilizarlo, órganos constitucionales como el Consejo del General del Poder Judicial. Todos los ministerios de este Gobierno ya han empezado el camino y este Congreso ya llega tarde. Porque la necesidad de un lenguaje inclusivo y no sexista no es una moda pasajera, es una prioridad en la consecución de una sociedad más igualitaria, más justa y más democrática. Porque las mujeres no somos un colectivo social más, somos más de la mitad de la sociedad. Las mujeres somos más del 50 % de la población y la historia se ha escrito demasiadas veces con nuestro silencio y ausencia cuando, sin embargo, hemos sido parte imprescindible de ella. Porque el uso del masculino genérico en cualquier texto, también en los legales, nos coloca a las mujeres en una posición de insignificancia. Pero, por suerte, nuestra lengua española es tan rica en matices que nos permite emplear múltiples formas para transmitir mensajes similares desterrando la exclusión y, además, con el mismo grado de rigor. El lenguaje es una forma sumamente trascendente para promover la igualdad de género y combatir los prejuicios. No es un capricho, es una necesidad. La igualdad no es una opción, es una obligación. La igualdad de las mujeres no es una cuestión de permiso, sino de derecho. Queremos ocupar el lugar que nos corresponde por ley, la mitad de todo y en todo. (Aplausos).
Les recuerdo que este punto consiste solo en empezar su tramitación. Lo recuerdo porque la performance que nos hará nuevamente la extrema derecha de este país, como hace cuando hablamos de igualdad, evidenciará una vez más su desprecio y su cinismo rancio de naftalina en blanco y negro hacia las mujeres. Señorías de la extrema derecha, no merecen ninguna contestación. Ni están ni se les espera. Es evidente que en su mirada de España solo caben los y las que piensan como ustedes y en la nuestra, caben todos y todas.
Señorías, claro que es importante visibilizar y utilizar el lenguaje inclusivo. En este Congreso hay una sala cuyo nombre hace honor a lo importante que fue para nuestra democracia el alumbramiento de la Carta Magna. Me refiero a la sala Constitucional. Presiden esta sala siete retratos de los llamados padres de la Constitución. ¿Y dónde están ellas? ¿Es que no existen las madres de la Constitución? Pues claro que sí, porque un parto político tan difícil como fue el de la Constitución no hubiera sido posible sin su participación. Y aunque no tuvieron visibilidad en su redacción, las constituyentes fueron nada más y menos que veintisiete mujeres, veintiuna diputadas y seis senadoras. (Aplausos). Diputadas y senadoras que fueron determinantes en la retirada de normativas y legislaciones discriminatorias y en el impulso de medidas encaminadas a alcanzar la igualdad. Y no nombrarlas ha hecho que en la reciente historia de España hayan pasado desapercibidas y olvidadas en los textos que hacen crónica de aquellos años; a pesar de su enorme relevancia poco sabemos de ellas. Mujeres diputadas y senadoras que tan solo representaban el 6 %, pero cuya participación fue determinante, por no hablar de sus aportaciones que fueron muy valiosas, no solo en el artículo 14 de la igualdad entre hombres y mujeres. Miren, estas veintiuna diputadas no votaron a favor del artículo 57 de la Constitución, que trata de la Corona y de la imposición del varón sobre la mujer. ¿Lo sabían? Qué gran lección nos dieron, se unieron, crearon y tejieron esa envidiable sororidad para hacerse valer como ciudadanas de primera, con los mismos deberes y derechos que los hombres, mujeres de todos los partidos, diputadas y senadoras con distinta ideología y credos, que trabajaron en pro de su dignidad y de su causa justa. ¿Qué dirían hoy de esta propuesta? Dirían: Vamos a hacerla y hay que hacerla.
Y ustedes, señorías del PP, ¿de verdad se van a abstener o van a votar en contra? ¿De verdad van a ser las y los únicos que, junto con la extrema derecha, digan no a la propuesta de reforma del Reglamento en materia de igualdad? ¿De verdad que no les da vergüenza ser socios y compartir gobiernos con la extrema derecha, que no vota a favor de las políticas de igualdad? Me temo que, una vez más, son capaces de pasar a la historia con el no de los avances en igualdad. Este país, España, ha aprobado la mayoría de las leyes igualitarias con su voto en contra. Las impugnan al Tribunal Constitucional, las pierden, pero después… —¡ay, después…!—, son las y los primeros en disfrutarlas, eso sí. (Aplausos).
Ya que hablamos del lenguaje inclusivo aprovecho ―viene muy a colación― para decirles que la presidenta de esta Cámara, que como marca la Constitución es la tercera autoridad del Estado, se llama señora presidenta. Nada de señora Armengol como están haciendo últimamente con un tono que aprecio muy despectivo. (Aplausos). Y si quieren llamarla por su nombre y apellidos, háganlo correctamente: excelentísima señora presidenta Francina Armengol Socias. (Rumores). Desde luego, si en las leyes existiera una posdata, es decir, una disposición adicional —p ara ser más correcta— que dijera que todas y todos aquellos que votan en contra de las leyes no podrán hacer uso de ellas, ustedes cambiarían enseguida el sentido del voto. (Risas). Sí, sí, lo cambiarían enseguida. Porque las lenguas cambian día a día, evolucionan, están vivas. Insisto, todo lo que sea utilizar el masculino como genérico invisibiliza a las mujeres y nos excluye.
El uso de este lenguaje inclusivo no pretende hacer un desglose desmesurado de los recursos lingüísticos, sino representar a ambos sexos por igual en la lengua, tal y como marcan las políticas de igualdad. Se trata de utilizar términos inclusivos entre sí o palabras que visibilicen a las mujeres en contextos que, por lo normal, el imaginario mental traslada al pensamiento masculino. Si los términos inclusivos comienzan a ser usados con normalidad, formarán parte del imaginario común no solo en el pensamiento masculino que concierne, sino también al poder femenino.
Voy finalizando, señorías. Clara Campoamor decía: «He trabajado para que en este país los hombres encuentren a las mujeres en todas partes y no solo donde ellos vayan a buscarlas». Y déjenme que vuelva a mencionar a la misma compañera de antes que acaba de publicar lo siguiente: Llega el momento en que por fin las mujeres somos protagonistas y dueñas de nuestras propias definiciones, de nuestros propios espacios cívicos, políticos y jurídicos. No hemos aceptado ni aceptaremos un papel secundario en el tablero de juego de la vida ni tampoco podemos permitir que nos sigan haciendo trampas. Ahora nosotras, las mujeres, discutimos y también hacemos las normas. Y acabo ya con las palabras de la activista política y destacada feminista Angela Davis cuando decía: «No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar». Y eso es lo que estamos haciendo hoy, señorías, con esta iniciativa de adaptación del Reglamento al lenguaje inclusivo de género, cambiar las cosas que no podemos aceptar en una democracia. Insisto y recuerden: las mujeres somos más del 50 % de la población y no nos van a invisibilizar más.
Muchas gracias. (Aplausos).