Como decía, la corrupción es un feo asunto y su Gobierno —y su partido en concreto— está demasiado frecuentemente involucrado en ella. Y ustedes, durante las veces que en esta legislatura les hemos preguntado por la cuestión, que tristemente han tenido que ser varias, siempre han contestado con una muletilla, un argumento prefabricado en el que básicamente dicen que el Partido Socialista es un partido ejemplar e implacable contra la corrupción, y lo cierto es que eso no es verdad. De hecho, la corrupción sigue atornillada dentro de su partido y los españoles seguimos sin conocer quiénes son las principales personas involucradas en los casos de corrupción dentro de su partido, porque ustedes no dan información. Ustedes retienen la información y lanzan todas las cortinas de humo que pueden para evitar que se hable y que se pregunte precisamente por esa corrupción del Partido Socialista. A ustedes ahora les encanta hablar de la corrupción del Partido Popular, que desde luego se tiene que investigar y tenemos que llegar hasta las últimas consecuencias en todos los casos, pero es que tristemente, señora ministra —hace usted un gesto—, quienes gobiernan son ustedes y a quienes tenemos que controlar es a ustedes.
Como digo, la corrupción históricamente en España ha ocupado un papel demasiado relevante: casos de corrupción del Partido Popular, casos de corrupción del Partido Socialista, del PNV —que hoy no están— e incluso los casos de Pujol y el 3 % ―aquellas maletas de dinero que se nos iban a Andorra―. En definitiva, los españoles estamos tristemente muy acostumbrados a escuchar hablar de corrupción, pero no por ello tenemos que rendirnos; tenemos que seguir peleando para luchar contra ello. Por eso, creo que su ministerio debería tomar medidas reales contra la corrupción, y probablemente la primera sería una lista de dimisiones, que ya están teniendo en cierto modo.
Un poco de historia, sobre todo de la corrupción de su partido, para que vea usted, señora ministra, que ni son ustedes ejemplares ni son ustedes implacables. Empezamos con el caso GAL, en el que ustedes dedicaron dinero público para asesinar a personas que en su idea estaban vinculadas con ETA, pero básicamente para asesinar a personas, y en ese tráfico de dinero se dedicaron a robar también el dinero público. Tanto es así que algunos cargos intermedios del Partido Socialista acabaron en la cárcel ―cargos intermedios, no así el señor equis, que era quien daba las instrucciones y que seguimos sin saber quién era. Por cierto, si tan implacables y ejemplares son, podrían empezar por revelarlo—. O el caso Roldán, en el que un director general de la Guardia Civil, nombrado por el Partido Socialista y con el carnet de afiliado al Partido Socialista, robó nada más y nada menos que la caja de los huérfanos de la Guardia Civil. (Aplausos). Eso no es ejemplaridad y tampoco es implacable, porque lo cierto es que a día de hoy seguimos sin saber dónde está el dinero. El caso de los ERE, señora ministra, ¡cómo no lo va a conocer usted, que precisamente fue consejera en los gobiernos implicados! Se robaron a los españoles 680 millones de euros para crear una red clientelar. Esto lo dice la sentencia de los ERE: una red clientelar destinada a captar votos y garantizar que el Partido Socialista se mantuviese en el poder. Señora ministra, esto no es ejemplar y, desde luego, ustedes no han sido implacables. De hecho, hay dos expresidentes de la Junta de Andalucía condenados y que a día de hoy no han pisado la cárcel. Como digo, esto no es ser ejemplar.
Y cómo no, señora ministra, no podía dejar de hablar de ello, el caso Isofotón, al que usted precisamente estuvo vinculada. Para quienes no lo sepan, Isofotón era una empresa andaluza que se dedicaba a cuestiones de energías renovables, que fichó como directora general a, nada más y nada menos, la señora Teresa Ribera, actual ministra de Transición Ecológica de España, y recibió unos 80 millones de euros en subvenciones de la Junta de Andalucía cuando la señora María Jesús Montero era consejera ―80 millones en subvenciones―, de los cuales desaparecieron nada más y nada menos que 44 millones. Y, casualmente, cuando se investigaba este asunto ―había muchos cargos socialistas investigados por ello― se produjeron una serie de defectos procedimentales casuales y el caso tuvo que archivarse. Qué curioso, ¿verdad? Alguien lo ha dicho hoy, no hay nadie que tenga más suerte que un socialista imputado. La casualidad es tremenda, y ustedes se libran siempre por la mínima.
Y este es el pasado menos reciente, pero el pasado reciente también es terriblemente grave. El caso de las maletas de Delcy. Una persona que no podía entrar en Europa aterrizó en Barajas, descargó unas maletas —no se sabe ni cuántas ni qué contenían—. En Barajas, que, por cierto, está controlado por el Ministerio de Hacienda a través de la policía de Aduanas, señora ministra. ¡Y usted cruzada de brazos y riéndose ante la situación! El caso Delcy fue uno de los más llamativos, porque precisamente el señor Ábalos estaba involucrado. El mediador de los robos más recientes del Partido Socialista estaba involucrado, estaba físicamente presente cuando se produjo la descarga de las maletas. Y cuando solicitamos que se mostrasen al público las grabaciones de las cámaras del aeropuerto de aquel momento, casualmente, en un primer momento parecía que se habían perdido, en un segundo momento no se podían mostrar y en un tercer momento resulta que fueron destruidas. Eso no es ser implacable ni ejemplar, señora ministra. (Aplausos).
Y ya entramos en el caso más grueso, el de las mascarillas. Mientras los españoles morían, mientras los españoles estaban encerrados en sus casas por una orden inconstitucional de su Gobierno —esto no es ejemplar, señora ministra—, su Gobierno se dedicaba a hacer tratos oscuros con compañías, en multitud de ocasiones falsas, dirigidas —a l menos una parte de ellas— por miembros del Partido Socialista, que recibieron pingües beneficios. Y esto, como digo, mientras todos los españoles estábamos encerrados, y muchos falleciendo. El señor Illa cerró innumerables contratos. Uno de ellos ―3 millones de euros― para comprar respiradores a una empresa que se dedicaba a comercializar yeso. La señora Darias, en el Ministerio de Sanidad, continuó con esta actividad y, a día de hoy, señora ministra, no sabemos nada. Ustedes no han revelado ni una pizca de información al respecto que permita esclarecer los hechos y averiguar cuál fue la verdad. Esto no es ejemplar y, desde luego, no es ser implacable.
Del caso de Baleares tampoco sabemos nada. De hecho, la expresidenta de Baleares, hoy presidenta del Congreso, compareció para dar unas explicaciones —se agradece el intento— y no explicó absolutamente nada. No sabemos qué contratos se cerraron, no sabemos con quién, no sabemos quién obligó o conminó a estos gobiernos autonómicos a cerrar esos contratos que, como ya digo, proporcionaron pingües beneficios a compañías que en multitud de ocasiones fueron creadas ad hoc para esta cuestión y que en ocasiones ni siquiera fueron capaces de cumplir con su parte del trato, tal es el caso de Baleares, en el que las mascarillas resultaron no ser válidas. Recientemente hemos encontrado que en Extremadura se han hallado nada más y nada menos que 500 000 mascarillas abandonadas en un sótano. No sabemos a quién se las compraron ni cuál fue el beneficio.
En definitiva, señora ministra, si ustedes pretenden ser ejemplares e implacables deberían empezar por dar a España toda esta información, porque, como ustedes decían, España no se merece un Gobierno que mienta. España no se merece un Gobierno corrupto y que oculte, esconda y justifique a los corruptos. El caso Koldo, el mediador para la venta de esas mascarillas, estaba dentro del ministerio, cobraba un sueldo público, se sentaba en el despacho de un ministro, fue nombrado consejero de Renfe, y ustedes no han dicho nada. (Aplausos). Su silencio, señora ministra, es atronador. No sabemos con quién tejió el señor Koldo su trama dentro del ministerio. Ustedes tienen esa información, ustedes tienen esas grabaciones, porque nos consta que han podido acceder a ellas. Ustedes tienen todo el expediente de la investigación y, sin embargo, se niegan a revelar ni una pizca de verdad. Y lo cierto es que algunas personas dentro del Partido Socialista empiezan a rebelarse contra esto. Ya ha habido un chorreo de dimisiones dentro de la Dirección General de Fondos de la Unión Europea, que usted coordina, señora ministra. Hasta dos directores generales de fondos de la Unión Europea han dimitido. Lo mismo sucede en la Abogacía del Estado, en la que varios de los responsables de departamentos están ya solicitando al Gobierno que les permita dimitir para escapar del tufo corrupto que su partido y su Gobierno exuda.
Y cómo no, señora ministra, y por no dejar algunos de los casos más palmarios, el caso del Tito Berni, del que a día de hoy no sabemos nada. Los teléfonos móviles de la trama corrupta han desaparecido; no sabemos nada de los acuerdos oscuros cerrados en las dependencias del Partido Socialista del Congreso de los Diputados. Ustedes no han dicho ni mu. No son ni ejemplares ni implacables.
Y si ya es mala la corrupción económica, robar el dinero de los españoles, peor aún es la corrupción moral en la que su Gobierno está instalado. Ustedes, señora ministra, avalan con sus actos toda esta trama corrupta que apesta y que embarra la política española. El señor Sánchez permitió el rescate de una empresa en la cual mediaba su mujer y le adjudicó 600 millones de euros a dedo en un Consejo de Ministros. Una empresa que, acto seguido, fue vendida o se autorizó la venta a una compañía privada. Es decir, el dinero de los españoles se ha volatilizado. Ustedes, señora ministra, han reducido las penas para los condenados por malversación de caudales públicos. Ustedes, ministra, han aprobado o van a aprobar una amnistía a medida en la que precisamente se va a incluir a esos Pujol del 3 %, señora ministra, uno de los principales casos de corrupción de los que hablábamos.
En definitiva, ustedes no son ni ejemplares ni implacables. Por el contrario, son el partido más corrupto de la historia de España y son cómplices de la corrupción que España está padeciendo. Así que, señora ministra, le ruego que adopten medidas reales y tajantes o, por el contrario, dimitan y se sometan a la Justicia.
Muchísimas gracias. (Aplausos).