Ester Muñoz de la Iglesia
Gracias, señora Armengol. Señorías, estaba ahí, sentada en mi escaño, pensando en lo que supondría para mí coger el AVE el jueves a León, llegar a mi casa y que el amor de mi vida me diga que le han diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica. Saber que nos quedarán probablemente entre cuatro y cinco años de vida, alguno más si tenemos algo de suerte, y pensar en el camino que tendríamos que recorrer. Se me pone la piel de gallina solo de pensarlo. ¡Cuántas madres, padres, hermanos, maridos, mujeres han perdido al amor de su vida, a su ser más querido, detrás de una enfermedad tan terrible como esta! No me puedo imaginar tampoco lo que debe suponer para una persona que le diagnostiquen ELA, descubrir que esos pequeños despistes, esos pequeños tropiezos que tú considerabas que eran por culpa del estrés, realmente eran los primeros síntomas de la ELA. Saber que no hay esperanza de supervivencia y que cada día que pasa vas a estar un poquito peor. A esto se enfrentan más de 4000 españoles en nuestro país. Hay 700 nuevos casos al año y uno nuevo cada ocho horas. Cuando piensas en ello, es inevitable pensar, al menos para mí, en cómo la afrontaría y si tendría la fortaleza mental necesaria para enfrentarme a una enfermedad como esta. Saber que tu cuerpo va a estar atrapado, pero con todas tus capacidades cognitivas al cien por cien, que todo lo que eres, lo que te representa, tu alma, lo que nos hace únicos sigue intacto dentro de ese cuerpo. En definitiva, señorías, un infierno en vida. De repente, te encuentras con todos estos pacientes que tienen ELA y que te dicen que quieren vivir, que se puede vivir con ELA; que quieren vivir, ser, existir, amar, ser amarrados, emocionarse, llorar, reír con todos sus familiares; que quieren vivir, que tienen derecho a vivir y que tienen derecho a hacerlo dignamente. Hay un tuit que escribió hace tan solo un par de días uno de esos agitadores de conciencias que tiene nuestro país, que es Jordi Sabaté, quien seguro nos está viendo desde su cama, que decía: Cuando me condenaron a una muerte agónica, al darme el diagnóstico de ELA, jamás me pregunté: ¿por qué a mí? Me pregunté: ¿por qué a mí no? Y es que nadie está exento de que le pueda tocar en esta funesta lotería una enfermedad de estas características. ¡Vaya lección de vida que nos dan estos pacientes que luchan por ellos y por los que están por venir! No quiero olvidarme tampoco de todos esos familiares, de esas madres, hijas, hermanos y mujeres que les acompañan y que se convierten, sin tener que serlo, en sus cuidadores, que son su apoyo y sostén, y en muchas ocasiones son esa razón a la que se aferran para querer seguir viviendo. Señorías, ninguna sociedad ética y moralmente avanzada puede ofrecer como única alternativa a estos pacientes la muerte digna. Cuando tienes que elegir entre eutanasia o arruinar económicamente a tu familia, no es una elección, es una pena de muerte. Hay situaciones horribles, inimaginables. Ayer, junto con el presidente Feijóo, estaba reunida con estas asociaciones y nos comentaban algo que me pareció escalofriante. Cuando la enfermedad avanza y llega un punto en el que te tienen que hacer una traqueotomía para ponerte tubo y poder respirar, cuando el paciente está con su médico, el médico le pregunta: Yo te voy a hacer esta operación, pero ¿vas a poder mantener económicamente tu vida después de ella? Es terrible, es increíble que nuestros pacientes se enfrenten a esa pregunta tan horrenda. Al final, señorías, ¿cuántos pacientes de ELA han solicitado la eutanasia porque no podían pagarse su vida? ¿Cuántos más tienen que pedir la muerte porque queriendo vivir no pueden hacerlo porque no tienen dinero? La vida digna también es un derecho, señorías, y de eso es de lo que estamos hoy hablando aquí, de la vida digna. (Aplausos). Quiero recordar que el coste sociosanitario que tienen que superar estos pacientes, porque tienen que contratar a gente durante 24 horas, oscila entre 50 000 y 70 000 euros anuales. ¿A cuánta gente conocen sus señorías en este país que puedan permitirse durante varios años pagar 60 000 o 70 000 euros anuales para poder vivir? En España, como he dicho antes, hay unos 4000 enfermos, pacientes de ELA, lo que supondría un coste para el Estado de unos 200 millones de euros. Yo quiero recordar hoy aquí a todas sus señorías que el presupuesto consolidado de nuestro país para 2023 ha sido de 436 370 millones de euros. El Gobierno de nuestro país ha tenido la desfachatez de decir que no hay dinero para financiar esta ley, pero sí hay 15 000 millones de euros para hacer una condonación de deuda en Cataluña porque unos independentistas arruinaron su comunidad autónoma (aplausos), y sí hay 51 millones de euros para 390 asesores solo en la Presidencia del Gobierno. La pregunta es clara, señorías. ¿De verdad el Gobierno es incapaz de recortar gastos en tantas y tantas partidas innecesarias, en el mejor de los casos, o injustas, en el peor de ellos, para sacar 200 millones de euros para mejorar y dar dignidad a la vida de tantos pacientes que quieren y nos piden vivir? Es triste que deba hacer esta pregunta en alto, porque todos los que estamos aquí sabemos que solo tiene una respuesta y todos la conocemos; hay ejercicios de contorsionismo para dar otra, pero todos sabemos que es así. No hay voluntad, no la hay.
Hace casi dos años, en esta misma Cámara, se aprobó una toma en consideración de un proyecto de ley que presentó Ciudadanos, muy similar a este. ¿Cuántos pacientes han fallecido queriendo vivir porque no la hemos aprobado antes? Aquí nos encontramos de nuevo con la toma en consideración de una proposición de ley que trae el Partido Popular; una ley cuya base, cuyo pilar fundamental son los cuidados enfermeros, que estos pacientes tengan los cuidados necesarios para no tener que elegir entre arruinar a su familia o dejar de vivir. Hemos querido que sea transversal y que se aborde desde distintos puntos, desde la dependencia y la discapacidad para agilizar el reconocimiento. Señorías, no puede ser que desde que a alguien le diagnostican ELA hasta que le dan la dependencia, en muchas ocasiones estos pacientes hayan fallecido. Tiene que ser también desde el consumo, porque tenemos que darles la condición de consumidores vulnerables desde el momento del diagnóstico; desde el ámbito sanitario, con el compromiso de promover programas y acciones formativas para mejorar la formación de nuestros sanitarios, actualizar la cartera de prestación de servicios, crear un servicio estatal de pacientes o desarrollar el modelo de accesibilidad de pacientes a los centros, servicios y unidades de referencia. No podía faltar, desde luego, la investigación. No es de recibo que no tengamos ya en España un centro nacional de investigación de la ELA, que deberá ponerse en marcha seis meses después, como mucho, de que esta ley salga adelante. Y, por supuesto, la coordinación sociosanitaria, con la elaboración y puesta en marcha de un plan de atención, cuidados y servicios sociosanitarios.
Ya les avanzo que el Grupo Popular viene con la mente más abierta para enmendar, para completar, para trabajar junto a todos ustedes la ley, y no para imponer este texto que hoy presentamos. Por eso invito a todos los diputados de esta Cámara a que no vean en esta proposición de ley un texto de parte, un texto de partido. Esto tiene que ser un texto de todos, esto no va de colgarse una medalla. Hoy mismo se ha registrado otra proposición de ley de otro grupo parlamentario. Había otra. Señores, tenemos el texto, trabajémoslo. No podemos perder más tiempo con nuevas tramitaciones. Ya hay un texto aquí. ¡No podemos perder más tiempo! (Aplausos).
El Gobierno de España no ha tenido la voluntad política de aprobar esta ley. Dos años después, aquí estamos de nuevo, pero ahora tenemos una nueva mayoría parlamentaria tras las elecciones, una mayoría que va a ser capaz, si queremos todos, de imponer la voluntad del pueblo a la voluntad del Gobierno. Ejerzamos como verdaderos representantes de los ciudadanos, que es lo que nos están demandando ahí fuera.
Señorías, me dirijo a todos nosotros, diputados, pero fundamentalmente me estoy dirigiendo a todos los españoles que estoy segura de que hoy nos están viendo, a millones de ciudadanos que están pendientes de lo que debatimos aquí, no de nuestras discusiones habituales; señorías, esas a veces solamente preocupan dentro de estas cuatro paredes, fuera no importan, pero lo que hoy votamos aquí, sí. Hoy hay muchos españoles pendientes, viéndonos y vigilándonos porque ya les hemos decepcionado muchas veces. Esta es la primera vez que me subo a esta tribuna como diputada y lo hago para defender una ley que llega tarde. No subo con orgullo, subo avergonzada, con vergüenza de clase, de clase política, pero también lo hago con responsabilidad. Ya no contamos, señorías, con el beneficio de la duda. Yo, al menos, no espero una palmadita en la espalda cuando esta ley salga porque hay mucha gente que ha muerto esperando a que hagamos nuestro trabajo. A pocos españoles se les puede convencer de que sí hay tramitaciones urgentes para conseguir impunidad para unos delincuentes, pero no hay tramitaciones urgentes para conseguir una ley que va a traer dignidad a tantos miles de españoles. (Aplausos). Señorías, ¿qué tipo de sociedad y de mundo estamos creando en el que hay más oportunidad política en el egoísmo de la impunidad que en una ley altruista que va a traer dignidad a tantos miles de personas que llevan años y años reclamándonoslo?
El Partido Popular lidera hoy este proyecto de ley. Ha sido un empeño del presidente de mi partido, del presidente Feijóo que una de las primeras proposiciones de ley que trajésemos a esta Cámara fuese la ley de la ELA. Tenemos a mucha gente esperando por esta ley. Y yo me comprometo aquí, este grupo parlamentario se compromete aquí, ante todos ustedes, pero fundamentalmente ante los españoles, a que haremos todo lo necesario para que esta ley salga adelante. Dedicaremos las horas, los días, los meses que hagan falta para que, junto a todos ustedes, a los pacientes, las familias, las asociaciones, esta ley, que estamos abierta a enmendarla, a completarla, a mejorarla, salga adelante cuanto antes. Porque esta ley va a salir. Esta ley, señorías, tiene que salir. (Aplausos). Quiero recordar a todos, señorías, que estamos en tiempo de descuento y que España nos observa.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).